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La imagen de ZP

Aún así el presidente del gobierno resultará molesto para el bolsillo de los españoles. Según se dice, este año viajará con un equipo de cocina de quince personas. Es posible que finalmente no sean tantos los miembros de la cocina de Moncloa que vuelen a Lanzarote porque este tipo de desembarcos choca frontalmente con la imagen de hombre sencillo que con tanto empeño cuida el presidente.

Las posibilidades de que sea sencilla una persona que ha calentado sillón parlamentario durante años y hecho campaña electoral para hacerse con el puesto de máximo poder político del país son casi nulas. A cualquier persona que piense unos minutos cómo puede ser de sencilla una persona que cree que la práctica totalidad de los problemas sociales se solucionan desde el intervencionismo y la coacción estatal le asaltará un gran escepticismo sobre la sencillez de este y otros presidentes. La sencillez y el poder político se repelen mutuamente. Por eso ZP le da tanta importancia al uso del marketing para cubrir su fatal arrogancia en bondadosa sencillez. Pero como dice el dicho, por mucho que la mona se vista de seda, mona se queda.

El verano pasado, el cultivo de su imagen de hombre del pueblo le llevó a renunciar al uso de un yate de lujo que estuvo a su disposición y la de su familia durante toda su estancia en la isla. Pero, según dicen, la defensa de esa idea no habría evitado que con el dinero del contribuyente se pagara el alquiler del exclusivo yate que permaneció atracado a la espera de un paseo marítimo que la imagen de ZP impidió. Dicen los lugareños que el capricho inutilizado por las exigencias del marketing costó entre 8 y 10 millones de las antiguas pesetas. Tampoco se escatimaron recursos a la hora de custodiar el barco por si Zapatero decidía cambiar de opinión. Sean ciertos o no, este rumor y el de la legión de cocineros describen a la perfección la relación que existe entre la ostentosa omnipotencia gubernamental y la mercadotecnia presidencial.

Estamos en la era de las apariencias. A los políticos no les importa un comino gastarse un dineral arrancado a los individuos productivos sino evitar parecer ostentosos. Son las cosas del poder. Sobre todo cuando uno se empeña en convencer a toda la sociedad que ser el entrometido número uno del país y vivir del dinero ajeno no impide ser un ciudadano más.

Salirse es gratis

La ministra no defendió la entrada en vigor del protocolo por sus bondades medioambientales. Y es que, desde el ecólogo más escrupuloso hasta el ecologista más fanatizado, todos sabían que, según Naciones Unidas, Kyoto apenas reduciría la temperatura global del planeta (en el mejor de los casos) en 0,07 grados centígrados. Así que convencer a los españoles de que no les costaría casi nada era la única opción de la ministra para acallar las numerosas críticas y tirar para delante.

Pasado el primer año el coste directo ha sido 3,5 veces el prometido por la ministra para embaucarnos en esta desventura. Lejos de dar marcha atrás y reconocer el desastre, Narbona ha emprendido una huida hacia delante con el cuento de que de aquí a 2012 sólo costará 1.953 millones. Lo cierto es que según el último estudio hecho con precios de mercado el coste rondará los 7.000 millones de euros. Ojalá que la ministra deje de engañarse a sí misma y nos saque de este ruinoso acuerdo.

Adiós a la paga de la globalización

Uno, mientras lucha como puede por combatir el calor estival y disfrutar del verano, puede pensar que aquello le queda un poco lejos, pero con una economía mundial tan integrada ello ha dejado de ser cierto. Se lo demostraré. Un estudio del que se ha cumplido poco más de un año llamado The Payoff from Globalization (la paga de la globalización), de Gary Clyde Hufbauer y Paul L. E. Grieco, hacía un cálculo de lo que dejaban de ganar los estadounidenses por no abrir totalmente sus fronteras al comercio: en torno a 10.000 dólares por persona y año. ¿Cuánto dejamos de ganar los europeos? Habría que arremangarse y hacer el cálculo, pero no le andaría muy lejos. Cuente el número de comensales cuando la familia esté reunida frente a la mesa y hágase una idea de a qué estamos renunciando por no forzar a nuestros políticos a que abran las fronteras a más bienes y servicios.

El problema del proteccionismo es que su paraguas es corto y sólo tapa a los intereses mejor organizados; generalmente determinados sectores y grupos empresariales o sindicales con poder político y económico. Si no se siente identificado con ellos, es que las cosas no le han ido bien estos días en Ginebra y que, sea cual fuere su paga de la globalización, ya puede despedirse de ella hasta nuevo aviso. Ni bienes mejores y más baratos, ni mejores sueldos, ni bienes de capital que le hacen a usted más productivo… nada.

Gran parte del comercio, es cierto, está liberalizado, con bajos aranceles y escasas barreras no arancelarias. Pero hay núcleos de resistencia que siguen "captando" a los representantes políticos a nuestra costa: los agricultores estadounidenses y europeos ex equo y los gobiernos de los países en desarrollo con mención especial dentro de la categoría de manufacturas. Ellos son los que han tenido éxito. Ya decía Henry George que "el proteccionismo nos enseña a hacernos a nosotros mismos en tiempos de paz lo que los enemigos quieren hacernos en tiempos de guerra", solo que el enemigo lo tenemos en casa.

Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC) dijo al reconocer su fracaso que "hoy perdemos todos". Pero unos más que otros, claro. Entre los más perjudicados, los invitados más pobres a la mesa de negociación. Kamal Nath, ministro de comercio de la India, ha dicho que "los granjeros de mi país pueden competir con los estadounidenses, pero no con el Tesoro americano", que tiene dinero a espuertas, sacado de los ricos contribuyentes de aquél país para metérselo en el bolsillo de sus ricos agricultores. Parte de él se va en precios más competitivos que arruinan la competencia foránea ¿Qué sería de los países más pobres si se les permitiera vendernos en abierta y justa competencia sus mercancías? ¿Cuántos de sus ciudadanos no tendrían que cruzar las fronteras porque sus productos no pueden hacerlo? Ellos también han perdido su paga de la globalización.

La sociedad de diseño no funciona

El presidente John F. Kennedy fue uno de los primeros en crear esta súper generación aumentando el gasto en educación pública. El objetivo era reducir el paro creando ingenieros, economistas, abogados… En resumen, gente altamente cualificada. Evidentemente, esta medida no es inmediata, ha de pasar alguna generación para que se deje notar. Los resultados reales no se correspondieron con los planificados inicialmente: el desempleo en Estados Unidos casi ha doblado desde entonces, y en parte, la culpa recae sobre esta planificación educacional.

Hasta hace poco, y aún hay quien lo sigue diciendo, "si no eres universitario no tienes futuro". Varias generaciones después estamos comprobando lo que ha sucedido, y es que "si eres universitario, no tienes futuro". Ingenieros, economistas o abogados ejercen profesiones no cualificadas porque el mercado está saturado de gente "cualificada", hasta tal punto que la tendencia en la búsqueda de nuevos empleados por parte de las empresas ya no son los conocimientos académicos del potencial trabajador, sino su capacidad productiva y ganas de trabajar. ¡Quién lo iba a decir hace diez años! Además, mientras que antes el fontanero, el yesero o el cerrajero eran trabajadores de segunda clase ahora se han convertido en profesiones muy bien remuneradas. Si necesita hacer obras en su casa comprenderá bien lo que digo.

Nuestro gobierno, visto el rotundo fracaso de los planificadores sociales anteriores, y como siempre sin aprender de sus errores, ha dado la vuelta a la tortilla haciendo desde el año pasado campañas y promociones de la Formación Profesional (FP). Ahora ser universitario es malo. Así, la ex ministra socialista María Jesús San Segundo dijo que estimaba "necesario reforzar, cada vez más, el compromiso gubernamental con la FP". Han cambiado de ministra pero no de mentalidad, el estado decide sobre las modas laborales y futuro de las personas jóvenes.

¿Cree que dará buen resultado? Si la intención redentora sobre la educación de nuestros políticos funciona, el futuro laboral de los jóvenes que estudien FP será el mismo que el de los universitarios de la generación anterior: fracaso, inestabilidad laboral y alto desempleo entre la juventud.

Mi consejo, si usted es un joven estudiante o padre de familia preocupado por el futuro de su hijo, es que aplique la teoría bursátil llamada "Teoría de la Opinión Contraria", que los anglosajones llaman Odd Lot Theory. La filosofía de la teoría es que siempre se ha de hacer todo lo contrario a lo que diga el pequeño inversor. Si éste dice vender Telefónica, usted compre a dos manos, y si el pequeño inversor dice comprar, usted despréndase de todas las acciones lo antes posible.

Si lo aplicamos a la educación, habría que concluir que si el gobierno incentiva la educación universitaria, eso significa que pelotones de jóvenes masificarán las universidades y posteriormente el mercado de ingenieros, economistas, etc., quedará saturado por el fuerte desequilibrio entre oferta y demanda; por lo tanto su hijo, o usted mismo si es joven estudiante, tendrá que hacer FP. Y si el gobierno incentiva la FP, el mejor camino es hacerse universitario. Ya que los políticos son incapaces de aprender de sus errores hágalo usted, y piense por si mismo en lugar de dejarse llevar por la batuta socialista.

Y si todo esto falla, siempre le queda la mejor de las opciones que es hacerse empresario y satisfacer directamente a su consumidor con sus servicios y productos.

A la Unión Europea no le gusta mi MP3

Sebastián trató de convencer al auditorio, en su conferencia inaugural, de que los liberales españoles se hallaban suficientemente representados en el PSOE, por lo que no sentían necesidad de formar un tercer partido político. Para el fontanero zapateril, el PSOE disfruta de una contundente superioridad social y económica frente al PP en defensa de la libertad.

El matriomonio gay, el divorcio exprés, la reducción en el impuesto de sociedades o el respeto a los medios de comunicación privados (sic) desfilaron como principales ejemplos de su simposio procapitalista. En la apoteosis de su alocución llegó a afirmar que Montilla había sido el ministro de Industria más liberal de la democracia. A estas alturas nadie dudará de que la militancia izquierdista de Sebastián está suficientemente acreditada: en mentira, demagogia y propaganda no les gana nadie.

Si Sebastián quería demostrar el talante liberaloide de su jefe debería haber recurrido a sus propios méritos, y no tanto a las chapuzas del PP. Cuando la referencia del liberalismo es un partido que no vacila en incrementar el gasto, endeudar a las generaciones futuras, defender subvenciones masivas a la I+D, construir hospitales públicos a mansalva o  proseguir con la política de adoctrinamiento lingüístico allí donde gobierna, es relativamente sencillo sacar pecho. ¿Se imaginan a dos boxeadores discutiendo sobre quién de los dos es más tierno al noquear al adversario? El espectáculo no sería menos lamentable.

Lo cierto es que si Sebastián quiere medir los éxitos del PSOE en materia liberal, lo tiene bien sencillo: basta que acuda a la hemeroteca para comprobar que su partido no ha dejado de cercenar la libertad en dos años y medio de Gobierno.

En materia social, el liberalismo a lo PSOE se ha dejado sentir en la represión contra los fumadores y los bebedores ocasionales de alcohol, el adoctrinamiento de los escolares, la persecución de los medios de comunicación privados, las leyes de discriminatorias, la perpetuación de la manipulación en la televisión pública, la fiscalización de las opiniones, la creación de un ejército personal para el presidente del Gobierno, el creciente intervencionismo en asuntos internacionales o la expedición de carnés para el ejercicio del periodismo.

En materia económica, la influencia liberal de Sebastián se ha dejado notar en asuntos como el incremento del salario mínimo, la ratificación de la ultraintervencionista Constitución europea, la dirección política de absorciones empresariales, el redescubrimiento de la fijación de precios, la planificación de la actividad económica, los códigos de buena conducta para las empresas, la redistribución mundial de renta, el fin de la estabilidad presupuestaria obligatoria o los multimillonarios costes que el Gobierno impondrá a las empresas para cumplir con Kioto.

Pero, sobre todo, la falacia de Sebastián es de principios. El liberalismo defiende la primacía de la libertad y la propiedad privada sobre cualquier otra consideración, incluidos los torticeros objetivos que él y sus jefes pretendan imponer al resto de seres humanos a través del Boletín Oficial.

Existe una radical incompatibilidad entre el socialismo y el liberalismo. Quien quiera adscribirse al liberalismo deberá, en primer lugar, renunciar a dirigir coactivamente las vidas ajenas; algo que ningún político español, incluido ZP y su cohorte de rojos liberaloides, ha realizado hasta la fecha.

El simple hecho de que Sebastián se preguntara qué partido representa a los liberales españoles ya denota una profunda incomprensión del asunto. El liberal no necesita representación política, no necesita que le tutelen obligatoriamente su vida ni que le repriman para ser feliz. El liberal repele y se enfrenta al Estado, a los chupópteros como Sebastián y a su liberalísimo PSOE.

No deja de ser curioso que a la misma hora que Sebastián nos cantaba las alabanzas liberales del PSOE su compañero de travesía, Gaspar Llamazares, ofreciera en la sala contigua una charla sobre el fin de la globalización neoliberal. Sería gracioso preguntarle al líder comunista qué opinión le merece estar apoyando al partido más liberal de España.

Apuesto a que la verborrea de Sebastián sería capaz de convencerle de que se puede satisfacer a los liberales y a los comunistas al mismo tiempo. Como diría Burke, basta con que los buenos no hagan nada para que el mal triunfe; en este caso, basta con que Sebastián convenza a los liberales de que asuman el papel de tontos útiles de los políticos para que el comunismo nos corte las orejas, el rabo y dé la vuelta al ruedo. Esa es su visión liberal de España.

Liberal a fuer de socialista

De modo que me puse a buscar con ahínco entre los cientos de modelos disponibles en el mercado hasta encontrar el que mejor se ajustaba a mis necesidades: el Sansa e270. Tenía una gran ventaja, y es que eran 6 gigas de memoria Flash, y no de disco duro, lo que significa que la batería dura mucho más. Pero había un pequeño problema.

El reproductor pertenece a la empresa norteamericana SanDisk, especialista en memorias Flash, que ha montado una agresiva campaña publicitaria en la que anima a escoger su cacharro en lugar del iPod bajo el mensaje de que todo el que tiene el reproductor de Apple no es  más que un borrego. La llaman iDon’t. Revisando en esa web las características de su aparato, vi a tiempo una pequeña nota a pie de página: "la función de radio no está incluida en Europa". Evidentemente, ahora que creía que ya había encontrado lo que buscaba entre los cientos de alternativas disponibles, me fastidió como no se pueden imaginar. Especialmente porque me pareció absurdo. ¿Qué gana la compañía con esto? Tendrá que vender un reproductor con menos capacidades –es decir, menos atractivo al público–, afrontar quizá las protestas de quienes lo compren sin apercibirse de esa pequeña nota al pie y tener que dividir la línea de fabricación entre reproductores con y sin radio.

Parecía evidente que había gato encerrado y la distribuidora en España me confirmó mis sospechas. Los reproductores de MP3 con radio incorporada deben pagar un arancel de un 12’5% en la Unión Europea. Como sucede con la parte de seguridad social "que paga la empresa", este impuesto se repercute en el precio, del mismo modo que los impuestos que la empresa paga por uno reducen el sueldo que nos llevamos a casa. El consumidor, por tanto, tendría que pagar un 12’5% más, sin incluir el IVA correspondiente a ese incremento, por  el mismo aparato. SanDisk hizo un estudio de mercado y averiguó que los europeos preferirían un reproductor más barato y que no tuviera radio, así que actuó en consecuencia.

Yo también actué en consecuencia y encargué mi nuevo reproductor a Estados Unidos. Así, un impuesto al comercio que habrá sido establecido para "proteger" a algún ineficaz productor europeo de radios ha servido para que ningún estado europeo reciba impuestos por mi compra y para que ningún distribuidor ni mayorista del país reciba un duro por la misma. Y, por supuesto, y para mi enorme satisfacción, Ramoncín no se ha llevado ni un céntimo en concepto de canon por él. Algo bueno debía tener esta historia.

Privilegios renovables

Por otro lado, el "empresario" no tiene que llevar a cabo toda la inversión con sus propios recursos porque un segundo privilegio se encarga de que esté parcialmente subvencionada con dinero de los contribuyentes. Todo este esquema difícilmente funcionaría si no fuese porque existe un tercer privilegio consistente en la compra obligatoria de la electricidad de estas turbias energías "limpias" por parte del distribuidor más cercano.

Todas estas ayudas y coacciones no son suficientes para calmar el apetito insaciable del que se siente con derecho a todos los recursos de la sociedad en su empeño de hacer que un negocio poco o nada rentable se convierta en una mina de oro personal. Los nuevos aristócratas mantienen además que tienen derecho a fondos públicos para desarrollar sus ineficientes sistemas de producción. Por eso, la negativa de la Comisión Europea a concederles su propuesta (aceptada por los parlamentarios europeos) de que dos tercios de los fondos europeos para investigación en energía no-nuclear vayan a parar a sus bolsillos les ha cabreado enormemente. En España estas formas de producción lograron un 22,2% del total de la producción energética en 2005. Así que quienes producen gracias a todo tipo de ayudas algo menos de un tercio de la energía que no es de origen nuclear protestan porque no se les concede recibir dos tercios de los, por otro lado, injustificables fondos públicos para la investigación energética.

Las excusas para defender estas pretensiones no podían ser más ridículas. Por un lado mantienen que ese dinero les hace falta para que Europa siga liderando la producción de estas energías. Vamos, que sin gigantescas ayudas estas energías tan ineficientes no son capaces mantenerse y progresar y que la UE debe de ser líder en producir ineficientemente la energía. Por otro, argumentan que ese chorro de dinero arrebatado a los sectores productivos de la sociedad es necesario para que la UE cumpla con la Agenda de Lisboa. En fin, que según ellos, lograr que Europa se convierta en el mercado más dinámico y con mayor crecimiento del mundo depende de subvencionar formas ineficientes de producción. Por último aseguran que esta lluvia de dinero al que creen tener derecho ayudaría a garantizar la seguridad en la provisión de energía. O sea, que nos quieren hacer creer que instalar centrales que dependen generalmente de las condiciones meteorológicas se traduce en una mayor seguridad en la provisión de la energía. El pasado día 17 se produjo un nuevo record de demanda de electricidad en nuestro país. Curiosamente la energía eólica sólo contribuyó a un exiguo 1,5% de la producción. ¿Es a eso a lo que llaman seguridad en la producción? Más que tres argumentos parece que se trata de tres pésimos chistes.

Así es como, al mismo tiempo que se anunciaba ese record de demanda eléctrica en España, el lobby de las empresas de energías renovables europeas se reunía para exigir otros 226 millones de euros anuales para investigar. Es lo que tiene ser un privilegiado social: empiezas presionando para lograr una "empujoncito" y terminas creyéndote que tienes derecho a la propiedad ajena de forma sistemática y casi absoluta.

Sueños de exterminio

Más recientemente, los esfuerzos de Hezbolá han tenido más éxito, y han logrado robar la libertad a dos militares del odiado país vecino, matando de paso a otros. Como es un acto terrorista, cuenta con la comprensión, el cariño, el apoyo de nuestra progresía, que entiende que contra Israel todo vale.

Naciones Unidas, ejemplo y cobijo de todas las indignidades, obligaba al Gobierno del Líbano en la prescindible resolución 1559 a desarmar a Hezbolá y quitarle el control sobre la frontera con Israel. No sólo no lo ha hecho, sino que el grupo terrorista controla directa o indirectamente 35 escaños en el Parlamento y ocupa los ministerios de Energía, Exteriores y Trabajo. Siguiendo los medios de comunicación, parecería que las incursiones del brazo terrorista del gobierno del Líbano tiene todo el derecho a hacer incursiones agresoras en Israel, pero que este país no tiene derecho a defenderse. Dicen sin descanso que la respuesta es "desproporcionada", pero lo creen así porque es eficaz. La única proporción que consienten es la que deje inmunes los ataques contra Israel.

Varios corresponsales satisfacen su odio a Israel mirando a la cámara y echando cuentas del número de civiles muertos por misiles de ese país; pero las gentes de bien no deberían pasar por alto que son quienes forman la faceta "militar" del antisemitismo, como Hezbolá o Hamás, los que buscan la extinción física de un pueblo entero, el israelí. Ni que son ellos quienes se escudan en su propio pueblo, cuyas muertes les sirven, con el apoyo de gran parte de la prensa mundial (no digamos la española), de nuevo argumento contra el "Estado sionista". Los llamados escudos humanos son para los terroristas nuevas armas contra Israel y, para los antisemitas de toda laya, nuevas anotaciones en su despreciable argumentario. Todo vale. Siempre habrá miserables que les sigan el juego; no hay más que ver la televisión o leer ciertos periódicos.

Ni rendición, ni alto el fuego, ni pseudo corredores de seguridad. Lo único que debe hacer Israel es acabar con la capacidad armamentística y militar de los terroristas y, en la medida de lo posible y aconsejable, de quienes les apoyan. Hezbolá controla en el sur del Líbano, según informes israelíes, unos 12.000 misiles Katyusha. Contra quienes tienen un odio sin compromisos hacia Israel, lo único que cabe es privarle de los medios para que cumplan sus sueños de exterminio

Los señores de la caca

El problema surge cuando un ramillete de progres inmaduros (valga la redundancia) se encarama al poder de una nación occidental, pues entonces las consecuencias de sus actos las pagan todos los ciudadanos, incluidos quienes experimentamos una repugnancia espontánea hacia esa patología.

La manifestación de este pasado jueves, convocada por PSOE, IU, sus sindicatos pantalla y una gavilla de organizaciones subvencionadas, coloca nuevamente a la izquierda ante sus contradicciones más flagrantes. Señores que no soportan a un cura católico, defendiendo al "Partido de Dios" formado por fanáticos islamistas, pacifistas jaleando a grupos terroristas y feministas radicales entusiasmadas con una subcultura que niega a la mujer sus derechos; todo ello aliñado con la foto inolvidable del presidente más insolvente de la Historia de España, luciendo simbología panarabista como un vulgar mozalbete camino del "insti".

La participación de renombrados activistas homosexuales en la algarada, entra ya de lleno en el terreno de la psicopatología. Los referentes morales que les despiertan más simpatía son el castrismo y el integrismo islámico. El primero encarcela a los gays para "reeducarlos", el segundo los ahorca para redimirlos. Aunque sólo fuera por mero instinto de supervivencia, deberían, cuando menos, mantenerse al margen en este tipo de cuestiones, pero les gusta más participar en estos festivales progres que un pantalón de cuero negro sin culera. En fin, dicen que palos con gusto no duelen, así que ellos verán.

Conocedora de la densidad neuronal de sus bases, la izquierda reduce sus análisis a una o dos ideas-fuerza fáciles de asimilar. Israel, según han dictaminado nuestros referentes intelectuales, es un estado eminentemente genocida. La comparación del pueblo israelí con los nazis, en pancartas de la manifestación, no tiene otro objetivo. Ni una palabra de la agresión previa de grupos terroristas islámicos, financiados por Siria e Irán, tanto por el sur (Hamas) como por el norte (Hezbolá), con asesinatos, secuestros de soldados y lanzamiento de misiles contra las ciudades israelíes más próximas desde fuera de las fronteras internacionales que dividen el territorio. El Líbano, recordemos también, era la Suiza de Oriente Próximo hasta que la dictadura siria de los Assad y los terroristas de Arafat decidieron arrasar el país para convertirlo en una cómoda plataforma de ataque a Israel. Las matanzas de cristianos libaneses fueron constantes durante más de una década, sin que la izquierda levantara la voz. Tan sólo cuando las falanges cristianas se vengaron del asesinato de su líder, Bashir Gemayel, en los campos de refugiados de Sabra y Chatila, se desató la histeria colectiva del progresismo universal… ¡para acusar a los judíos!

Los ciudadanos israelíes saben que son meticulosamente odiados por los progres occidentales, que prefieren defender a dictaduras teocráticas antes que a un estado democrático. Lo bueno del pueblo judío es que no renuncia a luchar por su supervivencia, aún a riesgo de enfadar a todos los zerolos del mundo. En su alocución al país de hace unos días, el presidente israelí dejó bien clara su determinación de acabar con el terrorismo que amenaza a sus ciudadanos: "Rastrearemos todas las áreas, atacaremos a todo terrorista que colabora en golpear a los ciudadanos de Israel y destruiremos sus bases terroristas en cualquier lugar. Seguiremos hasta que Hezbollah y Hamas se comporten, básica y decentemente, como se exige a cualquier ser humano y educado. Israel no aceptará vivir bajo la amenaza de cohetes y misiles contra su población". ¿Y a mí que me gustaría escuchar al presidente de mi país decir algo parecido respecto al terrorismo doméstico?

Zapatero a tus zapatos

Por el contrario, si usted decide debatir con sus amigos un problema tan cercano y preocupante como qué puede hacer usted y su familia para llegar a fin de mes holgadamente, nadie le dirá nada y la conversación morirá en el mismo momento de haberla empezado.

En política ocurre lo mismo. ¿Cree que los burócratas son más inteligentes y cultivados que sus amigos de sobremesa? Ni mucho menos, al revés. A la política se dedica lo peor de cada familia, aquellos que han sido incapaces de salir adelante en el mundo real. Ante conflictos internacionales como el actual, los políticos de todos los países se vuelcan definiendo sus posiciones para distraer la atención de los problemas reales del país.

Zapatero y Bush son casos paradigmáticos. En estos días hemos visto como ZP condena la ofensiva israelí, aboga por enviar militares a Oriente Medio, promociona manifestaciones contra Israel, se coloca un pañuelo palestino en señal de proximidad a la ideológica anti–israelí y, de paso, da crédito a grupos tan poco inofensivos como Hezbolá y Hamas. Bush hace lo mismo pero con el otro bando. Pan y (mucho) circo. Lo que sea para distraernos de nuestros problemas.

Si ZP es incapaz de solucionar los problemas de los españoles, ¿qué hace metiéndose en casa de otro? ¿En qué se basa su presunto pacifismo? Si presiona a la ONU para que envíe soldados armados a Oriente Medio, mantiene tropas de ocupación en Afganistán y Haití, vende armas a Chávez, crea una fuerza militar a las órdenes de él mismo al más estilo dictatorial, e incluso ha reconocido que una flota española realizó en 2005 funciones de "apoyo aéreo y marítimo" a las tropas americanas en Irak, es que este hombre está mintiendo. ¿Cómo aplica Alfredo Pérez Rubalcaba a su gobierno lo que recriminaba al PP, aquello de que "los ciudadanos españoles se merecen un gobierno que no les mienta, un gobierno que les diga siempre la verdad"? Decididamente necesitamos menos gobierno, menos burócratas, menos intervencionismo económico y militar, y más autonomía y libertad para nosotros.

Lo que acabo de apuntar no está reñido con las tendencias que usted tenga en este asunto. Si usted se ve fuertemente comprometido con la causa israelí, palestina o libanesa, no tiene porque exigir al gobierno que financie con dinero arrebatado mediante impuestos de todos los españoles la matanza de personas. Hay un sinfín de organizaciones pro–israelitas, musulmanas, libanesas… que aceptarán encantadas sus donaciones; incluso puede enviar pizzas al ejército israelí.

No intentemos arreglar la vida de los demás a costa de las vidas y dinero de los propios españoles. La crisis de Oriente Medio es un problema entre israelíes y musulmanes en el que ningún estado extranjero tiene derecho alguno a entrometerse. Si dedicáramos nuestros esfuerzos a arreglar nuestras dificultades y no la vida de los demás, encontraríamos soluciones a nuestros problemas más cercanos en lugar de crear mayores injusticias. La crisis de Oriente Próximo no es una excepción.