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Etiqueta: Libertades propiedad y estado de derecho

Alternativa socialista

El líder socialista Pedro Sánchez declaró:

Reivindico el espacio propio del socialismo que es la igualdad, porque el principal desafío de la sociedad es luchar contra la desigualdad, porque el 27% de los niños sufre pobreza infantil, y reivindico un nuevo derecho, el de la garantía alimentaria, y creo que las comunidades autónomas, sobre todo las de derechas, que se están negando a ello, deben garantizar tres comidas al día, como hace la Junta de Andalucía.

Es difícil no caer en el desasosiego ante semejante colección de proclamas colectivistas. El espacio propio del socialismo no es la igualdad compatible con la libertad, la igualdad ante la ley, sino la igualdad contradictoria con la libertad, es decir, la igualdad mediante la ley, la igualdad que exige que el Estado sea cada vez más grande, intrusivo, arbitrario y desigual en el trato a sus súbditos.

La sociedad moderna, al revés que la tribu, no tiene desafíos, porque no actúa. Las personas los tienen, porque ellas sí actúan. La desigualdad, por tanto, no constituye ningún desafío, porque las personas no sólo no luchan contra la desigualdad sino que en cierto sentido puede decirse que luchan en favor de ella, porque todas las personas desean mejorar su propia condición, mientras que no todas lo logran en la misma medida.

El desatino adicional del señor Sánchez es identificar desigualdad y pobreza, que son claramente diferentes, y recurrir al viejo truco de agitar cifras y niños, como si fuera patente que la política tiene que hacer algo para resolver la pobreza infantil, cuando hacer algo en el lenguaje político jamás significa disminuir el autoritarismo y el quebrantamiento de los derechos de los pobres, que son, en España y en todo el mundo, las principales causas de la pobreza. Desde ya podemos desconfiar en que don Pedro piense que la política ha dificultado la superación de la pobreza con sus intervenciones e impuestos.

Esa parte crucial de la coerción política es ignorada olímpicamente cuando el señor Sánchez se pone aún más estupendo con eso de "reivindicar un nuevo derecho", que, como siempre, es una violación de los derechos de los demás, porque es imposible que él piense garantizar alimentos con su propio dinero. Al contrario, cree que es bueno que las autoridades benéficas (mejor de izquierdas, claro) arrebaten los bienes de los ciudadanos para concederles graciosamente derechos y garantías de toda suerte, en especial en Andalucía, que tras tres décadas de socialismo ha alcanzado grandes cotas en términos de prosperidad, empleo y honradez. No sé si está claro.

Con este esquema intelectual, no podemos abrigar muchas esperanzas de que nuestros bienes, derechos y libertades no vayan a sufrir si alguna vez don Pedro llega a la Moncloa.

Esto dicho, procedamos a consolarnos. Los mismos disparates intervencionistas de Pedro Sánchez han sido pronunciados y subrayados por los demás políticos de todos los demás partidos.

Y además, por ceñirnos sólo al suyo, sólo al PSOE, los críticos de Sánchez podrían recordar lo que dijo en su día uno de sus adversarios, don José Antonio Pérez Tapias, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada:

Fue desigual la batalla [del socialismo] contra ese ejército neoliberal que le comió el terreno cuando quiso ganar la guerra contra el azote de la crisis económica. Como banderas deshilachadas se vieron destrozadas las enseñas socialistas en torno a la igualdad y las políticas sociales. La cabalgada neoliberal supuso desde tiempo atrás el arrasamiento de lo público y que apenas creciera la hierba de la igualdad allí donde desconsideradas pezuñas pisaban fuerte sobre la sanidad pública o una educación para todas y todos.

Esta explosión de demagogia es incluso peor que lo de Sánchez, además de ser más cursi y arrogante, como suele suceder en mi gremio de los catedráticos. Es un enorme disparate, porque cualquiera que se moleste en ver lo que pasó en realidad sabe que todos los gobiernos del mundo se negaron a aceptar la responsabilidad de su propio intervencionismo en la crisis y acometieron políticas aún más intervencionistas, precisamente para defender "lo público", que no solamente no ha sido arrasado sino que su peso es mayor que nunca. Lo saben "todas y todos" que pagan cada vez más impuestos y padecen cada vez más multas, controles, prohibiciones, etc.

En fin, un consuelo adicional: al menos Pedro Sánchez no ha caído, que yo sepa, en la idea de resolver la falta de crédito con la increíble recomendación de…"apuéstese por una banca pública".

Los empresarios son los que cambian el mundo

“Reto a los jóvenes a que construyan un laberinto invisible (con nuevas ideas empresariales y disruptivas), un laberinto de libertad”.

Giancarlo Ibargüen (maestro de muchos liberales). Fragmento de su discurso tras recibir recientemente el premio Manuel F. Ayau de Students for Liberty 2014.

El pasado sábado tuvo lugar la conferencia regional de Student for Liberty en Madrid. Fue un encuentro extraordinario con ponentes de primer nivel como Jesús Huerta de Soto, que impartió una conferencia titulada Liberalismo vs Anarcocapitalismo, o Miguel Anxo Bastos, que explicó cuáles son los caminos para la creación de riqueza. Además, pudimos presenciar interesantes debates como el que protagonizaron sobre la reserva fraccionaria Juan Ramón Rallo, director del Instituto Juan de Mariana y profesor del Centro de Estudios Superiores Online de Madrid Manuel Ayau (OMMA), y Philipp Bagus, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. También hubo una mesa de discusión en la que participaron los miembros del Instituto Juan de Mariana Antonio José Chinchetru y Fernando Díaz Villanueva, Laura Blanco, John Müller y María Fuster.

Me llamaron especialmente la atención las recomendaciones para los jóvenes amantes de la libertad que hizo mi maestro el profesor Jesús Huerta de Soto. Destacaron sus consejos para reducir o suprimir la coacción estatal, para lo que no recomendó la vía política, aunque reconoció su afiliación al P-Lib, sino que insistió en que el cambio sólo podrá venir desde el estudio y la reflexión sobras las ideas. Sin embargo, aunque nos habló de las nuevas tecnologías y la importancia de la función empresarial durante su exposición, obvió trasladar esta idea fundamental a sus recomendaciones finales: “sean empresarios y creen nuevas ideas o empresas que cambien el mundo hacia un lugar con más libertad y prosperidad”.

Son muchos los que piensan que para cambiar el mundo y reducir ese ente corruptor y coactivo conocido como el Estado, que en su ponencia el profesor Huerta de Soto llegó a identificar con el Diablo, hay que ser un gran líder político con un importante poder que le permita llevar a cabo tan importante hazaña. También son bastantes los que piensan que a través de la academia se puede llegar a ser un gran erudito y con sus ideas reducir o eliminar el aparato estatal. No se puede negar que han existido políticos que han ayudado a que se produjeran cambios o adelgazamientos del Estado, siempre mínimos, pues el Estado no ha hecho más que crecer desde el principio de sus días hasta hoy, como por ejemplo Ruth Richardson, directora del Banco Central y ex ministra de Finanzas de Nueva Zelanda. Tampoco negaremos que han surgido grandes pensadores y divulgadores como Frédéric Bastiat y Henry Hazlitt o académicos como Friedrich A. Hayek y Milton Friedman, que con algunas de sus ideas ayudaron a mejorar nuestra sociedad. Sin embargo, ninguno de estos políticos, pensadores o académicos ha conseguido transformar el mundo en un lugar mejor como lo han hecho los empresarios y fundadores de grandes empresas como Henry Ford (padre de la producción en serie), Jimmy Wales (Wikipedia), Bill Gates (Microsoft), Peter Thiel (PayPal), Larry Page (Google), John Deere (fabricante de maquinaria agrícola), Mark Zuckerberg (Facebook), Reid Hoffman (Linkedin), Satoshi Nakamoto (Bitcoin), Steve Jobs (Apple) o Amancio Ortega (Inditex), entre otros.

En mi opinión, es la función empresarial, piedra angular de la teoría de la eficiencia dinámica del profesor Huerta de Soto, la que puede conseguir que el Estado se reduzca e incluso llegue a desaparecer en el futuro y el mundo se convierta en un lugar con mayor libertad y prosperidad. No necesitamos luchar contra el Estado, hagamos lo que defendemos los amantes de la libertad, compitamos con él con grandes ideas empresariales.

No podemos olvidar que la función empresarial es aquella característica innata al ser humano que hace posible que se descubran nuevas ideas que coordinen los desajustes existentes, consiguiendo satisfacer a los distintos individuos de la sociedad creando riqueza y bienestar. Supuestamente el Estado existe porque son muchos los que creen, de forma equivocada como demuestra Juan Ramón Rallo en su último libro Una revolución liberal para España, que lo necesitamos para que los que tienen menos recursos puedan acceder a la educación, sanidad y otros muchos bienes y servicios. Por ello, es necesario, desde la perspectiva intervencionista, más Estado y menos mercado o, lo que es lo mismo, más coacción y menos libertad.

Sin embargo, los empresarios de las grandes compañías alimentarias han demostrado que para que haya alimentos a precios asequibles no se requieren cartillas de racionamiento o los empresarios de la industria textil han conseguido evidenciar que no hace falta ser rico para ir a la moda. Por ello, a casi ningún estado se le ocurriría competir con estas empresas porque lo haría bastante peor que ellas y los usuarios no comprarían sus productos.

No es muy difícil imaginar qué pasaría si mañana fuéramos capaces de estudiar en las grandes universidades como MIT, Stanford o Harvard desde cualquier lugar del mundo y a unos precios muy accesibles gracias a las nuevas tecnologías; o si tienen éxito las investigaciones que están realizando un nutrido número de médicos y expertos en programación y tecnología en Silicon Valley para lograr revolucionar el mundo sanitario mediante una medicina individual, más barata e incluso autogestionada por el paciente en algunos casos; o si surgen nuevos sistemas de pago y atesoramiento seguros y estables como el de Bitcoins. Sin duda, las universidades públicas, los hospitales públicos y los bancos centrales monopolísticos quebrarían y cerrarían.

No sería sorprendente que los estudiantes prefiriesen recibir aquella educación que sea mejor y más barata, por lo que las universidades públicas tendrían que cerrar por la falta de alumnos y las regulaciones educativas desaparecerán por no tener sentido alguno, tampoco es que lo tengan hoy, más allá que posponer este inevitable cambio. Los pacientes previsiblemente dejarían de utilizar los actuales modelos hospitalarios, por lo que también desaparecerían los hospitales públicos; y, por último, los bancos centrales controlados por los Estados no tendrían su razón de ser, pues la gente no usaría las monedas de curso forzoso que imponen.

Por todas estas razones, es magnífico estudiar y reflexionar, como recomendó el profesor Huerta de Soto, cuya contribución a la causa de la libertad, tanto en España como en el resto del mundo, es enorme. No obstante, no hay que quedarse ahí. En mi opinión, lo más importante es emprender nuevas acciones empresariales, como la que llevó a cabo Manuel Ayau en 1971 fundando la Universidad Francisco Marroquín o las que ha impulsado Gabriel Calzada promoviendo el Instituto Juan de Mariana en 2005 y el Centro de Estudios Superiores OMMA en 2012, entidades, todas ellas, que están ayudando a transformar y mejorar la sociedad.

En definitiva, es importante estudiar y reflexionar sobre las ideas, pero es imprescindible y necesario lanzarse a crear nuevos proyectos empresariales que contribuyan a satisfacer las necesidades de los distintos individuos pues, sólo así, mediante la libre competencia, la creatividad empresarial y las nuevas tecnologías conseguiremos reducir o incluso, quién sabe, eliminar el aparato opresor del Estado. 

Habrías usado la tarjeta ‘black’, y lo sabes

Mirando con cierta perspectiva, el sector financiero español no ha salido tan mal parado como sus congéneres europeos del estallido de la burbuja. Bueno, para ser exactos, el sistema financiero privado español. Pero la mitad de nuestra banca estaba formada por cajas, entidades públicas controladas por políticos y sindicalistas. Contrariamente a la sabiduría popular, no hemos tenido que poner un duro para rescatar bancos, pero sí que ha habido que soltar decenas de miles de millones para rescatar cajas. Sí, para rescatar esa banca pública por la que suspiran Pablo Iglesias y Alberto Garzón como solución a nuestros males.

El caso más escandaloso ha sido el de Bankia por ser la entidad más grande, aunque comparativamente haya otros peores, como los de la CAM y Catalunya Caixa. Construida con los restos de Cajamadrid y Bancaja, bajo la errónea suposición de que juntar desastres los solucionaba, cuando lo único que hacía era crear un desastre mayor, Bankia nos ha costado unos 22.000 millones de euros. Es posible que Goirigolzarri logre devolver una parte, o casi todo. Pero resulta que el gran escándalo son los 16 millones de euros que los consejeros de Cajamadrid gastaron sin declarar a Hacienda durante los últimos años. Una cifra que supone el 0,07% del total del rescate, pero que parece que fuera la causa de todos nuestros males. No lo es: el problema fue la gestión de las cajas y el sistema de incentivos perverso de la banca pública.

Es el problema de que nuestra capacidad de escándalo, la mía la primera, se mueva por motivos emocionales más que racionales. Pero ese insoportable tonillo de altura moral que pone todo el mundo al hablar de este caso me obliga a poner un pero. No digo que lo que ha hecho esta gente esté bien, porque no lo está, especialmente en el caso de Rato y Blesa. Pero haz un experimento mental. Ponte en la posición de un consejero recién nombrado. Te dicen que tus dietas son tanto y que tienes una tarjeta a su disposición para gastos personales. No me contestes a mí, pero hazte esta pregunta, e intenta contestarla con sinceridad: ¿de verdad no la habrías usado jamás? 

La respuesta en el caso de Cajamadrid es clara. De 86 consejeros, 83 las usaron en mayor o menor medida. Pero eso es porque son casta, gentuza, no como los honrados ciudadanos de a pie. Sí, claro. Esos honrados ciudadanos de a pie fueron los mismos que, hace año y medio, se abalanzaron a sacar dinero de los cajeros de Caja Canarias cuando se extendió el rumor de que salía gratis y no se reflejaba en la cuenta. Es decir, cuando los honrados ciudadanos españoles creyeron que podían robar sin que nadie les pillara nunca hicieron colas interminables, con periodistas entrevistándoles sin que ni los unos ni los otros pensaran siquiera en la inmoralidad de lo que estaban haciendo. Aquello sí que fue un experimento sociológico, y no los de Mercedes Milá.

El comportamiento y la catadura moral de unos y otros es la misma, pero nuestra valoración no tiene nada que ver. Porque tenemos un sesgo, más o menos consciente, contra quienes tienen más dinero que nosotros. La culpabilidad o inocencia moral no tiene que ver con lo que hayan hecho. Si son ricos son culpables. Si son más como nosotros, pues no, porque, oye, me pongo en su situación y quizá hubiera hecho lo mismo. Y no hay más.

El modelo liberal de Texas, un imán para la creación de empleo

El modelo liberal texano se ha convertido en un imán para la atracción de más y más habitantes. Según los datos del censo para el año 2013, más de 387.000 estadounidenses se desplazaron hacia Texas para fijar allí su residencia. De hecho, la ciudad de Austin también ocupa el primer puesto de la tabla nacional en cuanto al número de residentes que atrajo durante el ejercicio.

Este fenómeno no es nuevo sino que lleva tiempo gestándose. De hecho, otras áreas metropolitanas del Estado de Texas como Houston, San Antonio, Dallas, Fort Worth, Odessa o Midland también se sitúan entre los territorios de la Unión que más vieron aumentar su población a lo largo de 2013.

Atractiva fiscalidad

La creación de empleo ha tenido mucho que ver con la buena evolución de Texas. A lo largo del último año, el territorio creó 1.000 empleos diarios. Para poner en perspectiva la cifra, podemos analizar el desempeño de California, otro de los grandes motores económicos del país norteamericano. 

El resultado de este ejercicio comparativo es claro: por cada empleo creado en California desde 2007, en Texas se han generado cuarenta. En términos de empleo, Texas arroja una tasa de paro del 5,1%, por debajo de los niveles registrados en California (7,4%) y el resto del país (6,2%).

A nivel estatal, la presión fiscal ronda el 7,5%. Por comparación, la media estadounidense llega al 9,8% mientras que en California alcanza el 11,4% y en Nueva York toca el 12,6%.

Estos datos de la Tax Foundation también se pueden expresar en términos monetarios. Cada texano paga, de media, 2.109 dólares al año en impuestos estatales, frente a los 3.064 dólares de la media nacional, los 4.075 dólares de California o los 5.258 dólares de Nueva York.

Socorro

Álvaro Carvajal escribió en El Mundo un artículo sobre Pablo Fernández,"el socorrista que pide socorro". Resulta que "tras ayudar a decenas de desahuciados ahora es él quien no puede pagar su hipoteca". Declara el señor Fernández: "Puedo derrumbarme o seguir luchando y yo elijo seguir luchando", porque

todos los españoles, como dice la Constitución, tenemos derecho a una vivienda digna. Y yo creía que también la merecía.

Esta retórica es interesante. Don Pablo no ayudaba a los desahuciados dándoles su propio dinero o su casa, sino como activista de la Plataforma Stop Desahucios, es decir, no es una genuina ayuda, porque esa plataforma propicia la redistribución política de los daños, castigando al conjunto de los contribuyentes, y en particular a los trabajadores que sí pagan su hipoteca y a todos los vinculados a la banca, desde sus empleados hasta los millones de trabajadores que han ahorrado en sus acciones o fondos de inversión. Desde luego, es muy discutible que todo esto equivalga a ayudas, progreso, justicia, etc.

Pero, además, la lucha del señor Fernández es, como suele suceder, peculiar, y consiste en luchar para que el poder político obligue a otros ciudadanos a que le paguen su vivienda, porque evidentemente cuando él y nuestra Constitución hablan del "derecho a la vivienda"en ningún caso se refieren al derecho de don Pablo a tener una vivienda si la paga. Obviamente no es así. Pero si él la va a tener, porque la merece, entonces otro va a ser obligado a pagar por él. 

Es notable cómo nadie piensa nunca en ese otro, nadie pide nunca socorro para las mujeres y los hombres de la comunidad, Pablo incluido, que se ven forzados por el poder a pagar, porque otros merecen ayuda y socorro.

La desesperada ofensiva de Raúl Castro

Raúl Castro ha desatado una desesperada ofensiva sobre Washington. Cree que en ello se juega el destino de la revolución. Le preocupa intensamente que la catástrofe venezolana acabe por eliminar o reducir drásticamente el subsidio que recibe Cuba.

La situación es apremiante. Raúl tiene 83 años y se siente abrumado. Se ha comprometido a dejar el poder en el 2018. Para entonces habrá gobernado inútilmente durante 12 años. Ya sabe que su reforma económica no funciona. Aumenta exponencialmente el número de balseros y desertores. Nadie tiene ilusiones con sus lineamientos. La consigna es huir.

Cada día que pasa las auditorías que le presenta su hijo Alejandro le confirman que el magro aparato productivo estatal está en manos de tipos corruptos, incompetentes e indolentes. (En realidad, el sistema los moldea de esa manera, pero todavía Raúl no lo admite).

Su problema más urgente es la falta de divisas para importar comida, combustible y otros bienes esenciales. El país se está cayendo a pedazos. Cuba es asombrosamente improductiva. Se trabaja poco y mal. La Isla vive de siete rubros: 1) el subsidio venezolano; 2) el alquiler y explotación de profesionales sanitarios en el extranjero; 3) las remesas de los exiliados; 4) el níquel que extraen los canadienses; 5) el turismo; 6) la mendicidad revolucionaria, que sostienen Brasil, Angola, Ecuador, y hasta la pobrísima Bolivia; 7) el tabaco y otras minucias de exportación, algunas de ellas indignas, como la venta de sangre y de vísceras humanas para trasplantes (por más de 100 millones de dólares). Comenzaron emulando a Stalin y han terminado imitando a Drácula.

De todas las fuentes de divisas, la más importante es el subsidio venezolano. Raúl Castro teme que se seque a corto plazo. Lo ve venir. El precio del petróleo cae y el caos sembrado por la ineficiencia absoluta del chavismo tiene a Venezuela a punto de cerrar el grifo. Los cubanos elegieron a Maduro, pero ha resultado un desastre absoluto. Es una cuestión de supervivencia. Dos ahogados no pueden salvarse mutuamente.

Por eso la ofensiva. Raúl necesita, desesperadamente, que le saquen las castañas del fuego. ¿Qué requiere? Un torrente de turistas norteamericanos que inunden los hoteles con sus dólares frescos. Hoy no pueden viajar a Cuba libremente. La ley lo impide. También desea crédito para importar insumos estadounidenses. Le venden la comida y las medicinas, pero tiene que pagar en efectivo y carece de dólares.

Raúl Castro no está dispuesto a cambiar el sistema ni a tolerar libertades, pero cree que puede cambiar a Obama y eliminar las restricciones impuestas o mantenidas por 11 presidentes norteamericanos.

Su hipótesis es que lo logrará tras las elecciones de noviembre, en los últimos dos años del gobierno de Obama. En esa dirección tiene trabajando a todo su servicio de inteligencia y a unos cuantos exiliados que suscriben el extraño e ilógico razonamiento de que la forma de acabar con la tiranía es dotándola de recursos.

El gran obstáculo –supone La Habana– es el senador demócrata Bob Menéndez, presidente del importante Comité de Relaciones Internacionales del Senado. En consecuencia, los servicios cubanos montaron una operación para destruirlo inventando la calumnia de que se había acostado con prostitutas menores de edad en República Dominicana. Finalmente, se descubrió la repugnante mentira.

Los tentáculos del lobby cubano son muy extensos. Llegan al Congreso, a la prensa, al mundo académico y artístico. Han logrado infiltrarse hasta en el Pentágono. Quien evaluaba las actividades de La Habana para la Casa Blanca era la analista principal de inteligencia Ana Belén Montes, una espía de Cuba, capturada en el 2001 y condenada a 25 años de cárcel. Desde el 85 espiaba para los Castro.

Scott W. Carmichel, el agente que la descubrió, opina que hay muchos más topos colocados o seducidos por Cuba en diversos estamentos del gobierno y de la sociedad civil norteamericanos. Probablemente tiene razón. Todos trabajan hoy febrilmente para conseguir los objetivos de Raúl Castro.

En todo caso, para que la ofensiva tenga éxito, primero Raúl tiene que conseguir que eliminen a Cuba de la lista de países que apoyan al terrorismo. La tarea no es nada fácil. En julio del 2013 fue detenido en Panamá un barco norcoreano con 250 toneladas de pertrechos de guerra procedentes de Cuba escondidos bajo miles de sacos de azúcar.

Si Obama sucumbe a la ofensiva y libera a la dictadura del vinculante calificativo de país patrocinador de terroristas, Raúl supone que inmediatamente procederá a autorizar los viajes de los norteamericanos. De eso se trata.

Ese hipotético flujo de divisas que espera como agua de mayo servirá para aliviar la disminución sustancial del subsidio venezolano. Por una vez el Séptimo de Caballería irá en ayuda de los indios para salvar a la revolución. Si Custer levanta la cabeza no lo cree.

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El terremoto brasilero

Aécio Neves, economista, como la presidente, pero una generación más joven y mucho más carismático, puede derrotar a Dilma Rousseff en el ballotage del próximo día 26. Al menos dos encuestadoras (Instituto Veritá y el Instituto Paraná de Pesquisas) le dan prácticamente 10 puntos de ventaja al candidato del Partido Social Demócrata Brasilero.

Serán menos. Esa diferencia puede reducirse sustancialmente, e incluso desaparecer, en la medida en que se intensifiquen los ataques del Partido de los Trabajadores, con Lula da Silva a la cabeza del pelotón de fusileros. Neves hoy goza la ventaja de unos días de gloria publicitaria positiva tras los sorprendentes resultados de la primera vuelta, así que tendrá que defenderse y atacar para poder prevalecer el día de las elecciones.

¿Por qué la popularidad de Rousseff ha caído en picado? Por una combinación de tres factores:  

– La economía. El país entra en recesión. El aparato productivo no crece y las exportaciones disminuyen debido al enfriamiento de la economía china. Todo era una un espejismo. Brasil no estaba haciendo bien su trabajo. Eran los chinos. Bastaba que China redujera uno o dos puntos su crecimiento para que se estancara el de Brasil. Con apenas 12.100 dólares de PIB per cápita anual, el país creaba menos riqueza por habitante que otras seis naciones latinoamericanas, incluidas las vecinas Argentina, Uruguay y Chile. Es verdad que, por su volumen, es la octava economía del mundo, pero por su per cápita es la 105, y por su crecimiento la 137. La productividad brasilera es un 50% de la mexicana y un 18% de la norteamericana. Una birria, debido al proteccionismo y a la enorme burocracia. Brasil ocupa el lugar número 100 en el Índice de Libertad Económica, entre Gabón y Benín, dos atrasados países africanos. De ahí los pobres resultados.

– La corrupción. La percepción general es que los gobiernos del Partido de los Trabajadores han sido los más corruptos de la historia reciente de Brasil. Cuando comenzó Lula, según Transparencia Internacional, Brasil estaba en el lugar 69 del planeta. En la medición más reciente de deslizó al 72. El último escándalo involucra a la (ex) prestigiosa Petrobrás. La empresa es otra alcantarilla. Según las revelaciones de Pablo Roberto Costa, Petrobrás entregaba al PT el 3% de todos los contratos. Esa es una inmensa cantidad de dinero. El conflicto es mayor que el mensalao que sacudió al gobierno de Lula y culminó con la condena de una veintena de funcionarios, incluido su mano derecha, José Dirceu, ministro de la Presidencia, hombre formado por los servicios de inteligencia de Cuba.

– El tercermundismo. Los brasileros, no obstante la disparidad entre el sur desarrollado y el nordeste pobre, la Belindia –combinación de Bélgica y la India– que describió el economista Edmar Lisboa, siempre han jugado la carta occidental. Fue el único país de América Latina que participó en la Primera Guerra frente alemanes y austriacos, aunque de manera modesta. En la Segunda, sin embargo, envió 30.000 hombres a pelear junto a Estados Unidos por la conquista de Italia. A muchos brasileros no les gusta la estrecha relación del PT con Irán, Rusia, Cuba o el chavismo, así como el patrocinio del Foro de Sao Paulo, una especie de Internacional radical antioccidental, antimercado y antiamericana. No entienden muy bien por qué enquistarse en el Mercosur o en los Brics, cuando al país le iría mucho mejor trenzando alianzas abiertas con el Primer Mundo.

Pero hay más en el terreno internacional: si Neves ganara las elecciones, su victoria sería una pésima señal para los países del llamado Socialismo del Siglo XXI y una clara advertencia de que se agota esa estridente tendencia ideológica neopopulista que ya arruinó a Venezuela.

Probablemente, por ejemplo, influiría en los comicios de Uruguay, impulsando la candidatura de Luis Lacalle Pou, joven y enérgico político de centroderecha, frente a Tabaré Vázquez, un expresidente de 74 años que encabeza la fórmula del Frente Amplio, donde militan comunistas y tupamaros, desgastado personaje mucho menos atractivo para la nueva generación de votantes uruguayos decididos a buscar un cambio.

La ola también llegaría a la Argentina en las elecciones del año próximo y contribuiría a barrer al kirchnerismo, así como a Bolivia, donde Evo Morales perderá un aliado al que no le importaba que la cocaína de su país llegara por toneladas a Brasil.

Será un verdadero terremoto. Pero antes Aécio Neves tiene que ganar.

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La rebelión de los paraguas

Cuando a Milton Friedman le echaban en cara su colaboración con el régimen de Augusto Pinochet en Chile, el economista se defendía con el argumento de que la libertad económica, tarde o temprano, termina generando libertad política. Algo de razón debía de tener si nos fijamos en el Chile actual, uno de los países más libres y prósperos del continente que disfruta, con sus pros y sus contras, de una libertad política que ha llevado al poder en las últimas elecciones presidenciales, y por segunda vez, a la candidata socialista Michelle Bachelet, represaliada y víctima de la dictadura. Contrasta desde luego con su vecino peronista, Argentina es un país donde cada vez hay menos libertades, económicas y políticas, sin saber si la falta de una lleva a la falta de otra o viceversa.

Las protestas en la Plaza de Tiananmen, en la primavera de 1989, la caída del Muro de Berlín en noviembre del mismo año, el colapso de la Unión Soviética al año siguiente y la adopción por parte de casi toda la Europa del Este del sistema capitalista, o al menos de su variante más socialdemócrata, debió de asustar bastante a los líderes del Partido Comunista Chino (PCCh) como para plantearse y permitir ciertas libertades económicas. Desde luego fue un acierto, pues han traído a China una prosperidad no conocida hasta el momento, salvo en los dos bastiones del capitalismo chino, la isla de Formosa, Taiwán, que no está bajo el poder de Pekín, y lógicamente, Hong Kong.

Cuando los británicos transfirieron a China su colonia el 1 de julio de 1997, la devolvieron envenenada. El Gobierno chino debía permitir a sus nuevos súbditos algunas de las libertades que ya disfrutaban: los hongkoneses, además de vivir en uno de los territorios más libres, prósperos y ricos del planeta, podían elegir su gobernador y su sistema político. El eslogan “Un país, dos sistemas” se hizo famoso y, hasta hace relativamente poco, ha sido, hasta cierto punto, verdad.

China ha dejado proliferar dentro de ella dos gérmenes muy peligrosos para los liberticidas. El primero, la libertad económica, que se ha visto favorecida incluso desde dentro del propio sistema comunista. El segundo, la libertad política, aunque heredada, muy localizada geográficamente y controlada, es un peligroso modelo que tiende a expandirse. El PCCh tiene miedo de que se extienda a otras partes del territorio, pese a que se había comprometido a respetar durante al menos medio siglo un acuerdo que se firmó bajo el aval de las Naciones Unidas. La rebelión de los paraguas se ha puesto en marcha casi sin querer y a los comunistas les ha pillado de improviso. Pensaban que controlar a los candidatos era fácil y gratuito.

Las autoridades chinas se enfrentan a unos manifestantes poco violentos, que simbólicamente usan los paraguas para repeler los gases lanzados por las fuerzas del orden chinas. Precisamente, para evitar que se creen vínculos de simpatía entre manifestantes y policías, se están trayendo de otras partes de China, ya que los de Hong Kong no son fiables. Además, el Gobierno está haciendo todo lo posible para que lo que está pasando no llegue al resto del territorio, controlando los medios de comunicación y la información que sale de la excolonia. Personalmente, creo que estamos en una situación muy distinta de la que teníamos hace 25 años, cuando las protestas de Tiananmen terminaron en una matanza.

El gobierno chino teme la propagación de estas manifestaciones al resto de focos de crecimiento económico, como Shanghai, Macao, Shenyang o la propia Pekín. En estos centros confluyen los tres elementos que todo dictador debería temer. El éxito económico indudablemente beneficia al estado chino, pero como supo ver Friedman, también crea una cada vez mayor clase media que dispone de más riqueza, tiempo libre y, sobre todo, más inquietudes políticas que le llevan a tratar de decidir sobre su futuro, su forma de vida y, si es menester, enfrentarse a aquéllos que, desde el poder, quieren limitar su capacidad de actuar libremente.

En segundo lugar, la revolución en los medios de comunicación, con Internet a la cabeza (como ya sucedió en la extinta URSS con la televisión), “introduce” ideas de libertad en las mentes de esa clase media que se cuestiona por qué un líder inamovible e incuestionable debe dirigir sus vidas. La censura dificulta, pero no impide, que esta aportación de la cultura global se vaya abriendo paso poco a poco.

En tercer y último lugar, la presencia de extranjeros en estos polos de crecimiento y ciudades es un ejemplo, un modelo de lo que pueden llegar a ser estas incipientes clases medias. Muchas veces, no piden ni quieren grandes cambios, quizá una mayor autonomía en las decisiones locales, como actualmente sucede en Hong Kong, pero esto lleva indefectiblemente al cuestionamiento de la autoridad impuesta y, como enseña la historia, es cuestión de tiempo que alguien que pide una mayor libertad en pequeños aspectos termine por exigirla en su totalidad, y eso aterra a cualquier dictador, sea de derechas o de izquierdas.

Es bastante probable que los resultados de la Primavera Árabe estén presentes en las cabezas de los dirigentes del PCCh y no estén dispuestos a que a China le pase lo mismo que a la Unión Soviética. China, más que un Estado, es un Imperio y bajo su comunista bota tiene, como lo tenía la Unión Soviética y como lo tiene incluso ahora la Federación Rusa, multitud de naciones, culturas, etnias y religiones que buscan, cada una a su manera, cierta libertad o al menos cierta independencia y capacidad de expresión.

Toda crisis es una oportunidad. China tiene la opción de democratizarse, de ampliar la libertad de los que hasta ahora han vivido bajo el régimen, aprovechando el camino abierto por esa libertad económica y política, y desbancar a la India como la democracia más poblada del planeta; de hecho, tiene en este país un modelo, no perfecto, pero sí más libre, un crisol donde se mezclan etnias, religiones, nacionalidades y culturas. Pero también tienen la opción de incrementar la represión y acabar por la fuerza con décadas de enriquecimiento y prosperidad. El PCCh es quien tiene que pensar si se va o se queda.

Inmigración (XV): Green cards frente a red cards

“Las políticas de admisión deben fomentar el crecimiento económico y la integración, no animar a la gente a cruzar nuestras fronteras ilegalmente”. Derrick Morgan & Stepehen Moore.

“El enfoque de Helen Krieble reconoce la realidad de que la vigilancia fronteriza sólo puede funcionar si aceptamos las demandas de nuestra economía y se ofrece una vía legal para los trabajadores (extranjeros) de los que muchas empresas americanas dependen”. John Fund.

“Nuestra sugerencia es que en lugar de tener cuotas artificiales de nuestros trabajadores invitados aquí, dejemos que el mercado determine cuántos permisos de trabajo son necesarios”. Helen E. Krieble.

Escasez de las green cards

El otorgamiento de visados es casi siempre gestionado centralmente por una burocracia planificadora que asigna cuotas cada año según criterios fijados administrativamente que se caracterizan por no cubrir suficientemente la demanda existente. En los EE UU si uno es extranjero y quiere estar allí de forma legal, tiene que recibir necesariamente de las autoridades norteamericanas algún visado de las siguientes tres grandes categorías:

a) Visado de inmigrante: el otorgamiento de este visado (conocido popularmente como green card) le permite a uno residir y trabajar de forma permanente en los EE UU y, generalmente después de cinco años, le da derecho a la nacionalidad norteamericana si logra pasar ciertos tests cívicos y de inglés.

b) Visado de refugiado/asilado: accede a dicho status aquel extranjero que, estando fuera de su país de origen por sufrir persecución por diversos motivos tasados, solicita admisión en otro país. Si la pide fuera de EE UU se le cataloga como refugiado y si la solicita ya dentro del país americano es considerado asilado.

c) Visado de no-inmigrante: es aquel que se otorga a toda persona extranjera que le permite la entrada meramente temporal en los EE UU para un propósito específico (turismo, trabajo, negocios, estudios, labores diplomáticas, deporte, etc.). Existen unos 85 tipos de visados clasificados significativamente como de “no-inmigrantes”. En concreto, los visados de trabajo temporal son muy limitados cada año (unos 600.000 de media al año, si se incluyen también a los de los familiares), el grueso de estos visados de trabajo temporal son del tipo H y se refieren a áreas muy específicas que requieren pericias o cualidades muy concretas para las que no deben existir trabajadores estadounidenses disponibles, según establecen los criterios burocráticos.

[Nota: para los ciudadanos de ciertos países (mayormente procedentes de Europa) se les permite visitar los EE UU sin visado especial siempre que se tenga el pasaporte en vigor y se haya pedido autorización electrónica conocida por las siglas ESTA].

Si excluimos los visados de turismo, los visados de la primera categoría, deinmigrantes permanentes, representan la mayoría de los emitidos lo cual no tiene mucho sentido porque lo lógico sería que se otorgaran bastantes más visados de trabajo temporal que de permanente. Estos últimos son titulares de la llamada green cardy han obtenido su visado a través del consulado de su país de origen o bien dentro ya de los EE UU a través de la DHS del gobierno. Se distinguen, a su vez, tres formas fundamentales de obtener las green cards (aparte de los refugiados o asilados):

a.1.) Por patrocinio familiar: ser familiar de un residente norteamericano (inmigrante permanente o ya ciudadano) da opción a solicitar un visado de residencia permanente. En Europa se suele denominar a esta modalidad reagrupación familiar.

a.2.) Por razones económicas o de empleo: en esta categoría se encuentran aquellos inmigrantes con vocación de permanencia que cubren puestos laborales que no pueden ser cubiertos por americanos; por ejemplo, ejecutivos, empleados de multinacionales, profesionales cualificados, inversores, clérigos y trabajadores no cualificados pero con habilidades extraordinarias en artes o ciencias.

a.3.) Por diversidad: dicha categoría fue creada por los burócratas useños para introducir más variedad en el flujo migratorio hacia los EE UU. Las solicitudes de nacionales de países que han enviado menos de 50.000 trabajadores en los cinco años previos y tienen cualidades específicas entran en un sorteo con el que poder ser agraciados con un posible visado de “inmigrante diverso”.

Según datos de la DHS, en los últimos tres años se han ido dando aproximadamente un millón de green cards al año a inmigrantes con derecho a residencia permanente. Pudieran parecer muchas autorizaciones permanentes pero analicemos dicha cifra: los inmigrantes por motivos de reagrupación (patrocinio) familiar suponen ya más del 67% en promedio de todas las green cards otorgadas a los inmigrantes por las autoridades americanas cada año. Además, no tienen límite de entrada si se refieren a familiares directos (immediate relatives). Es lo que se ha venido denunciando como un sistema endogámico o nepotista.

El resto de concesiones de visados otorgadas a inmigrantes permanentes (incluidos los refugiados/asilados) se caracterizan por su restricción pues se basa en cuotas prefijadas centralmente por el gobierno federal antes de cada año fiscal. Se agotan a los pocos días de hacerse pública su disponibilidad.

El dato realmente revelador es que, de todos los visados (green cards) entregados en los EE UU a inmigrantes permanentes, menos de un 15% son por razones de empleo. Dentro de éstos, además, el 85% de los que lo reciben por este motivo están ya en el país bajo el status de trabajadores temporales, es decir, no-inmigrantes. Desde los años 90 cada vez son menos los visados por razones de empleo entregados a los inmigrantes en los consulados extranjeros. Por su parte, alrededor de un 14% de los visados de residencia permanente son concedidos a refugiados o asilados y un 5% aproximadamente son entregados por criterios de diversidad.

Como se ve, la gestión federal del servicio de selección y entrega de visados de trabajo o empleo (tanto permanente como temporal) se caracteriza por la escasez e ineficacia en su distribución. Esa es la razón fundamental por la que existe una gran masa de trabajadores extranjeros poco cualificados sin documentos: la mayoría no tiene posibilidad alguna de recibir ningún visado. No es casualidad que las estimaciones del número de trabajadores clandestinos viviendo y laborando en los EE UU ronden ya entre 11 a 15 millones de personas.

Una solución pro mercado con las red cards

Si se tiene un ejército de trabajadores “ilegales” por carecer de documentos, trabajando en la sombra, con temor a ser deportados y agazapados en territorio americano, sin osar visitar sus países de origen por miedo a no poder entrar de nuevo, lo más lógico y sensato sería proveerles de inmediato con algún tipo de documento identificativo. Eso es lo que pretende a grandes rasgos la innovadora propuesta de la Red Card Solution de Helen Krieble (hija del empresario fundador de Loctite, especializada en adhesivos y selladores industriales) y su fundación (dedicada a influir en las políticas públicas americanas según los principios de los Padres Fundadores).

Se trataría de un programa de trabajadores huéspedes temporales gestionado no ya por las dependencias públicas sino por agencias privadas (semejante a las empresas de empleo y agencias de colocación laboral) que abrirían sus propias oficinas en los países exportadores de mano de obra para facilitar el proceso de obtención de una tarjeta de trabajo temporal (llamada tentativamente red card). Estas compañías deberían contar con una licencia administrativa para poder operar. La obtendrían sólo aquellas empresas que contaran con tecnología y desempeño profesional adecuado y serían supervisadas por el gobierno ocasionalmente. No habría incentivo más poderoso que el beneficio fruto de dicha actividad intermediadora por lo que es presumible que harían bien su trabajo (caso de ineficacia o de engaño, perderían su licencia).

Estas agencias gestionarían su base de datos y casarían la oferta con la demanda laboral de extranjeros. Harían el chequeo previo de antecedentes penales (de modo semejante a como hacen hoy las tiendas de armas en los EE UU) y emitirían tarjetas inteligentes con microchips, difíciles de replicar, con los datos personales del trabajador, su fotografía e incorporación de sus huellas dactilares y otros sistemas biométricos utilizados en la actualidad. Serían las responsables del cumplimiento de las leyes nacionales del país de acogida. Desempeñarían una labor complementaria a la que en estos momentos realizan los consulados en el exterior. Facturarían tanto al empleado como al empleador.

Su labor ayudaría a eliminar gran parte de los contrabandistas de trabajadores (denominados polleros o coyotes en México) que ponen en peligro la vida de los emigrantes al cruzar ilegalmente la frontera por lugares cada vez más inhóspitos y peligrosos. Si se pudiera conseguir fácilmente la tarjeta roja en su país de origen, pagando allí por los trámites de permiso de trabajo temporal en un país desarrollado concreto, los inmigrantes no tendrían ya muchos incentivos para acudir a los inescrupulosos (y caros) contrabandistas. Las fronteras del país se volverían más seguras y menos costosas de salvaguardar al enfocarse las patrullas en aquellos pocos que persistirían en traspasarlas ilegalmente por motivos probablemente ilícitos.

El gobierno no tendría tampoco que calcular y establecer cada año las cuotas de visados de inmigrantes necesarios (la realidad nos muestra que siempre se quedan cortas). A diferencia de los visados de trabajo temporal o permanente gestionados por las agencias del gobierno, no habría límites a la emisión de dichas tarjetas rojas, siempre y cuando existiera una oferta laboral concreta en el país de acogida detrás de cada emisión de tarjeta.

Tampoco sería una amnistía. Los trabajadores ilegales en suelo americano tendrían que regresar a sus países para solicitar su tarjeta roja. Debido a la facilidad de su tramitación la gran mayoría optaría por regresar a su país de origen para regularizarse, abonar el precio fijado por la agencia expedidora de dichas tarjetas y hacerse “legal” en el país de acogida. Dicha tarjeta les daría derecho a entrar y salir las veces que quisieran sin temor a ser arrestados y deportados. Eso sí, no sería un trámite para comenzar el camino hacia la nacionalidad. Sería un mero permiso de residencia para trabajar de forma temporal, no el camino para adquirir los derechos de ciudadanía.

Estas tarjetas darían cobertura a todas las categorías de visados temporales de trabajo y el proceso de su obtención se separaría completamente del sistema actual de obtención del visado de residencia permanente (green card), de la documentación de asilo y de la nacionalidad que seguirían existiendo con sus trámites y restricciones actuales.

El empleador retendría cada mes, a parte de los impuestos, una cantidad al trabajador temporal a modo de consigna a favor de este último. Éste podría cambiar de trabajo una vez finalizado su primer contrato laboral temporal. Si se acabara o no encontrase un nuevo trabajo temporal en un tiempo determinado, tendría que regresar a su país de origen a solicitar una nueva tarjeta roja y pasar por otro filtro de sus antecedentes. En el momento de abandonar el país de acogida recuperaría en la frontera la totalidad de la cantidad retenida por su/s empleador/es (incentivo para regresar y solicitar una nueva la tarjeta roja si así lo deseara).

La mayor parte de los trabajadores “ilegales” no desean obtener la nacionalidad ni la residencia permanente. Muchos son trabajadores estacionales (especialmente del agro) y ven imposible cumplir los farragosos y costosos trámites actuales para la obtención de visado por lo que optan por pasar la frontera ilegalmente, pero no con objetivos ilícitos. Desean trabajar allá donde las oportunidades de trabajo se encuentren y ayudar realmente a sus familias.

Se asume que la ciudadanía es la única manera de hacer “legal” a la gente. Esto es obviamente un error. Existen muchos tipos de visado que permiten a las personas residir y trabajar en un país sin necesidad de ser un medio para convertirse en nacionales de dicho país receptor.

Esta solución innovadora ayudaría además a eliminar la disparidad de tratamiento que se da con el sistema estatalizado de visados actual entre grandes y pequeños negocios. Las mayores empresas pueden cabildear con las autoridades para que éstas amplíen las cuotas de aquellos visados que más les convengan, pueden costear los farragosos trámites burocráticos o pueden abrir incluso sucursales en el extranjero y contratar directamente allí al personal necesario. Con este sistema privado de emisión de visados temporales expedidos en el exterior el pequeño negocio se beneficiaría al tener a su alcance de manera asequible la contratación de trabajadores extranjeros que portasen las referidas tarjetas rojas.

Dos vías legales para los trabajadores extranjeros

Con este sistema de emisión de “tarjetas rojas” -que en el fondo es un programa privado de trabajadores huéspedes temporales- se abrirían por fin los cauces legales a los trabajadores en el extranjero que quisieran ingresar a trabajar de manera legal y ordenada en otro país.

Habría un camino hacia permisos de trabajo temporales simple y casi instantáneo (un recolector temporal de frutas o verduras, por ejemplo, no precisa saber inglés o conocer la cultura del país de acogida) y habría otro camino hacia la ciudadanía, que sería muy serio y difícil, como es lógico. Sin embargo, el que tuviese un permiso temporal de trabajo no le impediría tomar la otra ruta, pero tendría que identificarse como alguien que realmente quisiera ser ciudadano y siguiese el procedimiento establecido.

Los inmigrantes tendrían opción siempre a nacionalizarse pero, de esta forma, se facilitaría a muchos otros el acceso al mercado laboral dentro de un país desarrollado pese a que la obtención de nacionalidad seguiría siendo tan limitada como lo es en la actualidad.

Coexistirían, pues, dos caminos bien diferenciados para la obtención de permisos de trabajo: uno de libre mercado, ágil, descentralizado, pagado por el usuario y de carácter temporal y otra vía, la estatal, jerarquizada, más burocratizada y lenta, pagada por todos los contribuyentes y de carácter permanente, con derecho a acceso final a la ciudadanía.

La solución de la llamada tarjeta roja puede que no sea perfecta pero lo bueno es que con esta medida innovadora habría muchos menos inmigrantes “ilegales” y cada trabajador, al presentársele más oportunidades, podría elegir qué camino le convendría más según su proyecto de vida y sin tener que jugársela verdaderamente en la frontera.

Críticas a la tarjeta roja

Esta propuesta tuvo, como era de prever, una acogida fría y quisquillosa por parte de los congresistas y senadores norteamericanos. Fueron tres las críticas fundamentales que se le hicieron: primero, se establecerían dos categorías de personas en la sociedad (los que contasen con plenos derechos y los que no); segundo, no sería conveniente subcontratar empresas privadas para asuntos relacionados con el orden público; y tercero, ligaría al trabajador temporal con el empleador en una suerte de “servidumbre por contrato” (indentured servitude) al no permitírsele cambiar de trabajo caso de que no le gustara.

Aunque es posible desde posiciones liberales desmontar las dos primeras críticas, no es fácil hacerlo. En cuanto a la tercera es cierto que habría que buscar un sistema algo más flexible para que el inmigrante temporal pudiera cambiarse de trabajo en el país de acogida antes de la terminación de su contrato para no quedar fatalmente ligado a su empleador. En cualquier caso, con la propuesta sugerida por Helen Krieble se trataría al menos de mejorar una situación presente que es un desastre. La actual regulación de la inmigración es un sistema roto y costoso. La solución de la tarjeta roja puede ser un excelente comienzo para empezar a cambiar el paradigma dominante de la gestión de visados y permisos de residencia de trabajadores extranjeros en cualquier parte del mundo, no solo en los EE UU.

Estuvo cerca de ser una propuesta oficial republicana cuando Newt Gingrich acogió dicho plan en su carrera hacia la presidencia en 2011. Su retirada de la misma hizo que la idea se aparcara. Obama suele acusar a los republicanos de no tener ideas; puede que lleve razón.

Los legisladores actuales que tratan sobre la reforma migratoria americana, la Banda de los Ocho, están muy lejos de incorporar a la misma esta innovadora sugerencia que apela a la racionalidad, a la dignidad del trabajador, es acorde a la tradición pro-mercado de los EE UU y resolvería buena parte de la problemática actual en torno a la inmigración al “sellar” de manera mucho más eficaz la demanda y oferta de mano de obra extranjera.

Pese a todos sus beneficios y ventajas, parece que no ha llegado todavía su momento.
 


Este comentario es parte de una serie acerca de los beneficios de la libertad de inmigración. Para una lectura completa de la serie, ver también I,  IIIIIIVVVIVIIVIIIIXXXIXIIXIII y XIV.

España y el GPS de la política

Esta semana se abre con la noticia de la concesión del Premio Nobel de Medicina 2014 a John O’KeefeMay-Britt Moser y Edvar Moser, por sus estudios que revelaron la existencia de un sistema de ubicación espacial en el cerebro y lo describieron. En un momento en el que los españoles me parecen tan desubicados, no podía ser más oportuna esta decisión. ¿Dónde estamos? Y, a partir de ahí, ¿a dónde vamos?

Por poder, PODEMOS ir a donde sea

Porque uno mira el panorama real, no el que los candidatos a las elecciones municipales y autonómicas nos pintan, y parece que seguimos donde estábamos. Fraudes, tarjetas opacas, escandalera inicial para dar paso al tedio rutinario, no sin antes detenernos en las declaraciones tan oportunas como insustanciales de nuevos líderes que quieren mostrar su disposición a ganar el título de míster (o miss) de la política patria. Y, claro, todos nos dicen “Quiero que Madrid (o Tarragona, o Toledo, o Jaén…) sea una ciudad sin parados, donde los jóvenes no tengan que emigrar, donde los autónomos se sientan apoyados, una ciudad limpia, sana, alegre, vital…”. Ya. Y yo quiero un apartamento enorme con vistas a la sierra. Pero no tengo dinero para pagarlo. Como los candidatos no tienen dinero “pa’ tanta deuda” parafraseando a la gran Celia Cruz y su “no hay casa pa’ tanta gente”.

Y mientras, Podemos no deja de cavar su tumba con declaraciones cada vez más aberrantes, más comprometedoras por irrealizables, de manera que hasta quienes les parecía que el chico éste de la coleta parece “muy majo” y casi le votamos que algo hará, sospechan ya que la cosa no tiene mucho recorrido.

Eso sí, los y las “pablettes” siguen su circulización asamblearia en una especie de fiebre loca, como si el “golpe a golpe, verso a verso” se hubiera tornado “círculo a círculo”. Grotesco. Pero ahí está, y sacará sus votos dependiendo de la ciudad, porque a los españoles las cosas grotescas e irreales nos encantan. Otra cosa es cuando llegue la factura. El gasto de Gallardón nos va a parecer un alarde de austeridad en comparación.

Programar el GPS

Suena a perogrullada, pero da la sensación de que se nos ha olvidado programar el GPS y seguimos  unas directrices que no sabemos muy bien a dónde nos llevan. Y ahí andamos bordeando precipicios, a veces, de los que es imposible o muy difícil salir. Y me refiero a todas las referencias al 36, a la guerra que nunca se fue, al enfrentamiento. Y cuando señalas a tu interlocutor lo peligroso de esa actitud, invariablemente la respuesta es “Ellos han empezado” que es la típica frase que suena justo antes de un apocalipsis. La de después suele ser “No era esto, no era esto”.

¿Queremos salir de la crisis? Déjense de monsergas, déjense de politiqueos, apostemos por lo rentable, no por lo políticamente más conveniente; apoyemos a empresarios (de los de verdad) y autónomos quitándoles piedras del camino, no dándoles empujones. Invirtamos con ahorro, no con deuda (que se nos sale por las orejas).

Y, desde el punto de vista de la Política, con mayúsculas. ¿Qué queremos? ¿Aceptamos pulpo como animal de compañía  y nos comemos la corrupción? Porque cuando nos planteamos a la hora de meter el papelito en la urna que no hay más, que no hay otra opción más que votar al corrupto porque todos lo son, estamos refugiándonos en la cueva del lobo. Estamos alimentando la corrupción. Estamos perpetuando nuestra propia ruina. Tal vez la tan cacareada e imprescindible renovación debería empezar por una ciudadanía que no votara ningún partido involucrado en escándalos. Sí, ya saben lo que significa: la denostada abstención. La abstención como forma de castigo, como ninguneo clamoroso que afee la conducta de esta casta que hemos amamantado votación tras votación, por miedo, ese gran aliado del abuso.

Sería antológico si los españoles tomáramos la iniciativa frente a los políticos, dirigentes, reyezuelos y caciques. Mi apuesta es que habrá participación masiva en las elecciones del 2015. Al tiempo.