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Etiqueta: Regulaciones y otras políticas públicas

Derecho al olvido… de la libertad

La historia de un ciudadano español, enfrentado a Google ante el Tribunal de Justicia Europeo para que el buscador respete su ‘derecho al olvido’, ha ocupado, a la espera de que se dicte sentencia, numerosos espacios en medios de comunicación tanto españoles como extranjeros. Tal como se ha presentado en casi todas las ocasiones, tiene todos los elementos para hacer sentir la simpatía por el ciudadano que ve como un gigante empresarial pisotea sus derechos y decide, cual moderno David frente a Goliat, hacer frente en solitario al todopoderoso sin más arma que su dignidad y su sentido de la justicia.

Sin embargo, las cosas no son tan simples. Mario Costeja González, nuestro protagonista, no es un héroe solitario. En su enfrentamiento con Google tiene de su lado ni más ni menos que a la maquinaria del Estado. En concreto, acude ante los tribunales europeos apoyado por la Agencia de Protección de Datos. Segundo, Google es una empresa gigantesca, pero dista mucho de ser todopoderosa. Ya hemos visto como, por ejemplo, en Francia se doblegaba ante la actuación de un François Hollande que actuaba como un vulgar matón al servicio de la prensa de su país.

Y, en tercer lugar, no puede asegurarse de forma contundente que el derecho pisoteado sea tal. Es más, su implementación puede suponer riesgos reales para la libertad de expresión y para el propio funcionamiento de internet tal y como lo conocemos.

Costeja González (divorciado y parece ser que sin deudas pendientes) dice en una entrevista: “Según Google, sigo siendo deudor y casado”. Reconozcamos que la frase es impactante, buena para un titular periodístico, pero no responde a la realidad. Lo único que hace el buscador es ofrecer, entre muchos otros, un enlace a una página de un periódico de hace 15 años en la que él aparecía con esa condición. A nuestro protagonista le molesta que eso se pueda encontrar con cierta facilidad en la red, es comprensible, pero su pretensión de que Google deje de indexar por orden judicial el contenido en cuestión puede tener serias consecuencias.

En un plano general, puede afectar al propio funcionamiento de los buscadores (Google y otros), uno de los elementos fundamentales de internet. Si Google es obligada a dejar de enlazar los contenidos que pide el demandante, se abre la puerta a un escenario tremendo: todo aquel que sienta que le perjudica un resultado de búsqueda que haga referencia al pasado, pasará a reclamar la desaparición de dicho resultado. Si los periódicos en su día informaron de la condena a un terrorista, por ejemplo, este último podría (una vez cumplida su pena) reclamar su ‘derecho al olvido’ y obligar a bloquear cualquier resultado que lleve a una noticia sobre la sentencia que se le impuso.

También habría reclamaciones menores, como las referidas a multas de tráfico u otras sanciones administrativas que hayan aparecido en un boletín oficial. Si se multiplican unas y otras, los buscadores terminarían eliminando por defecto miles de resultados de búsqueda para así evitarse posibles problemas.

Pero hay más problemas. Uno especialmente importante es el referido a la libertad de expresión. Impedir, por orden de los poderes públicos, que los ciudadanos accedan a un contenido determinado es una forma de censura. Se nos dirá que no se pretende imponer que los periódicos borren los contenidos de sus páginas, por lo que dicha libertad de expresión no se vería afectada. Sin embargo, el efecto sería casi el mismo, puesto que para muchas personas sería imposible o casi imposible acceder a esos contenidos. La censura no es necesariamente destruir unos textos, imágenes o sonidos; basta con impedir que lleguen al público.

Y, una vez que se establece un antecedente, se abre toda una gama de posibilidades. Tras obligar a los grandes motores de búsqueda a eliminar resultados, ¿por qué no hacer lo mismo en los buscadores internos de periódicos y otras páginas? Y si enlazar a un contenido referido al pasado atenta contra el supuesto ‘derecho al olvido’, ¿publicar en un texto nuevo que alguien fue multado o condenado hace quince años no lo haría también? ¿Prohibimos entonces cualquier texto o material audiovisual que haga referencia al pasado? Sería la amnesia impuesta desde el Estado o el Supraestado Europeo. Una amnesia totalmente liberticida.

Para terminar, una última reflexión. Si lo que desea el demandante es que no se indexe un contenido concreto, tal vez debería haber acudido –no sabemos si lo hizo– al periódico que lo publicó. Para los responsables del medio sería muy fácil impedir que se indexara, bastaría con introducir un mínimo cambio en el código de la página afectada.

Una ciudad libre para Canarias

Nuestras islas han pasado de ser un puerto franco con un prometedor futuro, gracias a su localización geográfica, clima y recursos naturales, a convertirse en una región con abusivos impuestos, ingentes trabas administrativas para las empresas y una economía subvencionada por culpa del discurso victimista de que somos región ultraperiférica que realizan nuestros políticos.

Esta situación está llevando a los canarios a la pobreza, y la prueba de ello es que hoy tenemos un 32,96% de paro, es decir, 370.665 personas que no consiguen trabajo ni lo podrán encontrar por culpa de estas políticas de izquierda que tanto les gustan a los que nos gobiernan.

Estas mismas políticas son las que han llevado a algunas partes de Latinoamérica a ser de las regiones más pobres de nuestro planeta. Sin embargo, un grupo de emprendedores, de esos que cambian el mundo para convertirlo en un lugar mejor, han puesto en marcha una idea disruptiva con el fin de poder sacar de la pobreza al mayor número de personas posible.

Lo que proponen es fundar una ciudad modelo o libre con leyes propias, mínima regulación e impuestos bajos o inexistentes en un lugar de esta región.

La idea no es otra que la de crear las condiciones legales y de seguridad para atraer una gran cantidad de inversores que creen riqueza y una importante cantidad de puestos de trabajo, al estilo de la Hong Kong en China.

Fueron muchos los que pensaron que China aniquilaría a Hong Kong, sin embargo fue al revés, la ex colonia británica consiguió abrir los mercados en el gigante asiático y éste se vio beneficiado con la llegada de capitales extranjeros, la contratación de mano de obra y los desarrollos tecnológicos.

Honduras ha sido el primer país en cambiar su constitución para permitir crear una de estas ciudades libres. Si consiguen llevar a cabo esta noble andadura, podrán convertir a su nación en uno de los lugares más prósperos del planeta. Ya han sido muchas las grandes empresas, como Goldman Sachs o la Fundación Abu Dhabi para el Desarrollo, las que han mostrado su interés por instalarse en la futura ciudad libre de Honduras.

Nuestro archipiélago cuenta con las condiciones ideales y necesarias para convertirse en una potencia económica con una renta per cápita de las más altas del planeta, si se permitiera la instalación de una ciudad libre en alguna de nuestras islas.

En estos momentos somos, por culpa de los que nos gobiernan, una región ultraperiférica de Europa en África, pero podríamos convertirnos en el futuro de ambos continentes si permitimos la instalación de una de estas ciudades.

Integración vertical y evolución de la industria

En el sistema productivo, no solamente son importantes las características de los recursos productivos empleados y las complementariedades que existen entre ellos, también resulta fundamental el modo en que se combinan entre sí, en cómo se organizan empresarialmente. Es decir, la propia estructura organizativa de una empresa es importante y es capaz de crear valor por sí misma, aun sin modificar estrictamente los inputs. De ahí que las organizaciones o las estructuras que adoptan las empresas evolutivamente, importen y moldeen la estructura de capital (productiva) de una economía.

El sistema económico se estructura en función de los deseos presentes y futuros de los consumidores. En una industria, dicha estructuración se realiza a través de la realización, a lo largo de las etapas productivas, de un conjunto de actividades que van creando y añadiendo valor al producto que desean los consumidores (esto es, la cadena de valor).

Integración y la tendencia a la desintegración

Una empresa puede desarrollar un producto integrando toda la cadena de valor internamente. La integración vertical en una industria se da sobre todo en situaciones en donde los cambios productivos o las innovaciones son sistémicas (implican modificaciones en todas las etapas de la cadena de valor) y requieren de reorganizaciones a gran escala de las capacidades existentes en la empresa y que no pueden encontrarse en ese momento fuera, en el mercado (por no existir o porque los costes de transacción son elevados).

Sin embargo, tal como resumí en mi último comentario, durante el proceso competitivo y la evolución de la industria, puede suceder que las empresas integradas, que continuamente van innovando y mejorando su producto mucho más de lo que los consumidores están dispuestos a pagar, se vean sorprendidas por nuevas empresas especializadas que irrumpen en el mercado ofreciendo productos más baratos con una funcionalidad mínima o aceptable por consumidores menos exigentes (empresas low cost). Se produce así un proceso de desintegración –o modularización- de la industria que lleva al nacimiento y proliferación de empresas especialistas con una tendencia hacia la estandarización de los productos. Un ejemplo clásico es el de Apple, Samsung y los smartphones, pero existen más áreas en las que puede verse esta evolución (o podría, si no hubiera intervención estatal), como el de la educación –Universidad de Harvard frente a la de UC Berkeley- o la sanidad –hospitales frente a clínicas especializadas, especialistas, atención a domicilio, etc.-).

¿Empresas líderes abocadas a la desintegración?

Surge así una interesante cuestión en torno a la evolución de la industria. ¿Qué ocurre con las empresas líderes que presentan una estructura organizativa integrada? ¿Seguirán la misma tendencia hacia la desintegración? ¿Debería Apple modificar su sistema de producción y diseño de productos (sofisticado) y, en su lugar, adoptar una estructura empresarial similar a la de sus competidores más modular o sencilla (p.ej., el proceso de fabricación del sistema Android)?

El caso es que hay determinadas fuerzas que pueden hacer que una empresa integrada persista en su estructura a pesar de verse rodeada de empresas especialistas o modulares (y no me refiero necesariamente al caso estricto de Apple, que requeriría de un análisis detallado), e incluso sea esta integración vertical una de sus ventajas competitivas (Zara).

Persistencia de las empresas integradas

Por ejemplo, la necesidad de mejorar el producto en el sentido de hacerlo más sencillo o fácil de usar por el consumidor (o la miniaturización en determinados productos) son razones para la integración vertical, o la propia necesidad de nuevamente diferenciar el producto en función de las cambiantes preferencias de los consumidores en un mercado en el que se tiende a la estandarización.

Mantener esta organización integrada aprovecha las interdependencias que se dan entre las partes de la arquitectura del producto de modo que la empresa consiga ese objetivo de diseñar un producto más sencillo y fácil de usar, diferenciarlo o miniaturizarlo, de la manera más eficiente. Es decir, los costes superiores por tener una organización integrada (estructurales, logísticos, de investigación, distribución…) son compensados por la ventaja competitiva propia de este tipo de organizaciones.

Nuevas complementariedades entre empresas integradas y especialistas

Acaso sea más interesante las nuevas relaciones que pueden darse entre la empresa integrada y las especialistas de distintas etapas productivas y cómo estas pueden crear valor para ambos tipos de organizaciones. En este caso asistimos a un nuevo incremento de la complejidad del tejido productivo y del conocimiento, que trae mayores y mejores productos (véase P. Lewin o L. Lachmann), en el que se combina estructuras integradas en las que la información fluye jerárquicamente de arriba abajo, con estructuras especializadas cuyo conocimiento puede fluir en múltiples direcciones.

Así, con los servicios que puede encontrar en las empresas especializadas, la empresa verticalmente integrada puede tener acceso a un conocimiento y unas capacidades productivas que hasta ese momento no encontraba internamente. La empresa integrada, que tiene una superioridad relativa a la hora de desarrollar innovaciones sistémicas, podrá encontrar nuevas complementariedades de su conocimiento y capacidades con las de las empresas especialistas y crear valor. En la medida en que estas nuevas relaciones comerciales que crean valor compensen los costes de permanecer verticalmente integradas, estas empresas coexistirán con empresas especialistas y no tendrán por qué verse irremediablemente obligadas a desintegrarse.

Además, estos nuevos patrones extenderán el conocimiento, la división del capital y promoverán la eficiencia y las innovaciones, creando no sólo nuevos productos finales sino otros bienes de capital (que al ser indivisibles pueden crear economías de escala y alcance, con rendimientos crecientes) que, a su vez, podrán ser utilizados por las empresas y consumidores del futuro para tratar de incrementar más el bienestar…

Por otra parte, pensemos también en que no sólo las especialistas son las que prestan sus servicios (o venden sus bienes) a las integradas, también estas podrán ofrecer sus productos finales o intermedios (de alguna de las etapas de la cadena de valor que integren) a las especialistas (se desacopla la cadena de valor, se bifurca o se crea una nueva, añadiendo complejidad a la estructura de capital). En este caso, las especialistas se aprovecharán de las innovaciones de las empresas integradas y las integradas rentabilizarán determinadas áreas de su negocio y mantendrán su nivel de I+D al capturar beneficios de estas inversiones (piénsese en IBM en los años 90).

La foto más cara del mundo

De todos es sabido que Zapatero tenía debilidad por lucir con la elite política, sindical y empresarial. Ya fuera por su complejo de inferioridad o por su natural inclinación a la teatralidad, lo cierto es que al expresidente del Gobierno le gustaba rodearse de destacadas personalidades –gran contraste con la mediocridad imperante en su gabinete–; trataba así de reforzar con imágenes sus erróneas medidas económicas, al tiempo que vendía a la opinión pública su particular talante dialogante. Memorable fue, por ejemplo, la reunión extraordinaria que organizó a finales de 2010 con los principales empresarios de España para mostrar al mundo entero que el Gobierno socialista español estaba haciendo algo contra la crisis, aunque nadie supiese exactamente qué.

Por desgracia, Rajoy ha heredado algunos de los defectos de su antecesor. Sin ir más lejos, el Ejecutivo popular escenificó el pasado martes un paripé propio del marketing socialista para anunciar a bombo y platillo su última ocurrencia en lo relacionado con la lucha contra el paro. Bajo el original rubro de Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven, el plan beneficiará a un millón de jóvenes hasta 2016, según las estimaciones del Gobierno. El programa contempla un total de 100 medidas –un número redondo, no escogido al azar–, entre las que destacan bonificaciones fiscales y rebajas tributarias pensadas para fomentar la contratación y la creación de empresas.

Lo primero que chirría es, precisamente, que este plan no esté formado por 10 o incluso 30 medidas, sino exactamente por 100. Evidentemente, el Gobierno trata de transmitir el mensaje de que el desempleo le preocupa mucho. El problema es que un mínimo análisis del contenido demuestra que es poco más que una mera declaración de buenas intenciones, sin apenas concreción y, aún menos, utilidad práctica. Además, ¿por qué beneficiar a los parados menores de 30 años y no a todos los desempleados?, ¿qué sentido tiene tal discriminación y arbitrariedad?

Por otro lado, no deja de ser contradictorio, por no decir surrealista, que el presidente que ha aprobado la mayor subida fiscal de la historia de España, con la excusa de la reduccción del déficit, sea ahora quien defienda a capa y espada que bajar impuestos es positivo para crear empleo y riqueza. Rajoy debería aclarar sus ideas o, mejor aún, destituir a su ministro de Hacienda, ya que, de ser cierta tal aseveración –que lo es–, estaría reconociendo de forma implícita que su brutal política fiscal aumenta el paro y empobrece a los españoles, aparte de que no logra reducir el déficit.

Por último, aunque reducir impuestos es positivo y, por tanto, parte del plan es digno de aplauso, una de sus claves poco difundidas es que tendrá un coste de 3.500 millones de euros para el contribuyente. Es decir, lo comido por lo servido, pues las bajadas impositivas serán sufragadas con más gasto público. Por otro lado, tenemos nuevos contratos laborales y un aumento del intervencionismo y de la complejidad burocrática para tratar de afrontar un problema cuya solución es mucho más simple; bastaría con introducir una simple cláusula en la engorrosa y prolija legislación laboral para que la tasa de paro empezase a caer con fuerza de inmediato: "Será de aplicación la legislación laboral siempre y cuando no exista pacto en contrario por parte de empresario y trabajador". O dicho, de otro modo, "primará el contrato entre las partes sobre toda regulación laboral". Dos simples frases para crear empleo neto sin necesidad de que Rajoy comparezca junto a patronal y sindicatos para hacerse la foto más cara del mundo… ¡3.500 millones de euros!

El ataque de los progres empaladores

Casi seis millones de personas sin trabajo es una cifra sin precedentes en nuestra historia. Este desastre tiene multitud de causas, entre las que cabe destacar la comprobada ineficiencia del servicio público de empleo (SPE): ¡las empresas de trabajo temporal (ETT) colocan 4,8 veces más gente que el SPE, con sus 22.000 funcionarios y un presupuesto de 37.941 millones de euros (2012)!

Mi experiencia en el mundo nórdico del empleo, y lo que conozco que ocurre en otros lugares, me permite creer que la ampliación de la oferta a través de la colaboración público-privada, junto con una libertad de elección real, podría dar paso a un sistema de apoyo al desempleado más dinámico y eficaz.

Con las reformas introducidas por la Ley 35/2010, de 17 de septiembre 2010, hoy sería posible, sin alterar el marco legal, llevar a la práctica una propuesta que elaboré en 2010 pensando en una comunidad tan dinámica como la de Madrid. Estaba centrada en el Bilma (Bono de Inserción Laboral Madrileño), financiado con fondos públicos, que otorgaría a los desempleados la libertad de elegir, dentro del ámbito de colaboración público-privado, al proveedor de su preferencia.

Los objetivos del Bilma serían los siguientes:

  • Crear un sistema más dinámico y eficaz a través de la competencia y la libre elección de los usuarios. Las empresas privadas de colocación (acreditadas ante el Servicio Regional de Empleo Estatal) se sumarían a la elaboración y gestión de los programas de orientación, formación e intermediación laboral de responsabilidad pública.
     
  • Ampliar la oferta para apostar, especialmente en tiempos de crisis, por la formación ocupacional, con el fin de incentivar la pronta vuelta al mercado laboral y no las subvenciones por desempleo.
     
  • Conferir al usuario libertad en la elección de un plan de reinserción laboral basado en sus necesidades específicas y asistido por las agencias profesionales, que competirían entre sí y por ello se verían obligadas a poner al usuario en el centro.

Una fórmula para incentivar la obtención de logros reales en términos de acceso al empleo podría ser que el cobro del bono fuera del 50% por cada usuario que haya establecido un plan de reinserción laboral y participado en alguno de los momentos de formación ocupacional contemplados en el mismo. El cobro del 50% restante se haría efectivo una vez lograda la inserción laboral y probado el seguimiento del cliente, a fin de que mantenga el empleo.

Lo importante no es quién tiene la gestión, sino que los programas de formación e inserción laboral de responsabilidad pública sean de calidad y eficaces, y que los usuarios estén satisfechos y también, por supuesto, que las leyes y las reglas se cumplan.

La experiencia de otros países es un excelente referente a la hora de pensar en reformas, con la certidumbre de que al final todas las sociedades se han visto enfrentadas a problemas similares.

Diez propuestas para atraer capital y promover el crecimiento en España

 “The duty of government is to leave commerce to its own capital, protecting all in their legal pursuits, granting exclusive privileges to none”.  Andrew Jackson

Esta semana se ha discutido mucho en el debate del Estado de la Nación, pero casi todas las propuestas que he escuchado iban en la misma dirección. Más intervención. Sin embargo, necesitamos inversión y capital. Por ello, quisiera compartir con ustedes un informe que hice llegar al partido del Gobierno tras conversaciones con algunos de sus dirigentes, con mis propuestas para desbloquear y atraer capital. Ideas que en algunos casos llevo comentando desde hace meses y que funcionan en países de nuestro entorno.  

El problema de paro y deuda de España no se puede enfocar desde un punto de vista bancario ni de gasto público. Un déficit del 7% -que alcanza el 10,2% si se incluye la ayuda a la banca- no es un derecho. Es deuda que ahoga al sistema y retrasa la recuperación. Por ello, la solución no se va a dar con más crédito. Tampoco será aumentando impuestos cuando el esfuerzo fiscal es de los mayores de la OCDE. Se arregla atrayendo inversores y facilitando la conversión de deuda en capital.

Aparte de aplicar el lápiz rojo, que cada vez es más urgente, debemos estimular la demanda interna desde la fiscalidad, no desde el gasto, y cercenar la burocracia desde los principios de buen gobierno. Son soluciones para un estado que pierda el miedo al extranjero y que reconozca la oportunidad de generar más ingresos fiscales futuros con mayor actividad económica evitando políticas confiscatorias y de recaudación inmediata, que son pan para hoy y hambre para mañana. El día que entendamos que no importa tanto la propiedad como la gestión, el valor creado, el empleo y la calidad del mismo, empezará la recuperación.

El documento completo se puede encontrar aquí.

1) Bajar Impuestos: El aspecto más importante. Un tipo fijo por el que todas las compañías comerciales paguen una tasa del 12,5% real, simple, igual para todos. El principal problema de nuestro sistema impositivo -además de ser muy oneroso- es su altísima complejidad. Un tipo real del 12.5% reduciría la administración del impuesto, sus costes asociados y no requeriría de una legión de fiscalistas en busca de deducciones. Un régimen de autónomos donde se pague una cuota de 25 euros –todos, no solamente los jóvenes- y se deduzcan impuestos si se crea empleo estable. Un entorno impositivo atractivo y bajo, tanto a nivel corporativo como personal, predecible a largo plazo, es esencial para ayudar al país a recuperarse.

2) Atraer contratación: La devaluación interna solo reduce costes y frena la destrucción de empleo, pero no lo crea. El empleo que se debe crear en España debe ser adecuado a la formación de su población, que es muy alta, y debe estar menos expuesto al ciclo inversor del Estado, que ha alcanzado un máximo imposible de recuperar. En España, el 70% del valor añadido y el empleo lo crean las pequeñas y medianas empresas, pero la transición a gran empresa es una de las más bajas de Europa. España es el país de la UE donde es más caro establecerse después de Francia y esto, añadido a la burocracia, hace que sea aún muy laborioso crear puestos de trabajo (en Reino Unido se tarda un día en crear una empresa). En vez de penalizar con más regulación y coste, facilitar la transición eliminando trabas, no “suavizándolas”.

 3) Más facilitadores – Menos obstructores: El informe “Doing Business” del Banco Mundial sitúa a España en puestos muy inferiores a países de su entorno en cuanto a facilidad para crear una empresa. Según Morgan Stanley (“adopting Anglosaxon flexibility could boost GDP by 15% in the long run”), España se beneficiaria de un entorno menos asfixiante y restrictivo, con una regulación eficaz, no confiscatoria. Utilizar nuestro capital humano, que hoy está desaprovechado en funciones burocráticas, para facilitar y asesorar a las empresas a crear valor, con un sistema de remuneración basado en beneficios generados, no en papeles acumulados.

Invertir en España se percibe como un ejercicio tedioso y complejo que necesita de favores de los políticos locales. Debemos convertir estas estructuras en “facilitadoras” en vez de “obstructoras”. Disminuir drásticamente las barreras de entrada eliminando limitaciones proteccionistas.

4) Menos gasto público y más apoyo sin coste: El Estado no ha conseguido reducir su deuda y la presión fiscal hunde las posibilidades de consumo. La demanda interna debe estimularse de nuevo, porque el aumento de exportaciones no es suficiente. La devaluación interna y el hundimiento de las importaciones no pagan la deuda, es encoger para encoger (shrink to shrink). Pero el estímulo de la demanda interna no debe ser a través del gasto público, que ha demostrado ser ineficiente y caro –planes E, economía “verde”, AVEs etc-. El apoyo debe venir a través de deducciones fiscales agresivas a la inversión privada productiva. Un horizonte legal claro, con máximo respeto de la propiedad privada y una fiscalidad baja, simple y clara para todos, no sólo para los nuevos. Estimularía claramente la inversión y la transición de la actividad hacia actividades productivas. Para atraer inversión en tecnología y alta productividad es necesario una reforma en credibilidad y transparencia, añadido a un esfuerzo de recorte del gasto real y sostenible, puesto que así se eliminará el miedo de los inversores a que se confisquen sus beneficios futuros con nuevos impuestos.

5) Más capital riesgo: La inversión por parte de fondos de capital riesgo cayó significativamente entre 2005 y 2012. Es importante recordar que el capital de estos fondos es de largo plazo, unos 10 años. Si se crea un entorno favorable, se generará una fuerte inyección de capital, creación de empresas y reducción de paro. En Estados Unidos, más del 50% de los créditos a la economía real provienen de instituciones financieras no bancarias, fondos que se dedican a prestar dinero. Tras la crisis, los bancos europeos se han visto obligados a mejorar sus ratios de capitalización y reducir su deuda, lo que lleva a que se cierre el crédito para las empresas y una economía con PyMEs débiles está condenada al fracaso. España podría ser líder en financiación privada por sus infraestructuras modernas, aprovechando el despilfarro del pasado, y su profesionales cualificados, dando oportunidades a los afectados por la reestructuración del sector financiero. Promover la creación de fondos privados dedicados al crédito es esencial, y la forma más fácil de motivar a un inversor es reduciendo los impuestos a las ganancias obtenidas. 

6) Acceso a propiedad y buen gobierno: La percepción de clientelismo y falta de apertura provocan pérdida de inversiones. Quejarse de que es injusto y quedarse parado es inútil. Apertura real a la inversión. Demostremos que somos mejores, no comparándonos con los peores a ver quién es menos malo. 

Liquidar empresas públicas en pérdidas es parte de la solución, pero lo importante es que se facilite la transición de esos sectores a un modelo de gestión excelente y creador de valor. Nunca va a ocurrir desde la intervención. Debemos garantizar reguladores independientes con gestores profesionales, no políticos de carrera, cuyas recomendaciones sean vinculantes y no consultivas.

Ampliar capital es la única manera para que muchas empresas y bancos salgan del agujero de deuda. Algunos lo han hecho muy tímidamente, pero debe llevarse a cabo de manera mucho más agresiva. En España hay puertas abiertas para endosar deuda y paquetes invendibles, pero sin voz ni voto. El paso definitivo es convertir deuda excesiva en capital con acceso a propiedad y gestión, porque la siguiente fase de crecimiento no va a ser financiada por cajas de ahorros y núcleos duros. En empresas, un mejor gobierno corporativo es esencial para afianzar la recuperación. La alineación entre los intereses de los gestores y los inversores es crucial, y las limitaciones y restricciones de voto o al capital destruyen la confianza.

La percepción de inseguridad jurídica y de que no se penaliza las actividades delictivas es letal para la inversión a largo plazo. En el Estado, la transparencia y la profesionalidad deben incluir la responsabilidad penal personal, el castigo ejemplar y la meritocracia. Un sistema que no solo genere consecuencias penales por la mala gestión, sino que imposibilite el “realojamiento” en el sector privado, así se evita el contagio de riesgo político a la industria. 

7) Eliminar subvenciones: Casi todas las actividades económicas sufren la lacra de las subvenciones-primas-ayudas (nombres tenemos de sobra), que atacan al consumidor de forma doble: vía precio y vía impuestos. Mientras España siga siendo percibida como una economía intervenida por dichas subvenciones, los inversores van a seguir buscando opciones en otros países, porque las economías muy subvencionadas están también sujetas a vaivenes regulatorios. Es esencial cambiar pagos a costa del Estado por incentivos fiscales. Evitaría burbujas y “efectos llamada falsos” además de adecuar la demanda de inversión a la rentabilidad real.

8) Aprovechamiento de la infraestructura existente e inversión inmobiliaria: España tiene la obligación de aprovechar la locura de infraestructuras realizadas y tratar de ponerlas en valor, que es para lo que se establecieron. No debieron hacerse, de acuerdo, pero ahora que el mal está hecho deben ponerse todos los medios para sacarles rédito, siempre que no provoquen efecto excluyente (crowding-out) a través de “dumping”, precios inferiores a los costes. Tener infraestructuras modernas es una cierta ventaja competitiva a la hora de atraer capital, pero solo si la región que las posee es receptiva y sus estructuras administrativas son facilitadoras, no obstructoras. Así se podrá reducir deuda vendiendo parte de dichas infraestructuras. No existe precio bajo cuando no hay demanda. Un aeropuerto tiene valor si se pudiese vender y eso solo ocurre si se generan condiciones para que haya viajeros.

En cuanto al parque de viviendas, el porcentaje de propiedad en España es demasiado alto y las familias no pueden comprar casas fácilmente con su renta disponible decreciendo. Sin embargo, incentivar el alquiler con apoyos fiscales atrae a inversores hacia los edificios susceptibles de generar una renta mensual sólida. Para ello, la rentabilidad por alquiler debe ser superior a la del bono soberano y menos arriesgada que hoy en términos de impagos y aumentos de impuestos (IBI). Si el Estado entiende que renunciar a algunos ingresos hoy implica mayor actividad en el futuro y hace que la rentabilidad-riesgo sea adecuada, el parque inmobiliario pasará de ser una carga a una oportunidad

9) Industria energética: Desde la crisis, la industria de gas y petróleo en EEUU ha generado $76.000 millones de PIB, $33.000 millones de inversiones adicionales y 600.000 empleos nuevos gracias a la revolución del gas pizarra, que ha bajado los costes energéticos un 44%. España tiene amplias reservas de gas pizarra y estas se encuentran en regiones como Cantabria, País Vasco o Castilla León, donde además existen elevados índices de desempleo (20-30%). El tipo de empleo que crea esta industria es de personal cualificado y a muy largo plazo y las inversiones son de miles de millones, directas, pagadas con caja libre, que pagan impuestos y no necesitan subvenciones. Además, es un tipo de empleo cuya demanda a nivel global no para de aumentar. Las preocupaciones medioambientales (lean aquí) se solventan colaborando con la industria y regulando desde la oportunidad, como se ha hecho en EEUU, no la obstrucción. Las oportunidades en petróleo y gas en Canarias, Valencia, y otras regiones no deben ser ignoradas ya que son generadoras de empleo estable y cualificado.

10)  Comunicación e Implementación: España tiene un problema de comunicación con el exterior tras muchos años de culpar a los demás de nuestros problemas y exigir que nos entiendan y “confíen”. Esta actitud crea frustración y los inversores simplemente prefieren orientar sus recursos a otras oportunidades. Se debe hacer un esfuerzo constante por parte del presidente y los ministros –todos- de comunicar al mercado los objetivos que se van consiguiendo, pero mucho más importante explicar con detalle las dificultades y los errores, y las medidas para solucionarlos. No entregarse al voluntarismo es tan importante como resaltar los éxitos.Acompañar a inversores y empresas que, hoy con reticencias vean un ambiente de puertas abiertas real.

En mi experiencia en comunicación siempre decíamos que la confianza se labra durante años y se pierde en segundos. No sólo hay que creerse bueno, hay que serlo. Como los mejores. Disculpen este momento Jerry Maguire, pero creo que merece la pena aportar ideas. Buen fin de semana.

Los verdaderos culpables de los desahucios

Hace varios días, el Partido Popular dio marcha atrás en el último momento y votó finalmente a favor de la admisión a trámite de la iniciativa legislativa popular (ILP) que solicita la dación en pago retroactiva, la moratoria de todos los desahucios y la promoción del alquiler social, y que ahora tendrá que debatirse en la Cámara baja.

Todo ello es un éxito de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y muy especialmente de su portavoz, Ada Colau, principal referente del movimiento antidesahucios. Colau, no ha parado de señalar que los desahuciados (y en general todos los españoles) fueron víctimas de una estafa, de un engaño y de desinformación masiva por parte del sistema bancario. Incluso habla de genocidio financiero.

Dejando de lado la retórica demagógica y populista de esta activista profesional, que normalmente acompaña con insultos y amenazas (ver también el final de esta carta enviada a UPyD), es necesario hacer una reflexión acerca de los verdaderos culpables de la oleada de desahucios.

Y los ganadores a ‘Los verdaderos culpables de los desahucios’ son:

Los bancos centrales

Son culpables por inyectar crédito artificialmente barato mediante la reducción de los tipos de interés, que provocó la burbuja financiera y propició que los bancos expandiesen crédito muy por encima de las tasas de ahorro de la sociedad. Esto permitió a las entidades financieras reducir los intereses a los que ofrecían crédito a largo plazo, como por ejemplo, el interés de las hipotecas, que cayó del 6,5% en 2001 al 3% en 2004. Por tanto, la semilla de la oleada de desahucios fue sembrada por los bancos centrales.

Los bancos

Pese a los incentivos perversos generados por los bancos centrales sobre los agentes económicos, los bancos llevaron a cabo prácticas empresariales que sólo pueden ser tildadas de arriesgadas y temerarias. Dieron la posibilidad de endeudarse masivamente a personas que dudosamente iban a poder hacer frente a ese crédito. De todas formas, si los bancos centrales no actuasen como prestamistas de última instancia y los gobiernos no salvasen a los bancos, es de esperar que fueran muchísimo más prudentes al conceder préstamos por temor a caer en default. Sencillamente, para evitar tragedias hipotecarias deberían suprimirse los privilegios a la banca.

Los hipotecados

He aquí el principal responsable. Por muy duro que sea admitirlo y por mucho que nos intenten hacer creer o contrario: los bancos no obligan a firmar hipotecas a nadie.

Los hipotecados quisieron vivir irresponsablemente muy por encima de sus posibilidades. Cegados por la posibilidad de poseer una vivienda en propiedad (que es un deseo muy digno), no se pararon a analizar el extremado riesgo que supone hipotecarse de por vida, es decir, hacer frente a las salidas de caja que mensualmente (cuota de la hipoteca) suponía la financiación del inmueble. En el caso que nos ocupa las salidas serían a lo largo de 30 ó 40 años, es decir, significa comprometerse a tener trabajo toda la vida.

Cada persona debe ser dueña de su destino y responsable de sus inversiones, tanto de las buenas como de las malas. ¿Qué diferencia de fondo hay entre un emprendedor que se endeuda en la creación de una empresa que finalmente fracasa y pierde todo su patrimonio y un desahuciado que pierde su casa? Ninguna. Y jamás he visto a estos activistas ponerse violentos y echar bilis por la boca para defender el patrimonio de ningún emprendedor o empresario. Posturas claramente asimétricas por motivos ideológicos.

Decir que el hipotecado carece de toda responsabilidad es falsear clamorosamente la realidad e intentar que el resto de la sociedad asuma y le exima de sus errores individuales.

La casta política

El espectáculo que ofrece la casta política es verdaderamente grotesco. No solamente han recapitalizado (rescatado) a las entidades financieras que erraron en sus estrategias empresariales, sino que además han claudicado frente a un grupo de presión (la PAH) que pide colectivizar las pérdidas de las ruinosas inversiones de una minoría. Un grupo que manipula los datos del número de desahucios descaradamente y que utiliza miserablemente los suicidios para justificar moralmente sus demandas.

Aquí se ve la verdadera naturaleza y acción de la casta política: intentar perpetuarse en el poder privilegiando a grupos de presión para obtener su favor.

Los medios de comunicación

Los medios han jugado un papel importante en aumentar la confusión y desviar la atención de los verdaderos culpables de los desahucios. Sus informaciones son demagógicas, políticamente correctas e ideológicas, carentes de cualquier análisis medianamente serio. Ello es debido a su profundo desconocimiento, a su sectarismo y a sus intereses con los grupos de presión y la política. Están ayudando a crear una sociedad más injusta, infantil y totalmente dependiente del Estado. También son culpables.

El resto de ciudadanos

También tienen su parte de culpa el resto de ciudadanos al no darse cuenta que son ellos los que pagan los excesos de una fiesta a la que no han asistido. Hay que tener claro que cualquier rescate, ya sea de bancos o de sus deudores (hipotecados), será pagado irremediablemente por el resto de contribuyentes ya sea vía impuestos o vía deuda pública.

El efecto inmediato de la aprobación de la dación de pago retroactiva será que, a partir de ahora, será muy complicado acceder a una hipoteca ya que el estudio de los riesgos será rigurosísimo y hará que las condiciones financieras sean más duras. Los diferenciales aumentarán previsiblemente hasta un 5-10%, las condiciones y avales exigidos a los prestatarios serán elevadísimos, el valor máximo de la hipoteca no será superior al 60% del valor de tasación y la hipoteca será a 15-20 años. Condiciones verdaderamente prohibitivas que sólo podrán afrontar perfiles con gran capacidad de pago. ¿No suena muy social, verdad?

Aunque quizás la consecuencia más profunda y perjudicial a nivel social de los rescates es que se privilegia a los ciudadanos e inversores imprudentes (que impagan) frente a los prudentes y responsables (que pagan religiosamente).

El único consuelo sería que los que impagan pasasen a formar parte de una lista de morosos a los que difícilmente se les volverá a conceder ningún préstamo como ocurre en otros países como Estados Unidos o Bélgica. Eso haría a la sociedad un poco más justa.

@jmorillobentue

Las palabras de papel de Rajoy

Con toda la desfachatez del mundo, el presidente Rajoy ha afirmado ante una representación de empresarios latinoamericanos que España puede desempeñar un papel muy relevante como puerta natural de entrada para las empresas latinoamericanas al mercado europeo, a las que ha animado a invertir en nuestro país.

España, la puerta empresarial que destruye empresas

La idea de que podamos representar una puerta de entrada recomendable al universo maravilloso del mercado europeo es inquietante. Entiendo que era una reunión oficial, que esas son cosas que, siendo presidente, hay que decir, que nadie cree nada de lo que allí se expresa frente a un micrófono, que todo es muy “comme il faut”. Pero me parece indecoroso ponerse de puerta de entrada de nada, cuando nuestros propios inversores han sido expulsados por obra y gracia de las medidas del anterior presidente y del actual, el mismo que ahora reclama focos sobre su persona y con un “¡Inviertan en nosotros!” se erige en impulsor de la entrada de capitales. ¿Podría haber empezado por retener los capitales patrios? Porque eso no se logra machacando el ahorro y primando el endeudamiento, que es lo que ha hecho.

En agosto del 2012, la destrucción de tejido empresarial (interanual) era del 16%, los concursos de acreedores, solo en el mes de agosto, crecieron un 12%. Y, por supuesto, la peor parte se la llevan las PYMES, que representan más del 95% del total de empresas en España, y son la base de la creación de empleo. El histórico 26% de paro no es una casualidad. Las empresas están endeudadas, los bancos no conceden créditos, los ahorradores-inversores, los “malvados” capitalistas, se ven penalizados por impuestos.

Y Rajoy llama a los inversores extranjeros para que vengan e inviertan. ¿Lo haría usted? ¿Confiaría en la palabra de Mariano Rajoy? Yo no.

El papel mojado de las cajas

Yo no pondría mi dinero en un negocio aconsejado por alguien que firma papeles con tinta falsa, que se borra o se desdibuja después. Y Rajoy es de los que donde dije digo, digo Diego, y no pasa nada. Tampoco es muy diferente del modo de proceder de parte de la sociedad española. Reconozcámoslo, por más que nos escueza, ese grupo de desaprensivos, y quienes les consienten, tienen mucho que ver con la pobre imagen que España da en el extranjero.

Un ejemplo de lo que hablo es la solución al problema de la cajas de ahorro. Como explicaba la semana pasada Miquel Roig,  uno de los requisitos del Memorando de Entendimiento firmado en julio del 2012 entre este gobierno y las autoridades europeas, en concreto el punto 20, establece mecanismos que permitan eventualmente la resolución bancaria de las entidades quebradas, las cajas. Por supuesto, considera la idea de los bancos puente (como el banco malo) como medida instrumental. Lo que ha hecho el gobierno es rebautizar las antiguas cajas como fundaciones que, eventualmente, podrían recuperar el control de esas mismas entidades de manera permanente, porque no hay fecha para que se extinga esa situación.

La importancia de este “detalle” es que el MoU se diseñó para acabar con un sistema que se corrompió por vincular la gestión bancaria a la política. Los pasos que se han dado, con la bendición de las autoridades europeas, van en sentido contrario. La responsabilidad de los abusos, de nuevo, está en manos del Banco de España, ese que no dio la talla cuando hizo falta.

La palabra del presidente

Visto lo visto, no es racional esperar que el gobierno fomente la empresarialidad, ayude a los empresarios, simplemente quitándoles piedras en el camino. Más bien, habría que tomarse las palabras del presidente como un “pasen y vean, y pongas imperdibles en los rotos que nosotros no vamos a arreglar”. Invertir en España no es comprar negocios devaluados y agonizantes por cuatro duros y llevarse el dinero. Invertir en España es crear riqueza, y para eso, es necesario que esa inversión sea atractiva, que se den las condiciones necesarias, que haya rentabilidad, que haya beneficio privado más allá de la compraventa de negocios. Porque ese beneficio privado implica la creación de empleo, el aumento de la actividad. Y si se dieran esas condiciones los inversores españoles no se habrían ido, las empresas no se estarían cerrando, las ideas, que las hay, prenderían en actividades empresariales. Habría futuro.

Nosotros no somos la puerta esperanzadora de los empresarios latinoamericanos de cara a Europa. Somos los saldos de las rebajas de enero.

La simple observación de la gestión gubernamental del no-rescate es un buen indicador para los inversores extranjeros de lo que pueden esperar de nuestro país. Y debería serlo también para que los ciudadanos supieran a qué atenerse.

En un mercado libre, la única forma de retener a tus clientes es tenerlos contentos

Mitos sobre la regulación para la competencia. Aplicación de la teoría económica austriaca al mercado de las telecomunicaciones en España. Con este estudio, Fernando Herrera, obtuvo hace unas semanas el Premio Víctor Mendoza 2012 del IEE a la mejor tesis doctoral, por su adecuación a los valores de defensa del mercado y la libertad económica.

Herrera, doctor Ingeniero de Telecomunicación que ha trabajado en consultoría estratégica tanto para compañías públicas como privadas, se plantea preguntas que suenan revolucionarias en un sector tradicionalmente muy intervenido, pero que vistas con cierta perspectiva reflejan una apabullante sensatez: ¿qué es el poder de mercado?, ¿es posible para una empresa controlar a sus clientes en un mercado libre?, ¿por qué los clientes de telecomunicaciones necesitan una protección especial del Gobierno? o ¿qué pasaría si eliminásemos las trabas a la competencia por completo?

Las respuestas son muy inquietantes, especialmente para los reguladores, acostumbrados a manejarse en un esquema en el que su intervención es imprescindible. Como explica el autor, el problema no es que sean tontos o malos o incapaces. Antes al contrario, las personas que trabajan para los entes estatales encargados de controlar los mercados suelen ser funcionarios públicos inteligentes y dispuestos. Lo que ocurre es que analizan la realidad siguiendo una interpretación que para Herrera es incorrecta. En su opinión, será muy complicado que no se acaben equivocando quienes parten de axiomas completamente equivocados.

Pregunta – Leyendo su libro, me da la sensación de que usted plantea que uno de los principales problemas en el mercado de las telecomunicaciones es que no hay una verdadera competencia, ¿lo he entendido bien?

Respuesta – Partiendo de la base de que yo he sido regulador, una de las cosas que me preocupaba era entender lo que yo hacía en su momento. Cómo encajaba lo que yo estaba haciendo, que creía que era bueno para la sociedad, a la luz de la escuela austriaca, que es un paradigma muy adecuado para explicar la realidad.

La conclusión a la que he llegado es que yo veía la realidad económica a través de unas explicaciones [la teoría neoclásica] que eran incorrectas, por lo que creía en el poder de mercado tal y como me lo habían explicado y como yo lo entendía hasta que leí a Murray Rothbard [escuela austriaca]. No había reflexionado lo suficiente. Y entonces estaba haciendo algo mal porque no comprendía bien el mundo. Para mí ésa es la principal enseñanza que yo he sacado de esta investigación. Mucha gente que trabaja en el regulador no se ha preguntado qué es lo que está haciendo. Si conseguimos que reflexionen, se van a llevar una sorpresa.

P. – ¿Y cómo se traduce eso en el día a día de las teleoperadoras en España?

R. – Eso se traduce en el día a día en que todo el mundo asume que tú eres malo: las empresas son malas y más aún si tienen poder de mercado. Por eso, es tarea del regulador conseguir que no seamos malos. ¿Eso por qué viene? Pues porque hay un modelo neoclásico de competencia perfecta que está haciendo creer a mucha gente que si alguien tiene una cuota de mercado alta, pues es malo para el mercado y hay que evitarlo. Eso explica el día a día de todos los agentes: como en el mundo del regulador el que tiene poder de mercado (en este caso Telefónica) puede hacer cosas malas para la sociedad, hay que vigilarlo. Luego está Telefónica tratando de demostrar que lo que hace no es malo para la sociedad y los otros operadores tratando de demostrar que sí lo es.

P. – De hecho, hace poco hemos visto un ejemplo de todo esto. Telefónica presentó su contrato "fusión" en el que integraba fijo, móvil y ADSL a un precio inferior al que existía en ese momento y la reacción de algunos de sus competidores fue pedir al Gobierno que lo impidiera, porque podía generarse un monopolio.

R. – Es un ejemplo paradigmático de lo que estoy diciendo. ¿Cómo reacciona un rival ante una situación así?: ¿innovando? ¿ofreciendo un precio mejor? ¿buscando cubrir mejor las necesidades del cliente? No, reacciona diciendo que eso es anticompetitivo y tratando de convencer al regulador de que lo pare.

P. – ¿Y lo pararán?

R. – Es muy difícil hacerlo, ya que hay muchos reguladores involucrados (telecomunicaciones, competencia, Comisión Europea,…) Paradójicamente, va a depender del éxito que tenga. Si Telefónica consigue su objetivo y tiene mucho éxito, pues habrá muchas más posibilidades de que lo paren.

P. – Por otro lado, ésta no sería la primera intervención en un mercado que ya está muy intervenido.

R. – Sí, de una forma que también es destructiva y más sutil. Telefónica tiene que dar su red a los demás operadores a un precio que quizás no cubra sus costes. En este mercado, la única posibilidad de diferenciarte es en precio, porque cualquier cosa que ofrezcas al consumidor te van a obligar a cederla a otros operadores a un precio regulado. Eso también es malo para el mercado, porque el precio en el fondo refleja el valor. En la medida en la que tiras para abajo el precio, acabas tirando para abajo el valor e impides que el mercado atraiga inversores.

P. – ¿Cómo es ahora mismo la situación en España?

R. – Hay que distinguir fijo y móvil. Ahora mismo, a nivel de móvil, hay tres operadores con red (Telefónica, Vodafone y Orange) y luego está Yoigo, que tiene licencia pero casi no ha desplegado red. Estos tres operadores tienen la obligación de abrir sus redes a otros operadores, aunque no está fijado el precio, digamos que es una regulación ligera que te obliga a abrir la red y si no llegas a un acuerdo en los precios, entonces interviene la CNT. En la práctica, no se llega a esta situación porque los tres operadores están interesados en coger a otros operadores.

A nivel de fijo, Telefónica tiene su par de cobre que está tratando de renovar a fibra óptica. Compite con otros operadores como ONO, Euskaltel, Telecable,.. Y luego hay otra serie de operadores (Jazztel, Vodafone, Orange,…) que utilizan los servicios mayoristas de Telefónica para ofrecer sus servicios. Estos operadores no tienen que afrontar su inversión en red pero pueden competir en el mercado y se benefician de los precios regulados, que no cubren la contabilidad de costes de Telefónica (una contabilidad aprobada por el regulador). Pero incluso aunque ese precio fuera más alto daría igual, porque la cuestión no es de precio, sino de valor: ¿qué valor tienen estos servicios para el usuario?

P. – Pero claro, mucha gente dirá que Telefónica era un monopolio público y que si se privatiza, pues hay que ayudar a los demás, porque parten en inferioridad de condiciones.

R. – Es indiscutible que Telefónica tuvo durante 70 años un monopolio legal, pudo acaparar cuota de mercado, tirar su red a sus anchas, etc… Pero al mismo tiempo la teoría económica te dice que los monopolios legales sufren cientos de ineficiencias. Hayek dice que los costes incurridos se transforman en un error según pasa el tiempo. Por eso, si abres el mercado sin ningún tipo de regulación, hay muchas posibilidades para la gente que conoce el sector y que conoce todas estas ineficiencias. Evidentemente, si tú te planteas competir con Telefónica con una red a nivel nacional, pues no vas a poder. ¿Pero de verdad necesitas una red nacional para ser eficiente y poder competir?

P. – Pero la intuición te dice que si dejas un mercado libre y sin intervención, el operador dominante se quedará con esa posición y hará imposible que otros entren en el mercado.

R. – Cualquier agente trata de mantener a sus clientes contentos. La cuestión es que en el libre mercado ésa es la única forma de retener a tus clientes. En el libre mercado, nadie puede impedir que haya alternativas. La única opción es ofrecer los mejores servicios posibles al cliente. Por eso este libro se llama los mitos: ¿cómo puede una compañía impedir que entre un competidor en un mercado verdaderamente libre?

P. – Claro, pero muchos de los que nos están leyendo pensarán, ‘no puede impedirlo legalmente, pero sí por la vía de los hechos, porque desplegar una red como la suya es muy caro’.

R. – Volvemos a lo mismo. Probablemente, Telefónica ha hecho inversiones ineficientes en estos setenta años, por lo que cualquier persona que conozca el mercado podría aprovecharse de esas ineficiencias. La trampa que nos hacen creer los reguladores es que tienes que entrar como operador nacional. En el libre mercado nadie comienza como operador a nivel nacional, uno empieza ofreciendo pequeños productos y si tiene éxito crece. Las grandes empresas nacionales sólo surgen en el imaginario del regulador, cuando otorga monopolios legales. Las empresas se hacen grandes según van teniendo éxito en su trato con los clientes.

P. – Pero, ¿cómo podrían entrar?

R. – Yo puedo tener respuestas, pero lo más importante es que en un mercado libre hay muchísima gente que sabe mucho más que yo a la que se le podrían ocurrir cosas.

¿Qué problema hubiera ocurrido para que en 1999-2000 un operador hubiera comenzado a dar un buen servicio de cable en un barrio? Luego, si tiene éxito, podría haber ampliado a servicios de voz. Tu planteamiento puede ser: ‘Doy un servicio de datos muy bueno en un lugar determinado y paso de la voz’. Y conforme vas creciendo, amplias a voz y los otros operadores ven que en esa zona están perdiendo clientes.

En cuanto uno le da una vuelta se le ocurren esquemas y lo bueno es que no soy yo el que tengo que dar las alternativas, se le ocurren al mercado. La teoría económica dice que en un mercado libre seguramente habría operadores mucho más pequeños, muy centrados en el servicio al cliente, muy innovadores y con un precio muy competitivo. Y tendríamos una red de mucha más calidad.

P. – Otro problema es el mito del servicio universal: si no obligan a los operadores, hay sitios donde nadie querría ofrecerles un servicio, sobre todo en los pueblos alejados de las grandes ciudades.

R. – Eso es otro mito. Está claro que los habitantes de estos lugares, si no hubiera una obligación de servicio universal, tendrían que pagar algo más al principio, pero posiblemente sólo al principio. Está claro que cualquier operador siempre intentará cobrar el máximo, pero esto no quiera decir que podrá cobrar todo lo que quiera. Para empezar, tendrá que poner un precio que los usuarios quieran pagar. Supongamos que una compañía dice: ‘Puedo llevar un cable hasta ese pueblo y me sale rentable a 30 euros. Pero si puedo, cobro 45 euros’. Y claro, podrá cobrar 45 si los vecinos están dispuestos a pagar ese precio. Pero incluso admitamos que finalmente los consumidores aceptan pagar los 45 euros: entonces, la compañía de al lado pensará que puede tirar su cable y empezara a cobrar a 40 euros. Y al final, en esa zona, los precios serán los más baratos posibles para los recursos invertidos, con competencia y calidad. Pero si tú impides desde el principio que alguien cobre 45, pues esta dinámica nunca se produce.

P. – Claro, y si fijas un precio máximo, las compañías se gastarán el mínimo imprescindible

R. – Bueno, eso si acaban poniendo el cable. En tiempos de burbuja, pues quizás si es más fácil que traguen. En tiempos difíciles, pues pelearán más. Cualquier operador se debe a sus inversores.

El conocimiento y el management modular

Como dijimos en el comentario anterior, los recursos productivos son heterogéneos. Esta característica es un reflejo de la división del trabajo y del conocimiento. De hecho, detrás de los medios físicos y humanos de la producción, encontramos toda una intrincada estructura de conocimiento plasmada, contenida, en los bienes de capital y complementada por el conocimiento en cómo estos deben usarse.

La estructura en la economía

El capital heterogéneo implica conocimiento heterogéneo. A medida que el conocimiento se especializa a través de nuevas combinaciones de bienes o la creación de nuevos bienes, más heterogénea y mayor complejidad alcanza la estructura productiva de la economía. Y cuanto más compleja es la economía, mayor es su desarrollo y crecimiento, y más intensamente se plasmará el conocimiento en la estructura productiva –en los bienes productivos que componen dicha estructura-.

La estructura en la empresa

Del mismo modo que decimos que los bienes de capital conforman una estructura productiva a nivel de la economía, también en el seno de la empresa los bienes de capital forman estructuras y subestructuras, puesto que están ordenados de una manera coherente atendiendo a sus características subjetivamente juzgadas por el empresario.

Ante un conocimiento cada vez más especializado, plasmado en los bienes de capital que son cada vez más heterogéneos, la tarea de organizar y gestionar estas estructuras es crucial para el desarrollo de la empresa y el crecimiento económico. Por ello, las estructuras a nivel de la empresa deben ser cuidadosamente planeadas y mantenidas, aunque sus mutaciones adaptativas sean gobernadas por impredecibles y emergentes fenómenos del conocimiento. Los empresarios o directivos deberán sopesar la heterogeneidad y complementariedad de sus factores productivos así como su capacidad de sustitución, los fines específicos que ayudan a lograr, y su adaptabilidad ante distintas combinaciones, y tener en cuenta cómo operarían todas estas características ante los cambios que siembre el futuro.

La organización en la empresa

Cuanto mayor sea la heterogeneidad de los recursos y, por tanto, mayor la especialización del conocimiento, la organización de activos del conocimiento en combinaciones productivas (rentables) requiere de una habilidad organizadora y una estructura organizativa mayor que gestioneese conocimiento.

Por este tipo de habilidades se entiende las reglas, costumbres o normas internas de la empresa que serán más valiosas en la medida en que creen las condiciones internas idóneas para acercar el conocimiento común u homogéneo de cada una de las partes (subestructuras) de la empresa (véase N. J. Foss sobre liderazgo y conocimiento). Y esa homogeneización del conocimiento será clave para gestionar y coordinar eficientemente el conocimiento heterogéneo de la producción. Es decir, la producción con recursos heterogéneos no dependería tanto de disponer de los mejores recursos sino de conocer más adecuadamente las actuaciones productivas relativas de esos recursos (Alchian y Demsetz 1972).

EL management modular: la gestión del conocimiento cada vez más complejo

La complejidad (heterogeneidad) del conocimiento implica estrategias de gestión del mismo más avanzadas -como diría Peter Drucker, el management deviene necesario cuando una empresa alcanza cierto tamaño y complejidad-. Una de ellas es la gestión de la empresa vista como un sistema modular, que coincide plenamente con la teoría austriaca del capital aplicada a la empresa –combinación por parte del empresario de recursos heterogéneos, creciente complejidad del conocimiento plasmado en los bienes de capital, información centralizada vs. Dispersa, etc.-.

Un sistema modular se compone de partes que se combinan entre sí, pero no de cualquier manera, sino con una serie de orientaciones de unos con otros. Lo importante de esta perspectiva modular del management es que, al igual que la estructura de módulos o, en nuestro caso, bienes de capital –que en sí mismos pueden ser, también, una subestructura compuesta por otra combinación de módulos o bienes de capital-, es coherente –con partes heterogéneas pero con características de complementariedad- y facilita la organización de las actividades internas de la empresa.

¿Cómo? A través de la observación de la estructura organizativa, el manager de la empresa puede economizar el conocimiento infiriendo propiedades de unas pocas partes de la estructura, y elaborar principios de interacción: ya no hará falta que conozca todo lo relacionado de cada parte de la empresa, sino sólo lo imprescindible de cada módulo –o bien de capital- y de cómo se relacionan entre sí –que en sí mismo también será como un bien de capital, un conocimiento productivo-. De ahí que esta estrategia permita economizar conocimientos, pues ya no es necesario que el empresario conozca el funcionamiento de cada módulo o subestructura (hidden information, información oculta al observador de alto nivel).

Por tanto, la perspectiva modular de las estructuras de conocimiento presentes en una empresa es un diseño de la organización de la misma –también se usa para el diseño de productos- en el que se establece lo que el directivo necesita saber y lo que no necesita saber. El directivo necesita conocer el conocimiento de otras partes de la empresa, pero dada la naturaleza compleja de este, se trata de economizar la tarea a través de la abstracción –a través de la modularidad: a partir de las partes inferir propiedades y principios de la estructura-.

Teniendo en cuenta esto, una gestión exitosa dependerá de encontrar el nivel justo de abstracción, es decir, conocer lo suficiente para hacer juicios correctos sobre el empleo rentable de los recursos (humanos y físicos), que conocen más sus actividades (especialización del conocimiento) que el propio manager, evitando que el directivo malgaste su tiempo entendiendo los múltiples procesos que se dan a diario en una empresa.