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Una nueva guerra ¿tibia?

Hace unas semanas, los mercados internacionales se despertaron repentinamente con una especie de histeria colectiva por el lanzamiento de la plataforma DeepSeek, una herramienta más dentro de lo que se ha convertido en un verdadero portafolio de usos comunes de la llamada inteligencia artificial. No fue extraño escuchar comentarios apocalípticos sobre la supuesta victoria china en la nueva carrera tecnológica. Sin embargo, con el paso de los días, muchos comenzaron a llamar a esta nueva herramienta un “momento Sputnik”: es decir, un adelanto temporal en una carrera de largo alcance, que no implica una victoria duradera para quien lo consigue.

En cualquier caso, este episodio trae a colación un tema que ha estado presente en las últimas dos décadas de la agenda global: la carrera por la hegemonía en el siglo XXI. Y es que, al igual que con el episodio tecnológico de DeepSeek, muchos pregoneros han vaticinado durante años la inevitabilidad de la primacía china sobre Estados Unidos y Occidente. Dicho argumento se basa en una concepción del gigante asiático como una potencia económica cohesionada y asentada sobre sólidas bases de crecimiento y expansión. Por otro lado, otros juglares de la época moderna han defendido la supremacía norteamericana como algo imbatible e inevitable, sostenido sobre valores y poderes militares indestructibles.

Está claro que ambas hipótesis no solo denotan un punto cómico, sino que también se alejan sustancialmente de la realidad actual. Por una parte, tenemos a China, la potencia asiática milenaria que ha expandido su poder durante las últimas cuatro décadas gracias a una mezcla de mano de obra barata, copia y posterior venta a la baja de invenciones occidentales, un gran poder comercial y, sobre todo… una dictadura de partido único con capacidades coercitivas casi ilimitadas. Y aunque esto pareciera una condición óptima para ganar la maratón de las potencias, suele pasarse por alto que China tiene una de las pirámides demográficas más invertidas del planeta y que su mala praxis económica interna, tras años de crecimiento acelerado, le está comenzando a pasar una factura nada menor.

Por otra parte, está el conocido Tío Sam, una potencia que parece sufrir más de fenómenos coyunturales que estructurales, como la parálisis institucional y lustros de enfrentamientos sociopolíticos que no permiten un avance homogéneo en temas sociales y económicos. Basta con ver las últimas tres elecciones norteamericanas para concluir que, independientemente del ganador, el país está profundamente polarizado, con similitudes a un transatlántico con el timón atorado.

¿Quién ganará la maratón?

Frente a este panorama, ¿quién puede ganar entonces la maratón? Podría decirse que lo más probable es una coexistencia de ambas potencias, alimentada por la imperiosa necesidad de no aniquilarse y, hasta cierto punto, depender la una de la otra. Es previsible que haya avances e hitos en cada sociedad, aunque, tal como DeepSeek, el avance chino parece estar asentado sobre arcilla movediza. El pasado 31 de enero, la empresa tecnológica Qualys señaló, mediante un experimento, las grandes vulnerabilidades que la plataforma china tiene frente a sus rivales estadounidenses. Parece ser algo más barato que hace lo mismo… cuando en realidad tiene fallos sistemáticos que difícilmente lo convierten en un competidor serio a mediano plazo. Sirva este dato como metáfora de la realidad del gigante asiático: un país con pocos jóvenes, un sistema dependiente de un Estado exorbitante y una resaca económica que comienza a hacerse evidente.

¿Un nuevo siglo de dominio americano?

¿Significa esto que veremos otro siglo de dominio estadounidense? Aunque pareciera probable, debido a su capital de inmigrantes profesionales y su consolidado hub tecnológico, no se puede ignorar que el país está liderado por un presidente ocurrente, con grandes ansias de exhibicionismo político, y una oposición que ni siquiera encuentra la causa de su propio laberinto ideológico. Estos son elementos que no deben descartarse, pero aun así… no parecen suficientes para que el mundo sea capitaneado desde Pekín (lo cual no implica que eventos como avances tecnológicos o la anexión de Taiwán no puedan ocurrir).

Por ahora, tenemos a ChatGPT y a su amigo chino haciendo ruido, enormes tecnologías por descubrir y utilizar, y un mundo cada vez más complejo… con tintes de preponderancia americana. Pero, como suele ser norma hoy en día… el futuro es, cuando menos, opaco.

El lenguaje económico (XLIX): Criptomonedas

La aparición de las criptomonedas ha supuesto novedades conceptuales y terminológicas de cierta dificultad para los hablantes. La naturaleza, producción y funcionamiento de las criptomonedas, bajo la tecnología “blockchain” o «cadena de bloques», es una innovación tecnológica de gran utilidad, pero también de difícil comprensión para la inmensa mayoría de la población; no obstante, «cripto» significa oculto o encubierto. El lenguaje de las criptomonedas está dominado por anglicismos: altcoin, stablecoin, blockchain, wallet, exchange, halving, lightning; y metáforas: contrato inteligente, frase semilla, minería, monedero frío/caliente, etc.

Bitcoin (BTC)

Es la primera criptomoneda y la de mayor capitalización (1.898.885.404.324 $) de mercado.  Fue creada en 2009 por Satoshi Nakamoto[1] y sirve principalmente como reserva de dinero, pero también como medio de pago. Las ventajas de Bitcoin, frente al dinero fiat (falsificación legal que practican los gobiernos), son muchas: es descentralizado, producción tasada (deflacionario, a partir de 2140), incorruptible, divisible, almacenable, transportable, transferible y pseudónimo. El Bitcoin incluso supera al oro debido a su naturaleza no física (digital).

Altcoins

Son criptomonedas alternativas a bitcoin y que han surgido para mejoran algunos inconvenientes de bitcoin, pero también para especular. Los dólares digitales (USDT, USDC) son criptomonedas respaldadas por dólares fiat, creadas para reducir la volatilidad de bitcoin, por ello se llaman stablecoins (monedas estables). Otro problema de bitcoin es el tiempo que requiere validar una transacción —entre pocos minutos y varias horas—, de aquí la aparición de nuevas blockchains, como la red lightning, que permite enviar fracciones de bitcoins (satoshis) de forma instantánea a muy bajo coste.

Blockchain (cadena de bloques)

Es la tecnología subyacente de las criptomonedas. Se trata de un libro de contabilidad digital descentralizado que registra todas las transacciones y las agrupa en bloques de información conectados entre sí. Es una tecnología descentralizada, transparente y segura.

Contrato inteligente 

Una forma de metonimia consiste en transferir una cualidad humana (inteligencia) a una cosa (contrato). Los inteligentes aquí son los informáticos que diseñan programas que ejecutan automáticamente acciones en una blockchain cuando se cumplen ciertas condiciones predefinidas. Estos contratos eliminan la necesidad de intermediarios, son transparentes e inmutables.

Frase semilla

En esta ocasión, la metonimia es una metáfora vegetal. Cada vez que alguien configura un monedero o billetera cripto, el programa genera, de forma aleatoria, una «frase semilla» o lista de 12 o 24 palabras (entre 2048 posibles). En caso de que la billetera se pierda, su dueño puede recuperar los fondos con esta lista.

Hodl

Este anglicismo es una variación de la palabra “hold” (contener, sostener). La mayoría de bitcoiners cree que el precio de bitcoin seguirá subiendo a medio y largo plazo. Por ello, un número creciente de ahorradores transfiere su ahorro a bitcoin y lo mantiene, al margen de su volatilidad, con la finalidad de reducir el robo inflacionario que perpetran los gobiernos.

Minería

Se trata de una metáfora industrial. La minería de bitcoin es un proceso informático cuyo fin es crear (minar) nuevos bitcoins y validar las transacciones en la red. Los «mineros» utilizan ordenadores con alta capacidad de procesamiento para resolver problemas matemáticos muy difíciles. El primer minero que lo resuelve lo comunica al resto de mineros, que certifica la veracidad de la solución, algo que dificulta el fraude. Los mineros reciben recompensas por la producción (minado) de bitcoins y por la validación de las transacciones. Cada 4 años, la producción de bitcoins se reduce automáticamente a la mitad en un evento llamado “halving”. En 2140, una vez alcanzada la cifra de 21 millones, ya no se producirán más bitcoins y la moneda se volverá deflacionaria. A partir de aquí, los mineros solo recibirán comisiones por validar las transacciones.

Monedero o billetera (wallet)

Es una herramienta digital que permite almacenar, enviar y recibir criptomonedas. Los monederos pueden ser «calientes» o «fríos», según estén o no conectados a Internet; también pueden estar alojados en un “exchange”: banco o plataforma de intercambio donde se compran, venden, prestan y almacenan las criptomonedas. En puridad, las criptomonedas no están almacenadas en nuestro ordenador, teléfono móvil o dispositivo-almacén (pen drive), sino en las redes blockchain. La propiedad del activo reside en quien posea la clave de acceso o «frase semilla».


[1] Pseudónimo de una persona o grupo de personas.

Serie ‘El lenguaje económico’

¿Qué significa ser inglés?

Por Sunder Katwala. El artículo ¿Qué significa ser inglés? fue publicado originalmente en CapX.

Ni Suella Braverman ni Konstantin Kisin se identifican como ingleses. Resulta extraño que hayan decidido establecer nuevas normas sobre quién puede ser inglés, unas normas que la gran mayoría de quienes se consideran ingleses rechazaría. Es moreno e hindú, ¿cómo puede ser inglés?», preguntó Kisin, el locuaz presentador del podcast “Triggernometry”, sobre Rishi Sunak. Su afirmación de que tanto la raza como la fe de Sunak deberían ser barreras para que otros acepten la identidad inglesa de Sunak ha sido respaldada también por Suella Braverman.

Debemos respetar que tanto Kisin como Braverman se identifiquen como británicos, no como ingleses. Pero también deberíamos buscar un poco de respeto recíproco para aquellos cuya identidad inglesa simplemente descartan por improbable, falsa o carente de sentido. El principal defecto es que ni Kisin ni Braverman demuestran siquiera un mínimo de curiosidad por comprender el amplio consenso inglés sobre cómo se llega a ser inglés.

La confusión de Kisin sobre los ingleses es fácil de anatomizar. Nacido en Rusia, antes de venir aquí de colegial, está orgulloso de haberse nacionalizado británico, pero no cree que el inglés esté abierto a él. En esto, sigue lo que siempre han hecho la mayoría de los emigrantes que han llegado a Inglaterra a lo largo de los siglos. Su experiencia personal subraya algo cierto: que ser inglés no es tan cívico como la identidad británica. Al darse cuenta de ello, Kisin salta erróneamente a la suposición binaria de que en su lugar debe tratarse de una identidad étnica basada en la sangre.

La verdad es bastante más interesante. La identidad inglesa actual es producto de un fenómeno poco reconocido y que suena paradójico, el del «nativismo inclusivo». Kisin no cree que sus hijos, nacidos en Inglaterra, puedan identificarse como ingleses a causa de la «sangre». Pero es posible que lleguen a hacerlo por su lugar de nacimiento. Mientras que los emigrantes se identifican invariablemente como británicos, más que como ingleses, durante la mayor parte de los últimos diez siglos, los hijos y nietos de emigrantes han sentido a menudo un derecho de nacimiento a ser ingleses también, a menudo sorprendiendo a sus padres judíos o irlandeses, o cada vez más a sus padres negros, asiáticos y quizás, con el tiempo, también rusos.

Así pues, el consenso de sentido común es que las personas se convierten en inglesas si han nacido en Inglaterra y se identifican como ingleses, y por ello son aceptados como ingleses por la mayoría de los ingleses.

Al pedir que se llegue a un consenso sobre quién puede ser inglés, Braverman no se ha dado cuenta de lo mucho que ha crecido el consenso de sentido común al respecto en las últimas tres décadas. Nueve de cada diez ingleses están de acuerdo en que los nacidos aquí que se identifican como ingleses deben ser aceptados como tales. El número de los que lo rechazaban se ha reducido a la mitad entre 2012 y 2019, en gran parte porque las personas mayores se dieron cuenta de la nueva norma social y la adoptaron también. (Una franja tóxica y racista rechazaría la pretensión de Braverman y Kisin de ser británicos: el 3% de la gente creía que era importante ser blanco para ser verdaderamente británico cuando Ipsos Mori lo preguntó en 2020).

Este nativismo inclusivo -que nacer y criarse en Inglaterra cuenta, independientemente del color de la piel o la fe, si te identificas como inglés- es totalmente pasado por alto por Braverman, que escribe desdeñosamente sobre «un billete de avión y un certificado de nacimiento» como si fueran la misma cosa. ¿Cuántas generaciones deben pasar antes de que uno pueda afirmar que es inglés? ¿Cinco? ¿Seis? Es una pregunta sin respuesta fácil», escribe en su artículo del Telegraph. Lo único caritativo que se puede hacer con esta reflexión es suponer que no se ha pensado en ella en absoluto.

La irreflexión podría ser una defensa importante para Braverman. Parece muy poco probable que defienda los resultados que lógicamente implica su artículo, cuando se aplica a los casos específicos de quienes se identifican como ingleses, sin cinco o seis generaciones de ascendencia inglesa. Pero seguramente perdería el látigo conservador si estuviera dispuesta a hacerlo, ya que implicaría rechazar la identidad inglesa -por motivos raciales- de muchas personas aceptadas como inglesas por casi todo el mundo que no es un racista declarado y declarado.

Braverman tiene más de 100 colegas parlamentarios conservadores que se identifican como ingleses. Si comprobara su teoría con ellos, vería improbable que alguno declarara que Marcus Rashford y Jude Bellingham son demasiado negros para ser ingleses, ni que la declaración de Moeen Ali sobre su orgullo de ser inglés fuera rechazada por su barba visiblemente musulmana y su ascendencia pakistaní. Puede parecer aún más desconcertante que las «reglas Braverman» rechacen también a Harry Kane y Wayne Rooney por ser demasiado irlandeses para ser ingleses.

Los racistas declarados y la extrema derecha impugnaron esta cuestión a principios de los años ochenta. Cyrille Regis recibió una bala por correo tras su convocatoria con Inglaterra, advirtiéndole de que no pisara el césped de Wembley. Un contingente organizado del Frente Nacional coreó «uno a cero» cuando John Barnes puso a Inglaterra dos a cero arriba con un brillante gol en el Maracaná de Brasil en 1984 porque, para ellos, los goles negros no contaban. Cuando Paul Ince se convirtió en 1993 en el primer capitán negro de la selección inglesa, la polémica ya estaba zanjada.

Así pues, el simbolismo deportivo ha afianzado sin duda este consenso de sentido común de que la identidad nacional inglesa es multiétnica desde la década de 1990. Ésa es una de las razones por las que la identidad asiático-inglesa resulta menos intuitivamente familiar que la negro-inglesa, con escasa presencia en el fútbol en particular. Pero no se trata sólo de una cuestión deportiva. Braverman -nacido en Harrow y criado en Wembley- opta por no identificarse como inglés. Eso era habitual en los años setenta y ochenta, pero la mayoría de los asiáticos y negros nacidos en Inglaterra se identifican como pertenecientes a Inglaterra, y la mayoría han llegado a llamarse a sí mismos ingleses además de británicos.

El argumento de Braverman no se centra únicamente en su decisión de no identificarse como inglesa. Sostiene que las minorías étnicas «no deberían» hacerlo, al menos antes de tener cinco o seis generaciones de ascendencia inglesa. Esto parece implicar que casi nadie negro, asiático, hindú, musulmán o judío que se identifique como inglés podría hacerlo -según las normas de Braverman- hasta dentro de un par de generaciones como mínimo.

La necesidad de tener ascendencia inglesa para identificarse como inglés nos habría dejado con un grupo inglés que no contendría casi ninguno de los que se convirtieron en ingleses después del año 948 d.C. La identidad inglesa actual, claramente multiétnica, no es tanto una ruptura como una continuación de cómo ha funcionado la identidad inglesa durante diez siglos: los nacidos en Inglaterra se identifican como ingleses y son aceptados por ello.

Sin embargo, este consenso del 90% sobre la identidad inglesa sigue siendo infravalorado por los creadores de opinión de los medios de comunicación de centro-derecha y de izquierda liberal, por razones coincidentes y diferentes. Las clases graduadas, tanto en la izquierda como en la derecha, son más propensas a identificarse como más británicas que inglesas, por lo que tienden a caricaturizar a quienes se identifican como más ingleses que británicos.

Las instituciones del Reino Unido en Inglaterra tienden a no pensar en una dimensión inglesa, al igual que en Escocia y Gales, por lo que la norma social reflejada en el deporte rara vez se reconoce fuera de él. Los progresistas tienden a ser excesivamente pesimistas sobre la magnitud del cambio intergeneracional contra las actitudes exclusivistas y racistas, mientras que los de derechas, al ver que el pensamiento racializado se amplifica cada vez más en la plataforma X de Elon Musk, confunden sus cámaras de eco con la opinión pública.

El ruidoso esfuerzo de algunos sectores de la derecha online por hacer que el inglés vuelva a ser racialmente exclusivo tiene pocas posibilidades de éxito. Nos dice más sobre el ecosistema de una minoría ruidosa que sobre cualquier cambio en el consenso cada vez más arraigado sobre cómo la gente se convierte en inglesa.

La llamada a la libertad de Bob Dylan

Por Titus Techera. El artículo La llamada a la libertad de Bob Dylan fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Bob Dylan es, como he escrito anteriormente para Law & Liberty, el «artista de posguerra definitivo» de Estados Unidos. La nueva película de James Mangold, Un completo desconocido, protagonizada por Timothée Chalamet como el joven Dylan en la primera parte de su carrera, 1961-65, demuestra lo importante que es el músico para la cultura estadounidense.

La primera vez que el Dylan de Chalamet habla de sí mismo y de la fama sugiere que uno tiene que ser un bicho raro, como en una feria, ciertamente, algo a lo que la gente no puede apartar la mirada. Su novia le compara, quizá desfavorablemente, con Sinatra, que no es un bicho raro. Sinatra sería el artista definitivo de la posguerra si clasificar la música popular importara mucho, pero el público estadounidense es mucho más amplio que la clase que lleva traje. Otro aspirante al papel podría haber sido Elvis, que fue más popular que Dylan, pero Elvis es mucho más una criatura de su Sur natal que de las ciudades del Norte que dieron a Estados Unidos los medios de comunicación de masas y la cultura pop.

Comparado con ellos, Bob Dylan apenas sabía cantar, pero sabía escribir. Es el representante artístico natural de una democracia dedicada al aprendizaje, quizás incluso al acceso universal a la educación superior. La fama de Dylan parece un reproche al amor nacional por California, ese paraíso terrenal donde se puede olvidar la historia estadounidense. California parece ininteligible en la América que Dylan describe en su música. Así, mientras el público de Dylan buscaba justicia social en su música, el propio artista estaba más preocupado por la justicia en el alma humana.

Ascenso a la fama

Gracias a la desconexión entre el artista y su público, nadie podía decir que Dylan era un artista que pretendía ayudar a los oyentes a comprenderse a sí mismos, si no también a cambiar sus vidas. Antes de ser célebre, era un vago, un vagabundo, un vagabundo, un hombre sin respeto por las exigencias de la familia o el trabajo, la lealtad o la opinión popular. Eso le convertía en un criminal para los críticos o en un individuo para sus admiradores.

A través de sus canciones de protesta, Dylan decía a todo el mundo que era la conciencia de la nación. A Complete Unknown las incluye en gran medida, desde las particularmente malas como «Masters of War» a las particularmente buenas como «The Times They Are A-Changin’». Esta música se basaba en la combinación de sentimentalismo y deseo de castigar a «El Hombre» que estaba presente en la música folk de Woody Guthrie (Scott McNairy), Pete Seeger (Edward Norton, en una interpretación muy aplaudida) y Joan Baez (Monica Barbaro).

Un completo desconocido se salta el meteórico ascenso a la fama de Dylan en sus primeros 20 años, y en su lugar lo presenta como un hombre que simplemente se adapta a los tiempos. Mientras que muchos espectadores pueden adorar extrañamente los movimientos de los 60, a otros les puede resultar difícil entender cómo el movimiento juvenil que Bob Dylan representaba se apoderó del país. Propongo que consideremos este movimiento como un caso de locura nacional, el momento en que las drogas, las fugas, los disturbios y la delincuencia quebraron la confianza de políticos, policías y familias por igual. Dylan no es inocente de los vicios de su época, pero sus motivos no son los de su público ni los de sus promotores, y sólo en una época así había un hueco para un artista que carecía de encanto.

Dylan aprendió de la música folk, el blues y el country que el modo de vida descrito en esa música, perdido en el proceso de modernización, industrialización y construcción de la prosperidad histórico-mundial de mediados de siglo, podía vengarse, podía volver como una especie de educación de los sentimientos de una nueva generación. El éxito estadounidense dio lugar a una nueva exigencia democrática de dar cuenta del modo de vida y el carácter del pueblo estadounidense, una exigencia que sorprendió a las élites que llevaron a Estados Unidos con tanto éxito a través de la Segunda Guerra Mundial y al espacio, que pensaban que esas cuestiones estaban resueltas. El sentimiento artístico, más que el talento, sustituyó a la meritocracia. La música sustituyó a la ciencia, la política e incluso la religión como ámbito de la moralidad democrática y norma de virtud.

A Complete Unknown dramatiza este conflicto social y generacional en su trama como el auge de la música folk a través de festivales juveniles destinados a ablandar el corazón, despertar la conciencia y promover la hermandad universal del hombre -y luego su sustitución por algo mucho más individualista, en el que comunistas como Seeger, el héroe original del movimiento folk, no tenían cabida. Esa transformación, de independiente a mainstream, un ciclo repetido muchas veces en la música popular, puede haber alejado al género de sus raíces, pero tenía sentido para una sociedad estadounidense cada vez más definida por la incapacidad de cualquier institución o líder para decir no. Ni una pequeña escena puede contenerse, ni la sociedad estadounidense puede defenderse de las revoluciones culturales. Es precisamente la promoción que hace Dylan de la moralidad americana, la llamada de la libertad, lo que le lleva a romper con las convenciones blandas y sentimentales del folk y a pasarse a la música eléctrica en el Festival de Música Folk de Newport, y a dejar atrás la ilusión de que la música puede o debe intentar fomentar la paz, el amor y el entendimiento en América.

El carácter de los artistas

La película es un clásico bildungsroman, por lo que no basta con hablar de los artistas en sociedad, sino que también nos hace indagar en sus vidas privadas. El joven Dylan sale con una chica muy guapa llamada Sylvie Russo (interpretada por Elle Fanning) que hace todas las cosas correctas; es partidaria de la moralidad, los derechos civiles, la educación superior, las artes y, al parecer, también de la cultura. Ella dice que habla mucho de sí misma, mientras que él calla; al final, lo compara a él con un plato giratorio y a ella con el plato. Para ella, la autocomprensión significa saber que el público es en cierto modo víctima del artista.

Dylan la sustituye por Joan Baez (interpretada por Monica Barbaro), una artista, que encuentra en Dylan las canciones que pueden hablar de los deseos que ella expresa en su canto; él critica su mediocre composición; ella se enamora de «Blowin’ in The Wind», que no es una gran canción. Él la entiende mejor de lo que ella se entiende a sí misma en este sentido: ella cree que el sentimiento que comparte con el público hace a la moralidad del arte, pero entonces no puede dar cuenta de las exigencias de la individualidad: su orgullo como artista y su vida al margen del bien común, por ejemplo, su relación amorosa con Dylan.

En conjunto, Mangold pinta a Dylan como un tipo antipático, insatisfecho con su público, sus compañeros artistas o su lugar en América. Creo que capta bien el atractivo básico de Bob Dylan. Hacer música es plantear exigencias: el público debe cambiar, no en el sentido de volverse angelical, sino en el de comprender su propia necesidad, lo que fomenta en nosotros el deseo de tiranizar a los artistas para que nos embellezcan. La película tiene, por tanto, un propósito mucho mayor que el de ser un bonito recuento de los inicios de la carrera de Dylan. Pretende dejar clara una cosa: aunque era necesario que los oyentes dejaran de lado descaradamente los modales estadounidenses para convertir a Dylan en una celebridad, también era necesario que Dylan los hiciera infelices, para debilitar su confianza en su propia actitud exigente hacia los artistas. De este modo, se protegía a sí mismo.

Al hacer un espectáculo de la vida en lugar de vivirla, al embellecerla, el artista también exige que el hombre esté por encima de la crítica o que no se engañe sobre lo que realmente le conmueve. Johnny Cash (Boyd Holbrook) es el apoyo del joven Dylan en sus momentos difíciles, un artista que vivió el drama americano y sobrevivió, que reconoce que Dylan es con mucho el más inteligente de los dos, pero que necesita que le aseguren que no es del todo ajeno. Cash es el único artista cuya autoridad moral le permite hablar directamente y con confianza, una forma de autenticidad que Dylan busca al llevar sombras.

Así que lo que empieza como una cuestión de salvar a América de los peores instintos -la autoimportancia- se convierte en una historia sobre Dylan haciendo que América trabaje para él. Su misión es mucho más egoísta que moralista, pero es útil y fiable por esa razón. Es música que no crea fanáticos -fans, como decimos- sino inadaptados. No es sólo autodefensa para los artistas, sino protección para Estados Unidos. Por ejemplo, podría haber salvado al país de legiones de hippies californianos.

Poesía en América

Mangold no es ni de lejos tan buen artista cinematográfico como Dylan es músico. Su yuxtaposición de las canciones de amor de Dylan y sus aventuras amorosas es quizá lo más flojo de la película; su descripción de las mujeres en la vida de Dylan es bastante interesante, pero habría tenido que esforzarse mucho más para conseguir una historia satisfactoria; algo de audacia habría ayudado, mientras que parece sentirse acorralado por todos lados, desde el glamour de la nostalgia hasta las exigencias del feminismo. Incluso es posible que anhele la libertad artística que muestra a Dylan adquiriendo, lo que no ayudaría, ya que es un delirio.

A uno le llama la atención que Mangold no se inspirara en la historia de Dylan para volverse audaz; quizá no se pueda enseñar eso. Su película no va a ser recordada, por desgracia; tiene demasiada modestia y su cuidadosa evitación del lado sórdido de la vida no le libera para restaurar la posición de Dylan entre la gente que durante tanto tiempo lo ha dado por sentado como un «anciano estadista» de las artes estadounidenses. La solución de Mangold es cómoda para un país cuyas élites ya no creen en la poesía y no se preocuparían por algo que siquiera aludiera a la genialidad. En su lugar, obtenemos mediocridad; el público tampoco la convirtió en una película popular.

Chalamet ha sido aplaudido por su imitación de Bob Dylan, quizá con demasiado entusiasmo. Creo que arruinó Dune y tampoco creo que haya tenido éxito con Dylan, porque su talento está demasiado ligado a la decadencia del cine: Dylan pertenecía al momento de la ambición, no del agotamiento. Nuestro momento es post-artístico, pero la nostalgia de la inspiración artística domina a nuestras élites: la imaginación puede ser exaltada, pero carece de contenido. Además, lo más difícil para un actor es convencernos de que su personaje es inteligente; al fin y al cabo, eso está en el argumento, no tanto en el actor. En este caso, la caracterización fracasa: Dylan es el más hablador de nuestros artistas y el que más insistió en la inteligencia de sus versos, por lo que una película tendría que interpretar su ambición, utilizar las palabras para conquistar América, y dramatizarla. A Complete Unknown ni siquiera lo intenta: es la invasión de la intimidad más educada y menos curiosa que se pueda imaginar. Dylan la ha aplaudido públicamente, pero quizá sabe que necesita la publicidad.

Sobre el anarcocapitalismo (II): tamaño y grupos de presión

En varias ocasiones me he referido en esta sección a la anarquía dentro del gobierno y a cómo esta es indispensable para el funcionamiento de un organismo complejo y de gran alcance como la Unión Europea. Basta con observar la gestión de la llamada transición energética para darnos cuenta de la falta de coherencia en las medidas adoptadas y de cómo cada unidad político-administrativa actúa por su cuenta y de acuerdo con sus propios intereses. No debería sorprendernos, dado que, desde el principio, los miembros de la Comisión son nombrados a propuesta de los gobiernos de cada país, los cuales representan una gran diversidad de colores políticos. Además, la presidencia de la Comisión funciona más como un primus inter pares que como un poder efectivo en sí mismo, pues el poder de los grandes Estados sigue siendo determinante.

Hay que reconocer, sin embargo, que la actual presidenta ha aprendido con el tiempo y ha desarrollado una gran capacidad de maniobra, logrando en muchas ocasiones que sus criterios sean tomados en cuenta.

Si volvemos a la transición energética, podemos observar un conjunto de medidas encaminadas a ese fin, como los impuestos a las emisiones de carbono en la industria, las restricciones a la movilidad o la fijación de fechas para la electrificación del parque automovilístico y el consiguiente abandono de los combustibles fósiles para dicho propósito. También vemos cuantiosas subvenciones a la generación eléctrica a partir de fuentes renovables y desde plantas nucleares, dado que esta última forma de generación ha sido considerada “verde”.

Sin embargo, al mismo tiempo, se están reabriendo minas de carbón en Alemania para su uso en plantas de generación eléctrica, debido a la suspensión de las compras de gas a Rusia tras su invasión de Ucrania.

Ahora se está discutiendo la suspensión de algunas de las medidas más polémicas, como las multas a las empresas automovilísticas por el exceso de emisiones, que podrían eludirse comprando derechos de emisión a empresas como Tesla. Esto último permitiría a la compañía amortiguar el daño causado por la pérdida de ventas en Europa, derivada en gran parte de la mala prensa de Elon Musk y del descenso en el interés por la movilidad eléctrica que se ha registrado en los últimos meses.

Pero es obvio que muchas de estas medidas son contradictorias entre sí. Mientras algunos comisarios perseveran en su implementación, otros hablan abiertamente de modificarlas o incluso de suspenderlas ad calendas graecas.

El papel de los lobbies en la transición energética

Parece evidente que la presión de los lobbies asociados a la industria automovilística europea está detrás de este cambio de postura, dado que los resultados económicos del sector dejan mucho que desear. Se habla de recortes salariales, despidos e incluso cierres de plantas en empresas líderes del sector. La industria automovilística europea ha sido empujada a una transición para la cual no estaba preparada, mientras que la industria china, adaptada desde el principio a la producción de autos eléctricos, ha resultado ser mucho más competitiva en este segmento, tanto en precio como en calidad.

Este era un escenario previsible para los legisladores europeos, ya que la producción de autos de combustión no es la misma que la de vehículos eléctricos. Rediseñar plantas y cadenas de suministro y logística es más costoso que crear nuevas infraestructuras diseñadas desde el principio para esa finalidad. Se requieren plantas de producción distintas y personal especializado, lo que implica tiempo de reciclaje o formación de nuevos cuadros adaptados.

El resultado ha sido que las fábricas europeas han abandonado un producto en el que eran líderes mundiales en calidad para apostar por otro en el que no son capaces de competir adecuadamente. Todo ello, además, por seguir las directrices de la burocracia de Bruselas.

Buena parte de los problemas actuales derivan de la fatal arrogancia de la tecnocracia europea, que pensó que con unas cuantas leyes y decretos podía modificar en un breve plazo una industria tan compleja como la automotriz y sus sectores auxiliares, incluyendo refinerías y distribución de combustibles.

La centralización europea y la captura de políticas por grupos de interés

La cuestión central que queremos plantear en este escrito es: ¿por qué hemos llegado a este punto? ¿Por qué tienen que peligrar miles de puestos de trabajo y la viabilidad de una industria consolidada y competitiva solo por las decisiones de un grupo de políticos y burócratas? La respuesta parece simple: la UE es un esquema centralizado que opera sobre una población muy grande, lo que la convierte en una presa fácil para los grupos de interés organizados.

Si Europa estuviera fragmentada políticamente, pero mantuviera relaciones económicas libres entre sus distintas unidades políticas, los lobbistas tendrían que convencer a cada legislador de cada país sobre la conveniencia de las medidas de transición ecológica, por seguir con el ejemplo. Y, en caso de éxito, sus beneficios serían mucho más reducidos, pues afectarían a una población menor en cada caso.

Coordinar las mismas normas en todos los países sería extremadamente difícil, ya que los lobbies verdes pueden ser poderosos en algunos Estados, pero no en otros. Pensemos en un país pequeño con una fuerte industria renovable y en otro cuyo principal activo sea la fabricación de autos de combustión. En el primer caso, la legislación ecológica podría salir adelante, pero difícilmente en el segundo.

El resto de los países podrían esperar a tomar partido, observando cuál de las soluciones es más efectiva antes de implementarla. Si una regulación fracasa, no la adoptan o la abandonan; si funciona, la copian, tratando de mejorarla. Este proceso, que históricamente ha funcionado en Europa como un laboratorio de innovación, minimiza el daño potencial de cualquier ocurrencia política.

En cambio, en un sistema centralizado como la UE, basta con convencer a unas pocas docenas de actores clave para aprobar leyes absurdas que benefician a ciertos grupos bien organizados, muchas veces situados fuera del espacio de la Unión. Esto también explica la persistencia en el tiempo de medidas que han demostrado ser ineficaces o contraproducentes. Con unos cuantos políticos y técnicos estratégicamente situados, es suficiente para seguir perpetuando los errores, hasta que la realidad termine por liquidarlas. Pero en ese intervalo de tiempo, el daño al tejido industrial europeo puede ser enorme… e incluso irreversible.

Contradicciones estructurales y el estancamiento de la transición energética

La facilidad para hacer lobby en sistemas centralizados también explica la divergencia de políticas y sus notorias contradicciones. Si cada lobby logra capturar a una agencia europea e influir en sus decisiones, el resultado será la formulación de políticas contradictorias entre sí, conllevando un sustancioso desembolso de recursos y generando confusión en la población.

No se puede, por un lado, condicionar la movilidad estableciendo un plazo estricto para el abandono del automóvil de combustión y, al mismo tiempo, imponer elevados aranceles a la importación de vehículos eléctricos chinos, mucho más baratos a igual calidad.

Si la prioridad es la descarbonización de Europa, lo lógico sería fomentar la importación de autos eléctricos asequibles para acelerar la transición. Por otro lado, si el objetivo es proteger a la industria automovilística europea, lo más lógico sería suspender las políticas de transición o, en su defecto, otorgar plazos más largos para permitir la adaptación gradual de las empresas a las dinámicas del mercado.

Pero se mantienen ambas medidas al mismo tiempo, lo cual es un sinsentido, pues cumplir ambos objetivos a la vez no parece factible.

Si estas políticas contradictorias se sostienen es porque los grupos de presión asociados a las energías renovables y al sector eléctrico presionan para continuar con la transición, pues ya han invertido enormes sumas de dinero en ella (costes hundidos), mientras que el poderoso lobby automovilístico solicita protección ante la competencia externa.

El resultado es claro: ni una ni otra política logran avanzar, y el costo lo paga la industria y la sociedad europea. Pero pocos parecen darse cuenta de que el verdadero problema no es la falta de regulación o la mala planificación… sino la centralización política a gran escala.

Serie ‘Sobre el anarcocapitalismo’

A todo tren y cuesta abajo

El gobierno más despótico y arbitrario que ha conocido España desde la dictadura del general Francisco Franco Bahamonde consumó en noviembre del año 2020 una flagrante violación de las libertades de establecimiento y movimiento de capitales de los inversores residentes en los países de la Unión Europea y la Asociación Europea de Libre Comercio[1] – las cuales forman el Espacio Económico europeo.

En efecto, recordemos que, aprovechando la pandemia del Covid-19, el gobierno añadió un artículo 7 bis a la Ley 19/2003, de 4 de julio, sobre régimen jurídico de los movimientos de capitales[2], para mediatizar el acceso de inversores de países terceros[3] a activos localizados en España. Aparte de las tradicionales excepciones a la libre inversión en caso de afectar a actividades relacionadas con el ejercicio del poder público, la defensa nacional, o al orden, la seguridad o salud públicos; el nuevo precepto añadió una larga lista de sectores económicos susceptibles de considerarse como estratégicos y que, por lo tanto, comportarían la obligación de obtener la autorización gubernamental.

Dando la vuelta de tuerca mencionada al principio, la disposición transitoria del decreto-ley de noviembre de 2020[4] amplió a las inversiones procedentes del Espacio Económico Europeo el régimen de suspensión de la libertad de inversión en los sectores económicos “estratégicos”, siempre que se superasen determinados umbrales cuantitativos. Esto es, temporalmente, hasta el 30 de junio de 2021, las inversiones directas que confiriesen el diez por ciento o más del capital de una sociedad española cotizada en bolsa, o aquellas que superasen los 500 millones de euros, realizadas por residentes del Espacio Económico Europeo, requerirían el visto bueno del gobierno.

Las consecuencias de prescindir de la autorización previa del gobierno en unas operaciones que, por su dimensión, debe conocer el órgano supervisor de los mercados de valores (la Comisión Nacional del MV, cuyos miembros son nombrados por el gobierno) no pueden menospreciarse. Estos decretos leyes sancionan con la nulidad a las inversiones llevadas a cabo sin la preceptiva autorización.

Acaso para despistar a funcionarios inanes de la Comisión Europea o preparar la coartada para las omisiones de los cargos políticos, la treta legislativa utilizada para salvar una primera causa de infracción del Derecho Comunitario, cual es fijar medidas restrictivas de las libertades de establecimiento y de circulación de capitales permanentes[5], consistió en prorrogarlas mediante tres decretos leyes sucesivos que modificaban la disposición transitoria original en un texto separado de la Ley 19/2003.

Aun con todo, resulta extraordinariamente chocante que a lo largo de estos años la Comisión Europea no haya instado un expediente de infracción contra el gobierno de Pedro Sánchez Pérez-Castejón por este caso. El control previo gubernamental prorrogado atenta contra la libre circulación de capitales entre España y el resto de países de la UE y la AELC (art. 63 del Tratado de Funcionamiento de la UE) así como el libre establecimiento y prestación de servicios (Arts. 49 a 55 del mismo tratado)

Lejos de corregir el rumbo intervencionista y pedir disculpas por los daños causados a los españoles y los europeos afectados – tanto los visibles, como los que no se han visto, por la imposibilidad de conocer cuantas inversiones exteriores se han descartado de antemano para evitar la arbitrariedad – el gobierno ha vuelto a prorrogar esa medida de suspensión hasta el 31 de diciembre de 2026, en uno más de sus acostumbrados, aunque no por ello menos inválidos, decretos leyes motorizados, amañados con sus socios de legislatura[6].

Ni siquiera con el desenvolvimiento de estas trabas en casos como el de Talgo las autoridades comunitarias o los estados miembros afectados reaccionan ante la arbitrariedad del gobierno. El espectáculo de la injerencia directa del gobierno en las negociaciones de venta de las acciones de una empresa privada cotizada en Bolsa, rechazando otras ofertas de empresas europeas y auspiciando compras de empresas afines[7], no augura un desarrollo muy boyante a los mercados de capitales regulados en España.

De instituciones como la CNMV, colonizadas por replicantes de película distópica enviados por el gobierno, poco cabe esperar, a pesar de que la Ley 6/2023 (art. 18.2 ) le encomienda “velar por la transparencia de los mercados de valores, la correcta formación de los precios en los mismos y la protección de los inversores, promoviendo la difusión de cuanta información sea necesaria para asegurar la consecución de esos fines”

Es por esto por lo que, al amparo de los arts. 258, 259 y 260 del Tratado mencionado, debe instarse un procedimiento específico de infracción, bien sea promovido por la Comisión u otro estado miembro, o mediando la denuncia de un particular, también por la Comisión, como garante del respeto y el cumplimiento de los tratados fundacionales.

Como primer paso, la Comisión debería emplazar al gobierno a dar explicaciones en un plazo perentorio. De no atender el previsible dictamen contrario a su legislación, quedaría expedita la presentación de demanda ante el Tribunal Superior de Justicia de Luxemburgo, con solicitud de medidas cautelares para impedir que continúen los atropellos.

Notas

[1] A la que pertenecen Suiza, Noruega, Liechtenstein e Islandia.

[2] Mediante el Real Decreto-ley 8/2020, de 17 de marzo, de medidas urgentes extraordinarias.

[3] Ajenos a Unión Europea y la Asociación Europea de Libre Comercio

[4] Real Decreto-ley 34/2020, de 17 de noviembre, de medidas urgentes de apoyo a la solvencia empresarial y al sector energético, y en materia tributaria.

[5] Desde la perspectiva constitucional interna también cabe oponer un argumento similar. Sin embargo, el Tribunal Constitucional presidido por Cándido Conde-Pumpido Tourón se ha convertido en una cámara de resonancia del gobierno que lo nombró. De esta manera, más que controles de constitucionalidad, expide avales falsos para su mandante.

[6]  La disposición transitoria de marras ha quedado con la siguiente redacción, dada por el Real Decreto-ley 1/2025, de 28 de enero, por el que se aprueban medidas urgentes en materia económica, de transporte, de Seguridad Social, y para hacer frente a situaciones de vulnerabilidad:

Régimen transitorio de suspensión de liberalización de determinadas inversiones extranjeras directas realizadas por residentes de otros países de la Unión Europea y de la Asociación Europea de Libre Comercio.

1. El régimen de suspensión de liberalización de determinadas inversiones extranjeras directas en España regulado en los apartados 2 y 5 del artículo 7 bis de la Ley 19/2003, de 4 de julio, se aplicará hasta el 31 de diciembre de 2026 a las inversiones extranjeras directas sobre empresas cotizadas en España, o sobre empresas no cotizadas si el valor de la inversión supera los 500 millones de euros, realizadas por residentes de otros países de la Unión Europea y de la Asociación Europea de Libre Comercio. A estos efectos, se considerarán sociedades cotizadas en España aquellas cuyas acciones estén, en todo o en parte, admitidas a negociación en un mercado secundario oficial español y tengan su domicilio social en España.

2. A efectos de este régimen transitorio, se entenderá por inversiones extranjeras directas aquellas inversiones como consecuencia de las cuales el inversor pase a ostentar una participación igual o superior al 10 % del capital social de la sociedad española, o cuando como consecuencia de la operación societaria, acto o negocio jurídico se adquiera el control de dicha sociedad de acuerdo con los criterios establecidos en el artículo 7.2 de la Ley 15/2007, de 3 de julio, de Defensa de la Competencia, tanto si se realizan por residentes de países de la Unión Europea y de la Asociación Europea de Libre Comercio diferentes a España, como si se realizan por residentes en España cuya titularidad real corresponda a residentes de otros países de la Unión Europea y de la Asociación Europea de Libre Comercio. Se entenderá que existe esa titularidad real cuando estos últimos posean o controlen en último término, directa o indirectamente, un porcentaje superior al 25 % del capital o de los derechos de voto del inversor, o cuando por otros medios ejerzan el control, directo o indirecto, del inversor.

[7] La anunciada venta de un paquete de acciones que representarían el 29´77 % de la compañía, pertenecientes al Fondo Trilantic, al grupo liderado por Sidenor, justo por debajo del 30 % que implicaría la obligación de lanzar una Oferta Pública de Adquisición de acciones (arts 108 y 111 de la Ley 6/2023, de 17 de marzo, de los Mercados de Valores y de los Servicios de Inversión) y a un precio inferior por acción al ofrecido por el grupo semipúblico polaco PFR por el 100 por cien del capital, que el gobierno ha vetado, seguro que tendrá repercusiones en otros potenciales inversores en España.

Metiendo mano

Esta semana ha saltado a la palestra algunos casos que hierven la sangre, salvo para los que viven de ellos. En primer lugar, nos hemos enterado de que el exministro José Luis Ábalos, número 2 del PSOE en su momento y sujeto elegido por Pedro Sánchez para defender la moción de censura contra el gobierno de Mariano Rajoy, eligió la amistad de Jésica a través de un catálogo para meretrices. Posteriormente, el ministro colocó a la señorita en dos empresas públicas dependientes de la Administración en la que gobernaba, en una nueva defensa a ultranza de lo público. Según la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, esta joven llegó a percibir entre 6.000€ y 12.000€ mensuales, amén del pago de un alquiler en Plaza de España por la nada desdeñable cifra de 2.700€ mensuales. Luego dicen que hay crisis de vivienda o que los salarios no suben para los jóvenes. No cabe mayor delicia que recordar que, en esos momentos, 2021 y 2022, José Luis Ábalos e Irene Montero se sentaban juntos en el Consejo de Ministros.

Pero los pontificadores de los derechos feministas no se quedan aquí. Esto viene de lejos. El caso de Ramiro Santalices, asesor de Yolanda Díaz en el Parlamento gallego por la coalición Alternativa Galega de Esquerda (AGE). Ya saben: uno de los rasgos distintivos de los comunistas desde la caída del Muro de Berlín es que tienen que esconder en sus siglas que son comunistas, aparte de cambiarse de formación cada dos por tres. La situación es que los propios militantes de Izquierda Hundida habían denunciado de forma interna las “actividades” (ya me entienden) de este asesor. La situación se resolvió con la suspensión de militancia de los denunciantes. Sí, sí, de los denunciantes. El debate saltó a la opinión pública, salvo para los que vean el programa de Silvia Intxaurrondo o similares, cuando este señor (por llamarlo de alguna forma) fue detenido, condenado a año y medio de prisión y a la prohibición de trabajar con menores por un periodo de cuatro años. Santalices accedió a estos indeseables contenidos desde los ordenadores del parlamento gallego.

Vamos: que Yolanda Díaz sabe muy bien, como poco, vigilar a los suyos. Viendo el percal, el caso Errejón se antoja poco menos que una anécdota. Lo mejor fue cuando le dijo al juez que tuvo que dejar sus cargos, tanto en el partido como en el Congreso, porque en su formación se presume que las mujeres dicen siempre la verdad, por lo que, en caso de querer defenderse de las acusaciones vertidas contra él, tendría que hacerlo desde fuera. ¡Eso es voto de obediencia y no lo del clero! Errejón tuvo la desgracia de militar en Más País, porque de haber estado en Alternativa Galega de Esquerda, la situación podría haber sido diferente.

Pero la traca final ha llegado esta semana: a Juan Carlos Monedero, otro de los fundadores de Podemos, le ha salido un procedimiento interno de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), por, supuestamente y siempre respetando la presunción de inocencia que tanto odian, acosar a alumnas. Billetero ya tuvo sus líos con Hacienda allá por 2015, una situación que le valió que su nombre sonara como candidato al Premio Juan de Mariana del año correspondiente. Billetero había facturado lo que cobró del gobierno asesino de Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia (vaya clientes) a través de una sociedad (Caja de Resistencia Motiva 2 Producciones, S.L.). El combo completo: cobrar en el extranjero, intentar declararlo a través de una sociedad instrumental, no dar parte a la UCM (que tenía derecho a cobrar la mitad) y no incluirlo en su IRPF. El día después, pero el día después literalmente, de gritar en Sol “Montoro, no te tengo miedo”, Billetero pagó 200.000€ (regularizó en términos orwellianos) a Hacienda para evitarse un posible pleito.

La cosa no acaba aquí: el remate es que, al procedimiento de la UCM, le ha salido otro por la misma conducta, supuestamente, en el partido. En septiembre de 2023 (¡septiembre de 2023!) el partido lo ha apartado. Ione Belarra, la que se ha quedado gobernando la ruina, ha dicho que no hicieron públicas estas supuestas conductas para, cito textualmente, “proteger a las víctimas”. Vamos: que ha que montar un ministerio, con sus funcionarios, secretarios de Estado y todo lo que nos cuesta, pero cuando tenemos un supuesto caso de esos malísimos en las narices, entonces hay que lavar los trapos sucios en casa. Lo que se aprende del feminismo.

Mejor aún que “menos Marx”: menos lectura de la Constitución

La principal implicación de la ciencia puede entenderse como el tránsito del prejuicio al juicio informado y racional en la producción de conocimiento. Esperamos, con razón, que los hallazgos científicos estén desprovistos de los prejuicios y valoraciones subjetivas de quienes los producen. Sin embargo, es posible identificar juicios de valor que influyen en ciertos resultados, y en esos casos, tales resultados no constituyen hallazgos científicos propiamente dichos, sino, como mínimo, contribuciones a una discusión en curso, o sugerencias para futuras investigaciones.

La ética del enunciado científico

Esto no implica una desconexión absoluta entre ética y ciencia. La actividad científica es, en sí misma, una acción y por ende está sujeta a valoraciones. Mientras los hallazgos deben estar libres de sesgos valorativos, la elección de los problemas a investigar y los métodos empleados están inevitablemente influenciados por juicios de valor. Por ejemplo, un economista pietista podría sentirse incómodo ante la propuesta de un neurobiólogo de visitar un burdel para estudiar la relación causal entre niveles de dopamina y la propensión marginal al consumo de tecno ruso. Más allá de estos casos anecdóticos, la actividad científica está estrechamente vinculada a la ética: al transmitir conocimientos, propios o ajenos, lo hacemos con la convicción de que la ciencia posee un valor superior frente a afirmaciones arbitrarias de astrólogos o políticos de turno.

En nuestras clases, la transmisión del conocimiento científico parte de un juicio de valor fundamental: es mejor ser racional que no serlo. Este juicio es el hecho más indudable de todos los hechos. Cada vez que presentamos argumentos a nuestros estudiantes, apelamos a su capacidad racional y a la premisa de que es preferible convencerse por la evidencia y la lógica que rechazarlas a cambio de una vida cómoda y pacífica en la ignorancia. Todo acto de enseñanza científica parte, en última instancia, de la valoración moral de que es superior superar la ignorancia que permanecer en ella.

La lectura marxista

Estas reflexiones surgieron tras la queja de Jerome, con quien comparto un férreo vínculo por el amor a la libertad, sobre la imposición en colegios y universidades de la lectura de autores socialistas, en especial Karl Marx. Jerome, un columnista, expresaba su incomprensión ante lo que considera un intento de lavar la cara a Marx, cuyas ideas, según ella, siempre que se han aplicado, solo han condenado a las personas a la miseria. Son, por ende, ideas empobrecedoras.

Aunque coincido con Jerome en los efectos empobrecedores del socialismo marxista, prefiero conceder el beneficio de la duda a aquellos profesores. Como uno de ellos, parto de la presunción de que la selección de lecturas responde a la honestidad intelectual y no a un intento de maquillar el cadáver de Marx. Muchos de mis colegas encarnan esa honestidad, y el mismo cargo podría formularse contra mí -y contra varios de mis colegas- por incluir a autores como von Mises, von Hayek, Sowell, Rothbard, Kirzner o Huerta de Soto en el plan de lectura de mis clases.

Presuponiendo esa honestidad intelectual, cabe suponer que dichos profesores buscan persuadir a sus estudiantes presentando los argumentos de Marx con convicción genuina. Exponen su visión del mercado como un sistema en desequilibrio constante, dominado por la anarquía en la producción y la explotación laboral, cuya solución radicaría en la planificación central, suprimiendo la propiedad privada y asignando los recursos mediante mandatos coactivos. Estas proposiciones, sustentadas en Marx, son juicios de valor sobre las relaciones sociales y los sistemas de propiedad que distribuyen el control sobre recursos escasos. Para esos profesores, tales nociones explican mejor ciertos fenómenos que otras corrientes de pensamiento.

Por otro lado, no existe obligación legal en Colombia de leer a Marx ni colegios o universidades. La elección de cursar determinadas asignaturas es, en el fondo, voluntaria. Los estudiantes pueden abandonar una clase, evitar inscribirse en materias donde se estudie a Marx o incluso elegir su institución educativa considerando esas preferencias. Leer a Marx puede ser útil, pero no es imperativo; hasta donde sé, a nadie lo obligan con un revólver a hacerlo.

Dicho esto, ¿es importante leer y entender a Marx? Sin duda. La universidad puede ofrecer esa oportunidad, pues, ¿cómo refutar sus argumentos, identificar sus errores teóricos o reconocer sus falsos dilemas sin conocer su obra? Ludwig von Mises solo pudo demostrar lo impracticable del socialismo tras adentrarse en los escritos marxistas y evidenciar que la abolición de la propiedad privada impide el cálculo económico racional, conduciendo inevitablemente al despilfarro. Del mismo modo, Juan Ramón Rallo no habría escrito Contra Marx sin haberlo leído, y Jesús Huerta de Soto difícilmente habría edificado su teoría de eficiencia dinámica sin ese conocimiento previo.

Así, la lectura de Marx, asumida como un acto de honestidad intelectual por parte de los profesores, debe entenderse como el primer paso en un diálogo necesario. Solo mediante ese intercambio es posible demostrar que la planificación central es, en efecto, un error intelectual; y que, como resultado de ese error, resultan en una incapacidad de superar el estado natural de pobresa de los hombres.

El revolver detrás de la lectura de la constitución

Si bien la lectura de Marx es voluntaria y, de hecho, necesaria, la crítica debería dirigirse hacia otro texto de lectura obligatoria en Colombia: la Constitución de 1991. Ese documento impone, sin opción de discusión, la idea marxista de la planificación central aplicada al funcionamiento de la sociedad. Quizás ahí radica la verdadera imposición ideológica que deberíamos cuestionar. Este, y no la lectura de El Capital en clase, es el verdadero peligro que merece mayor atención.

En el caso de la enseñanza de la Constitución, no hay escapatoria. Donde haya un colegio, una universidad o cualquier institución educativa, sin importar si es pública o privada, este mandato es ineludible. A diferencia de la lectura de Marx, que un estudiante universitario, con algo de creatividad, puede evitar navegando entre cursos y profesores, la enseñanza de la Constitución no permite tal margen de maniobra. No importa cuántas veces se cambie de universidad o colegio, con la misma certeza con la que moriremos y pagaremos impuestos, los estudiantes habrán pasado por un curso de apología a la Constitución colombiana de 1991, un documento que, al parecer, partió la historia del país en dos con la misma contundencia con la que la historia de Occidente se divide en antes y después de Cristo.

No son una, ni dos, ni tres, sino cuatro las normas legales que obligan a la enseñanza y promoción de la Constitución en Colombia: el Artículo 41 de la Constitución de 1991, que exige su estudio en todas las instituciones educativas; la Ley 115 de 1994 (Ley General de Educación), que establece la formación en el respeto a la Constitución y la democracia; la Ley 107 de 1994, que crea la Cátedra de Constitución Política y Democracia en todos los niveles educativos; y la Ley 1732 de 2014 y el Decreto 1038 de 2015, que refuerzan estos principios mediante la Cátedra de la Paz, promoviendo el aprendizaje de los derechos fundamentales y la convivencia democrática.

No se trata de una enseñanza crítica de la Constitución, que es lo que yo haría. Yo la enseñaría cumpliendo la ley, pero bajo la revisión más crítica posible de cada uno de sus artículos. Sin embargo, aquí lo que se impone no es solo su enseñanza, sino su promoción, como si se tratara del hotel que acabamos de inaugurar.

La constitución, la verdadera lectura de una idea empobrecedora

Dentro de lo que debe promoverse se encuentran elementos claramente orientados a la planificación central. De nuevo, aunque no es obligatorio leer a Marx, sí lo es inculcar la creencia de que la planificación central es superior a la coordinación del mercado libre, una idea empobrecedora tanto teórica como empíricamente, pues dondequiera que se ha implementado, en su versión original o derivada, nunca ha conducido a la prosperidad general.

El mandato de garantizar progresivamente estos derechos implica ampliar constantemente su cobertura, lo que exige que el Estado asuma más funciones, financiadas con mayores impuestos y una creciente expropiación de recursos. Esto supone una progresiva prohibición de la propiedad privada sobre los factores de producción, en favor de su socialización y planificación central. En esencia, es la concreción del proyecto socialista, basado en la creencia en la superioridad del Estado sobre el mercado, pese a su incapacidad para calcular económicamente, lo que lo condena al desperdicio de recursos.

¡Esto sí es adoctrinamiento forzoso! Y peor aún: desde los primeros grados de escolarización hasta la universidad, con el claro propósito de arraigar la creencia en la superioridad del socialismo, una idea que solo ha servido para enriquecer a los gobernantes que la promueven.

Matar o morir: la imposición cultural en contra del fundamentalismo islamista

La comunidad judía del mundo está destrozada: los terroristas de Hamás han entregado en una ceremonia bárbara cuatro cadáveres; entre ellos los cuerpos sin vida de Ariel y Kfir, un niño de cuatro años y un bebé de nueve meses que fueron secuestrados junto a sus padres por terroristas palestinos en los atentados del 7 de octubre de 2023. El Ejército de Israel confirma que estas dos criaturas fueron brutalmente asesinadas a sangre fría por estos inhumanos “con sus propias manos”.

En la ceremonia de entrega de cadáveres, el júbilo imperaba en la muchedumbre palestina. Los padres con sus bebés en brazos celebraban, los niños palestinos celebraban la muerte de sus enemigos.  

Los libertarios tenemos como regla fundamental el principio de no agresión. Naturalmente, consideramos al monopolista del uso de la coacción: el Estado, como la principal amenaza para la libertad individual. Quizá de modo ingenuo muchos en nuestras filas, empezando por Murray N. Rothbard, han abordado la problemática del terrorismo y de la invasión cultural del fundamentalismo islamista a Occidente desde una óptica racionalista, donde el culpable principal es el Imperio que ha buscado despojar a los nativos de su propiedad e imponer sobre ellos su cultura; y como respuesta, estos pueblos salvajes han reaccionado utilizando el terrorismo como medio para su defensa. Se ha llegado a la conclusión de que casi bastaría con la extinción de los estados para que imperara en el ámbito global una convivencia pacífica basada en el respeto de la vida, la libertad y la propiedad privada.

El problema del marco de la filosofía moral de Rothbard para comprender esta problemática compleja es que su uso parte de supuestos de racionalidad alineados con los valores morales de una civilización en particular: la Civilización Judeocristiana. Una civilización donde se presupone que la vida es deseable y que la muerte debe ser evitada, que la libertad de pensamiento es un derecho, que los individuos deben gozar de igualdad ante la ley, que el derecho natural debe ser defendido; en fin, una serie de supuestos que han sido la causa del florecimiento de esta civilización, que a su vez pueden ser comprendidos desde una óptica racionalista, y que, sin embargo, no se encuentran contenidos en la totalidad de las culturas, a pesar de los procesos de globalización que caracterizan a nuestros tiempos.

Es ingenuo alegar que el terrorismo es un problema de índole racional que pueda ser resuelto por la vía de la negociación, del diálogo o de la renuncia material. El fundamentalismo islamista es la ideología que enfrenta a la Civilización Occidental con los apologistas de la barbarie, al valor de la vida con las ansias de la muerte, a la tolerancia con la intolerancia y a lo moral con lo inmoral.

Gaza, así como algunas teocracias fundamentalistas y organizaciones islamistas paraestatales, ha demostrado ser un nido de terrorismo sin intención de integrarse al progreso de la civilización. Siendo esta una sociedad que demuestra incapacidad para contener las agresiones hacia otra sociedad, esta otra, valiéndose de su derecho a la autodefensa, debe tener permitido invadir a la agresora e imponer sus valores: destruir una ideología agresora antes que esta la destruya.

Por más que esto parezca dinamitar los cimientos ideológicos del libertarismo, hoy más que nunca los libertarios debemos preguntarnos si llegó la hora de dejar de tolerar cualquier ideología cuya prevalencia suponga la desaparición de nuestros valores. Cualquier ideología que venere la muerte, la esclavitud, la socialización de los medios de producción, es para nosotros inherentemente inmoral, y el actuar moral debe ser destruirla.

Las victimizaciones de los salvajes y la culpabilización indefectible del Tío Sam deben quedar para el análisis histórico de otros episodios. Quizá llegó el momento de que nuestros intelectuales discutan opciones afines a nuestros ideales para imponer mediante la fuerza nuestros valores a quienes nos intentan destruir, tanto desde otras latitudes como dentro de nuestras fronteras. No podemos combatir explosivos con libros y pancartas. Debemos reprimir ideologías que enseñan a reprimir, debemos ser intolerantes con quienes no toleran nuestra libertad. Debemos matar una ideología, si es que no queremos regresar a la barbarie.  

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Title (Español)

Title (English)  

Nombre Apellido 1,*, Nombre Apellido 2 and Nombre Apellido 2

Resumen: Un solo párrafo de unas 150 palabras como máximo. Para artículos de investigación, los resúmenes deben dar una visión general pertinente del trabajo. Recomendamos encarecidamente a los autores que utilicen el siguiente estilo de resúmenes estructurados, pero sin encabezados: (1) Antecedentes: coloque la pregunta abordada en un contexto amplio y resalte el propósito del estudio; (2) Métodos: describir brevemente los principales métodos o tratamientos aplicados; (3) Resultados: resume los principales hallazgos del artículo; (4) Conclusiones: indicar las principales conclusiones o interpretaciones. El resumen debe ser una representación objetiva del artículo y no debe contener resultados que no estén presentados y fundamentados en el texto principal y no debe exagerar las conclusiones principales.

Palabras clave: palabra clave 1; palabra clave 2; palabra clave 3 (Enumere de dos a cinco palabras clave pertinentes específicas del artículo pero razonablemente comunes dentro de la disciplina del tema).

Clasificación JEL: palabra clave 1; palabra clave 2; palabra clave 3 (Enumere de dos a cinco palabras clave pertinentes específicas del artículo pero razonablemente comunes dentro de la disciplina del tema).

Abstract: A single paragraph of about 150 words maximum. For research articles, abstracts should give a pertinent overview of the work. We strongly encourage authors to use the following style of structured abstracts, but without headings: (1) Background: Place the question addressed in a broad context and highlight the purpose of the study; (2) Methods: briefly describe the main methods or treatments applied; (3) Results: summarize the article’s main findings; (4) Conclusions: indicate the main conclusions or interpretations. The abstract should be an objective representation of the article, and it must not contain results that are not presented and substantiated in the main text and should not exaggerate the main conclusions.

Keywords: keyword 1; keyword 2; keyword 3 (List two to five pertinent keywords specific to the article yet reasonably common within the subject discipline.)

JEL classification: keyword 1; keyword 2; keyword 3 (List two to five pertinent keywords specific to the article yet reasonably common within the subject discipline.) 

1. Introducción

La introducción debe colocar brevemente el estudio en un contexto más amplio y resaltar su importancia. Sería mejor si definieras el propósito del trabajo y su significado. Se debe revisar cuidadosamente el estado actual del campo de investigación y se deben citar las publicaciones críticas. Resaltar hipótesis controvertidas y divergentes cuando sea necesario.[1]

Finalmente, mencionar brevemente el objetivo principal del trabajo y resaltar las principales conclusiones. En la medida de lo posible, mantenga la introducción comprensible para los científicos fuera de su campo particular de investigación.

Las referencias deben escribirse de la siguiente manera: (Mises, 1940), (Mises, 1949a, b); (Mises, 1940, p. 479), (Mises, 1940, pp. 479-482), (Mises & Hayek, 1935, p. 200), (Mises et al., 1949), (Mises, 1949; Kirzner, 1973; Hayek, 1988). Consulte las “Pautas de Envío” para obtener más detalles.

2. Marco Teórico y Metodología

El Marco Teórico y la Metodología deben describirse con suficiente detalle para permitir que otros repliquen y se basen en los resultados publicados.

El autor o autores pueden cambiar los nombres de los apartados, añadiendo otros nuevos o eliminando los que estimen innecesarios —por ejemplo, Revisión de Literatura, Materiales y Métodos, etc.

Tenga en cuenta que la publicación de su manuscrito implica que debe poner a disposición de los lectores todos los materiales, datos, códigos informáticos y protocolos asociados con la publicación. Indique cualquier restricción sobre la disponibilidad de materiales o información en la etapa de envío.

Los nuevos métodos y protocolos deben describirse en detalle, mientras que los métodos bien establecidos pueden describirse brevemente y citarse adecuadamente.

3. Resultados

Esta sección puede dividirse en subtítulos.

Debe proporcionar una descripción concisa y precisa de los resultados experimentales, su interpretación y las conclusiones experimentales que se pueden extraer.

3.1. Subsección

3.1.1. Subsubsección

Las listas con viñetas se ven así:

  • Primera viñeta;
  • Segunda viñeta;
  • Tercera viñeta.

Las listas numeradas se pueden agregar de la siguiente manera:

  1. Primer ítem;
  2. Segundo ítem;
  3. Tercer ítem.

El texto continúa aquí.

3.2. Figuras, Tablas y Esquemas

Todas las figuras y tablas deben citarse en el texto principal como Figura 1, Tabla 1, etc.

Figura 1. Esta es una figura. Los esquemas siguen el mismo formato.

Tabla 1. Esto es una mesa. Las tablas deben colocarse en el texto principal cerca de la primera vez que se citan.

Título 1Título 2Título 3
entrada 1datodato
entrada 2datodato 1

1 Las tablas pueden tener un pie de página.

El texto continúa aquí (Figura 2 y Tabla 2).

(a)(b)

Figura 2. Esta es una figura. Los esquemas siguen otro formato. Si hay varios paneles, deben enumerarse como: (a) Descripción de lo que contiene el primer panel; (b) Descripción del contenido del segundo panel. Las figuras deben colocarse en el texto principal cerca de la primera vez que se citan. Un título en una sola línea debe estar centrado.

Tabla 2. Esto es una mesa. Las tablas deben colocarse en el texto principal cerca de la primera vez que se citan.

Título 1Título 2Título 3Título 4
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entrada 2datodatodato
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entrada 4datodatodato
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* Las tablas pueden tener un pie de página.

3.3. Formato de Componentes Matemáticos

Este es el ejemplo 1 de una ecuación:

a = 1,(1)

El texto que sigue a una ecuación no necesita ser un nuevo párrafo. Por favor, puntúe las ecuaciones como texto normal.

Este es el ejemplo 2 de una ecuación:

a = b + c + d + e + f + g + h + i + j + k + l + m + n + o + p + q + r + s + t + u + v + w + x + y + z(2)

El texto que sigue a una ecuación no necesita ser un nuevo párrafo. Por favor, puntúe las ecuaciones como texto normal.

Los entornos de tipo teorema (incluyendo proposiciones, lemas, corolarios, etc.) se pueden formatear de la siguiente manera:

Teorema 1. Ejemplo de texto de un teorema. Los teoremas, proposiciones, lemas, etc. deben numerarse secuencialmente (es decir, la Proposición 2 sigue al Teorema 1). Los ejemplos o comentarios usan el mismo formato, pero deben numerarse por separado, por lo que un documento puede contener el Teorema 1, el Comentario 1 y el Ejemplo 1.

El texto continúa aquí. Las pruebas deben formatearse de la siguiente manera:

Prueba del Teorema 1. Texto de la prueba. Tenga en cuenta que la frase “del teorema 1” es opcional si está claro a qué teorema se hace referencia. Siempre termine una prueba con el siguiente símbolo. □

El texto continúa aquí.

4. Discusión y Propuestas  

Los autores deben discutir los resultados y cómo se pueden interpretar desde la perspectiva de estudios previos y de las hipótesis de trabajo.

Los hallazgos y sus implicaciones deben discutirse en el contexto más amplio posible. También se pueden destacar las direcciones de investigación futuras.

5. Conclusiones

Esta sección es obligatoria.

Los autores deben explicar los métodos y la investigación del artículo y las nuevas vías de investigación.

6. Patentes

Esta sección no es obligatoria, pero se puede agregar si las patentes resultan del trabajo informado en este manuscrito.

Agradecimientos: En esta sección, puede agradecer cualquier apoyo brindado que no esté cubierto por las secciones de contribución o financiamiento del autor. Esto puede incluir apoyo administrativo y técnico, o donaciones en especie (por ejemplo, materiales utilizados para experimentos).

Conflictos de interés: Declarar conflictos de interés o indicar: “Los autores declaran no tener conflicto de interés”. Los autores deben identificar y declarar cualquier circunstancia o interés personal que pueda percibirse como una influencia inapropiada en la representación o interpretación de los resultados de investigación informados. Cualquier papel de los financiadores en el diseño del estudio; en la recopilación, análisis o interpretación de datos; en la redacción del manuscrito; o en la decisión de publicar los resultados deberá declararse en este apartado. Si no hay ningún papel, indique: “Los financiadores no tuvieron ningún papel en el diseño del estudio; en la recopilación, análisis o interpretación de datos; en la redacción del manuscrito; o en la decisión de publicar los resultados”.

Apéndice A

El apéndice es una sección opcional que puede contener detalles y datos complementarios al texto principal, por ejemplo, explicaciones de detalles experimentales que interrumpirían el flujo del texto principal pero que siguen siendo cruciales para comprender y reproducir la investigación que se muestra; Las cifras de réplicas para experimentos de los cuales se muestran datos representativos en el texto principal se pueden agregar aquí si son breves o como datos complementarios.  

Las demostraciones matemáticas de los resultados que no sean fundamentales para el artículo se pueden agregar como apéndice.

Apéndice B

Todas las secciones del apéndice deben citarse en el texto principal.

En los apéndices, las Figuras, Tablas, etc. deben etiquetarse comenzando con “A”; por ejemplo, Figura A1, Figura A2, etc.

Referencias

  • Hayek, F.A. (1945). The use of knowledge in society. American Economic Review, 35(4), 519-530.
  • Espinosa, V. I., Wang, W. H., & Zhu, H. (2020). Israel Kirzner on dynamic efficiency and economic development. Procesos de Mercado, 17(2), 283-310.
  • Huerta de Soto, J. (2006). Money, bank credit, and economic cycles. Auburn: Ludwig von Mises Institute.
  • Hayek, F.A. (1935 [1995]). Edwin Cannan. In B. Caldwell (Ed.), The collected works of F.A. Hayek, volume 9: Contra Keynes and Cambridge: Essays, Correspondence (pp. 64–73). Indianapolis: Liberty Fund.
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  • Author 1, A.B. (University, City, State, Country), & Author 2, C. (Institute, City, State, Country). (year). Title of the writing. Personal communication.
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Cuadro de texto: How to cite this article: Author 1, A.B., & Author 2, C.D. (Year). Title of the article. Procesos de Mercado: Revista Europea de Economía Política, Volume (Issue), page range. https://doi.org/

[1] Los autores pueden añadir pie de páginas siguiendo este formato.