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Kyoto, un juego de suma cero

Es una de tantas matraquillas falaces que repiten sin cesar los enemigos de la libertad e idólatras del dirigismo estatal. Desde la educación infantil hasta la universidad, la idea es coreada por "educadores", "maestros" y "profesores". Sin embargo, la verdad es justo la contraria: el sistema capitalista permite un formidable ritmo generación de riqueza y hace ricos a quienes, a su vez, enriquecen a las personas con las que interactúan. Sólo se puede crear una gran fortuna enriqueciendo a una gran parte de la población.

Pero en los últimos años el movimiento ecologista, verdadero refugio de todos los enemigos del capitalismo desde que comenzaran a caer los cascotes del muro que derribaron los esclavos del comunismo, ha logrado convertir nuestro sistema económico en un perfecto juego de suma cero. El cambio climático les ha dado la excusa idónea para coaligarse con políticos de izquierda y derecha e imponer un modelo en el que el crecimiento de unas industrias se lleve a cabo a costa del decrecimiento de otras. A través de la introducción del racionamiento de emisiones de CO2 y de los planes nacionales de asignación de derechos de emisión han logrado que la falacia deje de ser tal. Ahora, para que puedan surgir nuevas industrias o para que las ya existentes puedan ampliar su producción más allá de los planes quinquenales hace falta que otra empresa reduzca la suya. Esta perversión del sistema capitalista supone el mayor coste del Protocolo de Kyoto. A su lado, el coste del pago de los derechos de emisión, actualmente siete veces el monto máximo prometido por Narbona, resulta insignificante.

Por un lado nos encontramos con empresas que no pueden crecer de la forma que les pide el consumidor o que no son capaces de invertir en nuevas tecnologías porque el pago de nuevos derechos de emisión para ampliar la producción les resta unos preciosos recursos que van a parar a manos de buscadores de rentas ajenas. Acerinox, por ejemplo, ha paralizado las inversiones en España y las ha potenciado en EEUU y Sudáfrica debido a este despropósito. Por otro lado tenemos un creciente número de empresas que, en vez de dedicarse a satisfacer al consumidor para lograr el máximo posible de beneficios, buscan el beneficio que ofrece la venta de derechos de emisión. El consumidor deja de ser el soberano en este juego siniestro que guarda la apariencia de economía de mercado. En los últimos días se ha sabido, por ejemplo, que la industria de la cerámica gallega ganó más el año pasado vendiendo derechos de emisión que produciendo para sus clientes.

El siguiente paso lógico en esta cadena intervencionista es ver cómo las industrias que sacan partido del racionamiento montan sus lobbies en Bruselas para que las decisiones políticas en torno a los derechos de emisión les sigan siendo propicias. Ahora los enemigos del capitalismo podrán decir con razón que vivimos en un sistema de suma cero, aunque éste no sea el capitalista, sino el que los ecologistas radicales nos han impuesto.

Con Conthe no han podido

De modo que sólo puedo imaginarme la sensación que produce tener la voluntad de imponerse sobre los demás y creerse con la capacidad de tumbar cualquier oposición, pero me da la impresión de que José Luis Rodríguez Zapatero la conoce perfectamente.

Fíjense, si no, en el caso Endesa. Acuerda entregársela a Gas Natural a 21,30 euros por acción, de los cuales se paga en dinero dos terceras partes, y financiando parte del coste con la venta de una parte de los activos a Iberdrola. Como quiera que ese acuerdo tiene sentido en un patio de colegio o de prisión, pero no en un mercado abierto, E.On ve la oportunidad de adquirir la empresa española a muy buen precio (27,50). Gas Natural no tiene con qué enfrentarse a la alemana, pero Zapatero sí, o al menos eso es lo que hace ver desde el comienzo.

Apela al nacionalismo; él, que no cree en España. Cambia la legislación para dar más poder a la CNE, ese organismo risible, y utilizarlo para hacer menos atractiva a E.On la compra de la española. ¿Qué en el "corazón de Europa" le dicen que allí los Tribunales no son como la fiscalía española? ¿Qué le recuerdan que no le van a permitir saltarse las leyes? Ahí se las den todas, mientras tanto tiene tiempo para imponerse.

Como E.On avanza impertérrita, mueve los hilos buscando alguna empresa española que la frene. Suenan varios teléfonos, pero es el de Acciona el único que da buen resultado. La empresa entra, pero no logra detener a los alemanes. El Gobierno barrunta un acuerdo de la empresa de los Entrecanales con E.On, y le basta con hacer mención de la regulación sobre energías renovables, la gran apuesta de Acciona, para que ésta responda en primer tiempo de saludo. No hay trato con E.On. Aún así, todo indica que los alemanes se llevarán el gato al agua, de modo que Zapatero pactó con Prodi la entrada de Enel.

Adam Smith ya advertía del error de quienes ven la sociedad como un tablero de ajedrez, porque aquí las fichas tienen su propio impulso. Nuestro iletrado presidente no lo ha tenido en cuenta y ha topado con un alfil rebelde: Manuel Conthe, que ya se había atrevido a poner en evidencia que un periodista de la SER fue el encargado de entregar en la CNMV un dossier contra Francisco González; un hombre así resulta imprevisible. Conthe, hasta donde yo sé, no es un hombre dado a compromisos. Y, hablemos claro, se ha negado a ser una pieza más en la estrategia zapateril y tiene más aprecio por su dignidad y su persona de lo que Zapatero es capaz de concebir. Como en todas, en esta historia hay un elemento que mantiene abierto el final: que hay personas que, como Manuel Pizarro o Manuel Conthe, no tienen miedo de alzarse sobre sus pies.

Progresismo verruguero

La LOGSE y sus secuelas normativas han realizado una imprescindible labor modificando las conciencias de las nuevas generaciones, pero entre la escuela y las listas del paro faltaba un eslabón formativo que campañas como la de la verruga Warren suplirán con creces.

Erradicadas de la enseñanza elemental cuestiones tan reaccionarias como el esfuerzo individual, el afán de superación y, sobre todo, la transmisión de los valores morales típicos de la cultura occidental, que tanto daño nos han hecho a las generaciones anteriores a la llegada de Rubalcaba y Maravall al Ministerio de Educación, era del todo punto necesario continuar esa labor de modelado espiritual en la fase postadolescente. En esa etapa tan crítica del ser humano es necesario cincelar la mente todavía inmadura del individuo con conceptos progresistas como interculturalidad, ciudadanía global, cooperación y paz, derecho a la emancipación y, por supuesto, el imprescindible desarrollo sostenible.

Hay que convencer a los jóvenes de que tienen derecho a una vivienda digna, es decir, a que el Gobierno les proporcione un picadero decente sin necesidad de recurrir al incómodo expediente de la okupación, a un empleo también digno (bien pagado y cerca de la casa de papá) y a que el mundo se convierta en un festival ecuménico de interculturalidad, mestizaje, tolerancia y buen rollito.

La campaña de la verruga Warren es extraordinaria, ya digo, sobre todo porque explica perfectamente la receta para conseguir todos estos derechos imprescindibles que tanto preocupan a nuestros jóvenes. Se trata de que la juventud abandone el egoísmo individualista y se lance en tromba a la defensa de los derechos colectivos a través de las múltiples asociaciones puestas en marcha por los acorazados de progreso.

Hay una escena en el anuncio de la verruga que esmalta admirablemente este concepto esencial. Una chica, en el colmo de la insolidaridad, acude a una entrevista de trabajo en lugar de implicarse en la lucha por un mundo más justo a través de movimientos sociales alternativos. Entonces, su egoísmo individualista es castigado por la verruga justiciera, que boicotea la entrevista con insultos hacia el empresario que pretende contratarla. ¿Qué deben los jóvenes aprender de esto? Pues que el involucrarse en la maquinaria capitalista a través del trabajo personal para disfrutar de comodidades burguesas es un grave pecado reaccionario, de ahí que la verruga del Consejo de la Juventud se vea en la obligación de putear a la insensata.

Debemos felicitar al Consejo de la Juventud, pues acciones como esta campaña de la verruga son absolutamente necesarias si queremos que nuestros jóvenes se conviertan en ciudadanos verdaderamente progresistas y, sobre todo, sepan lo que deben votar llegado su momento.

El Gobierno inflexible de Zapatero

Nadie con un mínimo de sentido común puede esperar del Gobierno que arregle la pobreza ni los problemas del mundo. Los países que han querido cumplir tales proezas siempre han acabado estando entre los más miserables de la Tierra: la URSS, Cuba o Corea del Norte son los ejemplos más visibles. ¿Qué nos hace pensar que este Gobierno es más sensato que todos los demás?

La única forma en la que actúan los Gobiernos es mediante las restricciones y el uso de la fuerza, el mandato absoluto e irrefutable, no habido excepción jamás. El gran problema es que las medidas de represión sólo funcionan, cuando lo hacen, al principio; después, el agente económico se habitúa a ellas o las esquiva como puede.

El carné por puntos es un ejemplo. Al principio indignó a mucha gente, pero ahora forma parte del paisaje. Los conductores se van acostumbrando a él y consideran un mal menor que les quiten puntos; es preferible a no coger el coche. Ante este cambio en los hábitos, el Gobierno no aprende y pretende fiscalizar aún más al hombre libre con más represión. Ahora Zapatero pretende endurecer las medidas en las carreteras secundarias, aumentar los radares y tramitar de forma automática todas las multas para poder cobrarlas de inmediato.

La nueva decisión del Gobierno podrá funcionar durante las primeras sanciones, pero luego las personas no acatarán las órdenes del dictador social, sino que intentarán esquivarlas o tomarán las sanciones como un mal menor. Tal y como ha sucedido con el carné por puntos, son preferibles a abandonar el coche. Y cuando esto ocurra, el Gobierno dará otra vuelta de tuerca y después otra, y otra. Al final, tal vez en unos años, el Estado nos obligará a colocar un distintivo en nuestro vehículo con un número que indicará el único día del mes en que podemos usar nuestro coche.

¿Le parece exagerado? Hace diez años era impensable que el Gobierno llegase donde lo ha hecho en la guerra contra el tabaco. La propia Elena Salgado ha reconocido en alguna ocasión que el objetivo es prohibirlo, pero que no se puede hacer de golpe. También era impensable que el Estado pudiese expropiar las viviendas de la gente si no las "usaba", y la tendencia va por ahí. En las listas de prohibiciones también está restringir los refrescos, alcohol o la bollería industrial, entre otros. Sanidad ha perdido algunas batallas, pero no la guerra. Lo que antes a muchos les parecía una intromisión inadmisible del Gobierno, ahora se empieza a ver como algo normal y en el futuro parecerá incluso necesaria. Lo podemos ver más claro con la libertad de armas y drogas. Hasta el siglo XX no existía en la mayoría de países ninguna guerra contra estos productos. Cuando empezaron, a muchos les pareció una medida inadmisible. Ahora, ya todos lo ven como necesario pese a que tales prohibiciones sólo causan más crimen e inseguridad.

Las medidas para "preservar el medio ambiente" van a ir en la misma dirección. Subirán impuestos a empresas, prohibirán productos, harán subir los costes y las multas aumentarán. Las empresas y particulares no cederán fácilmente a la extorsión del Gobierno y éste, en su divina visión, aumentará más las sanciones y la intransigencia.

Piensa Zapatero combatir la pobreza con más pobreza. Puede subvencionar a su electorado con dinero de los demás tanto como quiera, pero eso sólo le hará ganar votos, no aumentar nuestro bienestar. Y es que, en definitiva, cuando un político se muestra intransigente con temas que en realidad son externos a las funciones básicas del Gobierno, sólo quiere decir que será un Gobierno intransigente y tiránico.

Endesa y el capitalismo de Estado

¿Verdad que suena bien? Ni rastro de dirigismo político ni de intervencionismo reprochable. Pura y simple libre competencia.

Lo siento, pero cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

El caso Endesa es un ejemplo de lo que pasa no en un auténtico sistema capitalista, sino en el capitalismo corporativista, también conocido como neoliberalismo o capitalismo de Estado.

El capitalismo corporativista, a diferencia del liberalismo, se caracteriza porque el Estado utiliza su poder político para influir y orientar las decisiones de los individuos. Impuestos, subvenciones y regulaciones son sus rasgos diferenciadores. Es cierto que los individuos son libres para elegir, pero están sometidos a la fiscalización, la supervisión y el control del Estado.

La OPA de Gas Natural sobre Endesa estuvo diseñada desde el principio para pagar réditos electorales a los aliados del Gobierno socialista y manejar la compañía, merced al control que los políticos ejercen sobre las cajas de ahorro. El PP se opuso a la operación so pretexto de una supuesta concentración monopolística de poder, pero lo que pretendía era conservar su influencia en Endesa gracias a Caja Madrid.

Ya expliqué en su momento por qué desde un punto de vista liberal no cabía criticar la oferta de Gas Natural sobre Endesa por el tamaño resultante de la empresa, sino únicamente por el origen y el calado políticos de la operación. Por supuesto, para un poder político cualquier recurso a la demagogia es bueno, con tal de que satisfaga sus sus aspiraciones.

La aparición en escena de E.On, el 20 de febrero de 2006, pareció dar un respiro al PP y encabritó al PSOE. La oferta de Gas Natural parecía exigua ante lo que estaba dispuesto a pagar la alemana. Si todo terminaba así, el PSOE no podría cumplir sus compromisos y, lo que era peor, tomar el control de la primera eléctrica española.

Los engranajes del Estado se pusieron en marcha para tratar de obstaculizar la operación. Al día siguiente Zapatero se dirigía en tono mafioso a Bernotat para advertirle de que el Gobierno no aprobaba la OPA de E.On. En un sector tan altamente regulado como el eléctrico, Zapatero recordó a aquél que el marco regulatorio y la rentabilidad prevista para Endesa no eran "reales".

Dicho y hecho: unos días después, el Gobierno aprobaba un decreto-ley (recordemos que, según la Constitución, sólo pueden dictarse en caso de "extraordinaria y urgente necesidad") por el que se ampliaban las competencias fiscalizadoras de la CNE, controlada por el PSOE, para abarcar la OPA de E.On. Tal era la situación de acoso que, en la reunión que mantuvieron en abril Angela Merkel y Zapatero, la canciller alemana pidió al Gobierno español que respetase las reglas. Petición que, obviamente, el Ejecutivo socialista no atendió.

En julio, la CNE aprobaba unas durísimas condiciones para la OPA, entre las que destacaban la obligación de vender el 15% de los activos de Endesa y la de ceder algunos activos a empresas españolas.

E.On quería comprar; el Gobierno y la CNE, ponerle tantas trabas que finalmente desistiese de hacerlo. Tal fue la cacicada que incluso la ultraintervencionista Comisión Europea protestó airadamente y exigió que las condiciones fueran retiradas.

El Gobierno, consciente de que sus intenciones estaban quedando al descubierto y de que su táctica era insostenible, decidió entonces seguir un camino mucho más sibilino.

En los mercados de capitales es común que los inversores recurran a los brokers para ocultar su identidad. Así no descubren sus cartas; y si existen oportunidades de beneficio son capaces de aprovecharlas con disimulo. Pues bien, el Gobierno se buscó su propio broker: Acciona. Así, el 25 de septiembre la empresa de la familia Entrecanales compró el 10% de Endesa.

Recordemos que E.On comunicó su intención de adquirir Endesa el 20 de febrero. Siete meses después, la alemana no había adquirido ninguna acción de ésta, mientras que Acciona se hizo rápidamente con el 10%. La razón fue que la Ley del Mercado de Valores española, con la absurda excusa de proteger al pequeño inversor, obligaba a que toda empresa que quisiera adquirir más del 25% de una compañía lanzara una OPA.

Sin embargo, como vemos, el procedimiento para lanzar una OPA es lentísimo (y carísimo). Hasta el 16 de noviembre la CNMV no autorizó la oferta pública de adquisición. En todo este período Acciona pudo ir adquiriendo porcentajes inferiores al 25% de Endesa sin necesidad de lanzar una OPA y someterse a un proceso tan rígido. Así, el 20 de octubre ya controlaba el 20% de la compañía.

No es de extrañar que el Gobierno, inserto de lleno en este cambio de táctica, intentara lavar su imagen retirando buena parte de las condiciones que la CNE impuso a E.On. Simplemente, ya no las necesitaba.

El problema es que Acciona no podía comprar más de un 25% sin presentar una OPA, así que el Gobierno, tras reunirse en Ibiza con Prodi, concertó la participación de otro actor: la empresa pública italiana Enel, que adquirió en febrero de 2007 otro 10% de la compañía. Unas semanas después, Enel compraba hasta el 24%, de nuevo sin necesidad de acudir al lentísimo procedimiento de la OPA.

Aun cuando Endesa se encontraba ya en su práctica totalidad en manos de Enel y Acciona, E.On decidió a la desesperada aumentar el precio de su oferta hasta los 40 euros por acción, lo cual fue autorizado por la CNMV con la restricción de que no podría volver a incrementar el precio de la OPA. Siendo conscientes de ello, Enel y Acciona filtraron el rumor de que ya estaban dispuestos a lanzar una OPA a 41 euros la acción, deshaciendo así cualquier posibilidad real de E.On.

Si además tenemos en cuenta el profundo control que el Gobierno sigue ejerciendo sobre las empresas eléctricas españolas (hasta el punto de que fija sus precios), ¿a alguien le extraña que E.On decidiera retirar su OPA?

No, todo esto nada tiene que ver con un sistema capitalista. E.On no debería haber sido acosada con chantajes y regulaciones políticas; y, lo que es más importante, debería haber tenido la opción de comprar las acciones de Endesa en cualquier momento en que sus propietarios hubieran estado dispuestos a vender, sin necesidad de pasar por rígidas y lentas supervisiones.

El matonismo inicial del Gobierno dio paso al aprovechamiento de la ley en beneficio de quien ha sido capaz de bordearla: Enel, Acciona y el PSOE. Quien quiera ver en todo este despropósito un ápice de libre mercado, simplemente se equivoca. Una operación con futuro empresarial ha sido sustituida por otra cuyo principal reclamo son las recompensas por el buen servicio que pueda dejar caer el Gobierno español.

De momento, la historia, como ya predijera el pitoniso Zapatero, ha terminado con un final feliz para el Gobierno. Con todo el arsenal legislativo a su favor, lo extraño habría sido lo contrario.

Así que ya sabe: si quiere invertir en grandes empresas españolas, más le vale tener buenos contactos en las altas esferas políticas. Si no recurre a las burocracias corruptas, no obtendrá resultados, por muy rentables que pudieran ser. ¡Y a esto algunos lo llaman capitalismo!

El PSOE quiere a la SGAE como censora

Ya resultó alarmante que los primeros borradores de la propuesta de ley que reforma la LSSI, la Ley de Impulso (je) a la Sociedad de la Información (LISI), se autorizara a "órganos competentes" sin especificar a cerrar y bloquear el acceso a páginas web, una función que finalmente la LSSI del PP dejó en manos de los jueces, como no podía ser de otra forma. Cualquier alcalde podría pedir que cerraran un blog molesto. Cualquier monclovita con ánimos de censor –Moraleda, por ejemplo– podría cerrar Libertad Digital.

Sin embargo, todo es susceptible de empeorar. El último borrador especifica que con "órganos competentes" se refieren a la SGAE y demás entidades de derechos de autor. Los proveedores de servicios de Internet deberán obedecer las órdenes de Teddy Bautista cuando solicite no ya el cierre de un sitio web, sino incluso la desconexión de un usuario de Internet por hacer uso de las redes P2P.

No cabe duda de que la creación de la plataforma Todos contra el canon y su éxito en la recogida de más de un millón de firmas ha preocupado mucho al Gobierno. Es un asunto sobre el que los ciudadanos, sea cual sea su adscripción política, están de acuerdo. Ya se sabe que para Zapatero y los suyos lo único más importante que ofrecerles regalos a titiriteros y nacionalistas es ganar las elecciones. De modo que Clos y la Camarada Carmen Calvo Poyatos están haciendo el paripé de que no logran ponerse de acuerdo y posponiendo la decisión de cuánto y en qué productos se nos obligará a pagar el diezmo más allá de lo que permite la ley. Seguramente nos enteraremos del monto que habremos de pagar sumisamente a la SGAE  el 28 de mayo por la mañana, bien tempranito.

Así pues, si esta propuesta provoca el escándalo que merece, es posible, puede que incluso probable, que jamás se apruebe la ley en el estado en el que está ahora. Quizá se corrija incluso antes de llegar al Consejo de Ministros. Pero ya resulta significativo que hayan llegado a pensar en imponer algo así. Parece claro que la libertad en Internet molesta al PSOE y al Gobierno; no dudan en hacer propuestas más dignas de Cuba, Irán o China que de un país democrático. Que, ahora que lo pienso, son tres de nuestras amistades más cercanas desde que Moratinos y ZP dirigen nuestra política exterior. Al final, todo encaja.

ONGs y corrupción

Hoy sabemos que su presidente ha convertido a la ONG en Sodoma y Gamarra. Está claro que, para ser del todo honesta, a quien debió poner en los anuncios era su presidente, que es de los que piensan que la solidaridad bien entendida comienza por uno mismo.

Intervida, "aconfesional, apartidista, independiente", ha independizado una partida inconfesable de 45 millones de destino previsto hacia destinos más lucrativos como El Roure Construcciones, Argentina Inmobiliaria o (que no decaiga el humor) "Enriquecidos" Lácteos. Todo ello según los datos que maneja la Fiscalía Anticorrupción.

La corrupción es parte de la naturaleza humana y el hecho de que estas organizaciones hayan elegido como reclamo objetivos loables como acabar con la prostitución infantil o con la pobreza en el mundo (siempre es bueno hacer grandes promesas si quieres rascarle el bolsillo a la gente), no impide que ese negro rasgo de nuestro comportamiento aparezca en una ONG como en cualquier otro lugar.

Pero claro, es que ellos piden dinero en nombre de la ética. Nos inoculan una sobredosis de ese mal de Occidente heredado del cristianismo que es la culpa existencial, para luego ofrecerse como el analgésico más eficaz. Una pastillita de ONG todos los meses, y su conciencia no volverá a dolerle. El problema es que el sistema es corrupto. El donante quiere un poco de calma para su conciencia y se contenta con entregar un dinero periódicamente. Como además (aunque esto no lo sabe) no ha hecho objetivamente nada malo ni su vida contribuye a los males del mundo, no hay nada que pueda hacer o dejar de hacer que sea más fácil, y más efectivo para su conciencia, que dar dinero. Pero no tiene ni tiempo ni ganas de investigar qué ha sido, en realidad, de su dinero. La única fuente de la que le llega algo de información sobre el destino de su dinero es la propia ONG, la que se lo pide. Más analgésico. Afortunadamente, nos queda al menos la posibilidad de elegir entre las que inspiran más y menos confianza.

Ética y estética

Los seres humanos tenemos muy buenos sensores innatos de belleza aunque no seamos bellos. La vida suele ser más fácil para los guapos, aunque obviamente la belleza exterior no es la única característica interesante de las personas (sobre todo en el mundo cultural moderno). La psicología evolucionista explica la importancia de los procesos de selección sexual para la configuración genética de la mente de los seres humanos, de forma diferente en hombres y en mujeres por su distinto papel reproductivo: el aspecto físico es muy relevante, especialmente en las mujeres, porque es un buen indicador de juventud, salud y fertilidad. Es normal que las mujeres tiendan a preocuparse más que los hombres por resultar atractivas, y que se sientan inseguras si no lo son, ya que les costará más encontrar pareja o mantener la que tienen. En el programa aparecen muchas más mujeres que hombres porque la inmensa mayoría de los aspirantes son mujeres: los críticos ven un problema social de machismo.

La asociación "El defensor del paciente" ha pedido la retirada del programa. Tal vez haya suerte y la petición legítima no se transforme en exigencia violenta de prohibición de su emisión. Empar Pineda, portavoz de "Otras voces feministas" ha tildado al programa y a su publicidad de "sexistas y engañosos". No entiende que tal vez los consumidores de cirugía plástica saben lo que quieren y no son simples marionetas frustradas por una publicidad que les informa de una posibilidad de mejora (y no simplemente fomenta su insatisfacción).

Especialmente patética ha resultado ser la Organización Médica Colegial, presunta salvaguarda de la deontología médica y representante exclusiva (mediante la coacción legal) de los médicos colegiados de España, que ha cuestionado la ética médica del programa. "Debemos criticar la instrumentalización de la medicina en un espectáculo poco respetuoso con la dignidad de las personas"; recuerdan "la especial responsabilidad de no promover un concepto consumista de la salud, evitando despertar falsas esperanzas o propagar conceptos infundados"; "ponemos en duda la validez del consentimiento en pacientes que reciben un tratamiento médico gratuito a cambio de participar en un espectáculo mediático que rompe la tradicional intimidad y confidencialidad que debe rodear el ejercicio de la medicina". Intentan de forma penosa justificar su altanería moral por un presunto deber autoimpuesto; abusan del vacuo concepto de dignidad para absolutizar sus preferencias subjetivas particulares; caen en el topicazo antimercado del consumismo y acusan sutilmente de fraude; de forma paternalista creen que los pacientes no pueden decidir por sí mismos qué les conviene; creen que la intimidad y confidencialidad de la medicina son tradiciones obligatorias.

Muchos progresistas creen erróneamente que la naturaleza humana es infinitamente moldeable mediante la cultura, desconocen sus componentes genéticos universales y critican toda manifestación que vaya en contra de su ideal de humanidad. Los igualitaristas de la estética aspiran a un mundo en el cual la belleza sea irrelevante (tal vez proyectan sus propias frustraciones reprimidas) o poco importante (hacer a todos tener el mismo aspecto es complicado), o al menos que afecte por igual a hombres y mujeres (afán que quizás refleja el resentimiento de algunas feministas por no ser hermosas, o por que otras personas no valoren en ellas lo que ellas quieren que valoren). Si algunos se indignan por la desigualdad estética tal vez se deba a que no son físicamente agraciados y tienen envidia de quienes sí lo son (por herencia genética, por cuidar su aspecto o por pagar a un cirujano plástico para que los arreglen).

Una historia de la que aprender

La primera es que los liberales siempre hemos tenido razón abogando por la abolición de cualquier institución que pretenda regular la economía. La tiranía de las buenas intenciones sólo es la supremacía de la oligarquía política a expensas de las acciones descentralizas del hombre libre. Una sociedad que pretende encontrar su bienestar por medio de la imposición de la ley es una sociedad que jamás podrá funcionar bien ni conforme al principio de libertad y prosperidad.

La segunda, que las acciones humanas son infinitamente más complejas de lo que parecen y que los grandes salvadores de nuestras penas no son más que charlatanes y oportunistas que no hacen más que vendernos sueños que jamás van a cumplir ni tienen intención de convertirlos en realidad.

La CNMV, con casi 20 años a sus espaldas, jamás ha evitado un escándalo, ni ha mejorado la trasparencia del mercado, ni ha hecho tal cosa abstracta como velar por la buena formación de los precios. Lo cierto es que ha sido más bien al revés; la CNMV siempre se ha visto envuelta en un profundo obscurantismo, ha sido protagonista de venganzas políticas, decisiones partidistas y ha hecho cerrar a muchas empresas honestas con leyes que sólo tenían por misión aumentar los costes a las pequeñas firmas, los famosos "chiringuitos financieros", para reducir la competencia a las grandes compañías financieras. Corporativismo de libro. En los noventa a esto se le llamó "capitalismo de amiguetes", pero cuando esta forma de gestión política nació en la Italia de los años veinte se le llamaba economía del fascismo, esto es, el mantenimiento y organización de un mercado controlado por el Estado y sus instituciones.

A esto hemos de sumar los beneficios de la rentable extorsión al libre mercado, auténtica razón de la existencia de estas instituciones de control que a los políticos siempre se les olvida mencionar. En el año 2005, la CNMV obtuvo unos resultados positivos de 24,5 millones de euros, de los que la mitad terminó en las arcas del Estado. No está nada mal para una organización que no produce absolutamente nada.

Si algo deberíamos haber aprendido de la lección de Endesa es que la unión entre el Gobierno omnipotente y sus instituciones de fiscalización a la libertad sólo conducen al despotismo de la oligarquía política y al beneficio económico de sus grandes aliados. En el caso de Endesa, éstos han sido la eléctrica semipública Enel y la privada Acciona, muy próxima al entramado PSOE-PRISA y que ya acumula unos beneficios superiores a los mil millones de euros con esta operación. ¿Aún cree que si la CNMV u órganos como la Comisión Nacional de Energía (CNE) no hubiesen existido la situación habría sido peor? El Gobierno ya es de por sí suficiente molesto para la economía; no deberíamos permitir que monte organismos extra para crearnos más dificultades y problemas.

Energía sin cables

Por ejemplo, la demanda de la Fundación Mozilla contra Microsoft por violar en el Explorer 7 su patente sobre la navegación con pestañas, el bug en las últimas tarjetas de nVIDIA al que podíamos echar la culpa cuando falláramos un tiro o el sistema de banda ancha gratuita de Google a través de la red de alcantarillado, el proyecto Dark Porcelain.

En definitiva, que cuando supe de que una pequeña empresa había creado un sistema para enviar energía a pequeñas distancias vía radiofrecuencia, me pensé que era otra bromita. Pero resulta que no, Powercast presentó su tecnología en la última edición del CES, la feria tecnológica de Las Vegas, que tuvo lugar a primeros de enero. El ingenio, como cabe imaginarse, consta de dos módulos: el emisor y el receptor. El primero no tiene grandes misterios: emite a frecuencias muy bajas y emplea, según dicen, un algoritmo propio que le permite aumentar el alcance, que es de un metro, más o menos, sin requerir más energía.

Es en el receptor donde esta empresa ha solucionado el obstáculo con el que los investigadores habían chocado al intentar desarrollar esta tecnología. Las ondas de radio chocan con obstáculos y paredes y cambian levemente de frecuencia. El receptor, del tamaño de una moneda de 5 céntimos, es capaz de captar la frecuencia principal de emisión y las que tiene alrededor, recuperando hasta un 70% de la energía emitida. Su pequeño tamaño, además, garantiza que se pueda incorporar a los dispositivos actuales sin excesivos cambios de diseño.

Imagine que lleva usted su móvil en el bolsillo y, al sentarse delante del ordenador, o acercarse a una lámpara, o donde quiera que tenga el emisor, el teléfono se empiece a recargar. Con mil millones de terminales vendidas el año pasado, sin duda Powercast va a hacer negocio a poco que algunos fabricantes lo integren. Es decir, se va a enriquecer dando un servicio útil a los consumidores, que es la base del capitalismo. Y eso es sólo una de sus múltiples aplicaciones. La empresa ha firmado acuerdos también con fabricantes de MP3, audífonos, periféricos de ordenador como ratones y teclados o implantes médicos. Un marcapasos equipado con un receptor permitiría alargar su vida útil, algo especialmente valioso, dado que sustituirlo porque se le está acabando la batería requiere cirugía. Los primeros productos que incorporan esta tecnología los está desarrollando Phillips y verán la luz a finales de este año.

Pero mientras el capitalismo nos ofrece un nuevo invento, los burócratas siguen poniendo trabas a los de siempre. Como las cámaras digitales cada vez tienen más capacidad para grabar vídeo, la Unión Europea está pensando en clasificarlas como tales, lo que obligaría a que pagaran un arancel del 4,9%, del que estaban exentas hasta ahora. ¿Y por qué no clasificar las cámaras de video como cámaras de foto, si también pueden hacerlo? El avance de la tecnología va haciendo que cada vez más aparatos tengan más funciones. No tengan duda de que nos cobrarán a los consumidores el arancel más alto que puedan.