Ir al contenido principal

Obviar al Estado

El sistema económico en ocasiones es más justiciero que Harry el Sucio, y lleva al desastre a quienes no respetan sus principios, que no son otros que los de la justicia. Y la Seguridad Social quebrará, porque cada vez vivimos más años y proporcionalmente habrá menos gente obligada a soportar el sistema.

Esto se sabe de antiguo, y los economistas juegan con sus modelos sólo para predecir cuándo llegará el desastre. Uno de estos expertos es David Taguas, más desconocido incluso que su antecesor como director de la oficina económica del presidente, Miguel Sebastián, y que haciendo sus cuentas considera que la seguridad social empezará a acumular números rojos a partir del 2015 a más tardar. Y para evitar que se adelante la quiebra propone varias medidas que se pueden resumir en contribuir durante más años y cobrar menos. Como dice Jorge Valín, nos han mentido, y lo más a que pueden aspirar es a mostrárnoslo poco a poco.

No podemos confiar en que elegiremos unos políticos que no nos mientan en este asunto, porque la gran mayoría castigaría la verdad en las urnas, las cosas como son, y a los gobernantes les vale con que a ellos no les caiga la crisis social encima. El que venga detrás, que arree. De modo que lo que nos queda por hacer, aquí como en tantas otras cosas, es sencillamente pasar del Estado. ¿Qué no podemos dejar de contribuir a la seguridad social? Al menos lo que sí podemos hacer es ir creando con constancia y buen juicio nuestro propio patrimonio.

Hace tres meses, el Instituto Juan de Mariana publicó un feracísimo informe que mostraba que una familia podía asegurarse una renta más de adecuada en el curso de una generación. La exposición es sencilla: "la rentabilidad media de la Bolsa de Madrid que en las últimas décadas ha estado en torno al 10 por ciento. Si a ello le restamos tres puntos de inflación previsible, la rentabilidad real media rondaría el 7 por ciento". Se plantea el caso de que una familia haga una aportación inicial de 4.200 euros, que se aumentaría anualmente en un 4 por ciento. En 30 años y con un interés real del 7 por ciento acumularía un capital de 613.000 euros que le otorgaría una renta de 42.900 euros anuales. Es sólo un supuesto, y las posibilidades son enormes, pero da una idea del enorme poder que tiene el capitalismo y de lo que nos conviene participar de él no sólo como trabajadores.

En educación o sanidad ya nos estamos desenganchando de lo público, porque el fraude es inmediato, pero las pensiones son una promesa que para muchos ya está rota, aunque no lo sepan simplemente porque no ha llegado la hora de reconocerlo.

La seguridad armada no es ningún crimen

La respuesta la dio, en nombre de Saura, su jefe de Gabinete, Xavier Riu Sala, dejando claro que nosotros, los ciudadanos, no tenemos derecho alguno a defendernos y abogando por la omnipotencia estatal.

Es evidente que el Gobierno es incapaz de protegernos a todos, y no sólo eso, sino que no tiene interés alguno en tomarse el tema en serio. Sólo hace falta darse una vuelta por Cataluña para ver dónde está la policía. Sí que vigilan, pero no a los delincuentes, sino las carreteras para que los coches no pasen el límite de velocidad. También vigilan los lugares turísticos para poner multas express o fiscalizan a los peligrosos e incívicos top manta. A los clientes también los multan. Al Gobierno no le importa más que recaudar.

Pero ahora Saura ha tenido un nuevo plan para luchar contra la inseguridad. Ha cogido a 250 mossos d´esquadra que estaban en oficinas y los quiere poner a patrullar. La seguridad de Cataluña dependiendo de oficinistas. Clásica solución del Estado. Improvisar y poner en marcha el plan más ineficiente, costoso, absurdo y cortoplacista. Lo que no se entiende entonces, después de esta medida, son las declaraciones del president, José Montilla, dos días después, afirmando que no hay inseguridad alguna en Cataluña y que toda la culpa la tiene la prensa. Si no hay problema de seguridad ¿por qué hacen patrullar a oficinistas o carceleros teniendo que contratar después seguridad privada para vigilar las cárceles? Sólo le hace falta movilizar a los jardineros de Parcs i Jardins para que patrullen con su azadón. Luego contratarán a una empresa privada de jardinería para que haga el trabajo de los nuevos "polis" improvisados.

¿De verdad confía más en estos políticos y sus métodos chapuceros que en usted mismo? Los criminales siempre van armados; las leyes contra las armas sólo desarman a la gente honrada, a los que cumplen la ley. A modo de ejemplo, fíjese en una noticia de esta misma semana. La Guardia Civil ha desmantelado una red dedicada al tráfico de armas a través de Internet. ¿Cree que sus clientes eran padres de familia responsables? No, probablemente todos ellos fuesen delincuentes en activo que no hacen caso alguno ni al reglamento de armas ni al código penal. Un arma de fuego le mantiene a usted y a su familia las 24 horas del día protegido sin depender de las alucinaciones de ningún burócrata con aires de Dios de la humanidad.

Saura también cayó en otra contradicción con sus declaraciones a favor de las drogas. En esta ocasión dijo una gran verdad: "legalizar las drogas no quiere decir estar a favor de que la gente las consuma, sino que comporta un conjunto de medidas para tratar de acabar con el narcotráfico y las enfermedades". Cuando en los Estados Unidos de los años 20 el Estado impuso la Ley Seca, se produjeron medio millón de detenciones, dos mil muertos por choques entre bandas, 35.000 muertos por intoxicación etílica y Nueva York pasó de tener 15.000 bares legales a 32.000 tugurios clandestinos. Volvió la legalización del alcohol y todo volvió por donde solía. Posiblemente si legalizaran y liberalizaran las drogas pasaría lo mismo, y si desregularan la tenencia de armas, evidentemente, el crimen disminuiría.

Los criminales siempre acuden a las sociedades indefensas (vienen de la otra punta de Europa a robar aquí), no a aquellas donde la gente tiene la capacidad de defenderse con sus propios medios. Comparemos por ejemplo Estados Unidos con su vecino Canadá y con el Reino Unido, al que se asemejan en cultura. Según John Lott, reconocido estudioso de la seguridad, en Estados Unidos los asaltos a las casas con propietarios dentro (de noche generalmente) representan el 13% del crimen total. Los asaltantes saben que un alto porcentaje de la gente está armada en casa y no se atreven a entrar por el riesgo que les comporta, cuando lo hacen, se aseguran que no haya nadie. En Canadá y Reino Unido, países con un fuerte control de armas, este porcentaje se dispara hasta el 50%. En España lo estamos viviendo ahora. Sabiendo el celo que mantiene el gobierno por el desarme civil, los ladrones esperan a que los propietarios estén todos dentro para asaltarlos, darles una paliza y obligarles a que les digan la combinación de la caja fuerte y lo que se les antoje en ese momento. ¿Es esta la seguridad que quiere Saura?

La posición de Saura y compañía se basa en prejuicios, dogmatismo e ideas trasnochadas que sólo incentivan el crimen. Es muy triste que un gobernante apoye esto. Parece que prefieran ver a una mujer degollada en su casa o violada brutalmente antes que verla empuñado un arma contra su agresor para defenderse. Evidentemente, la "solución" políticamente correcta no es el remedio. Hemos de ser nosotros quienes tengamos la opción de elegir cómo defendernos, y el Gobierno la obligación de permitirnos esta legítima opción desregulando y liberalizando la tenencia de armas. Así trabajarían de verdad contra los criminales.

Quitándole las puertas al campo

Ese sistema se convirtió en "La Música", cuando no era más que un modo particular de hacer negocio con ella. Un modelo perfecto en su momento, pero que se había quedado obsoleto.

Cuatro grandes discográficas se reparten el 70% de la cuota de mercado y, básicamente, toman las decisiones importantes para la industria. En 1999, cuando Napster fue creado, pudieron competir con él. Una tienda digital con precios bajos podía haber diluido la importancia del invento de Shawn Fanning. Pero decidieron acudir a los tribunales, con el resultado de que la creatividad de otros programadores creó otras redes P2P más eficaces y, sobre todo, más inmunes a los abogados, de las que BitTorrent y eMule son sus últimas encarnaciones. En lugar de acostumbrar a sus clientes a comprarles la música vía Internet, les pusieron unos precios prohibitivos (especialmente si se comparan con la gratuidad) y unas restricciones de copia que denominadas DRM, que les impedían escuchar cómo y dónde quisieran las canciones compradas, algo que sí podían hacer con los CD. Y con la música descargada gratuitamente, claro.

Cuando Steve Jobs puso en el mercado el iPod lo acompañó de una tienda en Internet llamada iTunes. Para ello logró convencer a la industria con un sistema propio de restricciones de copia que, aunque disponía de la mayor flexibilidad permitida hasta ese momento por las discográficas, seguía en clara inferioridad con respecto a los ficheros MP3, que carecían de limitaciones de ese tipo. Pese a la relativa popularidad de iTunes entre las tiendas de música online, Steve Jobs mostró la semana pasada los números del fracaso del DRM en un artículo en la web de Apple: sólo el 3% del contenido de los iPod había sido comprado en ella. Así pues, llegó a la única conclusión posible: ya que es un fracaso, lo mejor sería abandonar esos sistemas absurdos que hacen que un cliente que ha comprado música por Internet pueda hacer con ella menos cosas que quienes se la han descargado del eMule o el BitTorrent sin pagar ni un duro.

Jobs expuso, además, un hecho dramático. El 90% de las ventas de las empresas discográficas, es decir, los CD, carecen de protecciones como el DRM. Y, claro está, la gente los copia, los convierte en MP3 y los comparte en las redes P2P. Sin embargo, las compañías siguen obligando a las tiendas digitales a poner restricciones a los ficheros musicales y a vender a unos precios ridículamente altos. Sus clientes ya se han acostumbrado a descargar música y, lo que es aún peor, han dejado de sentirse culpables por ello al ver como las mismas empresas que quieren venderles música los tratan de delincuentes y hasta los persiguen judicialmente.

Las discográficas no pueden dar marcha atrás al reloj y volver a 1999 para corregir sus errores. Pero pueden al menos intentar salvar los muebles. La decisión de EMI de empezar a vender su catálogo musical en MP3 y sin DRM es un paso en la dirección correcta. Las demás discográficas no sólo deberían imitarlo sino ir más allá reduciendo los precios. Tiendas como AllOfMP3 deberían ser la regla, y no una perseguida excepción. Es la única manera de volver a cobrar algo, aunque sea poco, a quienes ya no se compran un CD ni por equivocación.

Cuando la ciencia es un invitado incómodo

Su llegada ha coincidido con la presentación del primer informe del IPCC de esta Cumbre del Clima. El primero de ellos es el resumen para políticos, escrito también por políticos: delegados de centenar y medio de países han escogido lo que más les interesaba del informe científico preliminar y con ello han elaborado su mensaje: "El calentamiento global es culpa del hombre, pero por fortuna estamos nosotros para salvarle y redimirle".

Lo característico del caso es que, según está previsto en el IPCC y ha ocurrido en las anteriores cumbres, está previsto que el informe científico definitivo, en lugar de recoger sólo las conclusiones de los científicos, se tenga que adaptar a las que se han escrito para el resumen. De este modo se da la paradoja de que los políticos dicen seguir las desinteresadas consideraciones de los científicos, cuando son éstos los que se tienen que adaptar a los primeros.

El problema está en que la ciencia no tiene una opinión unívoca sobre la medida en que se esté produciendo el calentamiento de nuestro planeta, y mucho menos sobre la medida en que el hombre esté contribuyendo a ella. Por ejemplo, en el borrador del informe científico, antes de que se adapte en su redacción final a los caprichos de los políticos, revoca lo dicho en el anterior, de 2001.

Las previsiones de subida del nivel del mar se han reducido a la mitad. Se reconoce que en el anterior informe se exageró el papel del hombre en el calentamiento en un tercio como mínimo. La Antártica no pierde hielo, de acuerdo con el informe, y en contra de lo afirmado en 2001.

Pero la política sigue su curso, imponiendo un esquema de racionamiento (Kioto) cuyo único efecto previsible es que nos hará más pobres. Ello dañará el mejor método que hemos encontrado para progresar y mejorar el medio ambiente al mismo tiempo: la apuesta por tecnologías a la vez más productivas y más limpias.

La tea de la Salgado

Los socialistas se están convirtiendo en esa figura intolerante y paternalista que quiere prohibirnos todo y que ellos siempre han achacado a la Iglesia y a la derechona. Será que se han intoxicado con el veneno de su memoria histórica. O será que a base de hacer memoria, con lo que se han encontrado es con su vena totalitaria toda desnudita. Al final, nos tendremos que escapar a Perpiñán, como antaño, pero no sólo para poder ver películas pornográficas, sino para poder llevar una vida normal.

Porque el resultado de todo esto es que las cosas más cotidianas quedarán fuera de la ley, y el ciudadano normal vivirá con la incómoda sensación de estar por una cosa u otra en el borde de la legalidad, pero por fuera. En una sociedad libre hay muy pocas cosas prohibidas y se refieren siempre a atropellar los derechos de los demás. Y si no incumple las normas, se puede sentir siempre seguro de sus derechos, porque tiene el pleno respaldo de la ley. Si todo está regulado, si hasta tomar un vino en España se mira con mal gesto desde la Administración, uno tiene la sensación de estar saltándose la ley a cada paso. Y pasamos de ser ciudadanos con derechos a ser bultos sospechosos.

No debemos ceder, y nuestro deber como ciudadanos consiste en saltarnos estas normas cuando nos convenga y mirarles a ellos, a los miembros de este Gobierno, como los sospechosos. Porque les dejas sueltos, como en Cuba, y te prohíben la homosexualidad o cualquier otro comportamiento privado. Ahora puede parecer una locura, pero si alguien hubiera dicho en la época de la movida madrileña que los socialistas nos iban a prohibir fumar, beber vino y anunciar hamburguesas le habrían tomado por loco. Hemos llegado al punto de que no nos hacemos a la idea de cuánta libertad estamos perdiendo.

Esto es lo que ocurre cuando se abre el camino a los crímenes sin víctima, es decir, a aquellos comportamientos que no atentan contra la vida o la propiedad de otros, pero que se criminalizan porque sí, porque a la autoridad se le antoja. Cuando se convierten en crímenes comportamientos que son consensuados, como la prostitución, el consumo de ciertas drogas, el juego etc, ya no hay límite; cualquier cosa puede entrar en el Código Penal o puede ser multada o perseguida hasta el fin. En los crímenes reales el daño sufrido por la víctima define el crimen. Aquí, como el perjuicio es para "la salud pública" o cualquier otro "fin social" sin más contenido que el que se le antoje a un ministro, no hay límite a lo que nos pueden prohibir.

No visitó la playa de Algeciras

Pero miren por donde, el asunto acabó gustándole al segundo de Clinton y al final ha hecho hasta una película y todo. No sólo eso; gracias a sus constantes desvelos por salvar al mundo, lleva una temporada siendo paseado bajo palio por medio planeta. La última escala ha sido en Madrid, donde su Alcalde le ha hecho los debidos honores. No importa que en el problema del calentamiento global no exista consenso científico sobre sus causas y, lo más importante, que no esté demostrada en absoluto la existencia de un origen antropogénico. Pero la realidad no importa. Si lo dicen los progres la derecha aplaude y contesta amén.

En la reciente huelga energética de cinco minutos para salvarnos de nosotros mismos, no fueron pocos los ayuntamientos e instituciones gobernadas por el Partido Popular que se sumaron a la fiesta apagando los ordenadores y las luces, con grave perjuicio para la actividad laboral de sus funcionarios, que a eso de las ocho de la tarde es prácticamente febril.

La ministra Narbona y ZP también están, faltaría más, encantados de escuchar los vaticinios apocalípticos del profeta clintoniano, y para ayudarle a sobrellevar su pesada carga han decidido comprar su película para enseñarla en los colegios (tendrán que arrancar a mis hijos de mis manos yertas si quieren que vayan a ver esa película de cine de terror).

Sin embargo no hay que comprar productos de Hollywood para despertar las conciencias infantiles. De hecho, tengo entendido que hay en Algeciras ahora mismo unos magníficos exteriores para rodar un documental sobre cómo resuelven las administraciones progresistas los desastres ecológicos, con un chapapote playero de lo más efectista. De forma incomprensible, a ese lugar no se acercan ni ZP, ni la ministra Calvo, ni la Narbona. Y luego querrán que los demás apoyemos el cine español.

Demagogia Gore

En el lado de la ciencia podemos comprobar que IPCC reconoce que, en el informe de 2001, la influencia humana estaba sobreestimada y admite que, como decían los escépticos, la Antártica no está perdiendo hielo. Y es que nuestro conocimiento de la influencia sobre el clima de factores como el vapor de agua o la actividad solar es todavía muy limitado, al igual que lo son los modelos informáticos de predicción climática que preveían fuertes calentamientos en los dos polos.

De todo eso no nos habla Gore, porque la ciencia no parece interesarle tanto como el catastrofismo que otorgue carta blanca al intervencionismo político. Después de todo, eligió como asesor científico a un alarmista llamado Paul Ehrlich, que aseguró que, "antes del año 2000, unos 65 millones de norteamericanos" perecerían por inanición debido al sistema capitalista.

Gore intenta ocultar que existe un interesantísimo debate científico sobre el futuro del clima en la Tierra y las causas de sus cambios. Y, como no podía ser menos, ZP se ha apresurado a poner las mentes de nuestros escolares sobre el altar del fanatismo ecologista y adoctrinarles con el vídeo del ex vicepresidente. Lo cierto es que, más allá del importante debate científico, el mayor coste del Protocolo de Kioto está siendo el empobrecimiento de buena parte del Tercer Mundo, donde los recursos malgastados en Kioto perjudicarán el desarrollo energético en vez de paliar problemas como el sida o la malaria, que matan hoy a millones de personas.

¿De verdad alguien piensa que una posible subida del nivel del mar de 40 centímetros en cien años es más importante que producir energía en los países subdesarrollados o erradicar grandes lacras? En España, sólo el coste directo de los derechos de emisión supone, según Medio Ambiente, 1.953 millones de euros, 4,7 veces más del coste máximo prometido por Narbona para acallar las críticas a la aplicación del Protocolo. Eso sin contar con las distorsiones productivas que está provocando.

Y toda esta sinrazón, ¿para qué? Pues para casi nada, porque Naciones Unidas admite que, aunque todos los países cumplieran, la reducción de temperaturas que podría lograrse sería de tan sólo 0,07 grados centígrados. El colmo es escuchar a Eduardo Zaplana decir con orgullo que fue el Gobierno del PP el que firmó un irracional acuerdo de racionamiento que pone el techo de emisión por habitante en nuestro país en la mitad de países como Irlanda. Y es que la demagogia no sabe de partidos políticos.

Verdades sobre el empleo que el Gobierno oculta

Pese a todos los recursos que ha despilfarrado el Gobierno en asegurar el empleo indefinido, el temporal no ha hecho más que aumentar a lo largo del 2006, casi un 34%: la tasa más alta de la Unión Europea. A esto se suma que las bonificaciones que ha aplicado el Estado a las empresas para los contratos indefinidos tienen fecha de caducidad. Durarán cuatro años, y a partir de ese momento los nuevos empleos fijos van a tener un mayor coste para las empresas, y si España se encuentra en una situación económica poco favorable, tendremos que pagar un precio muy alto por estas estrategias cortoplacistas del Gobierno.

España también tiene una de las tasas de empleo (relación de la población ocupada y total en edad de trabajar) más bajas de la UE: un escalofriante 66%, y lo peor de todo es que apenas se incrementa con el tiempo. Las cosas no mejoran si miramos la comunidad de inmigrantes, cuyo desempleo supera el de los españoles en cuatro puntos. Ahora están en un 12%, según la EPA, tras haberse incrementado más de un 42% en el 2006. Muchos inmigrantes han venido a España a trabajar para labrarse un futuro mejor y se han dado cuenta que lo pueden conseguir trabajando en la economía sumergida y cobrando mientras tanto las prestaciones de turno. Son las leyes paternalistas e irresponsables del gobierno las que causan este tipo de situaciones.

Mientras tanto, el INEM sigue siendo un pozo de ineptitud sin fondo; sólo el 18% de los parados apuntados en él tienen posibilidades de encontrar algún empleo. En la otra cara de la moneda vemos como los colocadores privados de trabajo, las ETTs, son los que dan auténticas soluciones al desempleado dando trabajo al 15% de los inmigrantes e incluso son el salvavidas del Estado, que recurre a ellas para pedirles ayuda.

Como siempre, las palabras de los políticos no tienen nada que ver con la realidad. Mientras nos dicen que laboralmente estamos como nunca, nuestro salario medio es el mismo que el de 1997, el desempleo juvenil es uno de los más altos de la UE y el Gobierno no hace más que poner impedimentos a los nuevos empresarios con más burocracia. España es el cuarto país de la OCDE donde más difícil es abrir un negocio. Con esta situación no es de extrañar que los españoles nos endeudemos día a día para poder tirar adelante sacrificando un ahorro precioso y sufriendo nosotros, no Caldera ni su gabinete, las inevitables consecuencias de su torpeza. El equipo de ZP no tiene estos problemas, sus sueldos les dan para vivir muy bien.

Así como dejaríamos de confiar automáticamente en un gestor que nos hubiese recomendado comprar acciones de Enron en su peor momento, ¿por qué hemos de creernos las promesas y soluciones mágicas del Gobierno aún fallando una vez tras otra? El auténtico problema del mercado laboral en este país es el Gobierno. Si queremos tener un mercado laboral ágil, dinámico y próspero sólo hemos de quitar las manazas de los políticos de nuestros trabajos y asuntos laborales. Sólo entonces tendremos prosperidad, y sin que nadie nos la garantice con leyes que parecen muy bonitas pero que, como comprobamos todos los días, sólo significan pobreza.

Películas Gore de vísceras climáticas

Los climatólogos predicen, con sus todavía limitados datos y modelos, que la temperatura media del planeta puede aumentar en torno a dos grados en los próximos cien años, debido en parte al crecimiento de la concentración atmosférica de gases de efecto invernadero por el uso de combustibles como petróleo, carbón y gas natural (además de cambios de usos del terreno y otras variables naturales como la actividad solar o los volcanes). Las predicciones de mayores incrementos no son realistas, pero se enfatizan para llamar la atención. Los climas locales pueden variar de formas diversas, pero el efecto general es que el incremento principal de la temperatura se produce en las zonas y momentos más fríos (latitudes altas, en invierno y de noche). Seguramente habrá más olas de calor, pero también disminuirán las olas de frío (¿por qué será que esto no se menciona mucho?) y se alargarán las temporadas útiles para la agricultura.

Se habla mucho de la temperatura, pero es un factor al que el ser humano se adapta con facilidad, como muestran las estaciones y los viajes entre lugares con climas distintos. Más importante es el régimen de precipitaciones, que tenderán a aumentar (más calor, más evaporación, más lluvias), aunque localmente puedan empeorar las sequías. El problema del agua, sin embargo, no es que no llueva, sino la falta de derechos de propiedad y un mercado para ella, que es lo que provoca el despilfarro agrícola y las peleas entre comunidades por recibir agua gratis o fuertemente subsidiada.

La incertidumbre es alta respecto a la incidencia sobre los fenómenos climáticos extremos (huracanes, inundaciones). Las aseguradoras alertan de los incrementos de los pagos por daños, pero estos se producen principalmente porque cada vez hay más riqueza asegurada. El crecimiento del nivel del mar será de unos pocos milímetros por año, sobre todo por expansión térmica (dilatación), y no tanto por fusión de hielo. No importa que el Ártico se derrita porque es hielo flotante: Groenlandia no está cambiando mucho y la Antártida tampoco. Un proceso tan lento y suave no es una amenaza terrible para la especie humana. Nada que ver con un tsunami.

Los ecologistas intervencionistas no parecen aceptar que el cambio climático puede tener efectos positivos. Los problemas los tienen las personas según sus circunstancias y valoraciones particulares, y algunos preferirán más calor y otros más frío. Si tuviéramos el poder de decidir el clima, ¿cómo debería ser? ¿Debería ser un delito alterarlo? ¿No hay agresiones más directas y serias?

Los progresistas suelen hablar de cambio y revolución, pero respecto al clima se transforman en reaccionarios: parece que casualmente vivíamos en un óptimo climático que no debemos alterar por ningún motivo, no importa el coste. A no ser que ese precio sea emplear la demonizada e incomprendida energía nuclear, momento en el que a muchos les puede la fobia e insisten en el viento (que sopla cuando quiere y no precisamente cuando hace falta) y el sol (que nos da mucha energía pero muy difusa) como fuentes de energía del futuro. Pero vivimos en el presente y aunque son técnicamente factibles aún son mucho más caras.

Para intentar cubrir el flanco económico recientemente se ha publicado el informe Stern, que ahora los ecolojetas repiten como un mantra: "1% de costes, 20% de beneficios". Se trata de un encargo político cuyo resultado final se consigue manipulando datos y modelos, o sea, haciendo trampas: exagerando los daños, minimizando los beneficios, minusvalorando la capacidad espontánea de adaptación (la no dirigida por los políticos) y, sobre todo, falseando las preferencias temporales de los individuos (preocuparse más por el presente que por el futuro lejano).

El ecologista escéptico Bjorn Lomborg (con quien Gore y muchos otros no se atreven a debatir) ya elaboró hace pocos años su proyecto de Consenso de Copenhague, en el cual prestigiosos científicos y economistas indicaron que evitar el cambio climático era el objetivo colectivo menos inteligente a intentar debido a sus enormes costes e inciertos y escasos resultados. Hay posibilidades más serias para ayudar a la humanidad como las enfermedades (malaria, sida), la pobreza, el agua potable, el hambre…

Los críticos de la moda ecologista solemos ser acusados de mercenarios a sueldo de oscuros intereses (tan negros como el petróleo y el carbón). Aparte de que es casi siempre falso, que fuera cierto no eliminaría la necesidad de rebatir los argumentos. Y conviene no olvidar que en esta campaña contra el cambio climático no sólo hay ingenuos moralistas empeñados en decirles a los demás cómo vivir (siempre consumiendo menos), también abundan los desvergonzados cazadores de rentas (subsidios a las energías renovables, regulaciones que dañen a la competencia, etc.).

Según Gore, "tenemos que preguntarnos cómo queremos que nos recuerde la historia. Si como los que fallamos y destruimos el planeta o como una generación grande que tuvo valor para hacer cambios difíciles". Megalómano como es, asume que la historia va a recordarle y vive para ello. Pero alterar el planeta no es sinónimo de destruirlo, que es bastante más difícil de lo que parece. Ya que menciona al futuro (nuestros hijos y nietos dan el toque emocional adecuado), conviene pensar que el crecimiento de la riqueza es tal que las generaciones futuras serán mucho más ricas que nosotros y les costará entender cómo tanta gente quería que los pobres actuales se sacrificaran en favor de los ricos del futuro.

También para el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el cambio climático es "el reto más importante de la humanidad". Una lumbrera. Ya han propuesto a Al Gore para el Nobel de la Paz y el Príncipe de Asturias. Qué bajo han caído algunos galardones.

Los ordenadores siguen sin predecir el calentamiento

Sin embargo, los males que nos anuncian y que han sido aceptados acríticamente por los medios de comunicación, de izquierda y de derecha, no parece que estén sostenidos por el borrador del informe completo, puesto que lo que se ha publicado hace unos días no es más que el resumen para políticos hecho por políticos.

Pero, sobre todo, me preocupa como columnista en esta sección de Intenet el mal nombre que puede recibir la informática por el mal uso de los modelos computerizados como bola de cristal. Como ya indiqué hace cuatro años y medio en estas mismas páginas web (hay que ver cómo pasa el tiempo), los ordenadores no pueden predecir el calentamiento global. No piensan solos, por más que pueda parecer que están continuamente pergeñando formas de arruinarle a uno el día. Se limitan a realizar cálculos empleando los datos con los que se le alimenta en fórmulas matemáticas que se le han programado. Si los datos o las fórmulas son incorrectos, el resultado también lo será. Como es el caso de los modelos climáticos.

La climatología es una ciencia harto compleja, porque debe estudiar cientos de variables que interactúan entre sí de formas que desconocemos. Por ejemplo, el efecto directo del CO2 en la temperatura está más que estudiado y es algo en lo que no hay científico que yo conozca que esté en desacuerdo. Es bastante poco. Lo que sucede es que ese aumento en su concentración puede afectar a otros factores de múltiples maneras y no sabemos realmente cómo. De modo que se hacen modelos climáticos para simular "qué pasaría si" las hipótesis que tenemos son correctas. Si metemos los datos que tenemos y esas hipótesis y nos dice que el año que viene la temperatura media va a ser de -15ºC deduciremos que lo hemos hecho mal. Lo mismo si nos da 50ºC, a no ser que uno sea activista de Greenpeace. Pero, claro, los modelos de los que merece la pena hablar dan resultados más o menos plausibles. Y, sin embargo, fallan, porque no son más que hipótesis.

Tomemos, por ejemplo, los modelos con los que nos asustó la ONU en el año 2001. Predecían que en 2006 la cosa se habría calentado ya algo. Y resulta que no, que el aumento de temperatura ha sido de 0,03º, dentro del rango de error estadístico o, lo que es lo mismo, no puede decirse que haya subido. Tampoco predecían el enfriamiento que han sufrido los océanos desde 2003 y aseguraban que el nivel de los mares iba a crecer mucho más de lo que las mediciones muestran. Ni que la concentración en la atmósfera del metano, otro de los gases de efecto invernadero, iba a frenar su crecimiento a partir de 2001. Dicho de otro modo, los mejores modelos de hace seis años han fallado cual escopeta de feria. Pero no por culpa de los ordenadores, pobres.

Habrá que ver si los seis modelos del informe de este año superan la prueba. Los dos más catastróficos, y que por tanto son los que se emplean para los titulares de prensa, pueden darse ya por fallidos. Suponen que en 2100 seremos 15.000 millones de personas, un extremo que desmiente la misma ONU, cuyos demógrafos estiman que llegaremos como mucho a los 10.000 dentro de 40 años y luego la población empezará a descender. Pero fallan especialmente al no tener en cuenta lo más importante. Nadie sabe cómo será la ciencia y la tecnología en el año 2100. Lo más probable es que se rían de nuestra preocupación con el CO2 como nos reímos ahora de la honda preocupación que a principios del siglo XX se tenía con el aumento de los excrementos de caballo en las ciudades y sus posibles consecuencias en el 2000. Eso, se lo digo yo ya, no se puede predecir con ningún modelo informático.