Ir al contenido principal

Zapatero, ¡aprende de Prodi!

Los cambios le están costando muchas quejas, no de los consumidores, que están encantados, sino de los que quieren retener sus privilegios estatales en detrimento del ciudadano. Pese a ello, Prodi ha querido ir más allá y esta misma semana anunciaba que el gobierno ha aprobado un "estricto" presupuesto para el 2007. Una medida será hacer pagar una cantidad de dinero a aquellas personas que vayan a urgencias innecesariamente y obliguen a desperdiciar recursos y tiempo a los que están enfermos de verdad. También ha tomado una fantástica medida que tendrían que copiar todos los países del mundo: ha reducido un 30% los abultados sueldos de sus ministros, suyo incluido.

¿Tiene algo que ver la izquierda de Zapatero con la de Prodi? Ni mucho menos.

1. Zapatero pasa de todo y se sube el sueldo año tras año. Además recientemente los políticos españoles se auto concedieron más "derechos señoriales", y esto sin contar con casos como el de Maragall, que se ha otorgado una pensión de retiro de 125.000 euros. Así da gusto ser socialista.

2. La izquierda de Zapatero, a diferencia que la de Prodi, prefiere gastar nuestro dinero en cosas que pasaron hace setenta años y que todo el mundo menos él ha superado. Así, ha propuesto la ley de la memoria histórica, nos ha costado 60 millones de euros que no pagará Zapatero, sino nosotros. Curiosamente el mayor perceptor de esta ley (entre partidos, organizaciones sindicales y particulares) ha sido el PSOE, con 10,7 millones de euros. ¡Qué casualidad!

3. A igual que Prodi, Zapatero también se ha retirado de Irak, pero éste nos ha metido en todos los conflictos armados que le ha dado la gana porque, según él, son conflictos y guerras "legales", esto es, autorizadas por Naciones Unidas, esa organización que sólo destaca por su ineptitud y criminalidad, escándalos de corrupción, recurrentes actos de trata de blancas, violaciones, drogas, irregularidades casi surrealistas y un sinfín de porquerías más.

4. La izquierda de Zapatero también nos prometió más seguridad, por eso hay un auténtico pánico creciente con la inseguridad ciudadana y el año que viene el estado tiene previsto ingresar con el nuevo carné por puntos 322 millones de euros en multas, un 46% más que este año. ¿Realmente cree que hay tantos "malos conductores" como para pagar esa cantidad? Con esta nueva ley todos los conductores son potenciales víctimas del presidente: los buenos, los malos y los regulares, no es más que una ley recaudatoria.

5. Otra proeza de la izquierda de Zapatero ha sido subir la presión fiscal e impuestos en un tiempo record: dedicamos más de cuatro meses de nuestro trabajo anual al pago de impuestos, o dicho de otra forma, más de una tercera parte de nuestra vida la hipotecamos sin que nosotros queramos para mantener al estado y a toda su parafernalia. Si le parece poco, tranquilo, porque las nuevas subidas de impuestos ya programadas para el año que viene aumentarán esta cuota.

6. La visión absolutista de Zapatero también ha reducido la libertad de forma evidente y partidista con órganos de censura como ley audiovisual, la ley anti–tabaco, la nueva ley de enseñanza, y ahora quiere controlar las llamadas telefónicas y bloquear discrecionalmente el tráfico por Internet.

7. Ha colocado en los principales órganos reguladores a sus amigos que hacen todo lo que les dice, ha preparado y manipulado estrategias empresariales como la fallida OPA sobre el BBVA y el acoso a Endesa.

8. Mantiene un estado policial en el control fiscal que un juez del Supremo, Manuel Vicente Garzón Herrero, no ha dudado en llamar "Guantánamo Tributario" tildando de ilegales las nuevas normas y atribuciones de Hacienda. A ver cómo acaba, el juez, claro.

9. Y para colmo, los presupuestos del 2007 sólo engordan más al Estado. Y los excesos no se acaban aquí, son interminables.

Las medidas de liberalización de Prodi no son ninguna panacea. Italia sigue siendo un país muy intervencionista y no tiene ninguna intención de dejarlo de serlo, pero al menos Prodi está tomando un camino que difiere totalmente del socialismo cerrado y autoritario de Zapatero. El socialismo a la italiana se va abriendo lenta y poco a poco a la realidad y a la globalización. Por el contrario, la izquierda de Zapatero evoluciona hacia atrás: hacia la omnipotencia estatal, hacia el control absoluto del poder político en total detrimento de la libertad individual y al saqueo masivo de nuestros bolsillos.

Señor Zapatero, que le hayan votado casi once millones de personas no le da autoridad alguna a esclavizar mediante leyes e impuestos a los más de treinta millones restantes. Modernícese, y en lugar de emular a dirigentes como Chávez, Castro o Morales fíjese en otros políticos más próximos como Romano Prodi, que aunque no nos guste a los liberales, practica al menos una izquierda más sensata y moderna.

La eñe

Claro que acudirá su padre, también llamado William Gates, así que no sería de extrañar que no se diera cuenta de la diferencia y lo pidiera igualmente. Lo que sí es raro es que no lo haya reclamado a la UNESCO, quizá porque aún no tiene la potestad de legislar "para todos los planetas", tal y como reclamaba la ínclita tiempo ha. En fin, una frase más para el repertorio.

El sistema de nombres y dominios en Internet fue creado, como buena parte del resto de sistemas necesarios para que funcione la red, en Estados Unidos. Así que incluyeron el juego de caracteres básicos de los ordenadores, que no incluye la eñe, los caracteres acentuados o la cedilla, porque para ellos era más que suficiente. Para intentar solventar este problema, se propusieron varios sistemas, siendo ganador el llamado IDNA, que no exige cambios al descentralizado sistema de nombres en Internet, sino que propone un esquema para traducir un nombre con caracteres raros, es decir, no anglosajones, a otro sin esos caracteres. Así, por ejemplo, ñandú.cl se convertiría en xn--and-6ma2c.cl.

Los problemas de esta solución son básicamente dos. El primero, que cada entidad responsable de registro de dominios debe adoptarlo. Japón fue la primera en aceptar el registro de dominios con caracteres raros; España aún no lo ha hecho. El segundo, y quizá más importante, es que son las aplicaciones y no los servidores de nombre los responsables de hacer esa traducción. Eso significa que Safari, Firefox y Opera lo pueden hacer, pero no Internet Explorer, que incorporará esa capacidad en su versión 7.0. Tampoco hay muchos programas de correo que lo hagan. En definitiva, no se puede garantizar que todas las aplicaciones de Internet vayan a ser capaces de lidiar con los nombres con eñe, de modo que es difícil que se popularicen. Eso sí, la señora ministra podría dejar en paz a Bill Gates, cuya responsabilidad en esto es más bien escasa, y hablar con el señor Clos para pedirle que al menos los dominios .es puedan emplear esa letra.

Lo cierto es que CCCP ejemplifica el punto al que hemos llegado con los gobiernos hipertrofiados que padecemos. Los gobernantes han de aparecer como sabios bajados de la montaña que de todo saben, porque de todo han de legislar y regular. La ministra es evidente que no sabe nada sobre informática e Internet, pero ha sido la lacaya de la SGAE más entusiasta a la hora de hacer una ley de propiedad intelectual que afecta, y mucho, a Internet. La sociedad no puede funcionar correctamente cuando tiene por encima a personajes cuya obligación parece ser corregirnos y hacernos volver al redil, pese a que su conocimiento sobre cualquier asunto es siempre y necesariamente mucho más escaso que el que posee la misma sociedad de forma dispersa entre todos sus miembros. El único conocimiento en que pueden superarnos es en el necesario para conseguir votos. Pero ese no es útil ni justifica su existencia.

CCCP es la demostración viva de que los gobiernos deberían apartar sus sucias manos de Internet. Y de todo lo demás, si puede ser, también.

La propuesta de los 5.000 euros

Se trata del Gasto social y de lo que se llama absurdamente Actuaciones económicas y no, como debiera, antieconómicas. Respectivamente la mitad y un octavo de los gastos del Estado; 185.000 millones de euros de los que unos 170.000 entran en el capítulo de transferencias y mantenimiento de rentas. Si le sumamos a esto último lo que gastan las Comunidades Autónomas en el mismo concepto, el total no bajaría de los 200.000 millones de euros. ¿A qué vienen estas cuentas?

A que hago mía la propuesta que Charles Murray para Estados Unidos. Él lo explica así: "Si simplemente dividimos el dinero que estamos gastando y se lo devolviéramos a la gente, podríamos dar a cada uno recursos suficientes para un nivel de vida decente, incluyendo el dinero con el que pagar la sanidad y ahorrar para el retiro". Lo que en el artículo de Murray y es "La solución de los 10.000 dólares", para la España que ya ha cumplido 18 años sería "La propuesta de los 5.000 euros". Se puede aumentar la cifra fijando un nivel de renta a partir del cual no se devuelven los impuestos, y dejando fuera a las más altas.

El grueso de las transferencias lo ocupa el sistema de pensiones, que como muestra el modelo abrumadoramente exitoso de Chile se puede transformar en uno de capitalización con grandes beneficios sociales a medio y largo plazo. Las ventajas de este esquema son muchas. Eliminamos gran parte de la burocracia y liberamos a miles de trabajadores al mercado, que pasarían a crear riqueza en lugar de redistribuir lo que no llegan a destruir.

Grupos y empresas que están pendientes de ganarse el favor de la administración y que ajustan su comportamiento a la búsqueda de rentas, tendrían que mirar a lo que en el mercado les exigen los consumidores. Y las que no sobrevivirían sin el maná sacado del bolsillo de otros, tendrían que reinventarse hasta ser productivos y aportar riqueza a la sociedad, o desaparecer y liberar recursos y capital para mejores usos.

Los costes de transición del sistema actual a la propuesta de los 5.000 euros serían grandes, claro está. Pero serían costes financieros, no puramente económicos. Y de todo ello resultaría una mejora en la productividad de nuestra economía que haría menos dolorosa la transición.

¿Rayas en el agua? Quizás. La propuesta es interesante, aunque tiene sus propios problemas. Pero debe tenerse en cuenta para hacernos reflexionar sobre el modelo que hemos seguido con el objetivo inicial de proteger a quienes menos renta pueden generar. Confiarlo todo a la burocracia y dar la idea de que se puede percibir rentas sin tener que generarlas quizá no haya sido un acierto, al fin y al cabo.

Katrina, un año después

Por otro lado, el variopinto movimiento contrario a la iniciativa privada continúa mareándonos con su mantra: fue la falta de Estado. Qué más da que el Estado fuese el propietario de los maltrechos diques que se resquebrajaron y de las bombas que dejaron de funcionar. Tampoco les importa un comino que el monopolio del sistema de protección de la ciudad fuese el cuerpo de ingenieros del ejército estadounidense ni que la desastrosa gestión de la ayuda estuviese a cargo de la nada privada Agencia Federal para la Gestión de Emergencias.

Sin embargo, un año después podemos confirmar que la verdad se encuentra en las antípodas de estos posicionamientos. No sólo no es cierta la relación que los ecologistas tratan de establecer entre calentamiento global y frecuencia e intensidad de los huracanes, sino que los propios ecologistas han jugado un papel importante en la ocurrencia de la catástrofe. En los años setenta, el movimiento ecologista radical logró paralizar las obras del plan que pretendía blindar la ciudad contra huracanes de categoría 4 y 5 siguiendo el ejemplo holandés. Su argumento consistía en que el estudio de impacto ambiental no era suficientemente detallado. De nuevo, a finales de los noventa, cuando el cuerpo de ingenieros del ejército decidió proyectar unas obras para la elevación de los diques de Nueva Orleáns, varios grupos ecologistas se opusieron con desgraciado éxito.

Por otro lado, el omnipresente Estado no sólo gestionó de forma catastrófica la ayuda, secuestró a miles de habitantes y logró, como suele ser habitual en estas grandes organizaciones estatales, que la malversación de fondos obtuviera mayores titulares que las tareas de ayuda y reconstrucción. Además, se olvidan de que el Estado ayudó de manera decisiva a la catástrofe con su continuado intervencionismo en materia de seguros. Durante décadas, los esfuerzos de las aseguradoras privadas por exigir niveles de protección más elevados a los clientes que vivían en áreas con alto riesgo de huracanes chocaron frontalmente con los políticos de alta sensibilidad social. Los precios de las aseguradoras fueron regulados al tiempo que el estado concedía en cada nuevo huracán fondos públicos para las familias afectadas, reduciendo así el incentivo de los potenciales clientes para asegurarse frente al próximo huracán. Estas regulaciones fueron expulsando a las aseguradoras privadas, hecho que usó el Estado federal para crear seguros públicos como el Seguro Nacional contra las Inundaciones. Estos inventos propios de Estados del Malestar hicieron que los principios políticos sustituyeran a los actuariales extinguiéndose la relación contractual que ha probado ser la forma de prevención más eficaz contra los efectos en el ser humano de las catástrofes naturales y la manera más efectiva de restituir a los damnificados así como de restaurar las ciudades y su actividad.

Quienes vociferaban que el problema del desastre consistía en el reducido tamaño del aparato estatal norteamericano encontraron en medio del lodo que dejó el Katrina un gran altavoz personificado en el ministro Alonso. En efecto, apenas unos meses antes de que una pasajera tormenta tropical causara un prolongado caos en Canarias, Alonso nos obsequió con aquella afirmación antológica según la cual “España está mejor preparada que EE.UU. para hacer frente a una catástrofe como la del Katrina” porque tiene un poder público más desarrollado. Sin embargo, los datos no mienten. EEUU tenía presupuestada una cantidad per cápita 46 veces superior a la española para afrontar este tipo de desastres y contaba con muchas más instituciones públicas dedicadas a esta labor. El gran desarrollo del estado norteamericano ha sido el problema y no la solución.

Un año después de que el ser humano convirtiera el paso de un huracán en una de las mayores catástrofes sufridas por el país más rico del mundo, la lección está escrita en letras mayúsculas: por un lado tenemos que permitir el desarrollo de la libre empresa en el sector de la prevención, ayuda, reconstrucción y seguros contra todo tipo de desastres, y por el otro debemos apartarnos del radicalismo ecologista y proteger el medio ambiente a través de los inmejorables incentivos que ofrece el respeto por la propiedad privada. Si no estamos dispuestos a aprender de los errores que se cometieron en Luisiana estaremos contribuyendo a la ocurrencia de futuras calamidades.

El gran golpe

Por otra parte, uno de los enemigos de Acciona, ACS (cuyos presidentes además no se llevan muy bien) prepara por su camino la fusión Iberdrola-Unión Fenosa que crearía la eléctrica más grande de España con un valor de mercado de 42.400 millones de euros, curiosamente la operación está financiada por el enemigo del que financia Acciona, es decir, el BBVA. Por el momento ACS niega querer hacer la fusión, pero el mercado no le cree. En todo esto sale el presidente de E.On y, el no va más, ofrece por Endesa un precio de 35 euros por acción frente a los 27,5 euros de la semana pasada. Los analistas están atónitos, muchos no encuentras sentido que una constructora quiera hacerse con una eléctrica (aunque desde hace tiempo ha sido la intención de estas, y también suspiran por las telecos), a otros la medida les ha parecido precipitada, otros dicen que es una operación rápida, otros una intromisión más del gobierno de ZP… Mientras tanto, Manuel Pizarro, presidente de Endesa, no dice ni “mu”.

¿Y el gobierno de ZP qué dice? Que él no tiene nada que ver. A Zapatero no se lo creen en Alemania ni aquí. Los rotativos alemanes dan por sentado que la operación de Acciona ha sido un montaje del equipo de ZP, pero ¿es cierto? Para ver si el gobierno ha tenido algo que ver nos tenemos que ir a febrero de este año. Miguel Sebastián, aquel director de la Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno que se creía liberal, se reunía con las constructoras para plantearles un “frente anti-E.On”. La escogida iba a ser Acciona (Ferrovial y FCC también querían participar). Al final los acontecimientos siguieron por otros lares, se impuso La Caixa que actuaría a través de Gas Natural. Acciona, que no sabía nada de energía, se tuvo que quedar en el banquillo. Ahora que Gas Natural y con ella La Caixa están totalmente fuera de juego, Acciona (con el evidente consentimiento del gobierno) ha visto su oportunidad. Recordemos que Acciona está dominada por la familia Entrecanales muy cercana al entramado PSOE-PRISA. Además, hemos visto que la financiación de Acciona ha venido por parte del Grupo Santander que se mete en todos los grandes fregaos del PSOE. Por el contrario, el BBVA, no sólo enemigo del Santander, sino también del PSOE, ha dicho que el precio que ha pagado Acciona no tiene sentido por el momento.

Lo que ha hecho el grupo de ZP no es poner a amigos como los gobiernos anteriores, sino creárselos dentro de las empresas y usarlos según sus intereses para evitar conflictos. De esta forma también ha creado “enemigos” empresariales que han de ser eliminados. Las mejores muestras, Manuel Pizarro, presidente de Endesa, y Francisco González, presidente del BBVA. La primera parte, la creación de amigos, ya está lista. Lo que ahora, y en los próximos años asistiremos, es a la segunda parte del plan: echar a los “enemigos” para tener toda la España empresarial controlada. Parece buena idea, pero aliarse con grandes empresarios a veces es peligroso, el caso Alierta con sus continuas reestructuraciones en el consejo de Telefónica son una buena muestra.

El proceso parece una película de intriga, pero cuando todo parecía perdido para ZP, el gobierno ha sabido prepararlo todo para que con un simple movimiento se reactivara toda la maquinaria anti-E.On. Realmente, no sólo ha sido un gran golpe político-empresarial, sino también, un golpe maestro, pero al final no parece que les vaya a ir muy bien a los socialistas ya que E.On se ha mostrado más listo aún.

De no ser por el último movimiento de E.On la ilegalidad que ha decretado la CE sobre los puntos de la CNE no son más que papel mojado. Además el PP, que tampoco se está enterando de nada, va a tener que callar porque esta sí que es una operación de mercado. Eso sí, una operación desvirtuada de tal forma y con tantos líos de “poder” que sólo lo es en su superficie; si rascamos vemos intereses políticos de todo tipo.

¿Y cómo acabará la OPA de Endesa? E.On ha elevando el precio de la OPA a 35 euros, pero cuidado que no está en firme, el gobierno lo ha de aprobar, y E.On se puede desdecir en cualquier momento. Así y todo, la alemana sigue siendo la reina del baile. Si el gobierno rechaza el precio de E.On quedará en ridículo y haría un traje a su amigo Acciona. ZP vuelve a estar entre la espada y la pared. Pero no crea que después de todo este jaleo nada volverá a ser normal. Aún nos queda una larga temporada de OPAs y fusiones. Iberdrola sigue estando en el punto de mira de Enel ya que ACS sólo ha conseguido un 6,5% de Iberdrola y no el 10% como tenía pensado. Enel podría lanzar un ataque inmediato, además quedan bailando Repsol y Gas Natural que La Caixa aún no tiene muy claro qué hacer con ellas.

Y una última reflexión. ¿Es este el boom de las eléctricas? Todos los analistas y políticos dicen que estos movimientos demuestran la fuerza del mercado español. Mucho me temo que no sea así. Lo que esto demuestra es que la interferencia gubernamental puede haber creado un boom que tiene pinta de acabar mal. Los excesos se pagan, el tiempo dirá.

La palanca migratoria

La existencia de una cierta migración es un fenómeno que no debería sorprender a casi nadie. Que la gente quiera trasladarse desde las zonas menos prósperas a las más ricas tiene bastante de lógico. Sin embargo, junto con las ventajas económicas consustanciales al desplazamiento, el inmigrante tiene que confrontar el desarraigo de su entorno social, su cultura y su modo de vida. O dicho de otro modo: cabe esperar una cierta resistencia por parte de los inmigrantes a abandonar su lugar de origen, máxime si dicho lugar no es excesivamente pobre o, en especial, si las inversiones pueden afluir libremente a él.

La ciencia económica sabe perfectamente que existe una tendencia a que los trabajadores vayan allí donde los salarios están más altos, o bien a que el capital acuda allí donde los salarios son más bajos. En el primer caso, el mayor número de trabajadores reducirá los salarios; en el segundo, la mayor inversión los incrementará.

Este aumento de salarios en las zonas pobres derivado de la inversión procedente de las zonas ricas (lo que los progres tildan hoy de deslocalización) reduce aun más el incentivo para marcharse de unas zonas cada vez menos pobres.

En la actualidad podemos observar que la contención de la migración hacia Occidente funciona en lo relativo a los trabajadores asiáticos, pero parece carecer de la más completa influencia con respecto a los africanos. Con la irrupción del pánico social derivado de la "invasión africana", los políticos han adoptado, como de costumbre, la más irresponsable de entre las opciones disponibles: atacar los síntomas y no las causas y criminalizar a los africanos.

Ya vimos en otros artículos que la causa última de la pobreza en África es la falta absoluta de respeto a la propiedad privada por parte de sus gobiernos tiránicos. Allí donde el ser humano no sea libre de contratar y gestionar sus dominios libremente, nadie estará dispuesto a realizar cuantiosas inversiones que mejoren la vida de los consumidores, trabajadores y accionistas.

Los estados occidentales son en buena parte responsables de sustentar las dictaduras y regímenes socialistas africanos. Muchos de sus dirigentes han sido respaldados y educados por jerarcas europeos, y sus gobiernos reciben multimillonarias ayudas a través de la ONU y de patochadas altermundistas como el 0’7%. Sin ir más lejos de nuestro país, Zapatero ha defendido en varias ocasiones incrementar la ayuda para los tiranos africanos.

Con este tipo de propuestas sólo se logra reforzar un poder centralizado y opresor, que impide a los africanos abandonar la pobreza extrema. Si la inmigración supone un problema para Europa, los estados europeos deberían dejar de castrar las posibilidades de promoción de esos inmigrantes dentro de sus sociedades nativas.

Pero aun en el caso de que las sociedades africanas fueran un Edén de libertades, no parece que nuestros políticos tengan ningún interés en facilitarles las cosas. Los aranceles de la Unión Europea restringen enormemente los movimientos de capitales y las inversiones hacia África, ya que reducen la rentabilidad de las exportaciones hacia Europa.

De nuevo, no parece que obstaculizar las inversiones occidentales en África sea la mejor solución para contener las migraciones masivas. Si el capital no acude al trabajo, el trabajo acudirá al capital.

Estado de Bienestar

Uno de los peligros más grandes que supone el desarraigo está relacionado con el desamparo a que puede sucumbir el inmigrante. En las sociedades nativas existe una suerte de vínculos familiares y amistosos que, en buena medida, sirven de colchón cuando la mala fortuna se ceba con una persona en concreto. Sin embargo, cuando el inmigrante se introduce en una sociedad extranjera esos vínculos se ven enormemente debilitados. La sociedad receptora no tiene por qué ayudar a un desconocido en caso de necesidad y, por tanto, el riesgo de fracaso acarrea un coste considerable que refrena el impulso migratorio.

En Occidente, con todo, la asistencia social es un auténtico free lunch para los inmigrantes. El Estado, a través del expolio fiscal, crea toda una red educativa, sanitaria y de subsidios varios que trata de eliminar la inseguridad. El inmigrante sólo tiene que acudir a Occidente para saber que, en caso de necesidad, la sociedad extranjera forzosamente le ayudará.

Es más, en muchos casos convendrá simplemente migrar a esas sociedades extranjeras por el beneficio neto que supone dicha red de asistencia social. Mientras que en una sociedad africana la sanidad puede resultar prácticamente inaccesible, en España es gratuita. ¿Qué sentido tiene permanecer en esa sociedad, por muchos vínculos familiares y amistosos que se tengan?

El Estado de Bienestar occidental, por consiguiente, no sólo atrae inmigrantes, sino que socava las bases de la convivencia y de las relaciones entre los africanos. La necesidad de colaborar entre ellos desaparece por mor de la posibilidad de parasitar al Estado europeo.

Si de verdad queremos reducir la presión migratoria, basta con que eliminemos el Estado de Bienestar y hagamos que el inmigrante soporte enteramente el coste y los riesgos de migrar. Pero, por supuesto, los políticos mienten nuevamente cuando dicen que su voluntad es solucionar el problema de la inmigración.

¿Qué quieren realmente los políticos?

Tres simples –pero a la vez profundos– cambios serían necesarios para reducir el flujo migratorio hacia Europa: eliminar las ayudas al desarrollo, suprimir los aranceles y desmantelar el Estado de Bienestar. No obstante, a los políticos europeos les interesa poco o nada contener la inmigración. Como siempre, la única preocupación de todo político es ampliar su esfera de poder y control sobre la población.

La inmigración supone un medio perfecto: el problema es generado por los políticos de un modo que la mayoría de la población no comprende, y la inmigración genera un evidente pánico social. El resultado es previsible: el Gobierno reclamará "poderes extraordinarios" y "recursos adicionales" para hacer frente al problema.

Por un lado, parte de esos recursos se destinarán a enriquecer aún más a las dictaduras africanas, con la excusa de la ayuda al desarrollo; por el otro, se destinarán a crear una red de acogida de inmigrantes que dé respuesta al "drama humanitario", de modo que la inmigración se verá aún más estimulada.

Por si esto fuera poco, los poderes extraordinarios en materia militar y policial suponen la creación de nuevos e inquietantes controles sobre la sociedad civil. El control de las fronteras se incrementa, y los estados europeos adoptan cada vez más la apariencia de un centro de presidiaros.

No es casualidad que ocho estados europeos, entre ellos España y Francia, hayan solicitado a la Comisión Europea más fondos y medios policiales para controlar la inmigración. Como ya hemos visto, todo forma parte del mismo juego obsceno de los políticos: estimular la inmigración para generar un pánico que legitime la ampliación de su poder.

Ninguna de las propuestas de los "estadistas" occidentales pasa por una mayor liberación del comercio internacional, ni por la inmediata retirada de apoyo financiero a los regímenes tiránicos. Más bien discurren por la dirección opuesta. La consecuencia de todo este desaguisado no será menos sino más inmigración y, gracias a su habilidosa manipulación, no menos sino más Estado. Sólo denunciando las auténticas causas del problema podremos darle solución.

Ningún error podría ser mayor en este caso que el de criminalizar a unos pobres individuos que acuden a Europa a intentar mejorar sus míseras condiciones de vida, mientras confiamos nuestras almas a unos panzudos políticos que son los genuinos creadores de este caos. Precisamente porque eso es lo que ellos esperan que hagamos.

Microsoft y Apple le ganan la partida a Ubuntu

¿Lo ha conseguido? Bueno, técnicamente podría decirse que sí, pero en el mundo real me temo que no.

Desde finales de 2003 ha habido grandes contribuciones a la consecución de un Linux más apto para el usuario final. La mayor de ellas ha sido, sin duda alguna, Ubuntu. Etiquetado como el "Linux para los seres humanos", es un proyecto liderado por Mark Shuttleworth, un joven empresario sudafricano que fue famoso por ser uno de los primeros turistas espaciales. Es una versión de Linux pensada para acceder al mercado que siempre se le ha resistido: las personas normales que quieren su ordenador sólo para hacer cosas de la forma más sencilla y agradable posible y no para trastear con él. La última versión de Ubuntu es el primer Linux que he instalado en mi ordenador al que no he tenido que decirle nada. Él sólo ha configurado todos los controladores necesarios y se ha conectado a la red. Además, se puede juguetear con él sin necesidad de instalarlo por medio de un LiveCD, es decir, un sistema operativo que se arranca directamente desde el CD sin necesidad de tocar nada de nuestro disco duro. Y aunque dispone de menos aplicaciones que otros, es sencillo descargar más e instalarlas.

Sin embargo, Ubuntu es un sistema que tiene todos los requisitos que necesita un usuario medio, pero no ofrece nada que llame tanto la atención como para fomentar el cambio. Apple, en cambio, sí. Tanto su hardware como el excelente sistema operativo Mac OS X entran por los ojos, algo habitualmente desdeñado por los tecnófilos, y desde que corre bajo procesadores Intel y dispone de la salvaguarda de poder instalar Windows en ellos si algo va mal, está creciendo en cuota de mercado. Más de un columnista de esta casa escribe ahora en un MacBook.

Cuando al fin Microsoft lance Windows Vista, en Linux existirán alternativas que dispongan de buena parte de sus características. Sin embargo, el sistema Linux más popular por ser el más sencillo y práctico no dispondrá de algunas de las más importantes, especialmente el ya famoso –dentro del mundillo Linux, claro– XGL/Compiz, un escritorio que se aprovecha de las tarjetas gráficas modernas para ofrecer soluciones muy al estilo Mac. Ubuntu publicará su última versión antes del lanzamiento de Vista en octubre y no parece que vaya a integrar estas mejoras. Por supuesto, como casi todo en Linux, se puede acabar instalando tras consultar diversas guías y trastear un rato pero, claro, así no podrá competir con dos sistemas operativos que ya vienen embellecidos de serie.

Seguro que muchos linuxeros desdeñan esta carencia por no tratarse de algo realmente útil. Olvidan que para muchos el poder trabajar de forma más agradable todas las horas que debe pasarse al día delante de un ordenador es una de las características más importantes que le piden a éste. El propio Shuttleworth incluía esta novedad como una de las que debiera ir en la nueva versión de Ubuntu. Y aunque otros Linux como Fedora incorporarán este nuevo escritorio con efectos en 3D, ninguno de ellos tiene el atractivo que presenta Ubuntu no sólo para los neófitos en Linux sino incluso para quienes conociéndolo no quieren dolores de cabeza en el sistema que usan a diario. Una pena.

El modelo sueco ya no es atractivo

Suecia ha ido adoptando progresivamente el Estado de Bienestar que ellos concibieron en los 30, hasta llegar a ser el caso más extremo y aparentemente más exitoso de todos. Pero ha llegado tan lejos, que ha esclerotizado la economía y corrompido los otrora firmísimos valores suecos de responsabilidad y autosuficiencia, que se han disuelto en una solución de exigencia a los demás de las propias necesidades.

No fue así en un principio. A finales del XIX, Suecia era uno de los países que con mayor entusiasmo abrazó el liberalismo, abriendo sus fronteras a los productos de otras naciones, y con un Estado que no sobrepasaba el 10 por ciento del PIB. Así llegó a ser una de las economías más exitosas del mundo, con un aumento de la productividad con pocos países que pudieran medirse a la par, y los salarios reales siguiendo su estela. No pensemos que ese liberalismo desapareció con el diecinueve. En 1950 la presión fiscal era todavía del 21 por ciento, por debajo de Estados Unidos. Pero desde entonces el aumento del Estado de Bienestar fue espectacular. El peso del Estado en la economía se dobló en dos décadas, pasando del 31 por ciento en 1960 al 60 en 1980.

Este cambio tan espectacular no podía dejar de tener consecuencias. Hay dos características básicas del modelo sueco que son una auténtica locura. El nivel de impuestos es altísimo y las ayudas por no trabajar son cuantiosas. Sólo un mercado laboral fuertemente intervenido que hace la reincorporación al mismo lenta e insegura hace que los suecos teman dejar de trabajar. El resultado de castigar el empleo y premiar la sopa boba es claro: no se han creado empleos netos en el sector privado desde 1950. De las 50 mayores compañías suecas, sólo una se ha creado después de 1970. El declive de los últimos años es claro. Desde 1995, el número de empresarios ha crecido en la Unión Europea en un 9 por ciento; el mismo porcentaje en que ha disminuido en Suecia desde entonces. En PIB per cápita medido en paridad del poder de compra, en 1960 Suecia estaba 20 puntos por encima de la media de la OCDE, y a principios de los 90 cayó a 10 puntos por debajo. Desde entonces, apenas se ha recuperado.

Hace una semana de la victoria de los conservadores en Suecia. Todo un acontecimiento, porque de los últimos 74 años, los socialdemócratas han estado en el poder 65. El nuevo primer ministro, Fredrik Reinfeldt, no ha prometido nada parecido a un cambio en el modelo sueco, sino simplemente la moderación de alguno de sus extremos. Suecia, que es ejemplo admirado fuera de sus fronteras, vive con desasosiego la sensación de vivir una crisis.

No es para menos. El modelo sueco ha dejado de ser atractivo. Durante unos años pareció funcionar, pero porque la vivísima economía de aquél país, que se desarrollaba con pujanza y que había fomentado una sociedad de personas orgullosas y autosuficientes, parecía aguantarlo todo. Ha sido el liberalismo lo que ha permitido el éxito aparente de la socialdemocracia en Suecia. Ahora se tendrán que replantear su camino.

Esperanza Aguirre y los impuestos

El motivo es sencillo, y había sido expuesto anteriormente por Ludwig von Mises: "La idea de un impuesto total no puede ser llevada a sus últimas consecuencias", porque "si los empresarios y los capitalistas no derivan ningún beneficio ni perjuicio de la utilización de los medios de producción" se vuelven "irresponsables administradores desinteresados" de la propiedad. Vamos, que se dedican a cualquier otra cosa distinta de producir haciendo el mejor uso del capital. Y sin producción no hay impuesto que valga. El 100 por cien de cero es igual que el cero por ciento de 100. Por eso, hay un tramo en el que todavía se pueden rebajar los tipos, aminorar el desincentivo sobre trabajadores y empresarios y con el aumento de la actividad, aumentar los ingresos.

Esperanza Aguirre lo sabe bien y tiene plena confianza en su reciente anuncio, que es el cumplimiento de su promesa electoral, de bajar un punto el tipo impositivo en el tramo autonómico del IRPF. Las administraciones públicas se mueven por incentivos que son distintos de los que aseguran un buen uso de los recursos, mientras que las familias, las empresas, los individuos, se cuidan mucho de sacar el mejor partido de su propio dinero. La rebaja de impuestos es una muestra de confianza de la presidenta de Madrid en la sociedad.

Pero no menos importante que la suerte que tienen los madrileños de contar con una presidenta regional que cree en la iniciativa de la sociedad es el mero hecho de que ella tenga la posibilidad de tomar este tipo de medidas. Lo que llaman federalismo fiscal, que no es otra cosa que hacer a cada administración regional responsable de los impuestos como lo es de los gastos, es un pequeño alivio para los sufridos contribuyentes. Porque permite que distintas administraciones territoriales compitan por favorecer unas mejores condiciones fiscales a sus ciudadanos y a las empresas en las que trabajan y que sirven sus necesidades. La competencia fiscal entre administraciones, como entre empresas, funciona. Miren, sino, cómo le ha seguido Cataluña a Madrid en la eliminación del impuesto de sucesiones cuando de nuevo Esperanza Aguirre tomó la decisión de acabar con ese impuesto, que John Stuart Mill reconoció como especialmente injusto.

Lo contrario del federalismo fiscal es la extensión de la mano muerta del Estado a todos los rincones. "Armonización fiscal" lo llaman, que para el crimen organizado también hay nombres. Es el camino que quieren tomar los países con Estados más pesados dentro de la Unión Europea, para evitar que otros, como Estonia o Irlanda. Dar a cada Estado la libertad de elegir su nivel de impuestos, y dentro de éstos, a cada región, hará que las áreas más liberales prosperen más a base de meterle con más moderación la mano en el bolsillo de los ciudadanos.

¡Sacad la mano de mis bolsillos!

En la catilinaria pro-Rubianes los artistas se muestran escandalizados por el episodio de censura sufrido por este payaso –por utilizar su propia definición–, aunque cualquiera puede entender, incluso ellos, que nada de eso es cierto. Si Rubianes hubiera querido habría representado su obra de teatro en el Español, con Gallardón en primera fila, a pesar de la yihad españolista desatada en su contra. Porque cagarse en España, en realidad, tampoco es tan grave en estos tiempos. De hecho, un aguerrido lince marxista de la sierra madrileña lo hace diariamente y no sólo no se le censura, sino que el Ministerio de Medio Ambiente le está buscando novieta y una solución habitacional.

Pero más allá de las cuitas personales de ciertos artistas con flojera intestinal, la gente debería considerar lo absurdo de que se financie con su dinero una actividad artística que puede ser albergada perfectamente en cualquier sala privada. El dinero que el Estado nos expropia no debiera ir ni al bolsillo de quien se cisca en España ni al de quien la ama con locura. Los artistas deberían someterse únicamente al dictado del público, que es el certifica a través de miles de decisiones individuales el éxito o el fracaso de una idea. En Madrid hay varias decenas de espacios escénicos de propiedad privada. En esos teatros pueden todos los rubianes seguir enriqueciendo el arte universal, sin necesidad de fagocitar el bolsillo de quienes no tenemos la menor intención de enaltecer nuestro espíritu con sus creaciones. Dicen los artistas en su pamphlet que se oponen a "cualquier interferencia política y mediática en el terreno abierto y libre de la cultura". Con las abundantes "interferencias" financieras a su favor no parecen tener en cambio el menor problema. Al contrario, les encanta ser "interferidos" con profusión. ¿Pero hay acaso mayor intrusión del estado en la cultura que convertirse en su principal mecenas?

Los políticos, culpables de lo que podríamos llamar "pensamiento inmediato" suelen presentar sus desvaríos intervencionistas hablando únicamente de los beneficios que su acción proporciona a la sociedad. Olvidan interesadamente poner también sobre la mesa los perjuicios que cada decisión redistribuidora provoca necesariamente. En el año 2006, por ejemplo, el estado gastará 214,47 millones de euros a la música, la danza, el teatro y la cinematografía, de los cuales 65 millones irán destinados a la "protección" (sic) del cine español. Sin duda el esfuerzo repercutirá favorablemente en la faltriquera de los que se dedican a estas actividades subvencionadas, al contrario de quienes sufragamos este festival redistributivo con nuestros impuestos, que podríamos destinar esa millonada a cuestiones más productivas como pagar la hipoteca o directamente al ahorro. Seguiríamos siendo insultados por los inmarcesibles apóstoles del talante cultureta, sin duda, pero al menos nos cabría la pequeña satisfacción de que no lo harían con nuestro propio dinero.