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El estado policial de Solbes

En el caso del endurecimiento del control fiscal la excusa ha sido el terrorismo, la mafia o la especulación. Ninguna de las medidas del plan contra el fraude fiscal permitió disminuir las "enormes" calamidades que vaticinaba nuestro "salvador", pero sí que permitió aumentar más de un 370% las actuaciones sobre el IVA que afectan a pequeñas empresas y autónomos, también se investigó a 112.500 contribuyentes más, y el estado consiguió recaudar casi un 13% más que en el año anterior 2004 sin que nosotros hayamos notado mejoras individuales.

El objetivo de gobierno socialista no es más que el engorde de las cuentas del estado y de los políticos a cualquier precio. Ya lo dijo bien clarito el precursor de este asedio, Fernández Ordóñez, hace unos meses cuando aún era secretario de estado de Hacienda y Presupuestos: "queremos que se sienta el aliento de la Agencia Tributaria detrás del cogote (de los contribuyentes), pero no después de haber defraudado, sino antes". ¿Le suena eso que toda persona es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad? A los socialistas también, pero lo han interpretado al revés.

No contentos con esta situación, Pedro Solbes, vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda, tiene un plan para seguir recaudando más a costa de nuestro trabajo y dinero. Para el año 2007 inflará el presupuesto de Hacienda para estar aún más presente en nuestras vidas. La primera medida consiste en aumentar el presupuesto de la Agencia Tributaria a 750 millones de euros, más 565 millones adicionales, para después comprarse 560 vehículos terrestres, 6 aviones, 6 helicópteros, 48 embarcaciones y más de 38.400 equipos informáticos. ¿Estado policial? Usted dirá.

El estado policial no es buen amigo del progreso económico ni de la libertad. Tal vez empieza a ser hora que los políticos españoles, después de ochenta años de políticas salvajes contra la propiedad y la libertad de las personas, empiecen a innovar un poco con un experimento que nunca han probado: renunciar a perseguir a la economía de las personas y empresas para dejarles respirar un poco. A Rusia le funcionó. Cuando estableció un impuesto de tasa única al 13%, la recaudación aumentó.

Que en la actualidad tengamos una economía sumergida del 23% es un claro síntoma de que la gente está cansada de tanta intromisión gubernamental. Está cansada de que los políticos, con la excusa de los muertos en las carreteras, lucha contra los sediciosos, los incívicos, los que fuman, los que beben, los que tienen coche, los que comen hamburguesas o los que no comen suficiente no hagan más que sacarnos dinero y dinero culpándonos, encima, a nosotros de ser egoístas y antisociales por no dejarnos saquear y querer hacer uso legítimo de nuestra libertad.

El bienestar de la gente no se consigue con el bienestar del estado ni con estados policiales, porque si el gobierno sigue siendo rico a más no poder, eso significa que nosotros seguiremos siendo pobres a más no poder.

Stallman: lo mejor es enemigo de lo bueno

El objetivo es reducir el número de patentes idiotas que se dedican a apropiarse de innovaciones hechas por otros, aprovechándose tanto de la posibilidad de patentar ideas en Estados Unidos como de los perversos incentivos que tienen los examinadores, y que provocan que no dediquen mucho tiempo a examinar cada propuesta.

Richard Stallman, quién si no, ha arremetido contra esta iniciativa. Para el padre del software libre la única solución es la abolición de las patentes y cualquier proyecto que se quede a medio camino puede "aliviar la presión" necesaria para alcanzar este objetivo. El mayor peligro son "las patentes que no son absurdas, para las que no existe ‘arte previo’". Sin embargo, el OSDL reconoce que el objetivo a largo plazo es acabar con las patentes de software, pero que pretenden "trabajar en una solución práctica hoy que no espere a una abolición genérica de las patentes de software".

Esta polémica refleja las dos visiones existentes sobre el software libre, dos visiones que reflejan en cierta medida las que existen en general sobre la manera de ver al hombre y al mundo. Una estima que el hombre y el mundo son imperfectos por su propia naturaleza, y que por tanto las soluciones a los problemas sociales nunca son completas, siempre tienen defectos y lo que debe evaluarse es si las ventajas de adoptarlas superan a éstos. La otra considera que tanto el hombre como el mundo son perfectibles, y que esas soluciones parciales son en realidad obstáculos que nos distraen en el camino hacia esa perfección, que se alcanzará cuando la gente comprenda de verdad la necesidad de adoptar soluciones completas y la apoye con todas sus consecuencias.

Para ser justos con Stallman, él también hace uso de la primera clase de argumentos, al indicar que en las oficinas de patentes interpretan los ejemplos previos de la forma más débil posible y que en los juzgados tienden a no reexaminar los casos de arte previo que ya fueron evaluados en la petición de patente, por lo que el proyecto podría ser incluso contraproducente. Diane Peters, del OSDL, no está de acuerdo en eso, porque durante el examen aún no existe la patente y es más sencillo ofrecer pruebas para que se eche para atrás o se limite su ámbito, mientras que cuando el caso llega a los juzgados quienes deben probar que tienen razón son aquellos que plantean que la patente es inválida, porque se asume que es válida a priori. Y eso sin contar los costes que defenderse en uno de estos casos, inasumibles para desarrolladores individuales de software libre.

Ese es el tipo de argumentos que me gustaría ver más en Stallman, aunque sean equivocados. Sin embargo, sospecho que ni son su fuerte ni lo serán nunca. Las discusiones en torno a la nueva versión de la licencia GPL, a cargo de la fundación de Stallman y que emplea en su encarnación actual un gran número de desarrollos de software libre, Linux incluido, así lo parecen indicar. Empresas comprometidas con el mismo y hasta Linus Torvalds expresan sus reticencias porque mientras la versión anterior "nos permitía a todos simplemente trabajar juntos sin hacer de ello una religión", ésta no lo hace, por lo que no la adoptarán.

Es posible que muchos proyectos se dividan en dos (uno con la licencia actual y otro con la nueva, cuando la aprueben), dividiendo los esfuerzos de la comunidad del software libre. Sin embargo, esa nueva licencia corresponde a la visión de Stallman, que desea impidir que el software libre se emplee para determinados fines que considera equivocados. Pero no se corresponde con la visión de quienes piensan que las propuestas deberían aliviar más problemas de los que crean. Normal que el creador de Linux no se apunte al carro.

Las manipulaciones económicas del PSOE

Uno de los gritos de guerra de Zapatero antes de llegar al gobierno era crear "un gobierno que no intervenga en la economía". Esta breve oración, aparentemente liberal, hizo que se escribiera mucho sobre lo que sería la futura política económica del gobierno, tanto en España como fuera. Los ingenuos periodistas e intelectuales que lo hicieron olvidaron que en un político jamás se puede confiar.

Con el tiempo hemos visto como la presunta "neutralidad" económica del gobierno ha intentado liquidar al presidente del BBVA, Francisco González; ha introducido a un amigo de Solbes, Manuel Conthe, como presidente de la CNMV; ha colocado recientemente a un socialista reconocido como gobernador del Banco de España para tener todos los órganos reguladores bien controlados; intentó echar a César Alierta de Telefónica, con el cual, ZP al final negoció reestructurar el Consejo y Dirección General de la empresa; introdujo a Narcís Serra como presidente de Caixa Catalunya sustituyendo a Antoni Serra Ramoneda que llevaba 20 años en el cargo; y ha hecho todo lo posible para favorecer la compra de Endesa por parte de Gas Natural. Y todo esto en sólo dos años: todo un record para alguien que quería hacer un gobierno que no interviniera en la economía.

Con la forzosa claudicación de ZP ante Alemania y la Unión Europea alguien podrá pensar que el presidente ha abandonado su letal intromisión, pero desgraciadamente no es así. Para empezar, una de las intenciones de Zapatero es borrar de la empresa resultante de la OPA de E.On sobre Endesa a Manuel Pizarro, algo que parece contradecir la voluntad de la eléctrica alemana, que quería mantener la "españolidad" durante un tiempo y respetar los cargos más destacados para no tener más conflictos.

Están corriendo muchas noticias sobre nuevas intromisiones gubernamentales para favorecer a ciertos grupos de presión que cobran cada vez más fuerza con los comentarios y movimientos de las empresas afectadas. Es cierto que, una vez finalizada la OPA de E.On sobre Endesa que el mercado en Alemania ya ha empezado a descontar, el resto del sector energético podría quedar en la mira de cualquier empresa extranjera, algo que horroriza al gobierno socialista. Pero no se engañen, no es porque se pierda "la españolidad" sino porque siendo empresas foráneas las que controlan el mercado es más difícil para el estado manipular a tales firmas. Así, parece que los socialistas quieren apostar por una gran fusión como hizo Francia (otro ejemplo de "neutralidad económica") con Gaz de France y Suez, que en el caso español sería la posible trifusión entre Repsol, Iberdrola y Gas Natural, aunque según algunas fuentes, La Caixa querría dejar calentando en la banda a Repsol por el momento. Otra vez, a los políticos les sirve apelar al corazón con la excusa de "la españolidad" para intervenir en el mercado de forma partidista e interesada en lugar de dejar fluir libremente las decisiones de los accionistas y empresas. El consumidor, como siempre, se encuentra cautivo y perjudicado ante la omnipotencia gubernamental.

Pero eso no es todo. Con la entrada del nuevo gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, también conocido como MAFO, el gobierno puede retomar su campaña de acoso y derribo al BBVA. Recordemos que la primera tentativa de los socialistas contra Francisco González fue un intento de OPA por parte de Sacyr-Vallehermoso sobre el banco, algo que dejó desconcertados a todos los analistas: una modesta constructora se quería comer al segundo banco de España, banco que tiene además un considerable peso internacional. En ese momento el ataque fue parado por el antiguo gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, pero con MAFO ahora a la cabeza del mismo los socialistas tienen fácil eliminar al presidente del BBVA del panorama bancario. Evidentemente éste, como ya hizo en el primer ataque, no se dejará derrotar y está buscando aliados para fusionarse. Las dos entidades que más suenan son Société Générale y muy especialmente el HSBC. De unirse el BBVA con el HSBC se crearía un auténtico gigante financiero con un potencial inmenso ya que HSBC es muy fuerte en los países asiáticos y el BBVA en los países latinoamericanos. Sin duda es lo mejor que le podría pasar al BBVA y a sus accionistas.

¿Y cómo se defiende ZP de estas vergonzantes acciones? Respondiendo que estos temas, donde todos –trabajadores, accionistas y consumidores– somos víctimas del gobierno, sólo preocupan a unos cuantos. No nos engañe más señor presidente: preocupan al bolsillo de 44 millones de personas.

La ley actúa, pero contra la SGAE

La juez no ha visto dolo y por eso no lo ha condenado, explicitando además que, según la antigua Ley de Propiedad Intelectual, el acusado estaba ejerciendo el derecho de copia privada reconocido por la ley. "Entender lo contrario implicaría la criminalización de comportamientos socialmente admitidos y además muy extendidos", argumenta. No creo que a la SGAE le haga mucha gracia leer esto.

El caso es que esto no es lo que se nos decía en verano de 2004, pocos meses después de llegar el PSOE al poder, en una campaña en que se decía que "ahora la ley actúa". La excusa era la modificación del Código Penal que entraba en vigor en octubre, por el que se establecía que "la difusión de contenidos ilegales en Internet es un delito castigado incluso con la cárcel", tal y como indicaba la campaña. Claro que ésta se había realizado con la ambigüedad suficiente como para que todo el mundo entendiera que eso de "contenidos ilegales" se refería a música y películas. Esta sentencia nos recuerda que no era así, al menos en aquel momento.

El problema es que la Ley de Propiedad Intelectual ha cambiado, con el apoyo de todos los grupos políticos, dejando el derecho de copia privada con una formulación tremendamente ambigua. Las conclusiones que cabe extraer de la misma son, según David Bravo, que se permite la copia privada siempre y cuando no se rompan las protecciones anticopia que incorpore el soporte original, porque en tal caso no se habría tenido "acceso legal a la obra". Pero eso, claro, sería la interpretación benigna. Un juez podría llegar a fallar que sólo se pueden realizar copias de originales, que sería otro modo de entender eso del acceso legal.

Lo curioso es que esta ley amplía el canon por copia privada a multitud de soportes que, hasta ese momento, se gravaban a algunos comerciantes minoristas por un acuerdo entre mayoristas y sociedades de derechos de autor. También permite a los productores proteger los originales con mecanismos anticopia. El Código Penal considera delictivas la creación, distribución y posesión de programas de ordenador que puedan servir para eliminar las protecciones a programas de ordenador u obras artísticas. Y la nueva ley, según la interpretación más benigna de un redactado sospechosamente ambiguo, impide ejercer la copia privada si se saltan esos mecanismos.

En definitiva, que la ley aprobada con los votos a favor del PP (que no se nos olvide) nos obliga a pagar un impuesto revolucionario a la SGAE y sus cuates a cambio de un derecho que en esa misma ley, en colaboración con el Código Penal, se prohíbe en la práctica. ¿A alguien le puede extrañar entonces que aparezca en España un "partido pirata"?

Las censuras que vos defendéis

En realidad, sin embargo, las dos situaciones no son en absoluto comparables, y su simple contraposición otorgaría una importante victoria a la demagogia socialista. La COPE sí es víctima de un programado ataque censor; a Rubianes sólo se le impidió que se apropiara del dinero robado a los ciudadanos.

Tengamos presente la diferencia esencial: la COPE es una emisora privada que el Estado pretende acallar porque sus palabras le resultan incómodas; Rubianes es un individuo que pretende lucrarse de unas instalaciones pagadas coactivamente por todos los ciudadanos. O dicho de otro modo: la COPE hacía uso de su propiedad privada; Rubianes quería hacer uso de la propiedad privada ajena.

Es curioso cómo los izquierdistas identifican censura con el rechazo a que los contraten. Cuando recientemente el diario El Mundo se negó a publicar una carta de Rodríguez Ibarra, el PSOE y sus mamporreros dijeron que El Mundo había censurado al presidente extremeño. En teoría, parece ser, El Mundo tiene la obligación de publicar todo lo que recibe, no un derecho a gestionar su propiedad privada como le parezca más oportuno.

Así, cuando decimos que Ibarra fue censurado estamos admitiendo implícitamente la necesidad de que Ibarra haga prevalecer su derecho a la libertad de expresión, forzando a El Mundo a que publique su carta. Justificamos el uso de la violencia para que una de las partes –el presidente extremeño– imponga su voluntad unilateral sobre la otra.

El caso de Rubianes es similar pero, si cabe, más estrafalario. El otrora Makinavaja se define como "de izquierdas", esto es, como carterista elevado a la enésima potencia bajo la sanción de la legitimidad regia. Rubianes, por consiguiente, defiende el robo, el expolio y la coacción masificada contra los ciudadanos; una forma de subrepticia censura en el uso de nuestro dinero contra la que ningún conmilitón ha levantado la voz, salvo para defenderla.

En esto que el actor reclama una parte de su botín en forma de instalaciones donde representar su obra de teatro, y el Ayuntamiento, por la razón que sea –al fin y al cabo es un arbitrario organismo estatista de los que le gustan a los intervencionistas–, ha rechazado su petición. En lugar de censura deberíamos decir que el buitre de Rubianes no ha podido tener acceso a la carroña, y que ello ha irritado a sus compañeros socialistas. El destino de todos los teatros públicos debería ser su inmediata privatización, y no su existencia para el latrocinio particular de cuatro amiguetes titiriteros a costa del sufrido contribuyente.

Lo más gracioso del tema es que Rubianes representará finalmente su obra en el Auditorio de Comisiones Obreras, esto es, una propiedad privada. Si de verdad estuviéramos en presencia de censura, el Ayuntamiento de Madrid impediría a CCOO ceder su local a Rubianes, del mismo modo que el CAC y el PSOE pretenden impedir que Losantos exprese sus opiniones en la emisora de la Conferencia Episcopal.

La jugada está clara: cuando un socialista no puede hablar donde y cuando quiera, hay que reprimir a los propietarios en nombre de la "libertad de expresión"; cuando un individuo expresa opiniones antisocialistas, hay que reprimir al propietario en nombre de la "convivencia". Ellos se lo guisan y se lo comen, el arbitrismo estatal al servicio del poder y del cercenamiento de la libertad.

Lo cierto es que a Rubianes le ha pasado lo que a los asesinos de Viriato, que Roma no paga a traidores, y nuestro Estado moderno mucho menos. Si el descaro y la hipocresía no corrieran por sus venas, dejaría de defender con altivo orgullo una ideología cuyo objetivo último es nacionalizar todas las propiedades privadas para condenar al ostracismo a todos aquellos que no sean afines al régimen.

Rubianes ha experimentado en su persona qué le ocurriría si todos los teatros españoles fueran públicos. El problema es que su perversa ideología sólo lamenta que los afectados no sean otros; Rubianes nunca defenderá la reducción y deconstrucción del Estado. En realidad no es más que una correa de transmisión del estatismo, del dirigismo y del intervencionismo; una víctima de sus propios demonios.

Pásmense, la libertad funciona

A esta ardua labor se dedican dos informes anuales, uno elaborado por la Heritage Foundation y el diario The Wall Street Journal, y el otro por los institutos Cato y Fraser. Este último, titulado Economic Freedom of the World (EFW), salió el pasado viernes a la luz pública, en su edición de 2006. Su objetivo es otorgar para cada país una puntuación del uno al diez, en función de la media que obtengan en cinco ámbitos: el tamaño del Estado, la estructura legal y la seguridad de los derechos de propiedad, el acceso a un dinero sano, la libertad de comercio internacional y la regulación del crédito, el trabajo y los negocios.

Año tras año, el país que encabeza ambos informes es Hong Kong (con 8,7 puntos), al que en el EFW le siguen Singapur (8,5), Nueva Zelanda, Suiza, Estados Unidos (8,2), Irlanda y el Reino Unido (8,1). En el extremo opuesto, encabezando la represión económica, varios países africanos. Y otros, que de tan represores no están ni en el informe, como Corea del Norte o Cuba. Sobresaliendo sobre la magra realidad de sus continentes, Chile, que ocupa el vigésimo lugar, y Botswana, 35.

Y a hacer números. Resulta que el cuartil de los países más libres tiene una renta media de 24.402 dólares y un crecimiento real del 2,1 por ciento por cada ciudadano, que vive 77,8 años, mientras que en el cuartil de los más reprimidos hablamos de 2.998 dólares, un descenso del 0,2 por ciento en la renta per cápita, y una esperanza de vida que no pasa de 55 años. Los países más libres progresan más tienen menos trabajo infantil (0,3 por ciento frente a 19,3 por ciento) y luchan más eficazmente contra la pobreza. Pásmense, la libertad funciona.

Lo que nos permite ser moderadamente optimistas, ya que según el mismo estudio, la libertad de los ciudadanos del mundo en el ámbito económico no ha dejado de ampliarse desde el primero de los informes, redactado en 1980. Entonces la media mundial era un 5,1 y el de 2006 (aunque elaborado con datos de 2004, último año para el que hay datos completos y fiables) la media es de 6,5. En este tiempo, de los 102 países controlados por el EFW 98 han mejorado y sólo 4 se han hecho más represores.

Todo esto está muy bien. A los economistas, en general, les gusta jugar con números, buscando todas las combinaciones posibles, y tratando de acercarse con ellas a la verdad, aunque sea sin mirarle a la cara. Porque esto de vivir en sociedad, de lo que la economía es su aspecto más fundamental, es un conjunto interrelacionado de complejos procesos que no se dejan tomar medidas como lo haría un maniquí. Pero tenemos la ventaja, como observadores, de que están protagonizados por personas. Y sabemos de lo que hablamos. Por ello mucho economistas, desde antiguo, no han necesitado de los buenos informes sobre el estado de la libertad económica en el mundo para saber que cuanto más libres, mejor.

Once de septiembre

Cinco años, y todos tenemos la sensación vivir un cambio histórico. Hemos despertado de un sueño que comenzó con el derrumbe histórico del socialismo y que dibujaba una humanidad entrelazada por el comercio, liberada de promesas totalitarias y del enfrentamiento de bloques. Resulta que las culturas tienen consecuencias, y que el Islam, con sus enseñanzas de expansión y subyugación del infiel por medio de la violencia, da en sus líderes más conscientes y más pulcros en sus convicciones islámicas a auténticos criminales. En 1998 Ben Laden lanzó su "Declaración de un Frente Islámico para la Yihad contra los judíos y los cruzados", compartida por muchos otros con distintos términos. Tres años después llevó la declaración a su mayor éxito.

Estados Unidos, que todavía no está aquejado como la enferma Europa, de la corrupción de su orgullo, ha respondido. Ha lanzado dos guerras, una en Afganistán, otra en Irak. Su éxito ha sido no más que relativo, al menos en esta última, pese a haber derrocado al dictador. No ha logrado una paz duradera, mantenida por los propios iraquíes.

Si por algo merece la pena luchar es por la libertad; ninguna causa como esa. Y el terrorismo tiene en la que aún mantenemos su fuente permanente de odio: su causa, que es también la nuestra. El problema está en que el Estado no conoce libertad que no desee invadir, y la lucha contra un enemigo externo es el argumento más inmediato y más convincente para satisfacerse. En Estados Unidos, en Gran Bretaña, en otros países, hemos visto cómo se introducen medidas represoras, controladoras, fiscalizadoras de los ciudadanos. Quizá no demasiado importantes, pero siempre yendo un paso más allá, para jamás rectificar. Porque, como el terrorismo es un enemigo permanente, la excusa también lo es. Hace cinco años aceptamos una guerra que no conocerá fin hasta que el Islam no abandone el medievo como ideal y acepte en su abrumadora mayoría la limitación de sus creencias por las necesidades de una sociedad abierta y libre. Y necesitarán siglos.

Pero mientras no podemos responder permitiendo que nuestros políticos actúen como si fueran agentes del terrorismo, limitando nuestras libertades en nombre de ellas mismas. ¿Por qué no confiar en el poder y la capacidad de adaptación y respuesta de la sociedad sin tutelas?

¡Al suelo, que viene la ONU!

Si por algo se ha distinguido la ONU desde su creación, ha sido por su condescendencia hacia las tiranías y su escrupulosa censura de las democracias liberales más acosadas por ellas. Desde 1948, una cuarta parte de sus resoluciones han ido destinadas a sancionar, advertir, castigar y condenar enérgicamente al estado de Israel. Por el contrario, hasta la fecha tan sólo cuatro estados árabes han merecido la reprimenda onusina. Viva la equidistancia.

Pero en el caso de las guerras entre el Líbano e Israel, la muchachada de Annan ha superado todas las plusmarcas en materia de indecencia. Ahora que el Padre Koffi nos lleva de excursión por aquellas tierras, bueno será recordar los principales hitos de la ONU en el sempiterno conflicto libanés.

Las tropas de interposición de la ONU entre el Líbano e Israel (UNIFIL) han estado operando en la frontera durante 28 años. En todo este tiempo, los cascos azules no han interceptado ni una sola de las infiltraciones de Hezbolá en suelo israelí para cometer atentados. En el año 2000, las cámaras de vigilancia dispuestas por las tropas onusinas grabaron el secuestro de tres soldados israelíes por parte de terroristas de Hezbolá ante las narices de la UNIFIL, sin que ninguno de sus soldados moviera un sólo dedo. Para mayor ultraje, los terroristas llevaban uniformes de la UNIFIL, que no es algo que se venda normalmente en las tiendas de Beirut. Cuando Israel descubrió que el secuestro había sido grabado por sus cámaras, solicitó a la ONU la entrega de las cintas con el fin de identificar a los culpables. Koffi, desde su altura moral, se negó en redondo a entregar las grabaciones hasta que fue obligado por una resolución casi unánime del Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica, que vinculaba la colaboración de la ONU en la investigación al mantenimiento del apoyo financiero norteamericano. Finalmente, Koffi accedió a la entrega de las cintas (la pela es la pela, especialmente en la ONU), no sin antes manipular las imágenes para que no fueran reconocidos los rostros de los culpables. En 29 de enero de 2004, los terroristas de Hezbolá devolvieron a Israel los cuerpos de los tres soldados asesinados. Misión cumplida.

Como es conocido, el pasado mes de julio terroristas de Hamás y de Hezbolá se infiltraron en territorio israelí, asesinando a varios soldados y secuestrando a un joven cabo y otros dos militares. En respuesta a la agresión, el ejército israelí desató una operación militar en la franja de Gaza y el Líbano. Como siempre, la izquierda internacional desató su habitual campaña contra Israel por su escasa capacidad de diálogo con los "milicianos" árabes. La ONU, para no ser menos, exigió también el cese de las operaciones militares. A juicio de Koffi Anan, las exigencias de la resolución 1701 son garantía suficiente de que Israel no será de nuevo atacado desde el Líbano. La mencionada resolución establece la prohibición de que el Líbano compre armas y munición a ningún país extranjero sin la aprobación de su gobierno. Al parecer, al bueno de Koffi le ha pasado desapercibido el hecho de que Hezbolá forma parte del gobierno democrático del Líbano, por lo que difícilmente va a negarse a sí mismo ninguna autorización.

Pero vayamos al meollo de la cuestión ¿Qué dice la doctrina de la ONU en materia de secuestros? Para conocerlo no hay más que leer con atención el documento "Convención Internacional contra la toma de rehenes" fechado en 1979, que reza: "Cualquier persona que rapte o detenga, y amenace con matar, herir o seguir reteniendo a otras personas con el fin de coaccionar a una tercera parte, a saber, un Estado, una organización internacional intergubernamental, una persona natural o jurídica o un grupo de personas, para que actúe o se inhiba de actuar como condición explícita o implícita para la liberación del rehén, incurre en la ofensa de toma de rehenes según la definición de esta Convención".En el caso de que el secuestro se produjera por parte de una organización de un país extranjero, "el Estado soberano del territorio del cual fue tomado el rehén tomará cuantas medidas considere oportunas con el fin de mitigar la situación del rehén, y en concreto asegurar su liberación, y tras su liberación, facilitar, cuando sea relevante, su partida". Se les escapó añadir "…salvo que los rehenes sean judíos, en cuyo caso el estado soberano del cual fue tomado el rehén deberá limitarse a aceptar la agresión sin más".

Y mientras tanto, el Partido Popular sigue prisionero de su complejo hegeliano. Al parecer, el razonamiento de los cerebros del partido ha sido el siguiente: 1.- Grupos terroristas secuestran y asesinan a varios soldados de Israel. 2.- La izquierda española se pone inmediatamente de parte de los agresores. Posición del PP: Darle todos los votos al PSOE para que contribuya a la inmoral equidistancia patrocinada por la ONU. Es decir, tesis, antítesis y síntesis. Hegel en estado puro. Y todo para que la Historia evolucione a través de esta curiosa dialéctica.

Lo que no parece entrar en la cabeza de los dirigentes populares, es que cuanto más "evoluciona" la política, más se aparta de los principios que supuestamente a ellos les toca defender. Si es que remotamente creen que les corresponde defender alguno, que esa es otra.

Más farmacias no significan un mercado libre

La advertencia ya fue lanzada también a Italia, y el gobierno de Romano Prodi lo está intentando con las quejas de costumbre. Evidentemente no provienen de los consumidores, sino de farmacéuticos que ven como sus abultados márgenes de beneficios pueden empezar a caer en beneficio de la competencia y el consumidor.

Como siempre, la CE no tiene idea alguna de lo que significa liberalizar. Liberalizar no significa introducir más empresas en un sector sino desregular, abolir leyes, impuestos y abrir el mercado a cualquiera que quiera arriesgar su capital en montar un negocio. Es el consumidor el auténtico soberano y sólo él ha de decidir qué empresa sigue y cuál cierra, qué productos se han de vender y cuáles no. En definitiva, somos nosotros quienes hemos de condicionar la oferta y no un funcionario de Bruselas.

Por ejemplo, liberalizar no es lo que pretende hacer Italia. De momento, y si no cambia nada, los nuevos establecimientos tendrán que contar con el consejo de uno o más farmacéuticos colegiados (para vender aspirinas, ya me dirá usted), estará prohibido realizar ofertas promocionales y el tema de los descuentos queda algo oscuro ya que, según el nuevo Decreto Ley, deberán realizarse de "forma transparente", entre otros puntos totalmente intervencionistas y prohibicionistas.

El sector de las farmacias, y el farmacéutico también, tiene un sinfín de normativas que perjudican a los empresarios del sector y al consumidor teniendo que desembolsar, ambos, un precio más alto del que se daría en un mercado totalmente libre.

Que las farmacias se equiparen a cualquier otro comercio es un avance que parece mentira que los euroburócratas no hayan exigido antes a los gobiernos, pero esto no es, ni mucho menos, suficiente para el bienestar material de los consumidores ni de los nuevos empresarios porque sigue habiendo un altísimo grado de intervención.

Como dijera el poeta americano Walt Whitman, "el mejor gobierno es el que deja a la gente más tiempo en paz", y no parece que la "liberalización" de la CE quiera dejarnos en paz, sino que sigue queriendo meterse en nuestras vidas y elegir por nosotros.

Eduque a sus hijas con The Sims

Ya he comentado las posibilidades que tienen de enseñar a nuestros niños a resolver problemas. Últimamente me ha sorprendido ver que incluso hay quien opina que pueden enseñar valores morales.

Los juegos de ordenador, entre otras muchas cosas, ponen de relieve la diferencia entre niños y niñas, algo que quizá siente mal a los bienpensantes de la progresía, que continúan obedeciendo ese dogma de fe que dicta que ser iguales en derechos significa que hombres y mujeres somos iguales de hecho. A los hombres nos gustan más los juegos violentos y, en el caso de los que permiten varios jugadores, las relaciones sociales entre nosotros son más del tipo "pero mira que inútil eres", "caray que buena puntería", "te voy a dar pa’l pelo" y similares. Dado que los hombres hemos sido tradicionalmente los primeros en adaptarnos a la tecnología de los ordenadores –doy fe de la escasa presencia femenina en mi facultad de Informática, que ignoro si se ha corregido desde que la dejé–, los creadores de juegos han sido principalmente hombres, y sus productos dirigidos a ese mercado.

De vez en cuando, no obstante, un juego da la campanada y vende lo que no está en los escritos por haber logrado acceder al mercado femenino. El más exitoso entre ellos ha sido The Sims, que ha vendido unos 60 millones de copias, su secuela y sus expansiones. Este juego nació como una variación del simulador de ciudades SimCity, en el que se creaban unos ciudadanos virtuales (los sims) que vivían y trabajaban en la población que estábamos creando y evaluaban tu trabajo como alcalde perpetuo. The Sims acercó el foco a estas personas y nos permitió adoptar sus vidas, conseguir amigos y pareja, trabajar, tener hijos, etcétera. Vivir una vida virtual, en definitiva. Y en esa vida virtual, la clave del éxito son los valores tradicionales.

Glenn Reynolds, creador del popularísimo blog Instapundit, alaba por ello las virtudes educativas de The Sims en su libro An army of Davids, a raíz de escuchar un día a su hija de diez años decir a sus amigas que "tienes que tener un trabajo para comprar comida y cosas, y si no vas a trabajar te despiden, y si te gastas todo el dinero tienes que ganar más". Gracias a ese juego, su hija sabe hacer un presupuesto familiar y preocuparse cuando éste es negativo. The Sims enseña que las decisiones que tomamos tienen consecuencias y que éstas no son necesariamente buenas, y el mundo en que se desarrolla es un mundo donde las virtudes de la clase media, el trabajo duro, el ahorro y la planificación a largo plazo, ofrecen dividendos. Seguramente sea más de lo que enseñan en la escuela. Es más, como comenta medio en broma, medio en serio, "¿qué más puede desear un padre que un juego que enseñe a su hija que si te casas con un perdedor probablemente lo seguirá siendo toda su vida?". Y no es el único en pensar cosas parecidas.

No es que sea conveniente que dejen la escuela para jugar, claro. Pero sí al menos para que empecemos a ver la cara oculta de los juegos, que desgraciadamente no es la mala sino la buena. Jugar con muñecas nunca ha sido tan divertido y educativo desde que éstas son virtuales.