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La hora de los bancos centrales

En las últimas semanas, tras cada subida de tipos por parte de los bancos centrales, hemos escuchado a multitud de comentaristas de la actualidad criticar dichos movimientos, alegando los claramente negativos efectos de estos sobre las dinámicas de crecimiento y la creación de empleo. Lo que muchos de ellos no tienen en cuenta es que el principal objetivo de los bancos centrales es mantener la estabilidad de precios y que, sin esta, es imposible generar un periodo de crecimiento económico estable y creación de empleo sólida.

Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, realizó un alegato similar en defensa de las subidas de tipos el pasado 2 de noviembre tras la reunión del Federal Open Market Committee en la que se decidió elevar los tipos de interés 0,75 puntos porcentuales, hasta el 4%. De hecho, si algo respaldan los datos es que dichas subidas probablemente deban continuar, siendo en este momento cuando los bancos centrales han de mantenerse fuertes ante la opinión pública y la presión política.

Como respaldo a las políticas de incremento de tipos de los bancos centrales únicamente hace falta señalar el hecho de que, entre septiembre de 2019 y septiembre de 2022, el nivel de precios aumentó un 15,6% en EE. UU., un 14,1% en UK y un 13,3% en la Eurozona, variaciones que no se habían visto en décadas. Por el contrario, si los bancos centrales hubieran logrado controlar la inflación cercana a su objetivo, el crecimiento del nivel de precios en el periodo señalado habría sido del 6%.

Me parece importante señalar, aunque pueda resultar una obviedad, que los actuales niveles de inflación no se deben exclusivamente (ni principalmente) a la política monetaria ultralaxa de los bancos centrales previa a 2021, ya que la actual inflación se debe en mayor parte a disrupciones en la oferta que a un exceso de demanda. Esto no quiere decir que los extensos programas de QE o tipos cero no hayan tenido ningún efecto sobre la demanda y esta, en consecuencia, sobre la inflación. Simplemente se trata de que eventos como las disrupciones en las cadenas de valor a causa de la crisis de la Covid-19 (y su salida), o la invasión de Ucrania por parte de Rusia tienen actualmente un mayor peso sobre el incremento de los precios. 

No compro el argumento esgrimido por algunos de que la política de expansión cuantitativa o los tipos de interés en niveles históricamente mínimos previamente a 2021 no tuvieron ningún efecto sobre la demandad agregada y la inflación. De hecho, observando los datos veremos que de 2019 a 2022 la demanda nominal incrementó un 21,4% en EE. UU., un 15,8% en UK y un 12,5% en la Eurozona, siendo niveles que incluso duplican los incrementos ocurridos en periodos comparables anteriores. Por lo tanto, con estos niveles de crecimiento de la demanda nominal, incluso sin disrupciones de oferta hubiera sido imposible mantener la inflación cercana al objetivo del 2% sin una normalización de la política monetaria.

Recuerdo que hace un par de años había economistas preocupados incluso de que la inflación fuera excesivamente baja, lo que llevó en parte a la introducción del nuevo objetivo de política monetaria por parte de la Fed en agosto de 2020, en el cual establecía que ya no buscaría más mantener la inflación cerca, pero por debajo del 2%, sino que ahora trataría de mantener la inflación cerca del 2% de media a lo largo del tiempo. Esto significa que, si había habido varios años con niveles de inflación por debajo del 2%, la Fed permitiría a la inflación situarse por encima del 2% durante un periodo de tiempo similar. Lo que no está nada claro es si, tras varios años en los que probablemente tengamos un nivel de inflación significativamente superior al 2%, la Fed forzará después un periodo de tiempo similar con la inflación situándose por debajo del 2%.

Por lo tanto, no me extrañaría que los agentes económicos interpreten que, con objetivos de inflación asimétricos, los bancos centrales solo pretenden compensar la inflación pasada por debajo del objetivo, pero no la que se sitúa por encima del mismo, ya que ello supondría ejecutar una política monetaria mucho más restrictiva que la actual.

El caso de EE. UU. es, de hecho, el más relevante al respecto, ya que los actuales niveles de inflación en el país norteamericano son los que menos influenciados se ven por incrementos en el precio de la energía o los alimentos frescos, a diferencia de UK o la Eurozona. Por lo tanto, en EE. UU. la inflación se ve mucho más afectada por factores domésticos que externos, siendo uno de ellos la política monetaria ultraexpansiva de la Fed llevada a cabo hasta 2021.

Por todo ello, si algo está claro es que es la hora de que los bancos centrales continúen desplegando una política monetaria restrictiva e incluso la intensifiquen. Es de vital importancia que retornemos a niveles de inflación cercanos al objetivo del 2% cuanto antes, ya que cuanto más tiempo se mantenga la inflación en niveles extraordinariamente elevados, mayor es la posibilidad de que se produzcan espirales de precios-salarios y observemos efectos de segunda ronda que hagan que las expectativas de inflación se “desanclen”, lo cual conllevaría a un escenario de inflación aún más grave. Todo ello destruiría la credibilidad de los bancos centrales e incrementaría significativamente los costes de implementación de una política monetaria notablemente restrictiva. Este es un riesgo más que probable si el proceso de enfriamiento de la inflación sigue siendo tan lento como en la actualidad.

Lógicamente, muchos argumentarán que los riesgos de incrementar aún más los tipos en el escenario actual son enormes, incluyendo entre ellos la posibilidad de conllevar a una crisis financiera global. No voy a negar que esta es una posibilidad real, pero es importante señalar asimismo que, si se evita una política monetaria notablemente restrictiva hoy en día, ello podría conducir a una recesión de mucha mayor escala el día de mañana si las expectativas de inflación se “desanclan” y se producen efectos de segunda ronda, como comentaba anteriormente.

Llevamos tantos años viviendo en un entorno de política monetaria ultralaxa que, hoy en día, tipos de interés al 4% en EE. UU. o tipos del 3% en UK y del 2% en la Eurozona, pueden dar la impresión de ser una política restrictiva. Pero seamos serios: si nuestras economías no soportan unos tipos de interés del 3-4% (varios puntos por debajo de la tasa de inflación), es que tenemos un problema sólido de sostenibilidad de nuestros modelos productivos, tejidos empresariales y stock de deuda.

Los bancos centrales cometieron un gran error al mantener su política monetaria ultraexpansiva intacta durante tanto tiempo. Ahora, si desean mantener su credibilidad y sostener la estabilidad del sistema, deben combatir la elevada inflación global con todas las armas a su disposición. No es momento aún de frenar las subidas de tipos. Es la hora de los bancos centrales.

La paradoja del patrón dólar y el impacto de la guerra en Ucrania

En el artículo anterior señalábamos que existe una distorsión en el corazón del sistema financiero mundial causada por el patrón dólar estadounidense (USD). El centro de esta distorsión es que todos los países del mundo tienen la necesidad de acumular reservas de dólares para participar en el comercio internacional; de esta manera, el producto más importante de exportación que tiene Estados Unidos es el dólar que otros países pueden adquirir exportando bienes reales a cambio de papeles verdes o señales digitales de dólar.

Este proceso afecta tanto a Estados Unidos mismo como a los países exportadores.

Por lo que respecta a Estados Unidos, el dólar otorga al país un exorbitante privilegio,  ya que puede tener paralelamente un déficit comercial negativo y, al mismo tiempo, endeudarse. Desde los años sesenta, el déficit comercial y la deuda del estado ha crecido cada vez con más y más rapidez.

Tabla 1. El déficit comercial de Estados Unidos

Déficit comercial USA
Déficit comercial USA

Tabla 2. Endeudamiento de los Estados Unidos

US Public Debt
US Public Debt

Este privilegio ha hecho posible que Estados Unidos haga lo que ningún otro país puede: incrementar la deuda y el déficit comercial paralelamente a lo largo de décadas. Así, los Estados Unidos prácticamente no tienen freno para el crecimiento de su consumo.

La paradoja es que cuantos más productos extranjeros consume Estados Unidos, más posibilidad de crecimiento causa para el resto del mundo a través del desarrollo industrial con fines de exportación. Los países más exitosos en las últimas décadas han sido los que fueron capaces de desarrollar una maquinaria de industria exportadora como Alemania desde los años cincuenta, Japón desde los sesenta, Corea-Sur y Taiwán desde los años setenta o más recientemente China o Vietnam.  A cambio de sus productos, Estados Unidos exportaba dólares financiando así el crecimiento industrial en estos y los demás países.

Pero el patrón dólar es un sistema lleno con paradojas.

Por un lado, asegura beneficios a los dos participantes en las transacciones comerciales. Sin embargo y, al mismo tiempo, el sistema también tiene un tinte de comercio desigual; los bienes reales producidos por el trabajo duro son intercambiados por un crédito fácilmente creado, sin esfuerzo ninguno o casi ninguno, lo que implica un grado de explotación.

Con este mecanismo de comercio desigual, el patrón dólar ha creado el imperio más beneficioso conocido nunca jamás en la historia de la humanidad. Los viejos imperios se asentaban en las conquistas militares y en una brutal explotación. Las naciones y los territorios conquistados fueron aplastados, su crecimiento bloqueado y sus recursos explotados por el poder militar. Las colonias conquistadas sirvieron a la abundancia y el capricho de los colonizadores. En cambio, el patrón dólar estadounidense ha traído consigo la liberación del mundo de los imperios tradicionales, la difusión de la libertad y la democracia, y el desarrollo basado en la industrialización. Al mismo tiempo, Estados Unidos disfruta de un privilegio exorbitante, parecido al que tenían los viejos imperios, la posibilidad de tener un consumo exorbitante basado en el comercio desigual.

Un parte del consumo de Estados Unidos es su esfuerzo por mantener el ejército más grande y poderoso del mundo. Es por todos conocido que el gasto militar de Estados Unidos es exorbitante, y que destina proporcionalmente mucho más dinero a fines militares que el resto de los países detrás de él.

Teniendo en cuenta el enorme poder militar de Estados Unidos, se puede deducir que, a pesar de que el comercio entre la potencia americana y el resto del mundo es desigual, Estados Unidos da a cambio un servicio muy importante, garantizando el comercio global y la paz a nivel mundial. Los países que aceptan el liderazgo de Estados Unidos y están abiertos a implementar el modelo de la democracia liberal y derechos humanos con un mercado mixto del estado bienestar, pueden concentrarse en desarrollar sus economías y bajar sus gastos militares. Por ejemplo, el gasto militar de los países europeos, entre ellos España, ha bajado en las últimas décadas a un nivel históricamente muy bajo. El “dividendo de la paz” ofrece una oportunidad muy beneficiosa a los países que están bajo la tutela militar de los Estados Unidos.

Tabla 3. Bajada del gasto militar de España

Gasto en Defensa / EOM.
Gasto en Defensa / EOM.

Parece que el privilegio basado en el patrón dólar estadounidense solo tiene efectos beneficios. Pero, en realidad, también existen algunas desventajas.

A mi juicio, uno de los efectos más negativos de este patrón es el debilitamiento y la descomposición interna de Estados Unidos. El constante flujo de dinero fácil corrompe la moral y la pérdida de las virtudes cívicas tradicionales, como ya ocurrió en la antigua Roma. Por otra parte, el crecimiento de la burocracia y del aparato del estado va en detrimento de la iniciativa privada en la economía. El nuevo estado es el nuevo dios, y sus representantes ejercen un papel protector y paternalista que defiende a los ciudadanos de las vicisitudes de la vida provocando la infantilización de la sociedad y la constante demanda de protección para garantizar el continuo consumo.  

Pero incluso más problemático  para los líderes de Estados Unidos resulta la pérdida de las industrias. Estados Unidos era el taller del mundo que hizo posible el arsenal de las democracias durante la Segunda Guerra Mundial. Pero en la actualidad China le ha arrebatado ese papel y ha llegado a ser el taller del mundo.

El rápido crecimiento de China y su conversión en la mayor potencia industrial del mundo ha creado una enorme tensión dentro del seno del patrón dólar. Hasta el auge de China, los primeros rivales del poder industrial de los Estados Unidos fueron Alemania y Japón, países mucho más pequeños, que habían perdido la Segunda Guerra Mundial y cuya existencia, además, fue defendida por Estados Unidos frente a la Unión Soviética y a China. Así, en el momento que se erigían como posibles rivales en economía, Estados Unidos podía presionarlos para aminorar sus posiciones competitivas, tal y como ocurrió en los Acuerdos de Plaza en 1985.

Pero, con el auge del China ha cambiado el equilibrio de poderes en el mundo.

China no solo es mucho más grande en territorios y población que Alemania y Japón, sino que además ha preservado su independencia cultural a lo largo de la historia y ha alimentado cierto resentimiento frente a occidente provocado por la semi-colonización que sufrió en el siglo XIX a manos de las potencias occidentales.

Table 4. Balance comercial China y Estados Unidos

US-China trade deficit
US-China trade deficit

Los académicos y políticos chinos son conscientes de que el patrón dólar provoca una sensación agridulce en China. Por un lado, ofrece la oportunidad de desarrollar una maquinaria industrial con fines de exportación; por otro, consolida la posición de China como un poder de segundo rango dependiente de la benevolencia americana. A todo ello hay que añadir el conflicto geopolítico provocado por el estatus de la isla de Taiwán y el control de las rutas comerciales en los mares en Asia que enfrenta a China y Estados Unidos.

China en las últimas décadas, ha intentado establecer rutas comerciales alternativas (La nueva ruta de la seda) para reducir el efecto del dominio americano sobre las rutas del mar y crear una alianza de poderes en Eurasia, en la Isla Mundial de Harold Mackinder. Su principal aliado es Rusia. Ambas potencias han llevado a cabo esfuerzos coordinados para establecer un sistema comercial alternativo que incluye la intención de crear un nuevo patrón de dinero mundial que reemplace el papel del dólar americano. 

Como el patrón dólar es un sistema agridulce de paradojas resultaba muy difícil de cambiar. Pero las nuevas circunstancias han variado las reglas del juego; el fracaso por apaciguar Rusia dentro del sistema mundial provocado parcialmente por la expansión de la OTAN, la agresión rusa contra Ucrania y las sanciones económicas de los poderes occidentales contra Rusia, han hecho que Rusia haya decidido romper el sistema. Rusia ahora no tiene ningún interés en participar en el mantenimiento del sistema financiero mundial del patrón dólar. Al contrario, intenta derrumbar el patrón dólar y crear un nuevo sistema financiero con el fin de causar el colapso del sistema del modelo capitalista basado en la acumulación de los créditos.

Sin embargo, Rusia es consciente de que es un potencial económico demasiado pequeño como rival de Estados Unidos y sus aliados, especialmente los países de la OTAN y Japón. A pesar de que tiene una enorme riqueza de recursos naturales, sus industrias y su capacidad de innovación son muy limitadas. Por ello, intenta crear una alianza alternativa contando con China, Irán y los países que fueron colonizados por las potencias europeas en los siglos anteriores y que todavía guardan rencor a occidente por el pasado.

La clave actualmente es quién va a ganar la guerra en Ucrania.

Friedrich von Wieser,  unos de los grandes pensadores de la Escuela Austriaca, en su último libro, La Ley de Poder decía que tener éxito es el factor más importante en la lucha por el poder político. Solo el poder exitoso tiene seguidores. Si Rusia gana la guerra en Ucrania va a poder hacer nuevas alianzas para sustanciar su desafío al poder del Oeste. Si pierde la guerra, es posible que termine su desafío.

La Guerra de Ucrania no es una guerra local. Las sanciones económicas impuestas a Rusia y su desafío han hecho que nos enfrentemos a una guerra mundial, por suerte, hasta ahora solo en campo económico. Por el subyacente conflicto sobre el sistema financiero del mundo estamos al borde del abismo: la alianza occidental no puede dejar que Rusia gane la guerra porque su éxito acelerará sus esfuerzos por crear un sistema financiero alternativo. Y un sistema financiero alternativo podría suponer el colapso económico de Occidente y su orden político.

Independientemente de quién gane la guerra cinética en Ucrania, un futuro óptimo del mundo requeriría un sistema financiero más neutral que el patrón del dólar que presenta paradojas en su funcionamiento.

A mi juicio, la solución más razonable sería volver al patrón oro que proporcionó buenos resultados económicos y sociales durante el siglo XIX. Era un sistema que favoreció el equilibrio comercial entre los países y posibilitó el desarrollo de las naciones que adoptaron los principios del libre comercio. 

Teniendo en cuenta las enormes deudas acumuladas durante la existencia del patrón dólar y la desigualdad de sus beneficios, el mejor camino hacia un nuevo sistema financiero es un acuerdo internacional, como fue el de Bretton Woods en 1944, con los objetivos de reestablecer un mejor equilibrio entre países y asegurar el libre comercio, que es la más beneficiosa institución para lograr el desarrollo a nivel mundial. Sin duda alguna, es mejor negociar que llegar a una nueva guerra mundial entre las grandes potencias por el dominio del mundo.

Defensa de la no asociación para reducir los conflictos

En mi artículo anterior elaboré una defensa de la libre asociación, su relevancia política y económica. No obstante, en aras de profundizar, llevaré a cabo en las líneas siguientes algunas reflexiones sobre la defensa moral y utilitaria de la no asociación, discriminación y exclusión.

En primera instancia, debemos reconocer que en el mundo de las decisiones humanas basadas en análisis costo-beneficio es relevante poder poner fin a bajo costo a una acción, contrato, trabajo o a una relación. Si la ley nos dificulta o prohíbe despedir a los que contratamos, renunciar a nuestro empleo, discriminar con quienes socializamos, prever nuestros riesgos, incluso retirarnos de una asociación; para la toma de todas estas decisiones seremos extremadamente cautelosos. Por ello, es posible elaborar una defensa consecuencialista de la desvinculación como ingrediente indispensable para la asociación, viabilidad de los seguros, así como el buen funcionamiento del mercado laboral y de vivienda.

De igual forma, podemos defender que, en su pleno uso, la propiedad implica el derecho de acceso, usufructo, administración, exclusión y venta. Es decir, prohibir la exclusión implica atentar contra el derecho de propiedad. Sin embargo, no se deben menospreciar las controversias que surgen del ejercicio de la exclusión de la propiedad, sobre todo porque los motivos que subyacen en ciertas exclusiones pueden ser creencias prejuiciosas o injustificadas de un grupo hacia otro, o de individuos de ciertas culturas, religiones o sistemas de creencias hacia otros diferentes.

Frente a una defensa plena del derecho de propiedad y exclusión, es probable que a algunos sujetos les surja la pregunta: reconocer la libertad de asociación, desasociación, discriminación y exclusión por parte del individuo y limitar dicho ejercicio por parte del Estado, ¿tendrá como consecuencia menor integración entre personas y mayor conflictividad interpersonal?

Quienes defendemos la libertad, hemos argumentado que, a pesar de abogar abiertamente por la exclusión y la discriminación[1], los sistemas mercado no son los que tienen mayor probabilidad de exclusión intergrupal debido a los costos derivados de sus acciones (Block, 2010; Hoppe 2004, Sowell, 2019). En concreto, el riesgo más alto se encuentra en la acción estatal dada la ausencia de costos que internalizar. De igual forma, toda distribución de riqueza o toda política económica proteccionista parte de discriminar, asignar ganancias y pérdidas netas entre grupos e individuos como es el caso de la “protección del mercado laboral nacional” por medio de leyes migratorias, favoreciendo así al trabajador local a expensas de protegerlo de la competencia extranjera[2].

En la actualidad, los Estados detienen a los inmigrantes en las fronteras, les prohíben invertir y trabajar en el país o les exigen requisitos migratorios inaccesibles. Todo ello supone el uso de un supuesto derecho de exclusión sobre todo el territorio nacional y de sus recursos. Paralelamente, si el Estado determina que ciertos inmigrantes pueden entrar y residir en el territorio, quienes aplican las leyes iniciarán un movimiento de inclusión forzosa al prohibir a los ciudadanos ejercer su derecho de exclusión y discriminación, tal y como lo hace el Estado mediante leyes y regulaciones. Esta dinámica resulta en diferentes grupos de presión que tratan de influir en las decisiones del Estado sobre quienes pueden o no entrar y residir en el territorio nacional. Se trata de una batalla que se torna hostil porque una vez dentro los nuevos vecinos alcanzan la categoría de in-excluibles.

De hecho, si consideramos la acción de los Estados, resultaría absurdo afirmar que ha habido un avance en el último siglo en materia de discriminación. En efecto, en la actualidad las nacionalidades se han convertido en el nuevo sistema global de castas. Esto es, un estatus que se protege y afirma continuamente con la aplicación de las regulaciones migratorias que, me atrevería a afirmar, han alcanzado su mayor nivel histórico global de complejidad y restrictividad en estos tiempos.

Por otro lado, una consecuencia de haber ´´cedido´´ el derecho de exclusión al Estado puede apreciarse entre los grupos nacionalistas que defienden la homogeneidad cultural y étnico-racial de su país, preocupándose más por quienes habitan territorios de los que no son propietarios, por ejemplo, les perturba más el gueto de inmigrantes que se ha formado a las afueras de su ciudad, que el hecho de no contar con el pleno del derecho de propiedad y exclusión sobre sus espacios. Muchos nacionalistas están convencidos de que sus Estados discriminan y excluyen en defensa de sus intereses, pero únicamente les han quitado ese derecho, usándolo políticamente a su conveniencia. 

En su sentido más amplio, la discriminación y exclusión no son necesariamente nocivas. Aunque en la práctica son inevitables, lo que si resulta perjudicial será negarlas, prohibirlas y monopolizarlas. La discriminación, tanto positiva como negativa, es un ejercicio empresarial y de mercado. Cuando un bar excluye a una pareja homosexual, toma un riesgo muy alto, poniendo en juego su reputación y su clientela. De igual forma, cuando una empresa de entretenimiento hace inclusión forzada en sus producciones, debemos entender que lo hace porque tiene en cuenta pérdidas y ganancias de asumir una postura política e identitaria determinada. Lo contraintuitivo es que no debemos responsabilizar de la discriminación únicamente a los empresarios formales, ya que en realidad son los clientes quienes la exigen y financian. Por tanto, dentro del mercado, quienes no quieran pagar por su discriminación no podrán imponerla ni exigirla.

Hasta este punto podríamos resumir los argumentos expuestos de la siguiente manera: discriminar y excluir es un derecho y una herramienta social necesaria para poder establecer buenas asociaciones. Si nuestra discriminación es empresarialmente mala (seamos individuos u empresas grandes) nos perjudicará económicamente. Por su parte, el Estado puede discriminar sin costos directos para sí mismo, y debido a su naturaleza, escala y poder puede llevar a cabo integraciones o exclusiones masivas y forzosas a pesar de las preferencias de los demás.[3]

Sin embargo, considero que podemos esbozar otros argumentos económicos y psicológicos en favor de la libre discriminación y exclusión:

1. A pesar de que el capitalismo o libre mercado puedan considerarse amorales, tienen soluciones para todos los gustos en materia de integración o diversidad cultural. En sus productos turísticos, de entretenimiento y en su mercadeo, las empresas promocionan la idea de culturas radicalmente distintas para captar clientes atraídos por la novedad, a la vez que buscan puentes entre éstas para poder abarcar un mayor número de clientes. Para el mercado no será problemático vender dos tipos de café distintos para la comunidad hispana y anglosajona, o vender un solo tipo de café anunciándolo como ´´El Café de todos los floridanos´´.[4]

2. Los guetos o comunidades herméticas de inmigrantes suelen considerarse problemáticas porque se asocian a sistemas paralelos de gobierno, menor aculturación del grupo migrante, mafias y mayor hostilidad intergrupal. Los guetos pueden tener un origen no estatal, como los Amish, pero en la mayoría de los casos este fenómeno se debe al apoyo entre inmigrantes para hacer frente los requisitos migratorios, como no poder trabajar durante los primeros meses o años de residencia o no poder alquilar o hacer uso de los bancos debido a las regulaciones vigentes. De igual forma, los planes y ayudas sociales para inmigrantes, combinados con regulaciones limitantes de su libertad, provocan la segregación. Son, de hecho, el caldo de cultivo para la formación de comunidades delictivas y parasitarias de inmigrantes. 

En una lógica de mercado, los guetos no resultan convenientes a largo plazo. El beneficio inicial sería la confianza y el apoyo entre vecinos de la misma cultura, pero con el tiempo los incentivos económicos para salir del gueto y aculturizarse irían aumentando. Por ejemplo, en un principio el capital humano del gueto estaría muy bien complementado y las habilidades particulares de los inmigrantes serían bien valoradas dentro de su comunidad, pero con el paso del tiempo sus particularidades culturales podrían pasar a valer más fuera del gueto que dentro del mismo.

3. A partir de teorías y hallazgos de la psicología social (Morales, et al. 2011), sabemos que la raíz de algunos conflictos intergrupales se encuentra en la incompatibilidad de metas entre grupos, como podría serlo la competencia por recursos escasos y los deseos de preservar los valores y tradiciones de un grupo mientras interactúa con otro.

Las personas tendemos a categorizarnos en endogrupos y exogrupos. Buscamos favorecer muestro endogrupo y lo percibimos como superior e incluso más diverso que el exogrupo. Esta categorización es dinámica y el contacto con el exogrupo modifica las atribuciones y el comportamiento, lo cual favorece la cooperación. Sin embargo, el encuentro asertivo entre personas y grupos puede verse importantemente afectado por una lucha debida a recursos escasos. Tomemos como ejemplo la que se da en torno el gasto público entre grupos de presión en el Estado de Bienestar o por la amenaza simbólica sobre los valores que representa la interacción obligatoria con un grupo percibido (justificada o injustificadamente) como extremadamente diferente al endogrupo.

Por otro lado, los encuentros intergrupales inicialmente hostiles, que se resuelven con una separación radical (por ejercicio de la libre exclusión), podrán tener con el paso del tiempo una nueva resolución positiva y pacífica. Se puede afirmar que eventualmente nuevos encuentros intergrupales se harán más atractivos para ambos grupos. Como han mostrado grandes aventureros a lo largo de la historia, algunos seres humanos tendemos a agotarnos de nuestro entorno originario y manifestamos una curiosidad por lo novedoso y desconocido de otros contextos, lo que nos hace aventurarnos a buscar nuevas oportunidades y bienes materiales, al igual que nociones artísticas, éticas y morales alternativas.

4. Los seres humanos somos capaces de velar genuinamente por el bienestar de los demás, no obstante, esta conducta se verá favorecida por la sensación de parentesco (no necesariamente genético) que tengamos con los demás. Este proceso de selección por parentesco no es completamente incompatible con mundo cosmopolitita moderno donde muchas veces no compartimos raíces comunes con nuestros vecinos, pero si implica que necesitamos tiempo y múltiples interacciones positivas para tratar como parientes a individuos con quienes frecuentamos o compartimos nuestra comunidad.

Por consiguiente, para lograr relaciones consolidadas y duraderas entre grupos e individuos, es esencial que los encuentros e intercambios entre ellos sean de beneficio mutuo (no juegos de suma cero), con un carácter de mercado en el que haya gratitud, reciprocidad y confianza progresiva, evitando la presión emocional, la hostilidad y la imposición de la discriminación o la integración impuesta por el Estado.

Bibliografía:

Block, W. (2010). Case for Discrimination, The. Ludwig von Mises Institute.

Hoppe, H. H. (2004). Monarquía, democracia y orden natural. Una visión austriaca de la era americana. Tercera Edición. Unión Editorial. Madrid, España.

Sowell, T. (2019). Discrimination and disparities. Hachette UK.

Morales, F.; Moya, M.; Gaviria, E.; Cuadrado, I. (2011) Psicología Social. Tercera Edición. McGraw Hill. España


[1] Sowell (2019) aclara que se puede diferenciar entre la discriminación basada en evidencia y la discriminación basada en arbitrariedades, pero lo importante serán los costos de la decisión y no el criterio ni las intenciones subyacentes.

[2] Aunque curiosamente muchas veces se argumenta que se protege al trabajador extranjero de la ´´explotación´´ laboral que sufriría en el país donde pretende inmigrar, sometiéndolo a las condiciones del país de origen (subjetivamente evaluadas como peores que las de trabajar en otro país por un salario menor al mínimo legal)

[3] Algo tristemente invisible, puesto que el foco actual sobre la mayor integración y aceptación social y política de la diversidad sexual y racial en algunos países está cegando a la mayoría de los progresistas, no dejándoles ver el aumento en otras formas de discriminación, ni el poder, rango y hostilidad con que discrimina el perpetrador.

[4] A pesar de sus diferencias, desde el mercado como desde el Estado se estiman, refuerzan y manipulan las preferencias intergrupales de la población por el beneficio político o comercial.

La primacía de la libertad

Publicado originalmente en Law & Liberty

¿Es el progreso un bien absoluto? No para todos. A medida que los acuerdos sociales cambian, algunos se benefician mientras otros son desarraigados. Los avances científicos, sobre todo a corto plazo, se han visto a menudo “combinados con ese sufrimiento que es inseparable de los grandes cambios en la condición de la gente”, observó el gran historiador inglés John Emerich Edward Dalberg, también conocido como Lord Acton (1834-1902). Sin embargo, son precisamente estos acontecimientos volátiles los que provocan que “los hombres de genio especulativo o imaginativo” empeoren las cosas soñando con sociedades utópicas que recuerdan “las leyendas de la edad de oro”.

Encabeza la lista la creencia en un mítico paraíso aborigen de recursos ilimitados y no reclamados. En su versión revisada del Génesis en El discurso de la desigualdad, Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) declaró que tal estado terminó cuando el primer ser humano se apropió de un pedazo de tierra, reclamándolo como único suyo, un acto del que se originaron todos los demás males -morales, sociales y económicos. Aunque es pura fantasía, el potencial político del mito de Rousseau es dinamita. “Sólo la atracción de una idea abstracta, o de un estado ideal, puede unir, en una acción común, a multitudes que buscan una cura universal para muchos males especiales”, dijo Lord Acton. Pero si son notoriamente eficaces para incitar a la revuelta, esos “falsos principios no pueden servir de base para la reconstrucción de la sociedad civil”.

Acton identificó tres abstracciones preeminentes y nefastas: “las teorías de la igualdad, el comunismo y la nacionalidad”, concretamente la variedad “impropia” de la nacionalidad, es decir, la autoritaria. A diferencia de la versión “apropiada”, esta era “no sólo el auxiliar más poderoso de la revolución, sino su sustancia real”. Con una previsión asombrosa, Lord Acton casi predijo la aparición del socialismo nacionalista, la hidra de tres cabezas de la nivelación: una visión, una raza, un dictador/partido. A Lord Acton no le habría sorprendido lo más mínimo el militarismo ario de Hitler, el comunismo anti “cosmopolita” de Stalin, el hegemonismo chino y ahora el putinismo neo-tsarista.

Manipuladas astutamente por poderosas élites, estas abstracciones se extendieron por toda Europa. En el siglo XX, Inglaterra era casi la única que apreciaba su potencial maligno. Porque a lo largo de los siglos, los británicos habían desarrollado la capacidad política para aplicar los controles necesarios al gobierno. Además, según Lord Acton, comprendieron que “un pueblo reacio a la institución de la propiedad privada, carece del primer elemento de la libertad”. Los estadounidenses son los afortunados herederos de este legado.

En la época premoderna, lo más importante eran los deberes de los hombres para con sus superiores. Los nobles tenían deberes para con el rey, los campesinos para con sus tierras, etc. Esto había ido cambiando paulatinamente a lo largo de la Edad Media, culminando en el pensamiento de John Locke (1632-1704), a veces considerado el “Padre del Liberalismo”. La contribución más revolucionaria del médico y filósofo inglés al pensamiento político, según el teórico político Leo Strauss, fue un “cambio de énfasis de los deberes u obligaciones naturales a los derechos naturales”. En Locke, escribe Strauss, “el individuo, el ego, se había convertido en el centro y el origen del mundo moral, ya que el hombre -a diferencia del fin del hombre- se había convertido en ese centro u origen”.

Esta idea puede sugerir una noción atómica y monádica del individualismo, pero Locke creía en una “humanidad común”. Estamos “por naturaleza capacitados para formar uniones, sociedades y estados”, escribió en El segundo tratado de gobierno (VI. 63). A diferencia de los estoicos, que atribuían esta propensión al “sentido de atracción mutua [por los sentimientos de benevolencia y simpatía] que une a los seres humanos”, Locke pensaba que más bien “se basa en que [el hombre] tiene razón, que es capaz de instruirle en esa ley por la que debe gobernarse a sí mismo, y hacerle saber hasta dónde se le deja la libertad de su propia voluntad”. En su opinión, es la razón común, y no el sentimiento, la que justifica filosóficamente la igualdad de los derechos naturales definidos como vida, libertad y “patrimonio”, que se engloban en el derecho a la propiedad personal y al fruto del trabajo. No estaba en desacuerdo con que la simpatía fuera importante, pero la razón bastaba para justificar el gobierno consensual.

Locke había sido, pues, pionero de la Ilustración anglosajona, que según Gertrude Himmelfarb en The Roads to Modernity: The British, French, and American Enlightenments, “adoptó una forma muy diferente a la de su homóloga en el continente”. Porque mientras los escoceses, como Adam Smith y David Hume, reconocían que la razón es común a todos los seres humanos, eran las virtudes de la benevolencia y la simpatía “las que, según creían los británicos, unían a las personas de forma natural, instintiva y habitual. No negaban la razón; no eran en absoluto irracionalistas. Pero daban a la razón un papel secundario e instrumental”. O, como dice en otro lugar, “mientras que la idea británica de compasión se prestaba a una variedad de políticas prácticas y meliorativas para aliviar los problemas sociales, la apelación francesa a la razón no podía satisfacerse con nada menos que la ‘regeneración’ del hombre”. Mientras que los franceses se dedicaban a la construcción platónica de la república, los practicantes de la misma se dedicaban a la construcción de la república.

Porque aunque estaban de acuerdo con Locke en cuanto a la centralidad del individuo en la vida política, la universalidad de los derechos y la necesidad de proteger el estado de derecho contra el poder gubernamental ilegítimo, por muy putativamente bienintencionado que fuera, confiaban más en el sentido común. En última instancia, la contribución anglosajona combinada a la experiencia americana superó a la de los franceses. Si hubiera sido de otro modo, escribió Himmelfarb, “los estadounidenses podrían haber inyectado en su Revolución una misión utópica más amplia, en lugar del temperamento pragmático y cauteloso que se aprecia en El Federalista y en la Constitución”. Gran admiradora de Lord Acton, coincidía con su visión del revolucionario estadounidense como el verdadero liberal. Es alguien que “se juega su vida, su fortuna, la existencia de su familia”, escribió Lord Acton, “no para resistir la intolerable realidad de la opresión, sino la remota posibilidad del mal, de la disminución de la libertad”. La Constitución estadounidense era única por ser a la vez democrática y liberal: “Era la democracia en su máxima perfección, armada y vigilante, menos contra la aristocracia y la monarquía que contra su propia debilidad y exceso…. No se parecía a ninguna otra democracia conocida, porque respetaba la libertad, la autoridad y la ley”.

Lord Acton había despreciado a los revolucionarios franceses, cuya notoria “pasión por la igualdad hizo vana la esperanza de la libertad”. Abogó por la vigilancia semántica. Porque “si los intereses hostiles han causado mucho daño”, escribió en La historia de la libertad en la antigüedad, “las ideas falsas [sobre la libertad] han causado aún más”. Lord Acton estaba preparado para ofrecer una definición adecuada: “Por libertad, entiendo la garantía de que todo hombre será protegido en el cumplimiento de su deber contra la influencia de la autoridad y las mayorías, la costumbre y la opinión”. Idealmente, esta garantía debería proporcionarse a todos los seres humanos, sin reservas. Un Estado justo lo hará; pero que esa garantía sea efectiva depende de una prudente gestión del Estado. Yendo un paso más allá de Aristóteles, Lord Acton ofreció un criterio objetivo: “La prueba más certera para juzgar si un país es realmente libre es la cantidad de seguridad que disfrutan las minorías”.

Entre esas minorías destacan los judíos, a quienes Lord Acton elogió por su perspicacia moral y política. Reconoció que “el Pueblo Elegido [proporcionó] las primeras ilustraciones de un gobierno federado, mantenido unido no por la fuerza física, sino por un pacto voluntario”. El principio se llevó a cabo no sólo en cada tribu, sino en cada grupo de al menos 120 familias; y no hubo ni privilegio de rango ni desigualdad ante la ley”. Su ejemplo, junto al experimento americano, ofrece así una lección útil. “[L]as líneas paralelas sobre las que se ha ganado toda la libertad”, escribió Acton, son claras: “la doctrina de la tradición nacional y la doctrina de la ley superior; el principio de que una constitución crece a partir de una raíz, por un proceso de desarrollo, y no de cambio esencial; y el principio de que toda autoridad política debe ser probada y reformada según un código que no fue hecho por el hombre”.

Escribiendo en The New Criterion a principios del nuevo milenio, Gertrude Himmelfarb encontró a Lord Acton quizás más relevante que nunca. Estaba convencida de que “una generación que ha experimentado los horrores del totalitarismo y las atrocidades del Holocausto puede apreciar, como no pudieron hacerlo sus contemporáneos, la importancia que él concedía a los principios de la libertad y la moralidad, e incluso la presciencia”. Sin embargo, ha sucedido lo contrario: lejos de resistirse a la lenta invasión del antiliberalismo, las élites se despertaron. El igualitarismo ha hecho metástasis hasta convertirse en una virtual religión secular, quizá para compensar el declive de los principios éticos tradicionales que durante mucho tiempo se han basado en la agencia y la responsabilidad humanas.

Quizás el pesimismo del aristócrata francés de Acton, Alexis Charles Henri Clérel, Comte de Tocqueville (1805-1859), estaba justificado. Aunque admitía que las democracias tienen un gusto natural por la libertad, Tocqueville temía que “por la igualdad, su pasión es ardiente, insaciable, incesante, invencible: piden la igualdad en la libertad; y si no pueden obtenerla, todavía piden la igualdad en la esclavitud”. Su pronóstico era nefasto: “Todos los hombres y todos los poderes que traten de hacer frente a esta pasión irresistible, serán derribados y destruidos por ella”.

Pero aún no está todo perdido. La visión de Lord Acton, coherente con la Declaración de Independencia, basada en los derechos individuales naturales en un contexto bíblico, ofrece una advertencia, pero no llega a declarar la batalla perdida. Un sistema político que sacrifica la libertad a cualquier otro objetivo es lógicamente incapaz de ser bueno: “La libertad no es un medio para un fin político superior”, declaró. “Es en sí misma el fin político más elevado”. Un sistema que ignora este hecho al pretender sustituir la igualdad por la libertad sacrificará inevitablemente ambas, como puede atestiguar cualquiera que haya vivido una tragedia de este tipo. Ojalá aprendamos que la libertad es indispensable antes de perderla.

Juliana Geran Pilon es investigadora del Instituto Alexander Hamilton para el Estudio de la Civilización Occidental. Es autora de varios libros, entre ellos The Art of Peace: Engaging a Complex World (2016), y su último libro, The Utopian Conceit and the War on Freedom, que fue publicado en septiembre de 2019.

La “teoría” monetaria moderna: ¿Para llorar, o para reír?

Por alguna razón cuyo causante tengo plenamente identificado, estoy leyendo un ensayo que responde al sugerente nombre de “El mito del déficit”. Con este título apela a mi corazoncito, ya que el único libro de que servidor es autor también trata de desmontar de mitos, aunque en mi caso el título sea más largo a la vez que más preciso: “Mitos sobre la regulación para la competencia”.

Aprovechada la disculpa para la autopromoción, añado que el citado ensayo es de una tal Stephanie Kelton, y que lo construye sobre una cosa que llama “teoría monetaria moderna” (sus siglas en inglés molan más, así que usaré MMT para referirme a ella). Ummm. Una teoría económica, me dije, qué interesante, a ver qué trata de explicar y si mejora las explicaciones estado-del-arte de algún fenómeno económico. La cosa prometía, porque Kelton se harta de citar prebostes de la tal teoría, y presume que es sólida científicamente y está contrastada empíricamente. Por si fuera poco, la autora nos confiesa que el descubrimiento de la MMT le supuso una revelación y le cambió completamente la forma en que ve el mundo, visión que se llevó ni más ni menos que al Congreso de los EEUU cuando la nombró para algún carguito el senador (demócrata) Bernie Sanders.

¿Cuál podía ser esa epifanía que quiere ahora compartir con el resto del mundo la amiga Kelton? Lo explica como para niños en Barrio Sésamo, cuando nos decía el monstruo de las galletas lo de “esto es arriba y esto es abajo”. Kelton nos revela que, al respecto del dinero, hay usuarios y hay emisores. ¿Qué es una familia, una empresa, un ayuntamiento? Usuario del dinero. ¿Qué es el estado federal (en los EEUU)? Emisor del dinero. Repetimos: una familia, usuario; el gobierno federal, emisor. “Muy  bien, muy bien”, nos diría el monstruo de las galletas.

Y como no es lo mismo ser emisor que ser usuario, no se pueden aplicar las mismas reglas económicas a unos y otros. Esta es la revelación de la señora Kelton, como suena. Así, el Gobierno (siempre que tenga soberanía monetaria) puede hacer básicamente lo que le dé la gana con la emisión de dinero. ¿Deuda pública? Emito dinero o, mejor, borro la anotación del libro de cuentas, y ya no hay deuda pública. ¿Déficit público? Lo mismo. ¿Seguridad Social en quiebra? Imposible, si soy el emisor del dinero, emito lo que haga falta y cuadro las cuentas.

Esta es la “teoría” monetaria moderna. Se me olvidaba que sus defensores creen que hay un límite, el marcado por el comportamiento de la inflación. Afortunadamente, como la inflación ocurrirá después, ya arreará con ella el siguiente presidente electo. O sea, que no hay límites para la emisión de dinero, y solo hay que concentrarse en dónde gastarlo para mejorar la vida de la sociedad.

Ante propuestas como ésta, caben básicamente dos opciones, ninguna de las cuales consiste en tomársela en serio. Uno se puede echar a llorar, o se puede optar por la vía jocosa y reír. Como de momento el país en que vivo carece de soberanía monetaria y el BCE aún no parece creerse del todo la MMT, no me echaré a llorar. Os propongo la otra opción, que es echar unas risas a costa de este esperpento.

Para ello nos podemos centrar en su propuesta estrella: la garantía federal de empleo. Dado que el desempleo es el principal problema de la ciudadanía, lo que nos propone Kelton es que usemos las vidas infinitas, en forma de dinero, que le concede la MMT al Gobierno para hacer una especie de oferta de trabajo por defecto, a la que quien quiera pueda acogerse.

¿Para hacer qué? Uy, básicamente para lo que queramos hacer, para realizarnos como personas y dar servicios comunitarios, eso sí, siempre que el curro nos mole. Es innegable que la propuesta tiene un gran atractivo. El Gobierno me pagará y yo haré un servicio social comunitario, no sé, paseos por las montañas, tocar el violín o, incluso mejor, escribir artículos en el Instituto Juan de Mariana. Imaginad, por un momento, que el Estado nos paga por escribir estos artículos.

Espera, una idea aún mejor: ¿y por qué no por jugar a videojuegos? Lo digo porque así podemos completar la renta que otros iluminados[1] atribuyen al valor de los datos que generamos al estar navegando por Internet. Entre el puesto de trabajo garantizado y lo que me paguen por los datillos que se generan mientras juego, peazo vidorra me aguarda.

La idea es tan buena, tan buena, que es fácil anticipar que cada vez un mayor número de personas se acogerá a esta oferta garantizada. ¿Por qué madrugar para abrir la tienda o el bar, si me puedo quedar en la cama y comenzar mis servicios a la comunidad a mediodía? Y si no me motiva demasiado el nuevo trabajo (lo del violín era más difícil de lo que pensaba), pues mañana empiezo con otra afición, digo, trabajo.

Luego está el tema del rendimiento. Si alguien se queja de que mis resultados no son aceptables, mando a la mierda ese trabajo y que el gobierno me dé otro. Digo yo que a la tercera o la cuarta oportunidad acertaré.  Si no siempre queda la posibilidad de convencer a alguien de que lo mejor para la comunidad es que me quede en la piscina sin hacer nada. Algo que, por cierto, aplicaría a la mayor parte de los políticos españoles: está comprobado empíricamente que mejor que no hagan nada.

En todo caso, ya tenemos nuestra corriente fresquita de dinero en el bolsillo, de esos dólares que puede emitir ad infinitum el gobierno federal estadounidense, o cualquier otro con soberanía monetaria. ¿Qué podríamos hacer con ellos? Hombre, pues más bien poca cosa. Al principio, mientras haya obcecados no conscientes de las bondades del modelo, encontraremos tiendas, cines, y otros negocios abiertos, en los que gastar el dinerillo, y así poder comer y satisfacer las necesidades más o menos espirituales que nos asalten.

Pero poco a poco, conforme el número de iluminados se incremente, todas esas cosas, que quieras que no suponen un esfuerzo y sacrificio, cesarán de estar disponibles y vaya usted a saber en qué podremos gastar los dólares. Bueno, yo a alguno que toque el violín razonablemente bien sí que le pagaría un dinerillo, pero no voy a pagar a nadie por verle jugar a un videojuego, o por sus datos.

No hay problema, nos dicen Kelton y sus acólitos. El resto del mundo sí quiere dólares, así que podremos comprar las cosas necesarias a los japoneses, los chinos, los indios…Claro está, mientras sus gobiernos no conozcan las delicias de la MMT: al mirar el paraíso terrenal en que se habrán convertido los EEUU, pugnarán por recuperar su soberanía monetaria (si la perdieron) e implantar programas de trabajo garantizado.

Por suerte, algunos países más recalcitrantes seguirán según las antiguas reglas, al menos durante un tiempo, esperemos, y cogerán nuestros dólares a cambio de comida y recursos similares que el ser humano tradicional necesita. Y el marrón se lo pasaremos a ellos: ¿qué harán con sus dólares? Estamos como hace dos párrafos. Salvo que la próxima vez estos países ya no cogerán el dólar, y vaya usted a saber qué comeremos, y se habrán acabado la soberanía monetaria, el dólar y posiblemente los Estados Unidos de América.

Esta es la dura realidad, frente a las ensoñaciones ignorantes y cínicas de estos pseudoteóricos a los que solo cabe tomarse a cachondeo. Y como este artículo no ha pretendido más (ni menos) que ser un gag cómico, lo suyo es terminarlo con lo que los ingleses llaman una “punch line”. Aquí la tenemos servida del puño y letra de la mismísima Kelton: el caso de éxito más relevante de este tipo de programas es el “Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados” implantado en esa máquina de generar riqueza que es Argentina.

No me digan que no es bueno el chiste.


[1] Por ejemplo, Arrieta Ibarra, Imanol and Goff, Leonard and Jiménez Hernández, Diego and Lanier, Jaron and Weyl, E. Glen, Should We Treat Data as Labor? Moving Beyond ‘Free’ (December 27, 2017). American Economic Association Papers & Proceedings, Vol. 1, No. 1, Forthcoming. Pero, por favor, no perdais el tiempo leyéndolo.

Dejemos que mueran los zombies

Artículo publicado originalmente por CapX.

Recarga de automóvil eléctrico en Londres

No llores por Britishvolt, porque ya está muerta. Aunque la start-up de baterías se ha asegurado un goteo de nueva financiación para las próximas cinco semanas de operaciones, no puede competir con las gigafábricas establecidas de rivales industriales muy adelantados en el desarrollo de esta industria global, sobre todo los rivales de China, que suministran baterías para la exportación de vehículos eléctricos (VE) más conocidos de Gran Bretaña, el Nissan Leaf japonés. La predicción de Boris Johnson este año de que Britishvolt estaría “a la cabeza de una revolución industrial verde mundial” no se cumplirá. Es el camino de los anteriores sueños de “crecimiento verde”, desde la energía solar hasta la captura y el almacenamiento de carbono, pasando por la energía mareomotriz y los biocombustibles.

El sector se quejará, como era de esperar, de que el Gobierno “no está haciendo lo suficiente” para asegurar su futuro, y se encontrarán con “soluciones” intervencionistas que implican la transferencia de grandes sumas de dinero de la economía real a estas fantasías zombis para que sigan dando tumbos antes de su previsible desaparición.

El problema no es la industria del automóvil. Los fabricantes británicos producen algo menos de 1 millón de los 60-70 millones de coches que se fabrican anualmente en todo el mundo, y 1,6 millones de motores convencionales, la mayoría de los cuales se exportan. Aportan unos 14.000 millones de libras de valor a la economía cada año, dan empleo a casi 180.000 personas y son responsables de alrededor del 10% de las exportaciones del Reino Unido. Cada año se invierten unos 3.000 millones de libras en I+D, y la transición de los combustibles fósiles a cadenas de suministro alternativas de menor impacto está muy avanzada.

El problema radica en los políticos, que creen que pueden ordenar a la industria que cambie más rápido, para alcanzar sus objetivos de un futuro Net Zero en la fecha arbitraria de 2050. Suponen que el éxito actual puede convertirse fácilmente en la industria del futuro. Para ello, la UE está multando a las empresas cuyas emisiones medias del parque automovilístico superan los 95 g de CO2/km. El Reino Unido prohíbe la venta de nuevos coches y furgonetas de gasolina y diésel a partir de 2030, y de híbridos a partir de 2035.

Estos “planes y prohibiciones” ceden poco ante la realidad del ritmo de los cambios tecnológicos o la demanda del mercado (aunque, con ecos del escándalo de las trampas de los diésel, la UE permite el doble cómputo de la contribución de los vehículos más eficientes de los fabricantes alemanes). Tampoco tienen en cuenta la complejidad de la adaptación de las cadenas de suministro ni los límites de capacidad de los componentes. Los precios del cobalto, por ejemplo, se han duplicado en la última década y son muy volátiles. El níquel y el litio se han triplicado con creces. La escasez mundial de semiconductores (componentes de los microchips) hizo que los precios de los coches de segunda mano se dispararan brevemente un 30%, dado que había pocos coches nuevos disponibles.

Por el lado de la demanda, el Reino Unido está desplazando las subvenciones de los propios vehículos eléctricos a la red de recarga, cuyo despliegue va por detrás de las ventas de nuevos vehículos. Esto no ayudará a la industria nacional, porque los vehículos importados se benefician igualmente. Sólo subvenciona a los primeros usuarios de vehículos eléctricos, generalmente más acomodados, a expensas de todos los demás. El hombre de la furgoneta blanca de gasóleo está pagando a la familia metropolitana de vehículos eléctricos por llevar su Tesla de vuelta al aeropuerto después de unas bonitas vacaciones de esquí. Dos veces, una a través del impuesto sobre el combustible, y otra a través del gasto de ese impuesto en cargadores más convenientes, en lugar de mejorar la red de carreteras.

La alternativa del libre mercado es dejar que la oferta se adapte a la demanda al ritmo imprevisible de la innovación, en lugar de intentar forzar la demanda y la invención dirigiendo la oferta. Hay que dejar que la red de cargadores surja, pagada por los primeros en adoptarla y por las empresas que deseen atraer a los clientes de vehículos eléctricos. Tal y como está planteada, la prohibición en el Reino Unido probablemente provocará una escasez de vehículos nuevos asequibles en la fecha prevista y un exceso de vehículos más antiguos y contaminantes en la carretera durante más tiempo. Sin la prohibición, el rendimiento medioambiental de las tecnologías heredadas seguirá mejorando, lo que significa una transición más suave y menos impactante.

El otro daño es lo que no se ve, el desvío de capital de inversión de las industrias seleccionadas a jurisdicciones más amigables. Esta es la “paradoja del crecimiento verde”. Las normas diseñadas para fomentar la obtención de resultados medioambientales no proporcionan un liderazgo mundial en las industrias de exportación medioambiental, sino que crean mercados para las importaciones. Contribuyen a un entorno operativo más caro a través de precios del carbono más altos, explícitos o implícitos, mientras que no cambian nada sobre las desventajas comparativas para la fabricación en el Reino Unido, es decir, nuestros impuestos más altos, la tierra, la energía y los costes laborales. Todos los aspectos que el nuevo Gobierno parece dispuesto a empeorar en la Declaración de Otoño de esta semana.

No hay más que ver los primeros subsidios británicos y de la UE a la energía solar, que han sido una bendición para la industria china, pero han hecho poco por los rivales nacionales que simplemente no pueden competir. El refuerzo de la Gigafactoría no es más que una repetición del mismo error. Si el Reino Unido tiene un futuro de exportación en estas tecnologías, es probable que sea la financiación y los servicios, o la fabricación de nichos de alto valor de componentes para aplicaciones especializadas. Los empresarios que buscan rentas se quejarán de que sus rivales se benefician de las ayudas estatales. Eso es duro, pero no es razón para hacer lo mismo. Si el gobierno chino desea subvencionar la transición de los vehículos eléctricos en Gran Bretaña, eso es una ventaja para nosotros y una desventaja para el desarrollo chino en general. Tales ventajas no pueden mantenerse, y la industria china ya se enfrenta a la competencia de otras partes de Asia y África.

En resumen, el Reino Unido debería dejar morir a los zombis, dejar de obsesionarse con “liderar el mundo” en industrias en las que no tiene ninguna esperanza de establecer una ventaja comparativa, y dejar que la industria se pruebe a sí misma. Deberíamos celebrar las pruebas genuinas del éxito de las exportaciones, como en el caso de nuestro pasado con el motor de combustión interna, en lugar de las fantasías futuras más arraigadas en la urgencia ideológica que en la realidad industrial.

Andy Mayer, @mayerandrew

Los retos que plantea bitcoin a la defensa: ¿software o softwar?

Este texto se corresponde con la ponencia pronunciada el 15/11/2022 en la Cátedra Extraordinaria de Derecho Militar de la Universidad Complutense de Madrid junto al Ministerio de Defensa: “Los retos que plantea Bitcoin para la Defensa: incensurabilidad en las transacciones, interés estratégico, relevancia geopolítica. ¿software o softwar?”

Imaginemos un General de Caballería medieval sentado en su despacho el cual es interrumpido por un joven que ha viajado a Asia, donde quedó impresionado por el empleo de un polvo negro. El joven considera que aquello que tiene que transmitirle al General es de vital importancia no solo para el ámbito militar, sino para toda la sociedad en su conjunto. El General, tras décadas de hacer la guerra, dirigir a sus hombres, y lidiar con todo tipo de adversidades, al ver a aquel joven tan preocupado y entusiasmado con un polvo negro seguramente se echaría a reír, lo menospreciaría y pensaría que el joven está bajo los efectos de alguna droga. Pero lo que vio en Asia era el empleo de la pólvora, que no era más que un polvo negruzco, pero que terminó por transformar la forma en la que se hacía la guerra, se organizaban los ejércitos y las ciudades. Las murallas que defendían las ciudades durante siglos serían derribadas en poco tiempo. Las órdenes de caballeros que gozaban de inmenso poder serían barridas por el uso de infantería con mosquetes y arcabuces. El honor en la guerra se acabó.

La pólvora provocó en gran medida el paso a la Era Industrial, al cambiar la forma de proporcionar seguridad a las industrias emergentes, de forma centralizada y por eficacia. Ahora nos encontramos en el fin de la Era Industrial y en la transición a la Era de la Información. En el Ciberespacio, un nuevo dominio como la tierra, el mar, el aire y el espacio exterior, el Estado no tiene soberanía. En él es un agente más, no el Señor que impone su criterio. Es un dominio crucial para la nueva estrategia militar de guerra multidominio, sin control del Ciberespacio nos quedamos ciegos en todos los demás ámbitos.

Los primeros conquistadores del Ciberespacio fueron los Cypherpunks, un grupo de criptólogos, matemáticos, informáticos y especialistas en diversas áreas. Uno de ellos, John Perry Barlow, escribió la Declaración de Independencia del Ciberespacio en 1996:

“Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos. […] El Ciberespacio está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna parte.”

La OTAN tardó 14 años desde la Declaración en constituir una estrategia de ciberdefensa con la División de Desafíos Emergentes de Seguridad. En España hasta 2013 no se desarrolló el Mando Conjunto de Ciberdefensa, que desde 2020 se conoce como el Mando Conjunto del Ciberespacio.

Los Cypherpunks querían recuperar la privacidad en el ámbito digital, en el cual era problemático pues entendían la privacidad como revelarse selectivamente, y en Internet al haber normalmente un proveedor del servicio siempre hay un tercero observando mínimo: el proveedor del servicio. Si en una habitación hablamos en privado, nadie más tiene por qué conocer este mensaje si no lo revelamos selectivamente. Si pagamos en una tienda con efectivo, el tendero no tiene por qué saber nuestra identidad, ni el emisor del efectivo saber qué hemos comprado, a quién ni cuándo. Sin embargo, si enviamos un correo o un mensaje a través de un servicio de comunicaciones digital, o pagamos con nuestra tarjeta de débito, suprimimos nuestra capacidad de revelarnos selectivamente, acabamos con la privacidad.

También ellos fueron los primeros en percatarse de ello, y por eso se pusieron a trabajar en conseguir tanto mensajes cifrados como efectivo electrónico, algo distinto al dinero digital. Para lo primero emplearon un remailer anónimo, conocido como La Lista de Correos Cypherpunk. El primer correo enviado a la Lista fue una ponencia de Chuck Hammill en la Conferencia del Futuro de la Libertad de 1987, De las Ballestas a la Criptografía:

“La tecnología representa una de las vías disponibles más prometedoras para recuperar nuestras libertades de aquellos que las han robado. Por su propia naturaleza, favorece a los brillantes (aquellos que pueden ponerla en práctica) frente a los aburridos y con poco interés (aquellos que no pueden). Favorece a los que se adaptan (que son rápidos para ver lo nuevo) frente a los perezosos (que se aferran a los métodos probados por el tiempo)

Y… ¿Qué dos palabras pueden describir mejor la burocracia gubernamental que aburrida y lenta?

[…]

Uno de los triunfos más claros y clásicos de la tecnología sobre la tiranía, es la invención de la ballesta portátil. Con ella, un campesino no entrenado podía atacar un objetivo a cincuenta metros, de forma totalmente fiable y letal incluso si ese objetivo fuera un caballero montado con su cota de malla. […] Además, dado que los únicos caballeros montados a caballo que visitarían al campesino medio serían los soldados del gobierno y los recaudadores de impuestos, la utilidad del dispositivo era clara: Con él, la plebe podía defenderse a sí misma de tanto de otros atacantes como de sus amos gubernamentales. […] Si observamos la evolución posterior, vemos cómo la tecnología, por ejemplo como el arma de fuego, en particular el rifle de repetición y el revólver, seguidos más tarde por la ametralladora Gatling y otras armas de fuego sofisticadas, alteró radicalmente el equilibrio del poder interpersonal e intergrupal. No sin razón el Colt  del 45 fue llamado «el igualador».”

Los Cypherpunks vieron muy rápido cómo la criptografía fuerte era una herramienta que permitía cambiar la lógica de la violencia, el coste de defendernos y atacar, y los rendimientos o retornos de emplear la violencia.

No obstante, no todos se consideraban “criptoanarquistas”, ni “punks”. En 1993, Perry E. Metzger dejaba clara su aversión al empleo del nombre porque a su juicio provocaba las connotaciones equivocadas, dando a entender que son criminales y no gente preocupada por la privacidad como herramienta para preservar mejor la libertad personal. Contó con el apoyo de Nick Szabo: “Estoy de acuerdo con Perry en que “cypherpunks” es una mala etiqueta cuando este tipo de cuestiones se plantean en público, y también añadiría “cripto-anarquía”. Nuestro principal “tema de conversación” es la privacidad, y otras cosas menos populares es mejor mantenerlas en privado”. En 2008 Perry creó la Lista de Correo de Criptografía. En junio de ese mismo año, Nick Szabo publicaba en su blog su artículo Estado vs. Anarquía, la falsa dicotomía, en la que incidía en su crítica: “Aquellos de nosotros que nos gustaría reducir en gran medida los poderes brutales y derrochadores de los gobiernos modernos nos hacemos un gran perjuicio al adoptar el término estatista “anarquista”. La anarquía es el coco de los estatistas. Un libertario que se hace llamar “anarquista” es como un agnóstico o un ateo que se hace llamar “satanista”. No busque opuestos imaginarios, sino alternativas reales”.

Una vez conseguidas formas de comunicarse de manera privada, se hacía necesario conseguir formas de transaccionar de manera privada: el efectivo electrónico.

Varios fueron los intentos: eCash, b-money, BitGold; finalmente, y tras décadas de trabajo por su parte, el 31 de octubre de 2008 Satoshi Nakamoto dejó en la Lista de Correo de Criptografía el Whitepaper de Bitcoin: “He estado trabajando en un nuevo sistema de efectivo electrónico que es totalmente peer-to-peer, sin un tercero de confianza. Las principales propiedades: se evita el doble gasto con una red peer-to-peer. Sin terceras partes de confianza. Los participantes pueden ser anónimos.”

Con Bitcoin no se consigue solo efectivo electrónico, sino que, al conseguir una forma de transaccionar y atesorar valor en el Ciberespacio sin el tercero de confianza, se crea el primer y único activo real digital, hasta el momento, y se redefine el derecho de propiedad, haciéndolo absoluto al depender del conocimiento de las claves privadas.  Bitcoin resuelve los problemas históricos del doble gasto y del tercero de confianza (problema de los generales Bizantinos), y con ello se consigue el primer activo digital incensurable y el primer activo inconfiscable.

Un cambio de tal magnitud necesariamente provocará cambios en la Defensa y en la forma de organizarnos socialmente, al igual que lo hizo la pólvora en su momento. El uso armamentístico de la pólvora tardó siglos en desarrollarse, y las primeras armas eran pájaros con una bolsa de pólvora atada al cuello que se lanzaban como proyectiles a las estructuras de madera de los enemigos para incendiarlas. Seguramente, a día de hoy no sepamos exactamente el impacto que tendrá Bitcoin en la Defensa, la geopolítica y su relevancia estratégica. Sin embargo, al igual que aquel joven que iba a visitar al General, me veo obligado a llamar la atención sobre Bitcoin para que reflexionemos sobre los cambios que puede producir la incensurabilidad e inconfiscabilidad de un activo diseñado para preservar valor en periodos largos de tiempo, y analicemos sus posibles implicaciones en todos los ámbitos.

De forma similar a especular desde la propia Edad Media sobre los cambios que produciría la pólvora, considero que debemos especular sobre los cambios que producirá Bitcoin para prepararnos mejor para ellos. Sin tratar de hacer un numerus clausus, pensemos en las posibilidades de financiar el terrorismo, en la facilidad para realizar sobornos privados a funcionarios, la venta de secretos de Estado, inducir a falta de diligencia debida, extorsiones que pidan rescates en Bitcoin, la posibilidad de comerciar de países con embargos como Corea del Norte, Irán o Cuba; las ventajas que proporciona a los ciudadanos para salirse del sistema, para tener mayor poder de negociación con el Estado y tener riqueza fuera de sus manos; su posible revalorización dará mucho más poder a aquellos Estados que lo atesoren frente a aquellos que lo persigan y “prohíban”.

Con la pólvora la moralina sobre la pérdida del honor en la guerra y los argumentos de que afectaba al poder constituido y a la jerarquía social fueron rápidamente desplazados por su éxito. Aquellos que atrajeron a los especialistas en su uso, a los diseñadores de armas, a los comerciantes, prosperaron; los que la persiguieron y prohibieron perdieron su hegemonía. Con Bitcoin veremos lo mismo. Por ello lo más inteligente es promover el desarrollo de la industria, atraer inversiones, aprender a utilizar las herramientas que posibilita, los desarrolladores, las empresas de minería, en definitiva, ser un país Bitcoin-friendly. Con todo ello, además, vendrán especialistas en ciberseguridad, lo cual es una prioridad nacional.

En Estados Unidos, la Space Force tiene entre sus filas a un investigador que está realizando su tesis en el MIT sobre las implicaciones para la Defensa de Bitcoin, Jason Lowery:

“Pero, ¿qué pasa con las cosas que la sociedad puede cambiar? ¿Tiene la sociedad la sabiduría para reconocer la diferencia entre las cosas que pueden y no pueden cambiar? Suponiendo que tengan esa sabiduría, ¿podemos esperar que la sociedad reúna el coraje para hacer el cambio? Soy optimista sobre esto; creo que podemos. Este optimismo es la razón por la que dediqué mi tiempo a desarrollar una teoría fundamentada sobre Bitcoin. Creo que comprender la importancia sociotécnica de los activos digitales de prueba de trabajo y la importancia estratégica nacional de Bitcoin es fundamental para desarrollar la sabiduría que necesitamos para ver la diferencia entre lo que podemos y no podemos cambiar, y reunir el coraje que necesitamos para cambiarlo.

[…] Hay importantes implicaciones de seguridad estratégica nacional de Bitcoin, el protocolo de defensa de activos digitales de prueba de trabajo más adoptado del mundo. Las superpotencias cinéticas de hoy deberían tomar Bitcoin extremadamente en serio y reunir toda su capacidad para producir una política estratégica responsable que realmente entienda esta tecnología por lo que es, y posicione a su nación para prosperar en esta nueva era de competencia de poder estratégico. Como todos los ejemplos de cuándo surgió la nueva tecnología de proyección de poder en la historia, el futuro de la guerra digital dependerá en gran medida del camino; las primeras naciones en adoptarlo serán recompensadas asimétricamente, y probablemente no habrá segundas oportunidades”. Jason Lowery, Preservación Mutua Asegurada)

Nuestras sociedades se deben preparar para estar mejor posicionadas ante las ventajas y riesgos y realizar una adecuada estrategia nacional. La OTAN tardó 14 años en prestarle atención al Ciberespacio, justo los años que acaba de cumplir Bitcoin. Trabajemos juntos por un futuro mejor para nuestras sociedades, con las nuevas tecnologías que se nos presentan.

Los pesimistas de nuestro tiempo

Hace unos días asistí a una conferencia en una prestigiosa institución académica de Madrid que destaca, entre otras cosas, por la pluralidad de los temas que se tratan en sus distintas aulas, debates y publicaciones, es decir, que se caracteriza por ser un abanico de posibilidades, tanto por los portavoces que discurren a su estrado como las ideas que ahí se vierten, aunque a veces rocen el imaginario de lo utópico, esto es, radicalidad y exceso en términos de propuesta.

En concreto y para no faltar a la verdad, cabe decir que en aquel conversatorio daba la impresión de estar frente a una ponencia acerca de las alegóricas nostálgicas del leninismo, pero trasladado y adaptado al siglo que aquí nos tiene. Lo cierto es que muchas cosas no han cambiado desde entonces; todavía hay adeptos a aquellas ideologías que la humanidad bien conoce y que defienden nuevas definiciones de cuestiones que hoy no caben en una sociedad no poco distinta, pero valorable en cuanto a la experiencia vivida. Es más, resulta hoy más incomprensible la radicalidad de las adaptaciones y es más condenable aún, precisamente, por el hecho de que no es una verdad menor que el ser humano, como individuo y como animal social, ha cambiado poco. Pero en su agrupación y concepción como sociedad libre, ésta ha evolucionado hacia nuevos paradigmas a los que enfrentarse con contundencia y seriedad. Eso es, por lo menos, lo que uno espera, más aún en un momento y contexto como el que hoy nos toca vivir.

En aquel acto se profirieron ideas o conceptos como ‘ecofeminismo’, ‘democracia asamblearia’ o ‘poderes mediáticos’. Cabe decir que no fue una sorpresa las corrientes políticas que allí se denotaron –tanto por la temática como por los ponentes–, sino la espontaneidad y seguridad con la que se defendían cuestiones que hoy parecerían difíciles de encajar en el imaginario colectivo, aunque se las intente trasladar al día a día de ciudadanos que tienen otras ocupaciones y que poco les importa la política y los políticos. No obstante, frente a ello, se puede caer en el error si nos detenemos solo a discutir que aquellas ideas o propuestas son solo metáforas de corto calibre, cuando la izquierda más radical ha entendido que la batalla política es, por encima de todo, cultural y que se debe librar en los medios de comunicación y en las aulas, con el objetivo de articular ‘normalidades’, tal y como hoy ocurre.

Libertad, se decía al referirse a la forma de democracia que ellos defendían, es poder elegir en el día a día, reduciendo la significancia de tal idea a un simple valor de sufragio repetitivo. En oposición, cabe decir que el individuo hoy sí concibe la libertad, con una consistencia y consciencia aún mayor, pero no bajo el sentido de la vinculación directa y permanente con el poder público. Al contrario, prima en el ‘hombre moderno’ otro sentimiento hacia tan importante principio. Precisamente, Benjamín Constant se refirió al ‘hombre moderno’ y su acepción a la libertad, cuando sostuvo, en el Ateneo de París en 1819, que “la finalidad de los modernos es la seguridad de los goces privados; y ellos llamaban libertad a las garantías acordadas a esos goces por las instituciones”.

Encaminados, en consecuencia, en la lógica de atracción de las nuevas identidades que abraza, llamémosle socialismo o comunismo de nuestro tiempo, el discurso de los conferenciantes no dejo de lado la estela que precede a nuestro tiempo y la imposición de mensajes sobre la base de la adaptación que los adeptos a esas ideologías ponderan empecinadamente. Por ello, se rubricaron frases como que el capitalismo está viviendo una etapa fatídica y que la idea del libre mercado está llegando a su fin porque, sencilla y llanamente, es la realidad de los hechos la que nos lo testifica.

Lo cierto es que, más allá del debate sobre la supervivencia de la democracia o de la crisis del liberalismo en nuestro tiempo, cuyo análisis trae consigo más elementos para reafirmar lo contrario, al menos en las sociedades occidentales donde la dignidad humana y la libertad del individuo sí tienen precedentes sólidos desde el arraigo a las ideas vinculantes a la ley y la igualdad, y el valor de la persona como individuo libre en relación constante con el otro, cabe decir, que los defensores de aquellas ideas, bien podamos llamar ‘liberticidas’, deben ser vistos como los pesimistas de nuestro tiempo, dado que el ser humano, más aún en un entorno democrático y a pesar de las grandes dificultades que todavía arrastramos en términos sociales, políticos y económicos, nunca antes había experimentado tal nivel de desarrollo, crecimiento y bienestar. Descifrando aquello, Johan Norberg señala en Progreso que vivimos en el mejor momento de nuestra historia y, sin embargo, se ha extendido la creencia generalizada de que el mundo va exageradamente peor.

No extraña, por tanto, la usurpación de los mensajes y su proliferación en beneficio del interés particular de los colectivistas. La democracia asamblearia, amparada por justificaciones como la participación ciudadana, no es una idea nueva ni nueva es su intención de promocionarla frente al carácter innatamente representativo de la democracia moderna. Porque, cierto es, que la participación del ciudadano es necesaria, pero no debe ser ésta la que remplace el sistema en que políticamente vivimos porque estaríamos cayendo en un error incompatible con la democracia tal y como hoy la conocemos y la concebimos. Esa particular idea resulta, por tanto, antidemocrática y antiliberal, y es una expresión antagónica a las bases democráticas sobre las que sostiene nuestro sistema, aunque, invocando a la libertad y a la democracia se quiera manifestar y convencer de lo contrario.

En medio de la turbiedad de la colectividad, el individuo siempre perderá su condición de tal, sujeto de derechos y obligaciones ante la ley, cuando éste se doblega en la masa enervada que todo lo abarca y cuando se somete, ineludiblemente, a una élite autoritaria. La persona nunca ha pensado en forma colectiva porque es imposible hacerlo, el grupo siempre será manipulable ‘a lo grande’, por ello, la democracia asamblearia en enfrentamiento con la representación política presentará muchos vicios. El hombre moderno (Constant), como se dijo, tiene otras ocupaciones y preocupaciones vinculadas al mundo volátil, de cambios y presiones que nos toca vivir, pero siempre rescatará ese valor que lo dispone en su día a día: la libertad.

Nunca se ha reivindicado tanto la democracia por quienes la repudian. No hay democracia sin ciudadanos libres y conscientes de su condición y del entorno en el que viven. Son muchos los interesados en confundirnos para convertirnos en seres más fácilmente manejables, especialmente aquellos pesimistas que en nombre de la democracia pretenden destruirla.

El negacionismo escéptico

Los liberales consideran fácil rebatir racionalmente el catastrofismo ecologista propio de los popes del cambio climático; otra cosa es que el auditorio -con sus prejuicios, propios de todo ser humano – quiera o pueda asimilar el mensaje: El Estado, allá donde ha tenido más poder, ha demostrado sus miserias (los desastres de Chernóbil o el mar de Aral, son sólo algunos ejemplos). Y es que, como sabemos, los sesgos de políticos y burócratas, en lo que a información e incentivos se refiere, se magnifican cuando ostentan todo -o la mayor parte- del poder; mientras, en los sistemas en los que las decisiones se toman a través del mercado -del libre intercambio de los conocimientos y las necesidades de millones de personas distintas, con derechos de propiedad cada vez mejor definidos-, se produce una mayor coordinación social, más flexibilidad y una sana competencia que ayuda a que se descubran y apliquen cada vez mejores soluciones, huyendo -a la larga- de respuestas simplistas y siendo más fácil que se tengan en consideración los miles de variables que afectan y condicionan la realidad en la que vivimos, como si los sesgos de unos y de otros -que, repetimos, todos tenemos- se compensasen y anulasen entre sí.

Quizás, por ello, para rebatir esta nueva religión, seguros de la fácil victoria, se utilizan muchas veces a “expertos” que parten de las premisas del adversario (“el cambio climático ocasionado por el hombre es un problema que de alguna forma hay que atajar”), como el activista Shellenberger, el Premio Nobel Nordhaus o el ecologista escéptico Lomborg, quienes, de una u otra forma, reconocen que “el cambio climático es un problema real”, aunque exagerado (Lomborg),  que hay que integrar en el análisis macroeconómico a largo plazo (Nordhaus), y que puede solucionarse a través de la tecnología (Schellenberger), siendo mucho menores, por ejemplo, los efectos negativos de los combustibles fósiles comparados con los beneficios socioeconómicos que reportan (Alex Epstein).

En mi opinión, en esta batalla no se le pueda dar ni media concesión al adversario, aunque exija mayor esfuerzo y análisis. Y es que, creo, aceptar como principio del debate -aunque sea a efectos dialécticos- la supuesta existencia del “cambio climático” (que cacarean, sin prueba científica contrastada, cientos de potentados desde su avión privado “CO₂ free”) es un gravísimo error, ya que el supuesto cambio es sólo el banderín de enganche, la excusa a través de la cual pretenden infectarnos de un virus mucho más letal: un neomaltusianismo ramplón y terrible que justifica una “revolución permanente” more comunista (“siempre se puede hacer más por el planeta”), en la que cada individuo se convierte en un lobo para el resto, que lleva a un paulatino empobrecimiento general, no muy igualitario (se destinarán más recursos de los necesarios: el mercado es mejor que el Estado, pero no infalible), que justifica cualquier medida política -con nuestros impuestos- o social tendente a reducir la población y evitar la natalidad (eutanasia, aborto, anticoncepción, matrimonios poco prolíficos o incluso “childfree”), y que llevará -está llevando- a muchos -de buena y mala fe- a acudir a los de siempre, como nuevos sacerdotes sumos, bajo cuya experta dirección someternos voluntariamente no ya Dios -ni siquiera al hombre-, sino a esa supuestamente nueva -aunque sea antigua- deidad, poliforma y difusa, que unos llaman Gaia, otros madre-tierra, algunos pachamama… en cuyo altar debemos hacer, sin descanso, sacrificios cruentos, como se hacían en otras épocas históricas a las que los ecologistas radicales parecen querernos devolver.

Ya está bien de que partamos siempre de la presunción de que somos semidioses con poderes infinitos… y que esa idea sirva para manipularnos y atentar contra el orden natural de la creación (es el hombre quien debe dominar la creación, no al revés) y contra nosotros mismos (van a venir estos popes, con piel de cordero, a sojuzgarnos para protegernos de nosotros mismos, ¡venga, hombre!).

Son infinitas las incógnitas de base: desde un punto estrictamente material, nuestro planeta, y más el hombre, es mucho menos que una pulga en medio del universo: la más mínima circunstancia en el sol puede, por ejemplo, afectarnos mucho más que todas las emisiones provocadas por el hombre durante siglos; la climatología es una ciencia nueva, todavía en pañales, y con datos preciosos sólo del pasado más “ultra-reciente”; el clima ha variado muchísimo a lo largo de los siglos sin necesidad de nuestras emisiones de carbono; el CO₂ que contiene nuestra atmósfera procede, en su mayor parte, al parecer, de las emisiones volcánicas masivas de hace millones de años, a cuyo lado nuestros coches, fábricas y calefacciones -incluso si añadimos el mortífero excremento de las vacas- son cagaditas microscópicas de mosca. La temperatura media anual de la España peninsular hace sesenta años fue, al parecer, idéntica a la de 2021, idéntica (según el IEMET) a pesar del crecimiento de la población y del mayor uso de energía por habitante… Y aun así cedemos en los puntos de partida del debate, aunque no estén contrastados, y aunque con ello un sesgo tenebroso y criminal infecte la cosmovisión desde la que la mayoría percibe la realidad. ¡A mí que me lo expliquen!

El premio Nobel a Ben Bernanke es otro galardón a Milton Friedman

Este 10 de octubre la Academia Sueca otorgó el premio Nóbel de economía 2022 a Ben S. Bernanke, Douglas W. Diamond y Philip H. Dybvig. En este artículo queremos hacer una evaluación de las contribuciones de Bernanke a la teoría de las crisis financieras y a su gestión para atender la crisis subprime de 2008.

Lo cierto es que Bernanke se ha declarado en más de una oportunidad como un alumno de Milton Friedman y Anna Schwartz en lo que refiere a su estudio de la gran depresión. En su libro Historia monetaria de los Estados Unidos, ambos autores explicaron que el error de la Reserva Federal estuvo en no evitar la contracción secundaria de dinero del período 1929-1933 provocó la pérdida de más de 10.000 bancos, la pérdida de actividad económica y la generación de un alto desempleo.

En términos técnicos, o de la teoría cuantitativa del dinero (MV= Py), se trata de una contracción en el ingreso nominal MV, o más precisamente la caída en la Velocidad de circulación del dinero (V), lo que se corresponde con un aumento de la demanda de dinero (Md). En términos más coloquiales, una vez que inicia la crisis, las personas tienen incertidumbre y temores que los lleva a incrementar su demanda de dinero, su atesoramiento, a partir del cual reducen sus gastos e inversiones.

Friedman y Schwartz recomendaban entonces que, en este caso particular, la autoridad monetaria debía incrementar la masa monetaria (M) en la misma proporción que bajaba V, para así evitar la deflación de precios, y con ello la caída de actividad y empleo. La medida, para este caso particular, tuvo un consenso amplio en la Academia. Y fue Bernanke, en representación de la Fed, quien afirmó en 2002 que de ocurrir un escenario similar, la autoridad monetaria no cometería el mismo error.

En 2008, cuando Bernanke ya estaba al frente de la Fed, tomó aquellas lecciones de Friedman y Schwartz y aplicó una política de fuerte liquidez para contrarrestar el incremento en la demanda de dinero, consiguiendo así reducir el desequilibrio monetario que de otro modo hubiera repetido el temido escenario de los años 1930.

Para una parte de la literatura que evaluó la crisis de 2008, Bernanke incluso fue más lejos, y con sus políticas oportunas de rescate de empresas y bancos “que eran demasiado grandes para caer”, evitó que el sistema financiero cayera como un efecto dominó, lo que en definitiva salvó también a la economía real. Pero hay otra parte de la literatura que señala que la intervención no fue benigna; piensa que en lugar de políticas de redescuento, la intervención debió aplicar operaciones de mercado abierto, y que los salvatajes a las empresas nos dejan con un “riesgo moral” que evita que aprendamos de nuestros errores. Más importante aún, la expansión de liquidez que inició en 2008 nos dejaba con una economía recuperada ya desde 2011. Pero aun con tasas de interés cercanas a 0 % en el período 2008 a 2016, la economía americana no parecía reaccionar.

En 2016 la Fed intentó subir las tasas de interés pero rápidamente observó que la economía americana era un castillo de naipes, con riesgo de recesión. Decidieron dar un paso atrás en esta medida, y más bien esperar que la recuperación fuera más vigorosa, y que la economía empezara a crecer. Las tasas de interés cercanas a 0 % no pudieron lograr en el período 2016-2020 que la economía rebotara, lo que habría escenarios similares a la economía japonesa, que tiene dificultades de crecimiento desde principios de los años 1990.

Mi hipótesis es que la pandemia vino a tapar estos desequilibrios monetarios con una fuerte recesión, que dejó a la economía en un nuevo escenario similar al de 1930. Ya sin Bernanke, pero con el mismo manual, ante el temor y la incertidumbre que generó el covid-19, la Fed volvió a contrarrestar la caída de V con aumentos “nunca vistos” de M.

La economía se recuperó sobre la base de estos estímulos, sumado a la flexibilización de las restricciones por cuarentenas, pero deja para adelante un nuevo escenario desafiante, en el que ni el propio Bernanke tiene claro cómo atender. La discusión hoy no incluye la expansión monetaria de 2008-2020, que fue muy extensa en tiempo, y muy profunda en cantidad de dinero. Por ello insisto que los efectos de la política de Bernanke quedaron ocultos en la pandemia. Hoy lo que abre una nueva literatura es la política de 2020-2021, pues ha dejado pequeño al ciclo anterior.

La contracción monetaria que inició en la post pandemia intenta paliar los efectos inflacionarios que ya son visibles en todos los indicadores, pero si bien es posible que tenga éxito en ese cometido, también puede dejarnos con una nueva gran recesión similar a aquellas de 1987, 2001, 2008, 2020. En términos del economista argentino Guillermo Calvo, estamos ante un nuevo Sudden Stop que provocará una nueva gran recesión. En términos de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, estamos ante las viejas lecciones de la teoría austriaca del ciclo económico.

Es una pena que en este premio la Academia Sueca no haya incluido a los economistas Lawrence H. White y George Selgin, como expertos modernos en esta literatura, quienes podrían contribuir a evitar que el mundo siga siendo convulsionado con malas políticas monetarias.