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Mises no comprendió a Menger (IV)

Estos últimos días he estado comentando con el profesor Rallo una crítica que Joel Serrano ha publicado en la revista procesos de mercado al análisis que a su vez Rallo dedicó al teorema regresivo de Mises en su libro “Una crítica a la teoría monetaria de Mises”.

No pretendo dar una réplica completa a Joel, entiendo que esto lo hará el profesor Rallo, pero sí quisiera destacar una cuestión importante que no he visto que ni Rallo ni Serrano traten en sus respectivos trabajos, y se trata de la diferencia en el concepto de mercancía en la teoría de Menger y en la de Mises.

Por supuesto, no se trata de que un concepto sea correcto y otro erróneo, simplemente son distintos conceptos, incluso se podría decir que opuestos, y considero que esto es una cuestión absolutamente clave en la teoría monetaria de Menger, pues Menger define dinero como la mercancía más vendible (o más líquida).

Para Menger una mercancía es un bien de cualquier tipo destinado al intercambio, tal y como muestro aquí y en los artículos siguientes de esta serie. Es decir, para Menger basta que el bien tenga valor de cambio. Para Mises, sin embargo, una mercancía es un bien que necesariamente debe tener algún valor de uso o consumo. 

Releyendo los artículos anteriores creo que vendría bien añadir alguna cita más donde quede bien claro la concepción de mercancía de Mises, por ejemplo aquí:

La teoría del dinero debe tener en cuenta la diferencia fundamental entre los principios que rigen el valor del dinero y los que rigen el valor de las mercancías. En la teoría del valor de las mercancías no es necesario al principio prestar atención al valor objetivo de cambio. En esta teoría todos los fenómenos de la determinación del valor y del precio pueden explicarse tomando como punto de partida el valor de uso subjetivo [..]

Efectivamente, aparte del hecho de que las mercancías adquiridas a cambio de los productos se valoran siempre de acuerdo con su valor de uso subjetivo, las únicas valoraciones que tienen una importancia final en la determinación de los precios y del valor objetivo de cambio son las que se basan en el valor de uso subjetivo que poseen los productos para aquellas personas que son las últimas en adquirirlos a través del tráfico comercial y que las adquieren para su propio consumo.” (Mises, 1997, p. 76 y 77)

En la cita anterior no se sabe muy bien a qué principios que rigen el valor de las mercancías se refiere Mises, pues el no desarrolla una teoría de la mercancía como si hace Menger en su libro Principios de Economía Política, donde por cierto dice expresamente lo siguiente:

Como en otras cuestiones, también en este punto mantiene Schmalz una teoría muy peculiar. Confunde en su obra, a consecuencia de su errónea concepción de la relación entre el dinero y las mercancías, la idea de mercancía con la de bienes de uso en el estricto sentido de la palabra y llega, por tanto, a una definición científica de las mercancías radicalmente opuesta a la que hemos ofrecido más arriba.” (Menger, 2012, cap. VII.1 nota al pie 4. Énfasis mío)

Y en la edición original de 1892 de Geld Menger dice esto otro:

Así, recientemente un destacado comentarista sobre el dinero y la acuñación niega el carácter de mercancía del dinero, especialmente porque una ‘mercancía’, para cumplir su propósito, es decir, para ser usada y consumida, debe desaparecer del mercado, pero el dinero, como medio de cambio, presta sus servicios permaneciendo en el mercado. Esto es un error, porque la circunstancia de que una mercancía finalmente se llegue a consumir es incierta y, por lo tanto, no es una característica esencial del concepto de mercancía.” (Menger, 1892, p.46 traducción libre. Énfasis mío)

En la teoría de Menger el valor de uso en una mercancía es algo circunstancial o accesorio, y no es lo que la caracteriza. Es decir, el valor de uso no es condición necesaria ni tampoco suficiente para que una mercancía sea una mercancía. Por otro lado, Menger enumera hasta 18 circunstancias, siendo 5 de ellas cualidades de la mercancía, que influyen en la vendibilidad, y sólo la primera circunstancia podría llegar a interpretarse que tiene que ver con su valor de uso no monetario, pero independientemente de la interpretación, Menger en ningún momento afirma que esa tenga que ser una circunstancia necesaria.

Que desde un punto de vista histórico las mercancías tuvieran inicialmente valor de uso, no impide que la creatividad humana, una vez ha observado cuáles son las características de las mercancías más líquidas o que mejor satisfacen los intercambios (duradera, divisible, transportable, elasticidad de la oferta, difícil de falsificar, etc), pueda alumbrar mercancías que sirvan única y exclusivamente para intercambiar. Servirán a este propósito con mayor o menor éxito, eso es irrelevante, pero para que satisfaga la definición de mercancía de Menger es suficiente que alguien invente ese instrumento para el intercambio y pretenda venderlo como tal. Este es el caso del proto-dinero que describe Nick Szabo, la moneda fiat o el caso de Bitcoin.

El caso de Bitcoin es el más ilustrativo, pues ya con el nombre que el inventor otorga al invento ya nos está diciendo su propósito, y sabemos casi con total certeza cuál fue el motivo de Satoshi para intercambiar su esfuerzo, electricidad y la capacidad de proceso de su ordenador para obtener las primeras unidades de Bitcoin. Y ese motivo no fue otro que las propiedades que con sumo cuidado él mismo trató de dotar a Bitcoin para ser una buena mercancía o medio de intercambio, según las propiedades que enumera Menger, y alguna más. A saber: Duradero, transportable, divisible, oferta limitada, fungible, difícil de falsificar, verificable, etc. Estas primeras unidades de Bitcoin fueron obtenidas mediante un intercambio autístico, y, por tanto, se generó un precio sin que esas unidades de Bitcoin hubieran tenido ningún uso no monetario previo. Satoshi atesoró esas primeras unidades porque tenían valor de cambio para él. Es decir, tal cual la definición de mercancía de Menger, recordemos: “Bien de cualquier tipo destinado al intercambio”. Y podemos afirmar que es un bien desde el momento en que Satoshi decide atesorarlos, pues no hay bien económico sin propietario ni propietario sin bien económico (Bondone, 2006, p. 24). Nadie se molesta en poseer cosas inútiles, o útiles que no sean o no se anticipe, vayan a ser escasas.

¿Por qué considero tan relevante el concepto de mercancía que utiliza Menger? Porque para Menger lo relevante de las mercancías es que facilitan el intercambio. De lo que se trata es sí, cualitativamente la cosa facilita el intercambio, y no del valor cuantitativo de la cosa. No es lo mismo una partida de merluzas frescas con valor equivalente a una onza de oro hoy, que una onza de oro. Sus distintas cualidades repercuten en una liquidez o intercambiabilidad distinta, por mucho que su poder adquisitivo a día de hoy sea cuantitativamente el mismo. 

Es crucial tener en cuenta que Menger sostiene que los intercambios generan riqueza para ambas partes, y además es importante destacar que cualquier mercancía puede facilitar el comercio sin necesidad de ser la más líquida. Por tanto, cualquier cosa que facilite el intercambio deriva su valor de la nueva riqueza que generen los intercambios futuros que se estime, dicha cosa vaya a mediar. La mercancía entendida en su significado Mengeriano esencial atendiendo a sus cualidades para facilitar el intercambio (transportable, divisible, etc.), es una herramienta para el intercambio y, por tanto, tiene valor como cualquier otra herramienta.

Pero, ¿cómo se puede saber el precio de esta herramienta si nunca tuvo un precio antes?  Pues igual que para cualquier otra herramienta totalmente nueva, mediante un intercambio autístico como el que describíamos en el caso de Satoshi, o mediante un proceso de subasta o tanteo donde comprador / vendedor manifiestan qué cantidad de otro bien están dispuestos a entregar / recibir a cambio, y donde comprador / vendedor pueden comenzar por ofrecer /  pedir un precio arbitrariamente bajo / alto. Una vez acuerdan un primer precio, ni el propio Mises tendría problema alguno en admitir que esta nueva herramienta para el intercambio pueda valorarse única y exclusivamente por los servicios de intercambio que proporciona, tal y como explica en su libro “Money, Method and the Market Process”, aunque refiriéndose al dinero:

But once an economic good has become money, then the specific demand for money can tie into an already existing exchange relationship between money and goods in the market, even if the demand for the money-good, as motivated by the other use, disappears. 

[..]
All of those who denied the ability of the services of money to determine its exchange value failed to recognize that the only decisive element is demand. The fact that there exists a demand for money — the most marketable (most saleable) good, for which the owners of other goods are prepared to exchange — means that the monetary function is capable of creating value.” (Mises, 1990, Cap. 4)

Mises no pone en duda que la prima de vendibilidad o liquidez existe, hasta el punto de que sostiene que un bien puede ser valioso única y exclusivamente por esa prima de liquidez. ¿Y cuál es la causa de la prima de liquidez? La teoría de la mercancía de Menger nos da la respuesta: Las cualidades de la cosa que contribuyen a su vendibilidad (liquidez).

En definitiva, el teorema regresivo de Mises pretende resolver un problema que no existe, pues la teoría de la mercancía de Menger ya da respuesta a lo que Mises pretende resolver. Pero como Mises claramente no toma en consideración esta teoría, ve un problema donde no lo hay. En un sentido más profundo, Mises no acaba de reconocer la capacidad del ser humano para anticipar la riqueza que generan los intermediarios de los intercambios cuando éstos son objetos cuya única utilidad potencial sea facilitar intercambios.

Bibliografía

Bondone, Carlos (2006), Teoría de la Relatividad Económica. www.carlosbondone.com 

Menger, Carl (2012) [1871] , Principios de Economía Política, Bubok Publishing

Menger, Carl (1892) Geld, Handwörterbuch der Staatswissenschaften.

Mises, Ludwig Von (1997) [1912], La Teoría del Dinero y del Crédito. Unión EditorialMises, Ludwig Von (1990) Money, Method, and the Market Process. www.mises.org

Serie Mises no comprendió a Menger: I, II, III

El efecto Quantitative Easing sobre la oferta monetaria

El Quantitative Easing (QE) o expansión cuantitativa es una política por la que los bancos centrales compran activos financieros a gran escala a instituciones financieras del mercado privado. Estos activos son comúnmente bonos del tesoro y a veces bonos de grandes empresas con bajo riesgo insolvencia. Con el QE, se generan nuevas reservas del banco central, las cuales terminan en manos de instituciones financieras. Por esto vemos un aumento en el precio de los activos financieros donde se ha llevado a cabo la política del QE, pero no inflación. No obstante, se podría argumentar que sí que hemos visto una inflación en esas economías por el aumento de los precios de los activos financieros. Pero esta no es la inflación como comúnmente la entendemos, como un aumento generalizado del nivel de precios, sino una inflación de unos productos concretos.

A la vez que los bancos centrales crean reservas, también obtienen algo a cambio. Los bancos centrales se hacen con bonos, los que retiran de la economía, los cuales, es importante remarcar, sirven como dinero en ciertos sectores de la economía. Salvo que los gobiernos aumenten su gasto simultáneamente, el banco central solo añade dinero a la economía a cambio de un bien muy dinerable. Si seguimos la clasificación de Bondone, el banco central retira un tipo de moneda—activo real o financiero que sirve para satisfacer la demanda de liquidez—a cambio de otro tipo de moneda.

Tanto las reservas del banco central como los bonos son parte de la oferta monetaria, aunque con diferente dinerabilidad, siendo las reservas del banco central el bien más liquido al consistir en la base monetaria—junto con el efectivo en circulación—. Por simplificar, podemos dividir la oferta monetaria en tres círculos concéntricos: la base monetaria, siendo el círculo interior; los depósitos bancarios, los cuales operan como dinero, pero son promesas del banco—y por tanto muy líquidas—de pagar en dinero; y otros activos financieros que operan como dinero en ciertos mercados. Cuando los bancos centrales llevan a cabo la expansión cuantitativa, expanden el círculo interior aumentando sus reservas, contrayendo el exterior, retirando bonos de la economía. De esta forma, el tamaño de los círculos se ha modificado sin aumentar el diámetro del círculo exterior.

También lo podemos ver pensando en los cambios en los balances de los distintos agentes. Los bancos centrales compran bonos gubernamentales de una institución financiera distinta a un banco. La institución financiera recibe dinero en su depósito a cambio de los bonos. El banco comercial actúa como un intermediario entre el banco central y la institución financiera. Las reservas adicionales en los bancos comerciales son un producto de esta transacción. Pero el QE también crea un nuevo pasivo en el balance del banco: el nuevo depósito de la institución financiera, sobre la que el banco tendrá que pagar intereses. El QE le concede a los bancos comerciales parte del pasivo del banco central—dinero—que aparecerá en su activo, y un pasivo de igual valor, que será el activo de la institución financiera.

¿Si la oferta monetaria agregada no ha cambiado, entonces para qué sirve la expansión cuantitativa? Una explicación es que las reservas son más líquidas que los bonos, por lo que es una manera de inyectar liquidez en el mercado. Además, las reservas tienen un menor riesgo de contraparte que los bonos en caso de crisis.

Una segunda razón puede ser que los bancos centrales quieran controlar los tipos de interés en bonos gubernamentales a largo plazo. El tipo de interés de las reservas del banco central es más bajo que el de los bonos gubernamentales. Estos se están volviendo cada vez más escasos en el sistema financiero, lo que hace que suba sus precios, lo que hace que bajen sus tipos de interés. Los bancos centrales ya controlan los tipos de interés de deuda a corto plazo fijando el tipo de interés sobre sus reservas. Con esto, controlarían además el tipo de interés sobre deuda a más largo plazo.

Una tercera razón por la que los bancos centrales querrían llevar a cabo QE es que al expandir la cantidad de reservas disponibles los bancos comerciales pueden aumentar su capacidad crediticia. Pero esto no tiene por qué pasar. Al fin y al cabo, la generación de nuevos depósitos en los bancos comerciales viene delimitada por la voluntad de las personas de pedir prestado. Y no solo para estimular el pedir prestado, sino también para incentivar a los inversores a cambiar activos de bajo riesgo como bonos por otros más arriesgados como acciones.

Otra razón, es que mediante el QE los bancos centrales facilitan que sus gobiernos se endeuden por menos al bajar los tipos de interés, lo que les permite gastar más. En este caso, sí que tendríamos inflación porque al emitir nuevos bonos, se añade más dinero a la economía y no se retira nada—o el efecto neto es como si no se hiciese—por lo que se aumenta el círculo interno reduciendo el tercero, pero no lo suficiente porque el tercero también aumenta.

Las reservas de los bancos centrales entran en la economía real a partir de los bancos comerciales o el gasto gubernamental. Si no hay un aumento de la demanda de liquidez por parte de las personas que lleve a los bancos a emitir más depósitos o el gobierno no aumenta significativamente su gasto, no tiene por qué haber inflación a pesar del QE—o, al menos, no un aumento generalizado del nivel de precios, sino un aumento focalizado del precio de ciertos activos financieros.

PSOE Next Generation UE

En los actos por los cuarenta años del primer gobierno del PSOE he echado en falta que se resaltará un hito en las campañas electorales españolas: el uso de la publicidad subliminal.

El 19 de junio de 1986, a tres días de las elecciones, en el informativo de televisión española aparecieron sobreimpresas las siglas PSOE mientras se visualizaba un gol de la selección española en el mundial de México. Tan efectivo fue, que durante años he escuchado a multitud de personas que aseguran que vieron el texto VOTA PSOE, en vez de simplemente las siglas. Lo que se ha convertido en motivo de debate en tertulias familiares durante décadas.

Han pasado 36 años y, por suerte, ya no importa mucho lo que salga sobreimpreso en los resúmenes de los partidos de la televisión. Pero sí sigue importando, y mucho, la publicidad a la que estamos expuestos de forma constante al consumir contenidos. Y aquí el PSOE vuelve a demostrar que está en la vanguardia de la innovación: han inventado campañas masivas de autobombo financiadas desde el exterior.

¿Vas a echar gasolina? Reposta en CEPSA barato gracias a la bonificación del gobierno. ¿Has cumplido 18 años? Compra en FNAC gracias al bono de 400 euros del gobierno. No hay que dejar a nadie atrás, renta mínima gracias al gobierno; campaña financiada por los fondos europeos Next Generation. ¿Discursos de odio (de derecha)? El gobierno vigila. Organismo financiado por… En fin, ya sabemos el resto.

Repartir dinero público entre segmentos de la población y presumir de ello es algo muy antiguo. Conseguir que sean las propias empresas privadas las que hablen de ello requiere de más maestría, pero tampoco es demasiado nuevo. Lo que verdaderamente es un logro de nuestra época es que sea una institución supranacional la que te esté financiando todo el embolado (las paguitas y su promoción).

Aquí podríamos decir que en realidad esto ya ha pasado en otras partes. El FMI es responsable de financiar a gobiernos que no conseguirían financiación de otro modo, y usan esa financiación para mantener las redes clientelares que deberían suprimir. Pero esto siempre ha sido un proceso complejo que tiene un coste social para los políticos que lo inician, y va asociado a la pérdida de independencia del país que recurre a él.

En cambio, el gobierno del PSOE ha conseguido ser financiado durante cuatro años por una institución que solo amenaza con intervenir (si es que al final lo hace) al gobierno que le suceda. Y se puede dar la circunstancia de que gracias a esa financiación esa sucesión no exista, y tengamos este mismo gobierno operando hasta 2027. ¿Qué van a intervenir entonces? ¿Las políticas cuya promoción están financiando ahora?

Existe un debate interesante estos días sobre si el PSOE es una organización criminal. Desde luego, es la organización cuyos gobiernos han propiciado situaciones económicas desastrosas durante las últimas décadas. Gracias a la democracia, esa responsabilidad, en última instancia, siempre ha recaído en sus votantes y, por extensión, en el conjunto de la sociedad española.

Podemos estar ante un punto de inflexión en la historia, ya que la próxima situación desastrosa que vivamos próximamente debería estar claramente vinculada a aquellos que han financiado desde el exterior las políticas que la han provocado. Votar cada cuatro años está muy debajo en nivel de complicidad que financiar directamente a los que están fraguando la crisis.

No va a ser necesario que ningún técnico de RTVE pulse un botón para que acompañando a las futuras imágenes de recesión, todos leamos claramente: PSOE Next Generation UE.

Los movimientos antifiscales como motor de la historia

Desde que existe el Estado han existido los impuestos. Hoy por hoy el ciudadano medio se ha acostumbrado a tener unos impuestos tremendamente abusivos. Financiar al Estado mediante estas imposiciones es algo tan natural como cualquier otra acción cotidiana de nuestra vida.

Pero no siempre ha sido así; los impuestos llevan aparejados también disconformidad. Cuando el Estado no era tan omnipotente como ahora, los dirigentes tenían menos poder para imponer su voluntad. La historia del ser humano es una pugna continua contra las imposiciones estatales. Aunque en ocasiones el individuo haya aceptado o incluso defendido más autoridad, en la mayoría de los casos ha sido por ignorancia y no por convicción. Hasta los movimientos más autoritarios de la historia han defendido sus regímenes bajo la bandera de la libertad, aunque, por supuesto, mal entendida.

Como ejemplo de lucha contra la tiranía, los movimientos antifiscales han existido en todas las épocas históricas alrededor de todo el mundo. Aunque a veces no seamos conscientes, las personas tenemos una tendencia hacia la libertad, y estos movimientos antiestatistas son una clara manifestación de ello. A continuación, vamos a poner algunos ejemplos de estos movimientos antifiscales en orden cronológico.

A finales del S.VI a.C, el Imperio persa se extendía desde el actual Pakistán hasta Estambul. El territorio estaba dividido por satrapías gobernadas por un sátrapa que cobraba impuestos a sus súbditos para financiar la monarquía. Hacia el final de siglo, el Imperio persa conquistó los territorios de Asia Menor, territorio situado en la actual Turquía. Las ciudades griegas allí situadas estaban sometidas militarmente y el Imperio les cobraban unos altísimos tributos, gravados sobre el floreciente comercio de la zona. En el 499 a.C, Aristágoras, gobernador de la ciudad de Mileto, harto de servilismo y de los altos impuestos, se levantó en armas contra el rey, fue el inicio de las Guerras médicas.

Situándonos ya en la Edad Media, encontramos infinidad de estos movimientos. Hacia el 777 Carlomagno quería proteger su imperio, por lo que realizará una serie de marcas alrededor de sus fronteras. En el sur quería defenderse de los musulmanes que controlaban la península ibérica, buena parte del territorio estaba controlado por Córdoba. Es aquí donde la ciudad de Zaragoza tomará un papel principal: los zaragozanos no querían estar sometidos a Abderramán I y no querían pagar tributos a Córdoba. La aristocracia zaragozana se vio amenazada por el norte y por el sur, los zaragozanos enviaron una embajada a Aquisgrán con una propuesta: la Zaragoza musulmana se entregaría a Carlomagno a cambio de que la reconociera y la defendiera de Abderramán. El germen del Reino de Aragón será un movimiento antitributario.

Ya en la Baja Edad Media, encontramos otros ejemplos como la Rebelión de Wat Tyler en Inglaterra. Muerto el rey Eduardo III, le sucedió su nieto de once años, Ricardo II. Pero como era demasiado joven, gobernaron en su nombre de los duques de Lancaster, York y Gloucester. En ese momento, Inglaterra pasaba por un momento económico complicado debido a las consecuencias de la peste negra y la aprobación del Estatuto de los Trabajadores que congelaba los salarios de los jornaleros. Debido a esto y las enormes cargas impositivas del Estado, se unieron sectores campesinos, clero popular, pequeña nobleza, artesanos y habitantes de las ciudades contra el gobierno. La causa inmediata en 1381 fue la subida del impuesto especial cobrado desde 1377 para financiar la guerra de los Cien Años. Uno de los dirigentes fue Thomas Baker, terrateniente local que se opuso al cobro del impuesto en sus tierras de Essex, y expusó a los recaudadores de impuestos.

Un año después, en 1382, en París, se produjo otra revuelta como respuesta a las nuevas tasas impositivas de Carlos VI y sus regentes. Más de 40.000 personas se levantaron bajo la consigna “abajo los impuestos”. Asaltaron el Châletet para robar armas y mazas de hierro (maillotins) que dieron nombre a la revuelta. Los sublevados saquearon mansiones y mataron a recaudadores de impuestos. Hubo una dura represión por parte del ejercito real en 1383, con el ajusticiamiento de los principales líderes.

Ya en la modernidad, en Castilla tendremos las Comunidades, tras la muerte de Fernando de Aragón, Carlos I se convertía en el nuevo monarca, convocaría urgentemente Cortes en Santiago de Compostela donde se dirigiría con el fin de ganar tiempo y embarcarse en la Coruña con destino a Flandes. El objeto de la convocatoria no era otro que solicitar un subsidio de 300 millones de maravedíes para financiar los gastos de la coronación, lo que desencadenarían en Castilla motines populares. Esto daría lugar a uno de los acontecimientos más importantes del reinado de Carlos. Las consecuencias, según Joseph Pérez, fueron la sustitución de las instituciones de los antiguos regimientos aristocráticos por instituciones representativas, más que una lucha de clases fue una revolución moderna, posiblemente la primera revolución moderna, pero también una revolución prematura.

Un siglo después encontramos más movimientos antifiscales como por ejemplo la Fronda francesa a partir de 1648, son una concatenación de eventos que se alargaron cinco años, en un momento en el que en el panorama europeo pasaba por una situación muy convulsa. Todo se produjo a raíz de la renovación del impuesto de la Paulette, era un impuesto que podían pagar los parlamentarios si querían asegurar el cargo a sus hijos. Tuvo tres fases diferentes, pero llego a un punto final tras la subida de Luis XIV al poder tras alcanzar su mayoría de edad, esta vez la monarquía absoluta obtuvo una victoria incontestable.

Prácticamente entrados ya en la contemporaneidad tendremos la tríada revolucionaria más importante de la historia, la Revolución de las Trece Colonias, la Revolución francesa y la Revolución rusa. Las dos primeras tendrán como germen las tasas impositivas. Comenzaremos con los Estados Unidos, seguramente el ejemplo más conocido de movimiento antifiscal. El Imperio británico decidió adoptar una medida muy impopular que era la de subir los impuestos a las colonias para financiar el costo del mantenimiento imperial. En 1773 se firmó la Ley del Té que convertía a la Compañía de las Indias Orientales en prácticamente un monopolio sobre esta mercancía, la noche del 16 de diciembre en Boston, un centenar de personas asaltaron los barcos y arrojaron las cajas de té por la borda, la ocupación militar de Boston por parte del gobierno británico fue el germen de la guerra entre las colonias y su metrópoli, muchos de aquellos colonos luchaban bajo el lema “no taxation without representation”, aunque el derecho romano ya recogía aquella premisa: quod omnes tangit ab omnibus approbari debet (“lo que a todos toca, todos deben aprobarlo”).

Como último ejemplo, hay que destacar lo que seguramente es la Revolución más importante de la Historia, la Revolución francesa. El alto endeudamiento del Estado francés obligó a la monarquía a subir las tasas impositivas, sin embargo, era el tercer estado quien sustentaba el gasto estatal. El ministro Calonne le propuso al rey que los nobles y el clero pagaran impuestos también, ya que era la única manera de sufragar todos los gastos, este ministro fue sustituido por el arzobispo de Toulouse que propuso la misma medida. Ante la negativa de los estamentos privilegiados, se declararon los Estados Generales, que desde 1614 no se reunían. Comenzó así una paradoja, porque de un movimiento antifiscal nació el germen del Estado omnipotente que sufrimos hoy en día.

Estos han sido únicamente algunos de los numerosísimos ejemplos que hay a lo largo de la historia. ¿Podríamos los historiadores libertarios considerar los movimientos antifiscales o antiestatistas como el motor de la historia igual que los marxistas la dialéctica de clases? Es un mundo todavía por explorar. Lo que queda claro, es que en el devenir histórico, el individuo siempre ha tenido presente el engrandecimiento estatal. Parece que hoy día los impuestos son mejor vistos y más defendidos que nunca en la historia. Es por ello por lo que hace falta una nueva historia del Estado desde sus orígenes hasta hoy para defender lo más preciado que tenemos, la libertad.

Mascarillas: Desenmascarando otros sesgos y fraudes científicos

El asunto de las máscaras, tratado con extensión en 2 partes aquí y aquí, parece que sigue siendo controvertido para algunos. Especialmente en el primero de los artículos expuse cómo se generaron estudios con diversas formas de manipulación y sesgos para forzar una ciencia que defendiera las máscaras contra virus, y ello a pesar de décadas de ciencia opuesta a ello.

Añadamos aquí algún otro sesgo como confirmación de dicha ciencia basura, que intentó desde 2020 contradecir la evidencia. Lo explica en este artículo titulado ‘Por qué las máscaras no funcionan en el mundo real’ el popular comentarista conservador Daniel Horowitz, quien comienza su artículo diciendo que ‘No hay un solo lugar en el planeta donde las máscaras hayan demostrado frenar la propagación. Y esto no debería sorprendernos’. Al margen, como comentamos en artículos anteriores, de que hasta la FPP2 no filtra lo suficiente para un virus. Aunque lo hiciera, el ajuste que siempre prácticamente es imperfecto la haría inútil.

En concreto, un 3.2% de apertura en el ajuste la hace totalmente inservible (aun suponiendo que filtrara lo suficiente, que no lo hace). Como comenta el higienista industrial Petty, las micropartículas siempre van a viajar y dirigirse hacia el punto de escape. Un estudio alemán concluyó que sólo un 1% de apertura hace bastante inútil cualquier máscara. Un estudio americano determinó que cualquier ámbito de efectividad (y que nunca sería para virus) de una FPP2 se destruye al 88% con sólo un 1% de apertura.

En cualquier caso, el 2021 se estableció que no menos del 90% de partículas del covid son menores de 0,3 micrones, lo que significa más pequeños que la mejor máscara FPP2 sellada y pegada a la cara aun con cemento y pegamento. Además, dicho estudio establece que cuando la persona tiene mayor carga viral y es más infecciosa, se incrementan aún más las partículas más pequeñas: las máscaras son extraordinariamente inútiles cuanto más contagioso es alguien. En el gráfico inferior de dicho estudio vemos que siendo en el día 7 el pico de contagiosidad se incrementan aún más las partículas inferiores a 0,3 micrones (barra azul oscura). Ninguna premisa puede cumplirse: ni llevar una máscara te puede proteger a ti de otros, ni puede proteger a otros de ti.

Siendo el humo de tabaco un buen ejemplo para visibilizar el tipo de aerosoles contagiosos con virus, podemos ver aquí que una FPP2 correctamente puesta en cara y orejas deja salir perfectamente el humo del tabaco. Una máscara quirúrgica por estructura y tejido además siempre va a tener un desajuste aún mucho mayor por defecto. Un ajuste del 100% en el mundo real con cualquier máscara es prácticamente imposible, incluyendo una sofocante FPP3 que empezaría a mostrar cierta efectividad sólo si estuviera perfectamente sellada a la cara.

Pero no perdamos nunca de vista, insisto, que aún con el mejor sellado concebible hasta una FPP2 es básicamente inútil contra virus. El siguiente gráfico sobre el tamaño de aerosoles por respiración puede ser bastante ilustrativo. En la zona roja cae todo tamaño que puede traspasar perfectamente una N95 o FFP2 totalmente sellada, lo que supone la mayor parte de los aerosoles por respiración y como vimos no menos del 90% de partículas contagiosas de covid. ¿En qué parte del espectro de partículas de respiración una máscara de las que usamos puede ser efectiva? En el lado verde, ¡partículas tan grandes en las que los virus nunca están presentes!

Todos los estudios modelizados en laboratorio que nos bombardearon desde 2020 sobre las maravillas de las máscaras contra el covid eluden los inevitables desajustes. Todos esos estudios por tanto son, objetivamente, pura basura científica.

Y esto concuerda perfectamente con el hecho de que esos estudios tan prometedores sobre las máscaras son típicamente estudios mecánicos de laboratorio, en ciencia el tipo de estudio más sesgable y manipulable de peor calidad (sólo un artículo de opinión es científicamente más pobre que esto). Por el contrario, como ya expuse en artículos anteriores, los estudios controlados (el estudio DANMASK-2 de Dinamarca, probablemente el mejor y mayor hecho sobre máscaras) han sido siempre consistentes, concluyendo que las máscaras no funcionan para virus.

Aparte, pues, de eludir el problema de los desajustes inevitables que echa por tierra la efectividad de la mejor máscara posible, una manipulación claramente más burda la encontramos incluso en estudios promovidos por la autoridad sanitaria norteamericana, el CDC. Es el caso de este estudio promocionado por el CDC a comienzos de 2021 sobre la supuesta efectividad de llevar doble máscara y realmente cuesta creer una manipulación tan manifiesta. ¿De qué se trata? Teniendo el covid en aerosoles un tamaño predominante alrededor de 0,1 micrones (0,07 a 0,15), el CDC se quedó más ancho que largo con un estudio que medía la efectividad en un rango de 0,1 a (atentos) ¡7 micrones! Aún estamos por descubrir virus con ese tamaño que, en efecto, empezarían a ser visibles para el ojo humano. Y sin duda no tiene desperdicio esta afirmación del CDC en la que dicen que el covid tiene menos de 10 micrones, lo cual es como decir que tiene menos de medio kilogramo. Es difícil encontrar ejemplos tan llamativos de ciencia basura; inventarse el tamaño del virus para hacer que funcionen cosas que no funcionan.

 

Como era de esperar, pues, en EEUU que es un gran país de estudio por su diversidad entre estados tanto en política como uso de máscaras, que no se encuentra ninguna asociación entre mayor uso de máscaras en un estado determinado con la mortalidad por covid. Hay similar proporción de baja y alta mortalidad covid con uso elevado de máscaras, como alta y baja mortalidad covid con uso bajo de máscaras.

Sin embargo, sí hay una fuerte correlación entre mayor uso de máscaras y mayor nivel de desempleo.

Resulta francamente desesperante que artilugios clínicamente tan inútiles hayan tenido un impacto social tan negativo. El uso elevado de máscaras se ha correlacionado fuertemente con mayor sensación de pánico y terror al virus, mayor sensación de soledad y aislamiento y menos tiempo de interacción con los demás (curiosamente las personas que se creían más protegidas con sus máscaras son las que más han evitado mantener relaciones sociales).

Maniobras oscuras suspendidas

En el momento de redactar estas líneas los medios de comunicación españoles publican que el PP ha suspendido las negociaciones con el gobierno para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y renovar un tercio de los magistrados del Tribunal Constitucional. El motivo esgrimido para proceder a esa suspensión, después de haber nutrido a sus correveidiles mediáticos de consignas descalificadoras contra quiénes criticaban la enésima edición del apaño para repartirse cargos judiciales, parece residir en el compromiso del PSOE y la ERC de aligerar las penas relativas al delito de sedición mediante la co  en los preceptos del Código Penal relativos a la sedición. Delito por el que todavía deben responder cuadros de inferior rango a los indultados por la intentona independentista de septiembre y octubre de 2017.

Por suerte un último resorte habría funcionado en el PP para, al menos, no caer en las trampas de un gobierno dedicado día y noche a vulnerar la Constitución y las leyes básicas, ya que su labor de oposición adolece de la consistencia y la continuidad necesarias para hacer frente a la envergadura del envite.

Frente a los impostados gestos de escándalo del gobierno de Pedro Sánchez Pérez Castejón, apuntando a que el retraso en la renovación del CGPJ con un sistema de elección viciado sería una responsabilidad exclusiva de los dirigentes del PP, conviene recordar que  ambas renovaciones de cargos se han entrecruzado por el empeño del gobierno por abducir las instituciones que puedan alzarse como controles y contrapesos a su poder ejecutivo omnímodo.

Así, el año pasado contemplábamos con estupor la soltura y la osadía con las que el jefe del gabinete y sus acólitos manipulaban los trámites legislativos para erigirse en amos y señores del órgano de gobierno del Poder Judicial, solo parados parcialmente por las pusilánimes advertencias de los comisarios de la Unión Europea para Valores y Transparencia, Věra Jourová, y de Justicia, Didier Reynders.

Recordemos el fondo del asunto: El gobierno intentó rebajar las mayorías parlamentarias necesarias para la elección de los vocales de procedencia judicial de tres quintos a mayoría absoluta[1]. Es cierto que quedó abortado y, sin embargo, una segunda iniciativa que suspendía competencias del CGPJ en funciones para nombrar jueces de alto rango pasó a formar parte aparente del ordenamiento jurídico español, al ser publicada en el BOE como Ley Orgánica 4/2021, de 29 de marzo de reforma LOPJ.

Ahora bien, poco tiempo después el gobierno reparó en que el asalto a otra institución clave, como es el Tribunal Constitucional, para convalidar su actuación sin molestas anulaciones de decretos leyes o estados de alarma, por ejemplo, se vería entorpecido si la suspensión de atribuciones al CGPJ continuaba. En este caso porque la renovación de la tercera parte de los magistrados, prevista en el artículo 159.1 CE, dos a propuesta del gobierno y otros dos designados por el CGPJ, debe ser simultánea.

Es por esto por lo que el verano pasado, nuevamente acudiendo a un fraude de ley anticonstitucional para reformar una norma con rango de Ley orgánica mediante una proposición de ley que soslayaba el preceptivo dictamen del propio CGPJ concernido, el gobierno y sus socios aprobaron a la carta una excepción a la suspensión de las potestades de elección de altas magistraturas por parte de un CGPJ en funciones, articulada en la ley anterior. En efecto, dado su interés en proceder a la renovación de una tercera parte de los magistrados del Tribunal Constitucional, mediante esa ley ad hoc “devolvieron” solo una de las competencias suspendidas al actual CGPJ con el delirante añadido de ordenar a sus vocales proceder a hacerlo “en el plazo máximo de tres meses a contar desde el día siguiente al vencimiento del mandato anterior“. La anticonstitucionalidad de una arbitrariedad de ese calibre no ha impedido que ese remedo de ley surta los efectos generalmente previstos para una norma con ese rango, pese a los recursos interpuestos frente al Tribunal Constitucional.

Con el penúltimo giro en este pulso que mantiene el gobierno contra los muy frágiles controles y contrapesos adoptados por la Constitución de 1978, la partida se retrotrae al momento anterior a la posición que quiso marcar con la aprobación súbita de la reforma de la LOPJ de este verano. Por el momento, los comisarios mencionados que pretenden auspiciar un compromiso, mediante el cual las fuerzas políticas españolas renovarían los vocales del CGPJ de acuerdo a la legislación introducida por el PSOE en 1985, pero con un acuerdo simultáneo o inmediatamente posterior de reformar ese sistema para volver a la elección de los doce jueces vocales por ellos mismos, se han mostrado mucho condescendientes con el gobierno español que con el polaco o el húngaro en casos de asalto a la independencia judicial con legislaciones muy similares.  

 Mientras tanto, a mediados de julio se conoció el informe sobre el Estado de Derecho 2022 de la UE, sobre los 27 estados pertenecientes a la Unión. En lo que se refiere a España, llama la atención que, tras varias advertencias anteriores sobre la conculcación de los estándares europeos para garantizar la independencia del sistema judicial a las que el gobierno ha hecho caso omiso, los comisarios competentes no hayan instado la incoación de los correspondientes expedientes de infracción o demandado al Reino de España ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Más aun, que el informe recomiende la renovación de cargos de acuerdo a un sistema que tacha de contrario a la regla de que, al menos, la mitad de los miembros de un órgano de gobierno de los jueces como el CGPJ sean jueces elegidos por sus compañeros de profesión, para solo luego acordar esa legislación conforme a esos patrones.

En este toma y daca, no obstante, el pasado 29 de septiembre se produjo un nuevo hito que debe ser medido por el inquilino de La Moncloa, si no quiere pasar a la historia como sus homólogos polaco y húngaro. En su comparecencia ante la Comisión Mixta para la Unión Europea el comisario europeo responsable de Justicia, Didier Reynders, anunció que la Comisión estará muy pendiente de las reformas que emprenda el gobierno español durante su presidencia del Consejo europeo para ajustar la legislación española reguladora del poder judicial a los estándares europeos acordados en el comité de Ministros del Consejo de Europa en 2010, en el que obviamente participó el representante español.

Por si no se hubieran entendido bien esas palabras, el comisario recordó que la Comisión Europea tiene instrumentos para hacer cumplir las recomendaciones, instando procedimientos de infracción por el incumplimiento de las normas para garantizar la independencia y la imparcialidad de los jueces y tribunales ante el Tribunal de Justicia de la Unión, solicitando la imposición de condenas pecuniarias de millones de euros al estado infractor. O incluso acudir al Consejo para solicitar que un estado miembro desarrolle reformas para cumplir sus obligaciones o estableciendo la condicionalidad para la recepción los fondos europeos.

En definitiva, que la lenta maquinaria burocrática de Bruselas no tendrá otro remedio que actuar contra el Reino de España si su gobierno no cumple las recomendaciones ya hechas. De otra manera, afrontaría la seria acusación de aplicar dobles raseros entre los estados miembros.


[1] Una vuelta de tuerca que conculcaba de forma flagrante los estándares europeos fijados de forma nítida por la Recomendación CM/Rec (2010)12, de 17 de noviembre de 2010 del Comité de Ministros del Consejo de Europa y lo dispuesto en el artículo 122.3 CE

El lenguaje económico (XXI): Sobre el consumo local

Con bastante frecuencia escuchamos las bondades que supone consumir bienes producidos localmente y realizar compras en el pequeño comercio. Según sus promotores —políticos, empresarios, ecologistas, etc.— el consumo local beneficia a la economía de la zona y al medioambiente. Muchos eslóganes que fomentan este consumo son confusos, ilusorios o directamente falsos.

«Si compras local, tu dinero vuelve a ti».

Esta falsa creencia goza de gran popularidad debido a su simplicidad argumental. Sin embargo, comprar bienes locales de menor calidad o más caros que los foráneos reduce la calidad de vida del consumidor y empobrece la zona. ¿A dónde va nuestro dinero cuando compramos en Carrefour, Ikea o McDonald’s? El dinero siempre paga los factores productivos «allá donde estén»: los artículos, componentes y materias primas provienen de múltiples países, pero el trabajo—salarios— y la mayoría de servicios —limpieza, mantenimiento, seguridad— se contrata localmente. ¿Y qué ocurre con los beneficios? La mayor parte no acaba en Francia, Suecia o EE.UU., sino en el bolsillo de millones de pequeños propietarios (accionistas y partícipes de fondos de inversión y pensiones) repartidos por todo el mundo y que perciben rentas del capital.

Compremos localmente o no, el dinero que sale de nuestro ámbito geográfico (municipio, región, nación) siempre vuelve. Por ejemplo, los andaluces compran manzanas de Cataluña y los catalanes comprar aceitunas de Andalucía. El dinero va y viene. Es un error mercantilista interferir la «salida» de dinero (importaciones) y fomentar la «entrada» (exportaciones). Exportación e importación son cara y cruz de una misma moneda y ambas tienden a igualarse en el tiempo. Es necesario que el dinero «salga» para que luego «entre»; por ejemplo, si los españoles no compramos vehículos Mercedes y Toyota, los alemanes y japoneses no podrán hacer turismo en España.

El mito de la balanza comercial se derrumba cuando lo analizamos desde el individualismo metodológico: «Toda balanza es necesariamente favorable desde el punto de vista de la persona que realiza el intercambio» (Rothbard, 2013: 336); o como dice Mises (2011: 539) «La balanza (de pagos) cuadra siempre». El consumo sacrificial es antieconómico para el comprador: si un bien local cuesta el doble que otro foráneo, ceteris paribus, la compra del primero reducirá nuestro consumo a la mitad; siendo los productores locales los únicos beneficiados. Es falso que con el consumo local «todos ganamos», tal y como predican muchas campañas. Por último, el consumidor que asume una pérdida económica para mantener con vida a los productores submarginales[1] está haciendo un flaco favor al conjunto de la sociedad pues interfiere la adecuada asignación del capital. Cualquier medida proteccionista —ayudas, subvenciones, publicidad— ocasiona el mismo mal: ralentiza la innovación, obstaculiza las obligadas quiebras y, en definitiva, dificulta que el escaso capital disponible pase a manos más capaces.


Productos «km. 0»: El argumento medioambiental


El consumo de productos locales supuestamente beneficia al medio ambiente porque se reducen las emisiones de CO2 producidas por el transporte de mercancías. Una primera objeción es que el transporte solo es una parte del total de energía consumida. Por ejemplo, sería posible producir naranjas en los países nórdicos para evitar su transporte desde España, pero el coste energético de reproducir el clima mediterráneo —invernaderos, calefacción, luz— excedería con creces al producido por el transporte marítimo. Lo menos contaminante, sin duda, es que la producción se realice en aquellas regiones con climas más favorables y luego transportar la mercancía. Veamos un dilema energético: España y Sudáfrica producen naranjas en sus respectivos inviernos. Cuando el producto abunda en el hemisferio norte escasea en el hemisferio sur, y viceversa. ¿Es preferible mantener naranjas «km. 0» en cámaras frigoríficas durante varios meses o traerlas frescas desde Sudáfrica? Si deseamos consumir productos de temporada durante todo el año, el transporte es una buena solución económica y ambiental. En segundo lugar, el eslogan «km. 0» es una simplificación de la realidad: por ejemplo, las naranjas de Orihuela consumidas en Alicante capital son «km. 60». El único producto «km. 0» sería el producido en nuestro propio huerto, con el agua de nuestro pozo y con el estiércol de nuestros propios animales. Para lograr un genuino producto «km. 0» debemos ser completamente autárquicos. En tercer lugar, si el transporte es malo porque contamina, ¿por qué no extender la campaña a los servicios? Si los partidarios del «km. 0» fueran consecuentes con sus ideas (reducir la contaminación) deberían recomendar a los turistas que se quedaran en su casa pues, en términos relativos, el transporte aéreo es el más contaminante de todos. Nos escandaliza que un atún se transporte en avión desde España a Japón, pero nos encanta que los japoneses visiten España. Igualmente resulta contradictorio que el dueño de un hotel presuma de tener su propio huerto ecológico sin importarle demasiado que sus huéspedes hayan viajado en avión miles de kilómetros.

«El futuro es ahora»

 
Este es el confuso eslogan de una campaña para que los jóvenes identifiquen la calidad, la sostenibilidad y el apoyo a la industria con la marca «Elaborado en Canarias». Sus promotores —industriales y políticos— han establecido un objetivo de crecimiento de la cuota industrial del 6,2 % (actual) al 7,7 % (2027) del PIB en Canarias. Objeciones: a) Desde sus propios fines, no entendemos por qué la campaña se dirige exclusivamente a los jóvenes y no al conjunto de consumidores. b) El hecho que aumente la cuota industrial del PIB no significa que la producción aumente en términos absolutos, por ejemplo, la cuota industrial del PIB puede aumentar por una caída del turismo (pandemia). Estamos ante un sesgo igualitarista porque lo que interesa al industrial no es su situación relativa, sino aumentar sus ventas y su beneficio.

«Proteger al pequeño comercio»

¿Protegerlo de quién? La competencia mercantil es una actividad pacífica, exenta de agresión. Las grandes empresas no «atacan» a las pequeñas ni violan sus derechos. En un mercado no interferido, el «pez grande no se come al chico». Nadie se come a nadie. Son exclusivamente los consumidores quienes determinan (comprando o absteniéndose de comprar) el tamaño y la cuota de mercado de cada empresa. Es innecesario y detrimental «ayudar» a ciertos comerciantes con dinero público —publicidad, bonos o cupones de descuento— pero, sobre todo, es una inmoral transferencia de renta.

Bibliografía

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Rothbard, M. (2013). El hombre, la economía y el Estado. Vol. II. Madrid: Unión Editorial.


[1] Submarginal: de no ser por la ayuda, la empresa quebraría

Serie ‘El lenguaje económico’

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXIV): Sobre la guerra en Ucrania IV

En los últimos días, hemos observado grandes cambios en la evolución del conflicto ucraniano. Sobre todo en el ámbito militar y de la destrucción de infraestructuras como el puente Kerch en Crimea. De ahí que haya decidido escribir un comentario sobre su evolución y sus posibles derivadas, siempre desde los principios e ideas que inspiran esta columna.

Mi primera conclusión a día de hoy es que Rusia ha perdido la guerra, quiera o no reconocerlo. Es cierto que es posible que el ámbito militar puedan darse vaivenes, o que la nueva recluta de centenares de miles de jóvenes rusos pueda dar un vuelco temporal al conflicto. Por cierto, volvemos a la vieja práctica de la movilización forzosa de soldados, lo que parece corroborar el viejo principio de que los estados no sólo disponen a voluntad de nuestros bienes y rentas, sino también de nuestras vidas, si así les place, en la misma medida que siempre. Y el malo es el que se resiste, no el que acepta su cruel destino sin rechistar.

No conozco el devenir futuro de la guerra en el aspecto militar, pero si digo que los rusos ya la han perdido es precisamente porque no la han ganado frente a un rival que aparentemente es mucho más débil. Si una supuesta superpotencia militar no es capaz de aplastar cualquier hipotética resistencia ucraniana en cuestión de días, es que no es una superpotencia, sino un ejército más, común y corriente, y en muchos aspectos anticuado e inoperante.

Y más si encima pierde terreno y es desplazado por los ucranianos en muchos frentes. Rusia lo que está demostrando es que no cuenta con capacidad militar suficiente para derrotar a uno de los países más pobres de Europa, que si bien está relativamente bien armado por las potencias occidentales, aún carecería del músculo militar o económico para confrontar a una superpotencia de verdad. Repito, no conozco el devenir futuro de la guerra, ni si se usarán o no armas nucleares (y creo que no se usarán). Pero sí sé que la derrota rusa tendrá consecuencias políticas serias para los rusos, tanto en el ámbito interno como en el externo, y que cuanto más tarden en aceptarlo más duras serán las consecuencias que tengan que afrontar.

Conviene aclarar por qué entiendo que no se van a usar armas nucleares, ni siquiera tácticas, en este tipo de guerra. Obviamente, todo puede acontecer y de hecho casi todo el mundo, incluyéndome a mí, pensaba que no iba a darse la invasión que finalmente se dio. Pero lo veo improbable y no porque Putin o sus halcones dudasen en usarla. Una bomba de este tipo causaría pérdidas catastróficas en las bolsas y volvería locos a los mercados en todo el mundo. Como cualquiera entiende, de explotar una bomba de este tipo habría una carrera hacia la liquidez o hacia metales preciosos para poder afrontar un futuro incierto. Y además nadie contrataría a corto o medio plazo, dado que la incertidumbre sobre lo que pudiese pasar sería máxima. ¿Quién va a comprar petróleo o aluminio a seis meses de plazo en estas circunstancias y sin conocer las posibles represalias?

Un escenario de este tipo afectaría a todo el mundo y también a los supuestos aliados de los rusos, los chinos. A estos no creo que les hiciese mucha gracia ver el valor de sus fondos de inversión pulverizado, ni observar que el comercio mundial de bienes y materias primas fuese severamente dañado por las andanzas de Putin. Supongo que se lo habrán hecho saber y de lo que le podría pasar de cumplir su amenaza.

Por cierto, sería interesante conocer algún análisis de lo que le acontecería al bitcoin en un escenario de este tipo; esto es, si se reforzaría o se hundiría al ser una forma de pago vicaria. Requiere de un buen funcionamiento de la red para funcionar correctamente, algo que en un escenario de este tipo no se podría garantizar. Pero también podría convertirse en una suerte de moneda mundial postconflicto. Por eso me gustaría saber si se ha hecho algún tipo de previsión o escenario de futuro con supuestos como este.

Veamos, la derrota militar, lo primero que implica es que el ejército ruso no va a disponer de la misma capacidad de combate de la que disponía antes. Buena parte de sus mejores equipos, de su oficialidad y de sus tropas de élite han sido seriamente dañadas. Esto es, los rivales y enemigos de Rusia saben que ya no dispone de lo mejor de su ejército. Peor aún, sus capacidades han sido testadas en el combate y han demostrado no ser para tanto, lo que elimina una de las mejores bazas de los rusos: la de que no se conociese su verdadero potencial y conseguir siendo tratada como una superpotencia, cuando ya no lo es. Si los enemigos de Rusia conocen ahora sus capacidades y constatan que no tienen medios suficientes ni para derrotar a una mediocre potencia vecina, deducirán con razón que no tendrá capacidad de actuar en otros frentes y, por tanto, lo normal es que actúen en consecuencia. Y ya lo han hecho.

Si alguien quiere observar el funcionamiento de la anarquía entre estados, sólo tiene que fijarse en lo que está pasando en el espacio de seguridad dominado por Rusia; una especie de Otan en miniatura estos días. Vemos cómo los estados cambian de alianzas rápidamente, arrimándose a quien creen que les puede convenir más, y cómo se atacan los unos a los otros, a veces con gran violencia, buscando posicionarse para la situación que va a salir después de la previsible derrota rusa.

También podemos observar el cinismo y la doblez de sus líderes que prometen apoyo a los dos bandos, hasta olfatear quien va a ganar y en ese momento traicionar todos a una al derrotado. Veamos algunos ejemplos. En cuanto los azerís advirtieron la debilidad del ejército ruso y su falta de recursos aprovecharon para atacar, con la aparente connivencia del estado turco, a sus seculares enemigos armenios. Efectivamente, Rusia que ha sido tradicionalmente la gran protectora de Armenia no quiso o mucho me temo que no pudo hacer acto de presencia para defenderla. Pero un estado que no cumple con sus compromisos rápidamente queda sin amigas y los armenios no tardaron en virar hacia los Estados Unidos en busca de apoyo. Esto para los rusos debería ser muy grave porque coloca a otro país vecino más en la órbita de la OTAN. Algo semejante aconteció entre Tayikos y Kirguises y no sería de extrañar que a medio plazo sus aliados bielorrusos pasen a pensarselo mejor y a retirar su apoyo a Putin buscando sobrevivir después de la tempestad. Pero donde se puede observar más claramente esta doblez es en el caso chino. En política internacional desconfío mucho cuando veo desmedidas pruebas de afecto entre líderes, como era el caso de los líderes chino y ruso antes de la invasión de febrero. En efecto, los chinos están viendo en este momento a Rusia como una suerte de vaca lechera que les surte de combustible a bajo precio, pero dudo de que quieran sostener a una Rusia derrotada que sería un lastre para ellos, al impedirles normalizar las relaciones con occidente. Mucho debería equivocarme si no sacan algún provecho de las calamidades rusas, en forma de concesiones para explotar recursos o incluso en forma de territorios que ahora están en disputa. De momento es, en mi opinión, la principal garantía de que Rusia no va a detonar un arma nuclear, como apuntamos más arriba, por la cuenta que le trae. Vemos también como países socios de Rusia en otros continentes comienzan a ver que no es un socio en el que se pueda confiar, por carecer de medios, y empiezan a buscar nuevos socios. Los movimientos de apertura a empresas americanas en Venezuela, por ejemplo, son un buen ejemplo, e intuyo que los veremos también Africa en un plazo relativamente breve. Por desgracia me temo que los defensores de la libertad en el país hermano van a ver como sus “socios” les abandonan en la lucha a mayor gloria de la Chevron, algo que cualquier historiador de las relaciones internacionales le ilustrará con numerosos ejemplos. De ahí que para emprender cualquier lucha contra el despotismo o la tiranía no se deba confiar nunca en apoyos externos sino fiar sólo en las propias fuerzas, siempre y cundo no estén infliltradas también como todo pare apuntar que allí aconteció.

Rusia se va quedando poco a poco sin amigos, como vimos en una reciente votación en la ONU sobre los territorios anexionados, no porque desaprueben la política de Putin, sino porque están viendo que no tiene ni medios bélicos ni dinero con el que apoyarlos en caso de ser necesario. Es otra consecuencia más del intervencionismo militar en materia de política exterior que,al igual que el intervencionismo económico estudiado por los austríacos, trae siempre consecuencias no previstas que inutilizan las consecuencias positivas que pudiese tener la intervención para la potencia agresora y causan a la vez problemas nuevos.
Pero intuyo que donde se podrá ver el mayor daño derivado de la intervención y subsiguiente derrota es en el ámbito de la política doméstica. Caben dos posibilidades, una es que los occidentales mantengan a Putin en el poder tutelándolo de forma indirecta, al estilo de lo que hicieron los americanos con Saddam en la primera guerra del golfo, en 1990. De hecho es lo que están haciendo ya cunado limitan la capacidad de combate de los ucranianos para que estos no lleven muy allá sus represalias, o cuando les mandan advertencias como el filtrado por la CIA de la información que vincula a los servicios de inteligencia ucranianos con el atentado contra la hika de Alexander Duguin. O tambiién cuando afirman ,como lo hizo hace unos meses Macron, que no hay que humillar a Putin. Nada más humillante que esto, pues le están perdonando la vida afirmando tácitamente que si quisieran lo borrarían del mapa. Pero un Putin tutelado podría ser mejor solución para los vencedores que el otro escenario en el que no quuede claro quien pude ser su sucesor y se desaten luchas intestinas entre las élites dominantes, pues no parece que una solución del estilo de promover a algún líder de las revuletass democráticas que se dieron en Rusia estos años, como Navaltny, pudiese ser capaz de imponerse, al menos a corto plazo. Aquí todos los escenarios están abiertos, incluyendo movimientos secesionistas en Chechenia, Ingushetia o Daguestán que bien podrían aprovechar la destrucción del ejército ruso para hacer efectivas sus demandas secesionistas sin que el poder ruso tuviese capacidad militar para poder afrontarlas con éxxito como hace veinte años. La familia Kadyrov no se caracteriza precisamente por ser muy leal a sus amigos, como bien pudimos ver con su padre que alguna vez cambió de bando en las guerras de Chechenia, aliándose con quien pensaba que iba a ganar y cambiando de bando cuando lo vió conveniente. Su hijo, el actual líder de los chechenos, parece haber heredado su forma de hacer política y ya ha manifestado algún gesto en la línea de que podría imitar la conducta de su padre.

Pero estos temas los analizaremos pormenorizadamente en algún artículo futuro analizando el discurrir de esta guerra.

La muerte del Derecho

Recientemente, una representante de la farmacéutica Pfizer declaró en el Parlamento Europeo que las inoculaciones contra la COVID-19 no fueron testadas para frenar la transmisión. Declaración Nada sorprendente para las personas más o menos conocedoras del proceso de acreditación y registro de un fármaco. La eficacia del producto, nos dicen ahora, no es frenar la transmisión, sino evitar el ingreso hospitalario, la UCI y, en última instancia, el fallecimiento. Estos argumentos son ya de por sí suficientemente poderosos para tomar cierta medicina o administrase una vacuna. Todos los años se lanza la campaña de vacunación contra la gripe y jamás se ha dicho que la vacuna impida que las personas enfermen o se contagien, sino que, en caso de infección, la situación será más llevadera o incluso inocua. Ahora bien, el problema surge cuando recordamos que se ha legislado basándose en la falsedad de que las inyecciones reducían la transmisión.

En la época de la posverdad y las agencias de falsificación verificación, menos mal que nos sigue quedando la hemeroteca para confirmar aquello que nos suena. En marzo de 2021, el propio CEO de la compañía señaló a un periódico alemán que “la cantidad de personas para las que la PCR es positiva y que, por lo tanto, son potencialmente contagiosas, se reduce en un 92% después de la vacunación”. Pero bueno, podemos exculpar que un comerciante exagere, por decirlo suavemente, sobre las bondades sobre su producto. Ya tenemos cientos de organismos gubernamentales en Occidente que se encargan de salvaguardar la publicidad o los resultados de un producto. El principal problema, como decimos, es que esta falsedad fue la base sobre la que se sustentó una política discriminatoria contra el colectivo que decidió no administrase dicho fármaco.

Para ello, fue necesaria la participación de dos actores fundamentales: gobiernos autonómicos (no todos) y sus correspondientes tribunales superiores de justicia (concretamente la sala de lo contencioso-administrativo). Bueno, en realidad debemos añadir un tercero: el gobierno nacional. Según la Constitución española de 1978 (art. 116.1), el que el Congreso abdicase de sus obligaciones hizo que quedara “así cancelado el régimen de control que, en garantía de los derechos de todos, corresponde al Congreso de los Diputados bajo el estado de alarma. Control parlamentario que está al servicio, también, de la formación de una opinión pública activa y vigilante y que no puede en modo alguno soslayarse durante un estado constitucional en crisis”. La cooperación de la presidente del Congreso, Meritxell Batet, es más que evidente, sin ninguna responsabilidad legal por su parte. Ya tenemos la primera muerte del derecho.

Los gobiernos autonómicos más beligerantes contra los derechos fundamentales fueron Galicia, Andalucía y Comunidad Valenciana. En estas tres regiones se impuso durante un mayor tiempo y con medidas accesorias la implantación del denominado pasaporte COVID, un documento según el cual la persona quedaba autorizada al acceso a ciertos lugares (hostelería, cines, ocio, etc.), siempre y cuando la persona hubiera tomado ese producto que, según nos contaron, reducía el riesgo de contagio. Por ejemplo, el TSJA autorizó esta medida bajo la afirmación de que cumplía con los requisitos de “proporcionalidad, necesidad e idoneidad”. Se trata de medidas necesarias, ya que “permiten mitigar la transmisión del coronavirus en este momento epidemiológico con tendencia ascendente”. En otra ocasión hemos tenido oportunidad de hablar sobre la posibilidad de excluir de ciertas actividades abiertas al público a personas con un virus respiratorio en su cuerpo, por lo que no es momento de repetir argumentos ahora.

Pues bien, busquemos ahora algún tipo de responsabilidad por parte de los magistrados que firmaron aquellas limitaciones de derechos fundamentales. Absolutamente nada. No los gobernantes que acudieron a los tribunales buscando menoscabar derechos fundamentales de sus ciudadanos, alguno de ellos recompensado recientemente con una mayoría absoluta, sino de los jueces que, en teoría, deben evitar este tipo de atropellos. Ya tenemos la segunda muerte del derecho. No se trata únicamente de que asuman las consecuencias de sus actos, que ya sería mucho, sino que el discurso que nos bombardea a diario es que aquello nunca pasó, que nunca nos dijeron que había que vacunarse para evitar la propagación, que nos vacunáramos para proteger a las personas mayores o de otras afirmaciones (especialmente relativas a mascarillas) que el tiempo se ha ocupado de desmentir.

Del patrón oro al patrón dólar

¿Cuál es el problema de nuestro sistema financiero? Básicamente, que se trata de un sistema híbrido. El dinero nació como un instrumento que facilitaba el comercio y la producción ya en tiempos prehistóricos. Sin embargo, con el crecimiento del estado, el dinero pronto se convirtió en un instrumento de control y monopolización por parte de los estados. Por eso, nuestro dinero y nuestro sistema financiero han llegado a ser elementos cruciales para el poder político.

El control sobre el sistema monetario del estado se incrementó con el establecimiento de los bancos nacionales que tenían el monopolio para emitir dinero efectivo y la tarea de controlar los bancos comerciales, cuyo papel fundamental es la emisión de créditos. Este modelo de banco central fue desarrollado primeramente en Inglaterra durante los siglos XVIII y XIX, y pronto el resto de los países adoptó el mismo sistema, puesto que querían repetir el milagro inglés que había hecho del país una gran potencia y el “taller del mundo”.

El sistema monetario desarrollado en Inglaterra tenía dos funciones cruciales:

  1. Asegurar el funcionamiento y, posiblemente, el crecimiento de la economía y riqueza del país.
  2. Asegurar el funcionamiento y, posiblemente, el crecimiento del poder del estado y el de las elites políticas.

El sistema monetario del siglo XIX estaba basado en el patrón oro. La creación del dinero efectivo de los bancos centrales y, asimismo, el volumen de créditos de los bancos comerciales, fueron limitados por el aumento del oro acumulado en los bancos centrales. Según Walter Bagehot (1871), el papel del Banco de Inglaterra era mantener el equilibrio en la economía y, en caso de crisis, intervenir para evitar el colapso monetario, dando una inyección de dinero a los bancos con problemas de liquidez.

El patrón oro limitó la acumulación de créditos malos en la economía y el crecimiento del estado financiado por créditos. En este periodo, los estados redistribuían el 10-15% del PIB anual, lo que hacía que su papel fuera muy limitado en la esfera de la economía.

El patrón oro creó un ambiente bastante favorable para el crecimiento económico y mantuvo la balanza comercial equilibrada entre los diferentes estados. Este equilibrio comercial y la estabilidad monetaria contribuían a que los países continentales europeos pudieran emular el capitalismo inglés y alcanzaran el desarrollo mediante la industrialización y el comercio.

En este largo periodo, gracias a la conexión entre las divisas y el oro, el dinero mantuvo su valor adquisitivo y la tasa de interés oscilaba entre el 2 y el 8% incentivando la acumulación del capital y beneficiando a quienes manejaban sus recursos con prudencia.

Sin embargo, el patrón oro no era un sistema perfecto. Estaba regularmente sujeto a ciclos de expansión y contracción de créditos, y depresión económica (Mises 1912). No obstante, el patrón oro siempre ha podido sobrevivir a las crisis económicas recurrentes y ha podido asegurar un crecimiento económico sorprendente en comparación con épocas anteriores, cuando el estancamiento era la norma de la vida económica. El patrón oro se colapsó con el estallido de la I Guerra Mundial. Los estados, para financiar el esfuerzo bélico, abandonaron el patrón oro y empezaron a imprimir dinero produciendo un endeudamiento sin control.

Después de la Guerra, ya no era posible volver al patrón oro. Los estados habían acumulado demasiada deuda. Durante la Guerra, los gobiernos empezaron a intervenir en la vida económica y comenzó una expansión del estado de bienestar que necesitaba un sistema de financiación más flexible que el tradicional patrón oro.

Así, se originó un nuevo ciclo económico con una expansión de créditos que provocó el colapso de 1929. La crisis se alargó por las políticas proteccionistas de los estados y por las competitivas devaluaciones entre divisas de diferentes países. Esta larga y aguda crisis económica ayudó a Hitler a ganar el poder político en Alemania. Para sostener esta política proteccionista, necesitaba obtener “lebensraum” (territorios para vivir) para Alemania, lo que desembocó en el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

En 1944, Estados Unidos, como nuevo líder mundial, intentaba diseñar en Bretton Woods, un nuevo sistema financiero que asegurara la estabilidad entre las divisas de diferentes naciones y facilitara la expansión monetaria de los estados. El dólar americano asumió el papel que antes tenía el oro. El dólar fue aceptado como la divisa para el comercio internacional y reserva crucial de todas las demás divisas. Estados Unidos, que en ese momento tenía más del 80% del oro del mundo en su Tesoro, adquirió el compromiso con los bancos centrales de cambiar dólares por oro en un precio fijo. Paralelamente, Estados Unidos abogaba por bajar las aduanas para resucitar el comercio y lanzar una nueva globalización.

El nuevo patrón dólar y el retorno a un comercio mundial más libre produjo resultados casi milagrosos. El rápido desarrollo de la riqueza erradicó prácticamente la pobreza en los países occidentales y creó una amplia clase media (prácticamente, las dos terceras partes de la sociedad). Este proceso fue ayudado y completado por la extensión del estado de bienestar y sus prestaciones. Había nacido el moderno estado de bienestar.  De esta manera, el 45-55% del PIB era redistribuido por el estado en los años setenta. Esto supone un considerable incremento en comparación con la era del patrón oro.

Este es el ambiente en el que se ha desarrollado el actual mapa político ya analizado en el anterior artículo. La derecha y la izquierda moderadas han acercado posturas ya que ambas prefieren incrementar el papel del estado de bienestar y abogan por dar un papel cada vez mayor al estado como administrador y regulador. Esta expansión del estado, facilitada por la creación del crédito, ha hecho posible que derecha e izquierda moderada empleen las mismas estrategias políticas, evitar conflictos políticos con apoyos financieros.

Sin embargo, hay un fatal fallo en el corazón del patrón dólar. Jacques Rueff, un discípulo de la Escuela Austriaca, fue uno de los primeros pensadores que descubrieron el problema. El uso del dólar como dinero internacional distorsiona la economía mundial y otorga una ventaja al Estados Unidos, ya que todos los países del mundo se ven en la necesidad de acumular reservas de dólar. Así, el producto más importante de exportación de los Estados Unidos es el dólar que otros países pueden adquirir exportando bienes reales. Como consecuencia, se produce una constante demanda de dólares para satisfacer la hambruna de reservas.

Rueff, que fue asesor económico del Presidente De Gaulle en los años sesenta, temía que este sistema provocara una hiperinflación. Pensaba que había que forzar el retorno al patrón oro, que era un dinero internacional neutral y que no estaba bajo el control de ningún estado. Convenció a De Gaulle, y Francia pidió a Estado Unidos el cambio de sus fondos en dólares por oro, tal y como había quedado establecido en Bretton Woods, en 1944. Sin embargo, Estados Unidos se negó y suspendió definitivamente este acuerdo.

Después de la inflación y la crisis de los setenta, comenzó en los años ochenta, una nueva época de expansión del crédito junto a un proceso de deflación en el que participaron los siguientes factores:

1) La integración de China en el comercio mundial.

2) La expansión de la segunda ola de la globalización provocada por la bajada de los aranceles.

3) La subida de la tasa de interés del FED que rompió la tendencia inflacionista.

4) Las reformas pro-mercados en el mundo, desde Estados Unidos hasta China, iniciadas por Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Deng Xiaoping.

Esta expansión del crédito ha lanzado una nueva revolución industrial con nuevos productos que han cambiado nuestra vida: ordenadores, internet, y el teléfono inteligente.

Aunque, la redistribución del PBI ya no ha crecido más, los estados han podido mantener un elevado nivel de redistribución e intervencionismo en la vida económica.

En conjunto, el patrón dólar estadounidense ha procurado ciertas ventajas:

  1. La expansión del crédito casi sin límites ha hecho posible nuevas revoluciones industriales y ha mantenido un crecimiento de la iniciativa emprendedora que ha dado un nuevo dinamismo a la economía en todo el mundo y ha reconfigurado el modo de vida.
  2. La expansión del crédito también ha hecho posible el nuevo rumbo de la globalización basado en la creación de cadenas de suministro de compañías multinacionales y en la exportación de los puestos de trabajo a países con bajos salarios. Este nuevo tipo de globalización ha industrializado estos países, y ha beneficiado a Europa y Estados Unidos con el desarrollo de una economía de servicios y de conocimiento.
  3. Los estados y sus bancos centrales han aprendido a evitar grandes crisis. Desde la década de los setenta, los periodos de crecimiento son cada vez más largos y las crisis no tan agudas a pesar de creciente endeudamiento.
  4. Finalmente, la expansión del crédito ha hecho posible mantener, o incluso desarrollar y refinar el estado del bienestar que, de hecho, ha llegado a ser una institución clave para asegurar la paz social y la moderación política.

Y, ¿este es el final feliz? ¿Por fin el mundo ha encontrado un sistema financiero casi ideal? Desafortunadamente, no. El problema original del patrón dólar sigue estando enfermo por la razón que ya había identificado Jacques Rueff en los años sesenta: si la divisa de un país se alza como el dinero internacional del mundo, la economía mundial sufrirá una distorsión y una explotación que amenazará el orden político mundial.

En la próxima entrega vamos a analizar las consecuencias de esta distorsión y explotación.