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Privatización y dinero

La presidenta de la Asociación Profesional de Enfermeras de Ontario, la chilena Doris Grinspun, es una gran luchadora contra la privatización de la sanidad y, naturalmente, muy celebrada por el pensamiento único. Declaró:

Si desaparece la universalidad, no hay dinero que alcance para cubrir tu salud de forma individual. Si se privatiza el sistema, perdemos todos, los que no pueden acceder y los que sí. El problema es que no siempre se cuenta la verdad.

Una verdad fundamental que no se cuenta es que no hay manera de brindar ningún servicio gratis, y mucho menos universal. De tal manera que la verdad que no se cuenta es que la sanidad pública traslada la decisión de cuánto y cómo hay que gastar en sanidad desde los ciudadanos hasta los políticos, los burócratas y los grupos de presión. Tampoco se cuenta la paradójica verdad de que, una vez perpetrada la usurpación, en nombre los "derechos sociales", no sólo se usurpan los bienes de los ciudadanos, sino que a menudo el poder se enfrenta a contradicciones inmanentes a su propio ejercicio, prometiendo un derecho tras otro hasta que al final los impuestos suben considerablemente, pero tampoco "hay dinero que alcance".

Tampoco se dice la verdad cuando se dice que con la privatización "perdemos todos". Es obvio que no sería así, porque la privatización comportaría una gran reducción del gasto público y, por consiguiente, una gran subida de los ingresos de los ciudadanos, con lo que la sanidad sería accesible, como cualquier servicio.

Al mismo tiempo, como la sanidad sería provista por empresas en competencia, ello castigaría con dureza a los ineficientes y los despilfarradores, y no habría ya lugar para los abusos de políticos, burócratas, sindicalistas, etc., porque habría sólo una gran marea blanca, la marea de los ciudadanos libres disponiendo libremente de su propio dinero.

No dice la verdad doña Doris cuando asegura que con la privatización no habría dinero. Al contrario, cuando no hay dinero es ahora, porque el Estado lo arrebata a los ciudadanos por la fuerza. Curiosamente, esto no le parece mal a la señora Grinspun, que declara que se hizo enfermera para construir "un mundo más justo". Curiosamente, su prioridad no fue construir un mundo más sano.

‘Mochila austriaca’: las ventajas para el trabajador de una propuesta polémica

Tasa de paro: Austria (5,1%) y España (24%). Porcentaje de trabajadores con contrato temporal: Austria (9,2%) – España (23,1%).

Desde hace años, Austria es un referente en materia de empleo. Prácticamente todas las cifras del mercado laboral del país centroeuropeo son positivas. Y sus datos sobre productividad, salarios o carrera profesional apuntan a una clase trabajadora eficiente, con una vida laboral exitosa, pocos períodos de tiempo en el paro y sueldos por encima de la media europea.

Sin embargo, cada vez que alguien en España plantea una reforma laboral para acercarnos al modelo austriaco (y a su referente más conocido, la famosa mochila) caen sobre él críticas de todos los colores. Este miércoles, era el Servicio de Estudios del BBVA el que presentaba su Observatorio Económico con una propuesta "para fomentar la indemnización indefinida". Desde que terminó la rueda de prensa que ofreció Rafael Domenech, economista jefe de Economías Desarrolladas de la institución, las reacciones no se han hecho esperar: que si la propuesta implica que el trabajador pague la indemnización con su sueldo, que si es un abaratamiento del despido, que si reduce las garantías de los empleados,… ¿Por qué nadie quiere parecerse a Austria?

La clave quizás esté en un dato que no hemos dado. En el país centroeuropeo, la indemnización por despido directa es igual a cero. Vamos, que hay un despido prácticamente libre. En España, las cifras son de 20 días por año en caso de despido improcedente y 33 días en caso de despido procedente. Claro, ahora la pregunta es si una cosa (el esquema para el despido) y la otra (las cifras de paro) tienen alguna relación.

La ‘mochila’

En realidad, cuando decimos que la indemnización es igual a cero podemos llevar a un equívoco. Porque mucha gente pensará que el trabajador despedido se queda sin nada. Y no es así. El modelo austriaco consiste en que los trabajadores van acumulando una bolsa de dinero cada mes. El empresario paga una parte del salario a estamochila, al igual que hace con las cotizaciones sociales.

Eso sí, con una diferencia: esa mochila no sirve para pagar las pensiones, ni los subsidios del paro. No es un sistema de reparto, sino de capitalización. Estamos ante una cuenta de ahorro individual, invertida en algún activo y que da rendimientos cada mes. Cada austriaco puede saber en todo momento a cuánto asciende su ahorro. Y cuando es despedido, su indemnización es su mochila.

Hay que aclarar que la propuesta del BBVA no van tan lejos. Su idea es un modelo mixto: la mochila sería equivalente a ocho días al año de salario. El resto, hasta los 20 días por año por despido procedente y los 33 días por despido improcedente (las mismas cifras que hay ahora mismo), lo pagaría el empresario como hasta ahora.

La segunda diferencia es que la indemnización sería creciente. En los dos primeros años de contrato, sería más barato despedir a un indefinido que a un temporal. La consecuencia parece clara: el número de contratos temporales caerá a mínimos. Sólo aquellas tareas que cubran necesidades muy puntuales se cubrirán con este formato.

Además, hay que tener en cuenta que la mochila austriaca va de la mano del contrato único. En este sentido, la propuesta del BBVA pide un contrato fijo que sea el que se use por defecto, con el complemento de uno temporal (con causalidad, es decir, para tareas de verdad temporales) y uno de aprendizaje para los recién llegados al mercado.

De esta forma, lo que se consigue es que todos los empleados sean fijos no a base de encarecer el empleo temporal (lo que se está haciendo en España), sino de hacer más atractivo el empleo fijo. Y a esto se añade que con este modelo se hundirían los costes de contratación y administración (ya no hay 80 modalidades diferentes para escoger), con los efectos positivos que eso podría tener, especialmente en el caso de las pequeñas empresas.

Las ventajas

Sea cuál sea el modelo (mixto o puro), a primera vista parece que las ventajas para el empresario de la mochila austriaca son claras. Cuando las cosas van mal en su compañía o cuando no está contento con el rendimiento de uno de sus empleados, no tiene que pensar en cuánto le costará despedirlo, porque el dinero de la indemnización está guardado en la bolsa de cada trabajador. Su decisión se basará sólo en la productividad. Lo principal en este sistema es que reduce la incertidumbre sobre los costes futuros, una cuestión clave en cualquier decisión empresarial como contratar a un nuevo empleado.

Pero para el empleado también hay aspectos muy positivos. En España, acostumbrados a un modelo de relaciones laborales muy diferente, puede sonar extraño, pero ese 5% de paro que tienen los austriacos deberían ser una pista de que ni mucho menos los efectos benéficos afectan sólo a las empresas:

– Todos fijos: puede que haya quien piense que no hay tanta diferencia entre empezar con un contrato fijo con una indemnización baja (o incluida entera en la mochila) y uno temporal. Al final, si el empresario te quiere echar a los dos meses, puede hacerlo y no le costará mucho.

Sin embargo, la relación laboral cambia por completo en uno y otro caso. Por ejemplo, según los datos del BBVA, la diferencia salarial entre temporales e indefinidos, a igualdad en el resto de circunstancias (edad, puesto, antigüedad), es del 15%. En parte es lógico que así sea, porque la productividad de unos y otros también suele ser muy diferente. Las empresas no se gastan dinero en formar a un empleado temporal y éste tiene un interés muy limitado en aprender tareas más allá de las que le ocupan el día a día o crecer en una empresa en la que sabe que estará apenas unos meses.

– Sin tope de indemnización: la mochila tiene una segunda ventaja muy clara para el trabajador. Ya no hay topes en el dinero del que dispondrá si es despedido. Actualmente, la ley fija dos límites (12 meses en el caso de despido procedente y 24 en caso de improcedente). Con la mochila, cuantos más años trabaje más crecerá su bolsa. Y además tendrá rendimientos de su inversión. Un trabajador despedido con 30 ó 35 años de antigüedad tendría un colchón mucho más grande que en la actualidad.

– ‘Tu’ mochila: quizás el elemento más importante del modelo. Cada fondo tiene el nombre y apellidos del trabajador. Es suyo. Si no es despedido y llega a los 65 años con la mochila intacta, tendrá un complemento muy interesante para su jubilación. Y si decide irse de la empresa para hacerse autónomo o reorientar su carrera, también podrá utilizar este dinero para mantenerse unos meses (ahora, en caso de baja voluntaria, lo pierde todo). Y si se cambia de empleo, se lleva sumochila con él.

De esta forma, se eliminan los efectos perversos que la indemnización por despido tiene en España. ¿Cuántos trabajadores hay que no cambian de trabajo por miedo a perder los derechos adquiridos? ¿Cuántas personas están en un puesto que no les gusta sólo para conservar la indemnización? ¿Cuántos no se lanzan a la aventura de poner un negocio propio por no tener ahorros para sostenerse unos meses? La movilidad del mercado de trabajo y la productividad de toda la economía saldrían muy benefiadas de un cambio de modelo en este sentido.

– Ganan los más productivos: con el sistema actual en España, las decisiones laborales muchas veces no se toman en función de los méritos, sino del coste del despido. Así, cuando un empresario necesita reducir su plantilla (por ejemplo por una caída de las ventas), lo lógico sería que prescindiera de su peor trabajador, aquel que menos aporta al conjunto. Pero en nuestro país, hay otro factor a tener en cuenta: el coste del despido. Así, se puede dar la injusta situación de que el despedido sea el miembro más productivo de la plantilla, pero también el último en llegar (es el más barato de echar). Eso es malo para los empleados más productivos, pero también para la empresa.

¿Y esto quién lo paga?

El gran tema de discusión a lo largo del día ha sido el del coste del nuevo sistema y la discusión sobre quién paga la mochila. Los que se oponen al modelo razonan del siguiente modo: si ahora un empresario te paga 1.000 euros y le obligan a dar un 2,19% para la mochila (según la propuesta del BBVA), a partir de ahora reducirá el sueldo en ese porcentaje. Esto tiene una cierta lógica. El empresario lo que mide son los costes laborales. Por lo tanto, si cree que el trabajador vale 1.000 euros, podría parecer que le reduce el sueldo en esta cantidad. Pero hay que hacer unas cuantas puntualizaciones:

  • La mochila la paga el trabajador igual que paga las cotizaciones a la Seguridad Social a cargo del empresario. O por decirlo de otra manera: todo lo paga la empresa y luego es artificial diferenciar entre unas cosas y otras. Son costes laborales y punto. Si alguien sostiene que imponer la mochila austriaca reducirá los salarios; debería también defender que rebajar las cotizaciones sociales los subiría. Pero esto último nunca se dice.
  • Habría que preguntarse si en la actualidad las empresas pagan esos 1.000 euros teóricos. Es muy dudoso que sea así. El empresario sabe que si despide a alguien tendrá que pagar una cantidad, que será muy importante en el caso de los fijos. Por lo tanto, es muy probable que reduzca su sueldo potencial para cubrirse las espaldas ante esta eventualidad (en vez de 1.000, le paga 950 y los otros 50 los guarda por si los necesita para despidos). En ese caso, no habría ninguna diferencia para el empresario en lo que respecta al modelo con mochila (o una diferencia menor); mientras, el empleado saldría ganando, porque ese dinero que ahora la empresa guarda por si acaso iría destinado a su bolsa.
  • No hay que olvidar las ganancias de productividad y cómo se traducen en los sueldos. Como apuntamos anteriormente, los fijos cobran más que los temporales incluso a igualdad en el resto de condiciones. Y este salario más elevado puede compensar de sobra la supuesta pérdida por el 2,19% de la mochila.
  • No sólo es que los fijos cobren más. Es que tienen muchas ventajas: no pierden días entre un contrato y otro, reciben formación, pueden subir de puesto en la empresa con más facilidad, etc… ¿Compensaría esto a ese famoso 2,19%?
  • Por último, hay que recordar que la mochila también es salario. Sí, es cierto, no se cobra mes a mes, pero se acumula para el trabajador. Es decir, incluso aceptando que el empresario reduzca el sueldo en ese 2,19% (y hay que poner todos los peros apuntados anteriormente), eso no implica que se quede ese dinero. Cuando el trabajador sea despedido, se vaya a otra empresa o se jubile recuperará sus fondos. Por lo tanto, incluso en el peor de los casos, a medio plazo no pierde nada.
  • Por ejemplo, el caso del trabajador en la situación más débil: un empleado temporal en una actividad cíclica, que sabe que prescindirán de sus servicios en unas semanas. En la situación actual piensa que recibe el máximo que el empresario está dispuesto a pagar por él. Y puede temer que con la mochila austriaca su próximo contrato, aunque indefinido, se reduzca un 2,19% en el sueldo neto. Pero si es despedido a los dos meses (como le pasa ahora cuando se termina su contrato) recibirá ese porcentaje, que estará acumulado en su bolsa. No habrá perdido nada.

Austriacas mochilas; españoles grilletes sociales

Esta misma semana, la Fundación BBVA Research ha publicado un informe donde propone adoptar parcialmente el modelo austriaco de capitalización de la indemnización por despido (popularmente conocido como "mochila austriaca". Por resumirlo con brevedad: se trata de que, para los nuevos contratos de trabajo, el empresario constituya un fondo de capitalización en favor del trabajador mediante una aportación anual equivalente a ocho días de su salario; a cambio, la indemnización que tendrá que sufragar el empresario en caso de despido se reducirá simultáneamente (por ejemplo, en el caso del despido improcedente, bajaría desde los 33 días por año trabajado hasta un máximo de 25 días por año).

¿Bajaría el salario?

No han sido pocos quienes han visto en esta propuesta un velado intento de la oligarquía financiera para recortar el coste del despido a costa del trabajador: si el empresario ha de abonar anualmente un monto equivalente a ocho días del salario de su empleado (esto es, alrededor del 2,2% de su sueldo bruto), lo que hará será reducir la remuneración de este trabajador en esa misma proporción. De hecho, los propios autores del informe del BBVA Research, reconocen que eso es justamente lo que tendería a suceder: “Si bien el salario negociado por ambas partes se vería afectado, el coste laboral que soporta la empresa no tendría por qué aumentar”. Es decir, pese a la implantación de un recargo del 2,2% en el coste laboral, éste no aumenta porque… es el salario bruto el que se ajusta a la baja.

En realidad, los efectos netos son mucho más ambiguos de lo que los propios autores afirman: las indemnizaciones laborales actuales también las pagan los trabajadores a través de menores salarios negociados, dado que el empresario intenta cubrirse del eventual coste del despido futuro mediante salarios más bajos (dicho de otro modo: si aumentáramos la indemnización por despido hasta 150 días por año trabajado, que nadie espere que los salarios actuales se mantendrían).

Por tanto, el modelo propuesto por BBVA Research se basa en sustituir un coste esperado futuro (expectativa empresarial sometida a diversos grados de probabilidad) por un coste cierto presente: y dado que es más caro pagar con total certidumbre ocho días por año trabajado que pagarlos en el futuro sólo si se materializara el despido, el modelo austriaco sí que encarecería en cierta medida los costes laborales totales repercutiéndose en salarios presentes algo menores (en realidad, dado que el fondo dotado por el empresario es propiedad del trabajador, lo único que sucedería es que el cobro de una fracción del salario se diferiría en el tiempo, no que se volatilizaría sin más; justo lo contrario de lo que sucede en el sistema actual, donde el trabajador no despedido jamás recupera la parte del salario que le ha sido rebajada para costear su eventual indemnización).

La verdadera mordida: la Seguridad Social

Pero no me interesa tanto reflexionar sobre este interesante pero socialdemócrata esquema (la verdadera solución para el mercado laboral pasa por su completa liberalización) cuanto resaltar la incoherente crítica que ha desatado entre muchos. A la postre, quien se exclama de que con este nuevo sistema el trabajador se verá forzado a cotizar por su propio despido (dado que el empresario le rebajará el salario en proporción al recargo de cotización que se le imponga) no sólo olvida que eso mismo —aunque de manera mucho menos transparente— ya está sucediendo en la actualidad, sino algo mucho más importante: que en eso mismo se basa toda la filosofía de la tan venerada Seguridad Social.

En la Seguridad Social, es el trabajador quien se ve obligado a cotizar mes a mes por su propia pensión, por su propio seguro de desempleo o por sus propios cursos de formación. ¿Qué tendría de excepcional o de rara avis el que ahora se le obligara a cotizar también por su propia indemnización por despido? Nada, sería una nueva muestra de ese tan exasperante paternalismo estatal que, asumiendo la existencia de una sociedad infantilizada e idiotizada (la misma sociedad que se encarga de escoger democráticamente a los guardianes de ese paternalismo estatal), obliga a cada ciudadano a destinar un determinado porcentaje de su salario a preparar su jubilación, a asegurarse contra su paro o a sufragar sus cursos de formación. Si nada de lo anterior había despertado entre muchos la más mínima suspicacia —incluso tiende a considerarse la quintaesencia del Estado de Bienestar—, ¿a qué viene tanta escandalera por el hecho de que nos obliguen, también, a cotizar transparentemente para nuestra indemnización por despido?

Acaso sea porque algunos todavía siguen creyendo en que la cotización a la Seguridad Social abonada por el empresario a cuenta del trabajador es un gasto que soporta la empresa y no el capitidisminuido salario del trabajador. Mas, ¿por qué mágica lógica se concluye que el empresario sí será capaz de repercutir a su empleado el coste de la “mochila austriaca” y, en cambio, se asume que no podrá lograr lo propio con el coste de su cotización a la Seguridad Social?

Seamos claros: ambos costes son repercutidos al trabajador. O dicho de otra forma, nuestra paternalista e intervencionista legislación estatal le impone a los trabajadores cómo deben cobrar sus salarios: si en dinero, si en vacaciones “pagadas”, si en contribuciones a la Seguridad Social, si en cursos de formación, si en seguros contra el paro, si en representación sindical, etc. Nada de todo esto sale del bolsillo del empresario, sino de un menor salario líquido del trabajador: del mismo modo que todos entendemos que cobrar dos pagas extras al año no aumenta nuestro salario total (ya que en caso contrario, serían periodificadas mes a mes), cobrar en forma de vacaciones, de pensiones futuras o de cursos de formación tampoco lo hace. Sólo nos imponen desde un comienzo en qué debemos gastar la remuneración total que nos entrega el empresario

Así, si algunos se han rasgado las vestiduras por ese exiguo sobrecoste del 2,2% anual de la mochila austriaca, ¿qué no deberían estar haciendo contra la cotización por contingencias comunes “a cargo de la empresa” (23,6% del salario), contra la cotización por desempleo “a cargo de la empresa” (5,5% del salario), contra la cotización por el FOGASA “a cargo de la empresa” (0,2% del salario) o contra la cotización por formación profesional “a cargo de la empresa” (0,6% del salario). Estamos hablando de una mordida total del 29,9% del salario de cada trabajador que ni siquiera aparecía reflejada en su nómina (un escandaloso caso de manipulación tributaria que, por fortuna, irá corrigiéndose en los próximos seis meses). ¿Qué sentido tiene exclamarse por el 2,2% de la mochila austriaca y guardar un silencio cómplice ante el 29,9% de expolio mensual que padece cada trabajador “a cargo del empresario” (29,9%, aclamémoslo, sin computar la propia cotización del empleado a la Seguridad Social: otros 6,35 puntos que sí venían figurando en la nómina como deducciones del salario bruto)?

Sí, ya sé que a cambio de las cotizaciones a la Seguridad Social recibimos “cosas”: pensiones futuras, cursos o un seguro contra el desempleo. Pero, aparte de que tal vez esas “cosas” no coincidan con las que cada trabajador quiera (¿no hay nadie que prefiera evitar participar en el fraude piramidal de las pensiones públicas y dedicar sus ahorros a otras inversiones más rentables?), a cambio de la nueva cotización para constituir la mochila austriaca… ¡también recibiremos “cosas” (una indemnización futura)!

Se mire por donde se mire, la contradicción es flagrante e insalvable: si la cotización empresarial a la mochila austriaca reduce injustificadamente los salarios de los trabajadores, también lo hacen —y en mucha mayor medida— las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social; y si no lo reducen, muchos que se oponen a la mochila deberían estar venerándola como un instrumento de lucha de clases en favor de los trabajadores (de hecho, no deberían desear un tipo del 2,2% para el empresario, sino uno del 50%).

La realidad, claro, es que la implantación de la mochila austriaca sí implicaría, muy probablemente, una ligera reducción salarial (inferior, en todo caso, al 2,2%) y que las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social también implican una enorme merma del salario ingresado por el trabajador: un sueldo de 15.500 euros anuales está dejando de percibir más de 5.000 euros al año por obra y gracia de su sometimiento a la Seguridad Social. Si desean liberar y dejar de explotar a los trabajadores, luchen contra ese engendro paternalista a fuer de bismarckiano que es la Seguridad Social: el debate sobre la mochila austriaca está bien para distraer con algún cebo al personal, pero el epicentro del expolio es otro… la Seguridad Social.

Podemos o el lado oscuro de la política

Probablemente han visto ustedes la primera película de la saga de La Guerra de las GalaxiasLa amenaza fantasma, escrita, dirigida y coproducida por George Lucas en 1999. En una escena que seguramente recordarán si han visto el filme, un joven Anakin Skywalker es presentado ante el Consejo Jedi, una suerte de tabla redonda formada por una mezcla entre caballeros y monjes galácticos. Durante el examen al que es sometido, el maestro jedi más anciano y, por tanto, más sabio, pronuncia a modo de advertencia una de las frases más célebres de la película: "El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento" (clip de vídeo aquí). Pues bien, en estos tiempos donde el que no está asustado por la incertidumbre política y económica, está indignado con la corrupción, o está cabreado con los políticos, quizás convenga hacer caso del viejo Yoda y mantener la cabeza libre de emociones.

Y es que, cuando se habla del panorama político y económico nacional en tertulias improvisadas con familiares y amigos en el bar o en las redes sociales, es frecuente escuchar a quienes, en su ingenuidad, reclaman una oportunidad para Podemos, de forma que se remuevan las estructuras de un sistema que una gran parte de la población considera agotado. Como si fuera un experimento inocuo que no implicara consecuencias graves para la sociedad. Cabe recordar que una oportunidad similar fue la que le concedió el pueblo alemán al NSDAP de Hitler en 1933 cuando, agotados por una depresión económica interminable, profundamente desmoralizados por la hiperinflación de los años 20 y enrabietados con las deudas de las reparaciones de la I Guerra Mundial, consideró que la República de Weimar ya no daba más de sí.

Antes de que me llamen exagerado por aludir al nazismo para comentar el ascenso de Podemos en las últimas elecciones europeas y en las encuestas recientes, sepan que es su propio líder, Pablo Iglesias, quien suele utilizar la misma referencia. Así lo hizo, por ejemplo, en diciembre de 2012, cuando dejó publicada en Twitter la siguiente frase:"Estamos en tiempos de Weimar en los que ganará quien agregue un amplio sentimiento popular".

Y es que no hay más que repasar la historia de estos movimientos salvadores en general, y del grupo encabezado por Iglesias en particular, para darse cuenta de que el montaje de las asambleas, los círculos, el lenguaje utilizado y el resto de la puesta en escena parecen pura fachada diseñada cuidadosamente para engatusar a la gente normal, que está harta de crisis, de políticos mentirosos y de corrupción. Recuerden, si vieron la película que les comentaba al principio, cómo acaba el parlamento de la República cuando cae en manos del senador Palpatine, supuesto salvador que iba a acabar con la corrupción. Se trata de la búsqueda del poder a toda costa.

Como afirma en su libro recién publicado Asis Tímermans"Si algo destacaba en la carrera de Pablo Iglesias era la obsesión por ganar. Y tenía claro qué era ganar: gobernar con las manos libres. Obtener un 51%, o controlar un 51%. La Facultad, Izquierda Anticapitalista, La Tuerka, Fort Apache, Intereconomía, La Cuatro, las Elecciones Europeas, los Círculos … Nada de esto tenía como objetivo renovar la política, «empoderar» a la gente o mejorar la calidad de vida de la clase trabajadora. Se trataba de ganar".¹

No se lleven a engaño con el mantra de que las propuestas de Podemos son deseables socialmente pero irrealizables en la práctica. El programa económico de los seguidores de Pablo Iglesias no es malo porque no sea realista –que no lo es–, sino porque la única forma de llevarlo a cabo implica cambiar desde la raíz nuestro modelo de libertad individual que tanto ha hecho mejorar las condiciones de vida de la gente, para sustituirlo por otro sustentado en la coacción, la anulación del individuo y la eliminación del auténtico motor del progreso, que es la iniciativa empresarial. Las reformas económicas de Monedero no deben criticarse tanto porque no le salgan las cuentas, sino porque su plan es cuadrarlas a base de coacción para igualarnos a todos en la miseria.

O ESTÁS CONMIGO O FORMAS PARTE DE LA CASTA

No hay más que darse una vuelta por las redes sociales para percibir que se ha instalado en muchas mentes una especie de maniqueísmo, según el cual ser detractor de unos implica apoyar sin fisuras a los otros. Por ejemplo, para el seguidor tipo de Podemos supone un signo inequívoco de pertenencia a eso que ellos llaman casta el que alguien critique la inviabilidad de las disparatadas propuestas económicas que propone Juan Carlos Monedero, alerte de las consecuencias para nuestro país del modelo bolivariano, que ha vaciado los lineales de los supermercados venezolanos y llenado las calles de Caracas de violencia, o rechace los experimentos de ingeniería social que creíamos felizmente abandonados en Europa desde que derribamos el Muro de Berlín hace veinticinco años.

Por otro lado, para quienes aún apoyan a los partidos tradicionales, que históricamente vienen alternando las posiciones de gobierno y de principal partido de la oposición, votar cualesquiera siglas que no sean las suyas supone hacerle el caldo gordo a los que consideran unos "frikis". Y es que nunca terminamos de librarnos del fatal concepto del voto útil ni del voto del miedo.

Pero nadie dice que sea cosa de dos. Rechazar el comunismo disfrazado de los promotores de Podemos no implica abrazar el modelo actual. Hay otras opciones razonables entre lo de ahora y lo que proponen. Entre el totalitarismo radical de izquierdas y el socialcapitalismo de amiguetes del PP y PSOE existe todo un rango de opciones democráticas que también proponen la regeneración de la política –junto con la defensa de la unidad de España– y que perfectamente podrían ser consideradas razonables para el elector medio, tengan un fondo de armario ideológico de corte socialdemócrata, como es el caso de C’s o UPyD, o una combinación entre conservador y liberal, como es VOX.

Tristemente, esos partidos, UPyD, C’s y, especialmente VOX al que sólo parece quedarle la vía judicial para lograr algo de notoriedad en los medios, parecen estar silenciados, cuando no abiertamente vetados, por eso que los fanboys y fangirls de Pablo Iglesias llaman casta. Y no son pocos los que consideran que ha sido el arriolismo suicida del PP quien le ha dado alas al líder supremo de Podemos, abriéndole la puerta a los grandes medios de comunicación de este país.

Es legítimo y moralmente necesario rechazar la corrupción del PP, del PSOE y del partido del que se trate. Pero es igualmente legítimo oponerse a modelos que está demostrado que, lejos de ayudar a los más desfavorecidos, sólo cercenan la libertad y generalizan la miseria y la pobreza, como es el comunismo, de corte soviético, maoísta o bolivariano, disfrazado o no de populismo transversal.

O ESTÁS CONMIGO O TIENES MIEDO A LA DEMOCRACIA

Una de las respuestas comunes que suelen recibirse cuando uno se opone públicamente en las redes sociales a las propuestas de Podemos es la de que la crítica responde al miedo, cuando no al rechazo a la democracia. No sé qué pensarán ustedes, pero resulta sintomático que simplemente opinar contra un partido sea considerado por sus seguidores como oponerse al voto ciudadano. Esto nos ofrece una pista de la auténtica calidad democrática que transpira dicha organización. No es la democracia lo que asusta, lo que preocupan son los iluminados que muestran una sed infinita de poder y que no tienen reparos en engañar a la gente con un discurso demagógico, ocultando sus verdaderas ideas.

ESTÁS ANUNCIANDO EL APOCALIPSIS

Otro de los ataques que se reciben consistentemente cuando se critican las referencias ideológicas genuinamente radicales de Pablo Iglesias es responder que se está anunciando el apocalipsis –y, además, porque uno quiere alentar el voto del miedo para favorecer al PP–. Al que alerta de que estos activistas de izquierda quieren para España los nefastos modelos de Venezuela, Cuba o Corea del Norte suelen acusarle de querer asustar a la población avisando que viene el lobo. Pues bien, si alguien les dice, como manifestó el líder de Podemos en una entrevista concedida a la TV del régimen chavista en marzo del año pasado (min. 28:30), que envidia a los venezolanos y a los españoles que viven allí, y que el régimen bolivariano es el ejemplo, no hay otra que pensar que quiere aquello para España, ¿no creen?

No hace falta tener, pues, una inteligencia fuera de lo común ni poseer una bola de cristal para vislumbrar el escenario que nos espera con esta gente si llevan a cabo sus planes: basta ver la ruina que han sembrado sus doctrinas allí donde se han puesto en práctica. Y es que el descontento, la rabia y la indignación no nos deben conducir a darnos un tiro en el pie. No nos dejemos llevar por el lado oscuro de la política.

1: Asís Tímermans, ¿Podemos? Editorial Última Línea

Sólo los liberales son revolucionarios

Si entendemos revolución no como un cambio violento de las instituciones sino en su acepción más general de cambio rápido y profundo, la única revolución que podría calificarse como tal en España sería la liberal. Si Podemos ganara las elecciones o llegara al Gobierno por ser la principal fuerza de una coalición de izquierdas, sería un terremoto político, qué duda cabe. Pero aunque llevara a cabo el programa chavista que tanto tememos muchos, no habría cambio de rumbo alguno. Sería, como diría Mafalda, el continuose del empezose de la socialdemocracia española.

Cuando la gente habla despectivamente del PPSOE, muchas veces se refiere a la corrupción, pero en otras a que sus políticas, al menos las económicas, no se diferencian demasiado entre sí. Como sucede en tantos ámbitos, calificar algo como muy diferente o casi igual depende más del observador que de los hechos. Pero es cierto que las políticas de la historia democrática española, con distintos matices, han estado dentro del consenso socialdemócrata, de la idea del Estado del Bienestar, del Gobierno Niñera que nos cuida a todos de la cuna a la tumba. Naturalmente, ha fracasado, pero no será porque todos los partidos que han pasado por el Gobierno no lo hayan intentado con todas sus fuerzas.

Subir los impuestos a los ricos y apretar las tuercas contra el fraude es algo que ya ha hecho Montoro. Abandonado por imposible el tema de la renta básica, repartir el dinero de los demás con distintas excusas es algo que llevan haciendo PP y PSOE desde siempre. Preferentistas e hipotecados ya han visto cómo la Justicia y el PP cambiaban las normas para favorecerles en sus problemas. Hacer quitas de la deuda no es muy distinto, al menos a efectos de dejar de pagar parte de lo que se debe, a las devaluaciones de Solchaga. El control estatal de los medios privados no deja de ser una institucionalización de lo que han hecho desde Felipe González hasta Soraya. Y así podríamos seguir hasta el infinito.

Por eso el único cambio de rumbo posible cuando hemos estado décadas aumentando el poder y el tamaño del Estado sería reducirlos. Algo que sólo los liberales proponemos. No hacer nuevas leyes para arreglar las cosas, sino reducir las regulaciones y normas absurdas, de modo que los propios españoles solucionemos nuestros problemas. Dejar de repartir el dinero que nos quitan del bolsillo a bancos, empresas energéticas, sindicatos, partidos y todo tipo de organizaciones. Reducir los impuestos para hacer rentables negocios que con la actual carga no pueden salir adelante, y así crear empleo. Dejar que cada uno haga lo que quiera en su propiedad: fumar, pagar o cobrar por tener sexo, hablar de lo que le venga en gana sin que el poder tome represalias, que hombres y mujeres regulen sus relaciones sentimentales a su real saber y entender. Reducir la corrupción reduciendo las oportunidades de corromperse. Que seamos nosotros quienes decidamos la educación de nuestros hijos, y dónde y quién queremos que nos cure. Ser más libres y prósperos, en definitiva.

Se esté de acuerdo o no con él, este sí que sería un programa realmente revolucionario, un auténtico cambio de rumbo. Por eso es un programa que ni PP, ni PSOE ni Podemos apoyarán nunca. A los políticos lo que les interesa es tener cuanto más poder, mejor. Les conviene que el Estado esté presente en todos los sitios posibles y que sus decisiones sean arbitrarias para así poder meter mano. Desde decidir qué medios pueden emitir en qué sitios, para conceder y recibir favores, hasta decidir qué obras acometer y quién se encarga de ellas, para poder cobrar su 3%. Pero que no se preocupen, que esta revolución no va a llegar. Ya se han encargado de demonizarla a través de la prensa socialdemócrata, que es toda, y la educación pública. Normal. Les va la vida en ello.

Las cuentas de ahorro libres de impuestos arrasan en Canadá

Hace cinco años el gobierno de Canadá introdujo un nuevo mecanismo fiscal enfocado a incentivar el ahorro familiar. La iniciativa recibe el nombre de TFSA, acrónimo de Tax Free Savings Accounts, que podríamos traducir como Cuentas de Ahorro Libres de Impuestos.

En apenas cinco años, las TFSA han seducido ya al 48% de los contribuyentes canadienses. A finales de 2013, los ciudadanos del país norteamericano ya habían confiado 109.000 millones de dólares de sus ahorros a este tipo de cuentas de ahorro. Esta cifra ronda el 6% del PIB, teniendo en cuenta que el tamaño de la economía canadiense está cerca de 1,8 billones de dólares.

¿En qué consisten las TFSA?

Las Cuentas de Ahorro Libres de Impuestos que tan buena acogida han tenido permiten que cada contribuyente deposite anualmente hasta 5.500 dólares. El dinero que se confía a estas cuentas queda depositado y, en adelante, puede crecer ajeno a cualquier tipo de imposición fiscal. Adicionalmente, en el momento de la retirada, el fisco se abstiene de cobrar cualquier tipo de gravamen.

Las TFSA incluyen ventajas adicionales:

  • Se puede retirar el dinero en cualquier momento sin necesidad de pagar penalización o comisión alguna.

  • El máximo de aportación anual se acumula, por lo que si un año no se hace contribución alguna pero al ejercicio siguiente se quiere aportar 11.000 dólares, la cuenta lo admite sin problema.

  • Las cuentas TFSA pueden estar invertidas en depósitos, acciones, bonos, fondos de inversión, seguros y otros tipos de productos.

¿Y en España?

De acuerdo con la reforma fiscal que ha planteado el Gobierno de Mariano Rajoy, los planes "Ahorro 5" son, en parte, una versión cañí de las TFSA canadienses. Sin embargo, este mecanismo incluye numerosas restricciones que reducen de forma considerable su utilidad y su atractivo:

  • Los Planes "Ahorro 5" se comercializan desde el ámbito de la banca y los seguros, por lo que no son una cuenta personal que, a continuación, contrata uno u otro producto.

  • La aportación anual máxima es de 5.000 euros, pero no existe la posibilidad de "arrastrar" ese derecho de un año al otro.

  • La retirada de intereses en un plazo inferior a los cinco años está sujeta a un gravamen de entre el 19% y el 23%.

  • La capacidad de elegir productos de inversión está fuertemente limitada, por lo que la rentabilidad potencial queda notablemente restringida y encorsetada.

Iglesias, Monedero y el capitalismo: la ideología de Podemos en 10 frases

Hace 25 años la población de Alemania del Este derribaba el Muro de Berlín. Terminaba así, convertido en un infierno, el experimento de la utopía comunista. Durante medio siglo, Europa había estado dividida por un Telón de Acero que había separado pueblos, países y regiones. Y el resultado no podía ser más trágico.

La ruina del sistema comunista se llevó consigo a muchos de sus defensores en Occidente. Los intelectuales que llevaban décadas sosteniendo la superioridad del sistema soviético corrieron a esconderse, avergonzados por la evidencia de su fracaso. Incluso los partidos políticos comunistas se disolvieron, cambiando de discurso o, al menos, de símbolos, con el convencimiento de que el público no toleraría más la apelación a esta ideología.

Precisamente esta semana, coincidiendo con la efeméride, Podemos daba el salto definitivo a la primera línea de la política española, tras confirmarse por el CIS que la formación de Pablo Iglesias tiene opciones reales de ganar las próximas Elecciones Generales.

Muchos se han preguntado en los últimos meses cuál es la ideología que se esconde tras el círculo blanco sobre fondo morado. Desde que obtuvieron sus primeros cinco escaños en el Parlamento Europeo, Iglesias y Juan Carlos Monedero, las dos caras más visibles del partido, han intentado articular un discurso sin apelar a etiquetas ideológicas clásicas. Su lenguaje es de ellos (la casta) contra nosotros (el pueblo) y son constantes sus apelaciones a todos los ciudadanos, sean de derechas o de izquierdas, para echar a los partidos del régimen.

La cuestión es si es cierto este mensaje. ¿Es de verdad Podemos un partido alejado de las ideologías tradicionales o es el viejo comunismo de siempre con disfraz? Para responder a esta pregunta, quizás lo más sencillo sea recurrir a sus propias palabras. Iglesias y Monedero tienen cientos de vídeos en internet: en La Tuerka, en Fort Apache, en entrevistas o mítines. Es verdad, en los últimos dos meses hay palabras (comunismo, capitalismo, lucha de clases, proletariado,…) que prácticamente han desaparecido de su discurso. Aunque hace apenas un año, no les daba tanto reparo pronunciarlas. Éstos son diez fragmentos de sus intervenciones públicas:

– Ya me gustaría a mí… acabar con el capitalismoPablo Iglesias (26 de octubre de 2014): "[La necesidad de que haya consumo para salir de la crisis] es terrible y tiene que ver con la economía de mercado y la lógica del crecimiento. Si decimos que el capitalismo es un sistema criminal que nos lleva a la destrucción ecológica del mundo, seguramente tengamos toda la razón. Pero mañana hay que dar de comer a la gente. No podemos lanzar una enmienda a la totalidad. Hasta que podamos lanzar esa enmienda a la totalidad al capitalismo hay que garantizar el nivel de vida de la gente. Un Gobierno no puede decir: ‘Voy a abolir la economía de mercado en mi país’. Ya me gustaría a mí. Somos muy pequeños para cargarnos el capitalismo nosotros solos".

– Para acabar con la crisis, hay que salir del euro. Pablo Iglesias, Pablo Iglesias (27 de octubre de 2013): "¿Qué debería hacer una fuerza política democrática que ganara unas elecciones en el Sur de Europa? Yo no tengo dudas. Debería retomar el control de la política monetaria, saliendo del euro e inmediatamente devaluar para favorecer las exportaciones, debería decretar la suspensión del pago de la deuda y nacionalizar la banca (…), debería establecer sistemas de control para evitar la fuga de capitales, debería ampliar la titularidad pública a las áreas clave de la economía (energía, transporte, telecomunicaciones,…) y todos los demás sectores estratégicos (…). ¿Sería todo esto posible en el marco de un solo Estado del Sur de Europa? Ni de coña. Europeos del sur, uníos".

– Cómo sustituir el capitalismo. Juan Carlos Monedero (20 de agosto de 2011): "Cuando los problemas son estructurales, las soluciones son estructurales. Si quieres descansar, vete pensado cómo sustituyes al capitalismo. No sabemos si en otra iglesia hay salvación, pero en ésta, la condena es segura".

– La crisis del capitalismo y su solución marxista. Juan Carlos Monedero (12 de febrero de 2013, minuto 15): "Marx era un moderno. Su concepción del tiempo era lineal. Siempre avanzamos: esclavos contra amos, siervos contra señores, burgueses contra propietarios,… Esa concepción lineal del tiempo llevó a muchos a pensar que la siguiente crisis del capitalismo sería la última. Eso es un error. Pero de cada crisis el capitalismo sale con un abanico de respuestas más estrecho, eso no significa que la siguiente crisis sea la definitiva, pero sí que cada vez tiene menos herramientas para solventar las contradicciones que tiene el propio sistema. Tenemos que recuperar a los marxistas heterodoxos".

– Cómo se echa de menos al fantasma del ¿comunismo? Pablo Iglesias (16 de noviembre de 2013): "Cómo decía Warren Buffet: ‘Claro que hay lucha de clases, lo que pasa es que vamos ganando nosotros’. Ay, ay, ay… cómo se echa de menos a ese viejo fantasma que metía miedo a los ricos".

– El ejemplo de Lenin y cómo ‘ocultar’ tus símbolos. Pablo Iglesias (vídeo sin fecha): "La clave para entender la historia está en la formación de unas categorías sociales llamadas clases. (…) La política no tiene que ver con tener razón, sino con tener éxito. Puedes llegar a casa y saber que el materialismo histórico es clave para entender el desarrollo de los procesos sociales. Puedes llevar una bandera con la hoz y el martillo de metros y metros y volverte a casa con tu bandera mientras el enemigo se ríe de ti, porque los trabajadores le prefieren a él. (…) ¿Tú crees que yo tengo alguna contradicción con una huelga de 48 o 72 horas salvaje? Ninguna. (…) El enemigo nos quiere refugiados en nuestros símbolos de siempre, está encantado. (…) Había un compañero que hablaba de los soviets en 1905 y aquel calvo [Lenin] con aquella mancha en la cabeza que era una mente prodigiosa, entendió el análisis concreto de la situación concreta. Les dijo una cosa muy sencilla a todos los rusos: "Paz y pan". Y cuando dijo "Paz y pan", un montón de rusos que no tenían ni idea de si eran de izquierdas o de derechas dijeron ‘Pues va a tener razón el calvo éste’. Y al calvo le fue muy bien. No les dijo ‘Materialismo dialéctico’. Ésa es una de las principales lecciones del siglo XX".

– Cuba como referencia. Pablo Iglesias (12 de junio de 2013): "Cuba se enfrenta a muchísimos desafíos, en lo económico, en lo político, en sus relaciones internacionales. Para que siga siendo una referencia de emancipación, una referencia para toda América Latina y para la izquierda mundial, seguramente hay cosas que deberán cambiar. Esto no lo planteo como una crítica eurocéntrica –porque es fácil decirle a los cubanos, desde Europa: ‘Uds. deben cambiar para gustarnos más a nosotros’–, sino desde el apoyo y la preocupación que la izquierda tiene porque los países como Cuba, que han sido una referencia para todos nosotros, sigan siéndolo en el futuro".

– Chávez, inmortal. Pablo Iglesias (11 de marzo de 2013): "Hay figuras políticas cuyo peso y transcendencia van mucho más allá de la biología. Hugo Chávez Frías ha dejado de existir, pero Chávez hace mucho tiempo que dejo de ser él mismo para convertirse en uno de los principales motores del cambio en América Latina. (…) Chávez es mucho más que el ciudadano que los venezolanos eligieron para que fuera su presidente. Chávez es ya Bolivar y cabalga como estandarte y referencia de su patria grande. Los seres humanos nacen y mueren tarde o temprano. Pero los mitos, cuando se encarnan en un pueblo, se hacen inmortales. Ya lo dijo un venezolano llamado Hugo Chávez Frías: ‘Chávez no soy yo, Chávez es el pueblo".

– Militancia. Pablo Iglesias (22 de mayo de 2013): Jornadas "Organizando la resistencia" de las Juventudes Comunistas de Aragón: "Me hace bastante ilusión participar en actos con la Juventud Comunista porque cuando era más imberbe milité en la Juventud Comunista de los 14 a los 19 años".

– ¿Comunistas? Juan Carlos Monedero (7 de octubre de 2014): "Las etiquetas tradicionales ya no sirven. No es sencillo definirse sólo con un adjetivo". Pablo Iglesias (25 de octubre de 2013): "Yo soy comunista".

Renta básica: oficialmente unicornio

Una de las propuestas más sonadas y reconocidas de Podemos fue la de implantar una renta básica. El concepto de renta básica tiene un significado muy acotado en filosofía política y en economía: en palabras de su más conocido defensor, Philippe Van Parijs, la renta básica es un ingreso abonado por la comunidad política a todos sus miembros y sin ningún tipo de condicionalidad. Remarco sus dos características básicas: universalidad e incondicionalidad.

Algunos ya alertamos de que semejante propuesta era un disparate, por cuanto promovía la ruptura de la cooperación social voluntaria y, en última instancia, resultaba infinanciable. Asumiendo un pago anual per capita de 8.100 euros por adulto (el mínimo para cubrir el umbral de la pobreza) y 4.050 euros por menor (el 50% de ese umbral), los costes netos de este esquema se disparaban hasta los 250.000 millones de euros: el 25% del PIB… ahí es nada.

Posteriormente, los economistas de Podemos llegaron con las rebajas y se limitaron a prometer una asignación anual que ni siquiera cubría el umbral de la pobreza: 6.000 euros para adultos y 1.000 euros para menores. En tal caso, la factura de su ocurrencia se les rebajaba hasta 145.000 millones de euros… alrededor del 14% del PIB. Obviamente, seguía siendo del todo infinanciable.

En esas estábamos cuando, de repente, Podemos ha optado por renunciar a su propuesta más emblemática. Acaso porque resulte a todas luces inviable económicamente e invendible políticamente, acaso porque sus nuevos asesores económicos —Vicenç Navarro y Juan Torres— se hayan opuesto en público a su implantación, acaso porque cuando se acaricia el poder sea necesario ocultarse bajo la piel de cordero: sea como fuere, la renuncia a la renta básica parece un hecho.

Enmienda a la totalidad

Así, hace dos semanas, el economista de Podemos, Alberto Montero, reconocía la irrealidad de la medida y proponía reemplazarla por unos “mínimos vitales” garantizados por el Estado cuyo coste total rondaría los 22.000 millones de euros al año (2% del PIB). Asimismo, el sábado pasado en La Sexta Noche, Carolina Bescansa todavía aguó más la propuesta, redenominándola renta de “integración social” y cifrando su coste en 11.000 millones de euros anuales (1% del PIB). De la renta básica, pues, hemos pasado a una renta mínima de inserción, un mecanismo ya presente en diversas comunidades autónomas y cuyas notas características son la no universalidad y la condicionalidad (características opuestas a la renta básica): de hecho, los defensores académicos de la renta básica suelen ser enemigos acérrimos de las rentas de inserción por cuanto las consideran —acertadamente— en las antípodas de sus ideas.

El giro de Podemos, por tanto, no es anecdótico: se trata de una enmienda a la totalidad de una parte muy significativa de su programa. En cierto modo, cabrá concluir que la renta básica se ha convertido oficialmente en un unicornio: en una irrealizable y populista idea más, de ésas que blandió en las europeas para arañar algunos votos a parte de unos engañados electores. Cuando su principal promotor dentro del panorama político patrio arroja a la renta básica por la borda a las primeras de cambio, tal vez sea que, en el fondo, no resulte demasiado factible.

Conscientes o no, sin embargo, este entierro de la sardina de Podemos también contribuye a poner de manifiesto las grietas argumentales de su discurso tradicional. Al menos en dos extremos: la total pauperización de la sociedad española y la preeminencia de la voluntad política sobre las leyes económicas.

En cuanto a lo primero, sabido es que Podemos ha construido parte de su popularidad sobre la denuncia de la creciente pauperización que sufre la mayor parte de la sociedad española (a excepción de una pequeña minoría tildada de “casta”). A este discurso contribuyen recurrentemente informes amarillistas y tergiversados, como el muy reciente de Intermon Oxfam. Pues bien, si el coste estimado para esta nueva renta de inserción oscila entre 11.000 y 22.000 millones de euros y si asumimos un pago mínimo de 600 euros al mes por beneficiario (cifra por debajo de un bajísimo salario mínimo que, según los de Podemos, no da para vivir), tendremos que el número total de receptores de la misma oscilará entre los 1,5 y los 3 millones de personas, esto es, entre el 3% y el 6,5% de la población española. Por tanto, ésas serían las auténticas cifras de pobres que maneja el propio Podemos, y no otros porcentajes cada vez más extendidos que llegan a ser incluso diez veces superiores (el último informe de Cáritas, por ejemplo, sostenía que el 66% de los españoles mostraban algún rasgo de exclusión social).

Unicornio por corcel

Segundo, y mucho más importante, la misma articulación del proyecto político de Podemos se basaba en una idea tan sencilla como falaz: querer es poder. Más en concreto: la voluntad popular ha de ubicarse por encima de todo, incluidas las leyes económicas. El propio nombre del partido recoge esa pretensión: frente a tantos economistas aguafiestas que rechazan programas “ilusionantes” plegándose de hombros y profiriendo un “no se puede”, Podemos pretendía plantarse y gritarles un “sí se puede, claro que se puede: podemos”. Pero no: está visto que, en contra de lo que siguen afirmando muchos de sus líderes, no todo se puede. De entrada, la renta básica no se puede. No porque no se quiera, sino porque no es ni económica ni socialmente viable (al menos no en las cuantías propuestas: es obvio que una renta básica de un euro mensual sí sería factible).

La cuestión, claro está, es cuántas otras cosas que sigue proponiendo Podemos tampoco se pueden. Una vez abierto el cajón de los unicornios, ¿cuántos otros unicornios quedan dentro? O todavía peor, ¿a cuántos unicornios les disimularán el cuerno para hacerlos pasar por saludables corceles durante la campaña electoral? Porque si Podemos empieza a reconocer que no lo puede todo, es lógico pasar a preguntarse cuántas cosas de las que desea son, en realidad, factibles. A mi juicio, no demasiadas: ni la jubilación a los 60 años es sostenibleni la reestructuración de la deuda es posible sin muy notables perjuicios económicosni aumentar la presión fiscal hasta el 50% del PIB es viable sin sangrar a las rentas medias y a las rentas bajasni la recuperación económica asentada en el estimulo burbujista de la demanda es verosímil. La renta básica tampoco lo era y desde Podemos han terminado por admitirlo antes siquiera de concurrir a las siguientes elecciones: ¿responsabilidad o tacticismo? Ojalá fuera lo primero, pero apuesto por lo segundo: lo iremos viendo a lo largo de los próximos meses según quieran darnos unicornio por corcel.

Rosa Díez y sus 10.000 incorruptibles

En las últimas semanas, las pérdidas en la cartera de Warren Buffetthan estado en boca de todos. A ello, habían contribuido tres noticias. La primera, fue el estallido del escándalo de Tesco. La cadena de supermercados británicos, en la que Buffett había invertido en los últimos años a través de Berkshire Hathaway, reconocía públicamente que había inflado significativamente sus cuentas.

La empresa reconocía que había sobrevalorado -fruto de errores de contabilidad- su beneficio semestral en 250 millones de libras, unos 320 millones de euros. Tesco se vio obligada a anunciar un profit warning que hizo que su cotización se desplomase. La inversión de Berkshire Hathaway en Tesco sufrió las consecuencias y su cerca del 3,7% de la compañía perdía en unos pocos días más de 700 millones de dólares.

La segunda noticia que sacudía a la cartera de Berkshire Hathaway, el conglomerado de Warren Buffett, era el desplome en la cotización de IBM, una de sus participaciones más importantes. IBM anunciaba unos decepcionantes resultados y el valor de la participación de Berkshire Hathaway descendía la cifra de 494 millones de dólares, al dejarse IBM un 7% en un mismo día.

La reacción de pánico venía motivada por el anuncio de unos resultados peores que los que esperaba el consenso del mercado y por reconocer que no iba a poder cumplir con los objetivos de beneficio que había establecido dentro de su plan quinquenal, que precisamente acaba en 2015.

La tercera y última noticia apenas tardaba un día en producirse. La mayor posición de Berkshire Hathaway desde hace décadas, Coca-Cola, anunciaba también un resultado que se quedaba corto frente a las expectativas del mercado, además de advertir de los problemas a los que se estaba enfrentando la compañía a raíz del efecto divisa.

Las 400 millones de acciones que tiene Berkshire Hathaway de Coca-Cola caían el pasado martes en Bolsa y suponían una caída en la valoración de esa participación de nada menos que 1.090 millones de dólares.

¿Una semana negra para Buffett?

Los titulares de los medios de comunicación tras anunciarse los resultados de IBM y Coca-Cola eran terriblemente duros. Parecía que Buffett había cometido tres errores de inversión, cuando en realidad tan sólo Tesco es un claro fallo.

Tanto las inversiones de IBM como la de Coca-Cola son inversiones de la categoría que Buffett llama buy and hold, y cuyo horizonte de inversión es para siempre. Ligeras oscilaciones en la cotización de este tipo de participaciones no afectan a largo plazo en absoluto a la marcha de los negocios.

Buffett ya ha triunfado con estas inversiones, ya que invirtió en magníficos negocios a precios muy atractivos. Sin ir más lejos, su participación en Coca-Cola se ha multiplicado por quince en estas décadas. Una variación temporal de 1.000 millones no deja de ser anecdótico. Lo mismo sucede con la noticia de IBM.

Buffett confía plenamente en el modelo de negocio de IBM, que en los últimos año ha mutado de una empresa tecnológica a una empresa que presta servicios con base tecnológica y con especial énfasis a todo lo relacionado con el cloud computing. Lo único que le preocupa a Warren Buffett como value investor es que sus negocios vean erosionadas sus ventajas competitivas. Eso y sólo eso es lo que le puede preocupar a Buffett.

El error de Tesco

Y una pérdida de ventaja competitiva, junto con el descubrimiento de un equipo gestor sin la más mínima integridad es precisamente lo que ha sucedido en su inversión en Tesco. Buffett ha reconocido abiertamente que su inversión en Tesco ha sido "un tremendo error". Una cosa que, precisamente, honra a Buffett es su sinceridad y transparencia a la hora de reconocer sus errores de inversión. Lo ha hecho en numerosas ocasiones, con inversiones como Energy Future Holdings, Dexter Shoes o la propia Berkshire Hathaway.

Las pérdidas inicialmente anunciadas por Tesco resultaron ser superiores (263 millones frente a 250), lo que obligó a su presidente, Richard Broadbent, a renunciar a su cargo la semana pasada. Al margen de la manipulación contable, el negocio no atraviesa su mejor momento. Las acciones cotizan en mínimos de once años, tras caer más de un 50% en los últimos meses.

Tras el estallido de la crisis subprime, Tesco se lanzó a la aventura en Estados Unidos con las convinience stores Fresh & Easy, que resultaron ser un fracaso. Dicha inversión acarreó pérdidas por valor de 3.000 millones de dólares.

Al mismo tiempo, la feroz competencia de rivales como Aldi ponía contra las cuerdas a Tesco en Reino Unido, su mercado predilecto, en donde llegó a gozar de una cuota de mercado del 30% en sus mejores tiempos. El tiempo ha hecho el resto y los números del gigante han comenzado a resentirse, como podemos ver en el siguiente gráfico.

La moraleja

En primer lugar, es muy importante distinguir las variaciones temporales que el mercado hace en el precio de los negocios en los que estamos invertidos de las variaciones permanentes. La diferencia fundamental entre una y otra es que, en el primer caso, las ventajas competitivas de un negocio no sufren cambio alguno, mientras que en el segundo sí lo hacen.

La lección a aprender, por tanto, es que lo importante no es fijarse en la cotización de una acción, sea esta IBM, Tesco o Coca-Cola, sino en qué hacen las ventajas competitivas de esos negocios, aquellas características que poseen las empresas y que les permiten mantener e incluso ampliar su cuota de mercado, pese a una feroz competencia. Todo lo que no sea eso, es ruido. Y si algo ha permitido a Buffett ser tan buen inversor ha sido, precisamente, hacer caso omiso al ruido.

Warren Buffett, en el ojo del huracán

Tras una semana más de escándalos de corrupción, mientras la gente mira a sus propios alcaldes de reojo, no vaya a ser que éste también tenga cajas B, cuentas ilegales, tarjetas negras o Dios sabe qué, mientras parece que Isabel Pantoja va a ir a la cárcel y hasta los periodistas sucedidos y sucesores se dan collejas en las redes sociales, los líderes de la nueva formación política Podemos preparan su desembarco autonómico como preludio de la triunfal victoria nacional. No es fácil el ramillete de decisiones que los mandamases de dicho partido tienen que tomar.

Municipios no, autonomías sí

Esa parece ser la primera gran decisión. Me parece muy acertado. Da la sensación de que son conscientes de que el apoyo de la gente a su propuesta es desproporcionado respecto a la estructura y fortaleza del partido como institución y, dicen, no vaya a ser que se nos cuele uno y la líe. Porque, y tienen razón, creen que la prensa utilizaría al que sacara los pies del tiesto como icono contra el partido. Cierto, como han hecho con cada uno que ha metido la pata en todos los partidos y en todos los ámbitos. Estamos en el país del refrán “Porque maté un gato me llaman Matagatos”. Aunque visto lo visto el gato debería estar en peligro de extinción.

Pero esa alternativa implica que los chicos de Podemos se integren en una plataforma diferente, “Ganemos”, que reúna a la izquierda más radical, separada del PSOE. Ahí cohabitarían presuntamente con Izquierda Unida, que muere por recuperar el liderazgo de la izquierda y no sabe cómo hacer ya para definirse como los rojos de toda la vida de Dios, los de verdad de la buena, rojos, rojos pero como la amapola, pero, eso sí, organizados y con pedigrí. Y también se unirían a todos los partidos menores como EquoICV o Anova en Galicia, así como plataformas sociales como Alternativa Desde Abajo (ADA) o la Plataforma Anti Desahucio (PAH) y alguna más. A todos estos pequeños socios, la unión temporal de partidos les vendría como anillo al dedo para colocar a alguno por aquí y por allá y tener un poquito más de visibilidad. A Podemos la unión con ellos haría la fuerza en muchos ayuntamientos. En el caso de Izquierda Unida, sin embargo, no me queda tan claro que la conveniencia sea bidireccional.

La sombra de la casta es alargada

Porque mirándolo bien, tiene más razón que un santo Pablo Iglesias cuando expresa su temor a que IU trate de repartir cargos, puestos, concejalías y demás, al estilo de la “vieja política”. Y él, dice, no está por la labor. Él quiere que los candidatos de Ganemos se elijan en asamblea, en primarias, entre todos, como manda el Manual del Hombre Nuevo. También es verdad que lo dice con la tranquilidad que dan las encuestas abrumadoramente a su favor.

A pesar de todo ese prurito, si finalmente hay consenso y se da su alianza con IU en determinados municipios ¿no dejaría en la gente más irritada con los políticos una sensación de fraude? Porque IU no tiene las manos limpias. No hay más que tirar de hemeroteca y recordar los sobresueldos en Andalucía, o el diputado por Madrid de dicho partido implicado en el caso de las tarjetas “black”, o Moral Santín y los otros tres consejeros de Caja Madrid… en fin que no son precisamente amistades ejemplares. Y eso a “Pablemos”, como se conoce ya al partido de Pablo Iglesias desde que presentara su perfil personal como logo de la formación, tal vez no le convenga mucho.

Dice otro dicho español que quien se acuesta con niños, mojado se levanta, y con una novia de IU precisamente, Pablo Iglesias corre el peligro de acercarse demasiado a través de Ganemos al precipicio de la casta. Como él mismo ha expresado y con motivos, tres tropezones y la gente no lo perdona.

El hartazgo es tal que, aunque los taxistas en pleno dicen que van a votar a Podemos (o Ganemos) por puro enfado contra todos estos corruptos, una va al Centro Cultural de Valdemoro a ver a Rafael Álvarez “El Brujo” en su espectáculo Cómico, y cuando el artista suelta un rejón a Podemos, la gente aplaude con la misma intensidad que cuando lo suelta contra el PP, el PSOE o quien sea. El Brujo no se casa con nadie pero sabe como pocos reflejar el sentir de la gente sencilla que, sin saber mucho de los entresijos de la realidad, reconoce el olor a podrido a distancia y padece el 21% de IVA al teatro (frente al 4% de IVA del porno), y todos los impuestos que nos quieran subir. “Y eso que son los conservadores” decía Rafael.